viernes 3 de julio de 2009

¡Inaceptable!


La Comisión Plena Segunda de la Asamblea Legislativa aprobó en primer debate el pasado miércoles un proyecto de ley que obliga a las industrias nacionales a comprar frijol nacional. En ASOJOD condenamos fuertemente este tipo de incitativas que son restricciones a la libertad de escogencia de cada consumidor y a la libertad de empresa. Cada individuo debe poder decidir libremente a quién comprar siguendo criterios propios de calidad y precio.

Los productores de frijol han venido presionando a los diputados desde hace años para que les otorguen prebendas como esta aprovechándose que los consunidores son un grupo difuso sin mucha organización, y por ende, sin mucho poder para presionar políticamente a los diputados. Esperamos que esta iniciativa no se convierta en ley ya que representaría un importante retroceso en el proceso de apertura comercial.

Viernes de recomendación


El día de hoy hemos escogido no un artículo, sino una publicación: Se trata de la Revista Digital Orden Espontáneo del Centro Adam Smith de la Fundación Libertad de Argentina. En esta primera publicación se han incluido cuatro artículos, dos de los cuales tratan específicamente sobre la visión austríaca de la recesión económica.

jueves 2 de julio de 2009

ECONOMÍA: EE.UU.: ¿Cuál fue el resultado de rescatar a General Motors?


General Motors debería haber aplicado para obtener la protección prevista en el Capítulo 11 de bancarrota en otoño del año pasado o incluso antes. Era obvio en 2008 que GM estaba en rojo, quemando dinero, luchando para cumplir con su deuda, sufriendo marcados declives en sus ventas, enfrentándose a malos prospectos y fracasando en encontrar nuevas fuentes de capital.

En noviembre GM le pidió al gobierno federal un préstamo o salvataje—la única y última alternativa a la bancarrota. Luego de bastantes discusiones y algunos debates profundos, el congreso votó en contra de un salvataje, aparentemente cerrándole la puerta a todas las opciones excepto aquella de la bancarrota. Pero antes de que GM pudiera valerse de la protección de bancarrota, el Presidente Bush tomó la desafortunada decisión de eludir al congreso y desviar $15.400 millones del Programa para Aliviar Activos Tóxicos (TARP, por su sigla en inglés) hacia GM (en el cálido espíritu de evitar malas noticias alrededor de las festividades).

Ese fue el pecado original. George W. Bush es en gran parte culpable de la nacionalización de GM y de la cascada de intervenciones similares que puedan suceder de ahora en adelante. Si Bush no hubiese financiado a GM en diciembre (bajo autoridad cuestionable), la empresa probablemente hubiese aplicado para obtener la protección de bancarrota el 1 de enero, momento en el cual los potenciales compradores, tanto extranjeros como domésticos, hubiesen aparecido y hecho ofertas para obtener activos derivados o porciones de activos en el “Nuevo GM”, tal como está sucediendo ahora.

Por supuesto, un juez de bancarrota, actuando en un ambiente despolitizado, hubiese tenido que determinar si GM podría salir del proceso del Capítulo 11 como una entidad viable. Esa determinación hubiese requerido diferentes concesiones por parte de los diferentes intereses involucrados. Por ejemplo, el sindicato de Trabajadores de Automóviles Unidos hubiese tenido que aceptar cortes reales de salarios (no solamente reglamentos de trabajo reformados) y puede que a los tenedores de los bonos no se los habría forzado a recibir pennies por sus inversiones en dólares. Y, seguramente, los recursos del contribuyente no hubiesen sido tocados. Seguro, hubiesen habido cierres de fábricas, concesionarios de carros y pérdidas de trabajos, de igual manera que los hubo bajo el plan de nacionalización.

Pero el camino que hemos tomado, lamentablemente, atraviesa un campo político minado. Si GM sale de la bancarrota organizado y gobernado por el plan creado por la administración de Obama, es imposible ver cómo los mercados libres tendrán algo que ver con la industria automotriz estadounidense de ahora en adelante. Con el gasto de $50.000 millones del dinero de los contribuyentes (como mínimo), la administración hará lo que sea que tenga que hacer—incluyendo la implementación de políticas que induzcan a los consumidores a comprar GM, hacer las cosas más difíciles para la competencia de GM o subsidiar los costos de GM—para que GM triunfe. Por lo tanto, $50.000 millones es una suma que es más probable que crezca a que sea repagada. También es una suma que servirá como justificación para que hayan más intervenciones del gobierno a favor de GM.

Por lo tanto, ¿qué sucederá con Ford? Con el respaldo del gobierno a GM, ¿estará dificultado el acceso al capital de Ford? ¿Puede competir en contra de una entidad respaldada por la tesorería nacional sin límites? O, ¿será que habrán más bancarrotas patrocinadas por el gobierno en el futuro?

Los fabricantes de autos que no pueden competir deberían desaparecer

Yo odio la política industrial paternalista, bajo la cual las decisiones acerca de quién hace cuánto de qué son tomadas en centros de investigación de políticas públicas en Washington y en oficinas estatales por “expertos” en políticas públicas que se creen ingenieros sociales. Eso es una manera condescendiente de mirar el mundo, la cual busca homogenizar las preferencias individuales hacia una concepción orwelliana del “bienestar social” o del “interés nacional”.

Se ha sugerido que yo veo el destino de GM como un asunto de irrelevancia nacional. Eso es correcto, porque yo no he cometido el error de igualar el estado de GM con aquel de la industria automotriz estadounidense. Estén en juego o no los supuestos “intereses nacionales” en mantener una industria automotriz saludable (y yo no estoy convencido que los hay), creo que la salud viene de un proceso evolutivo en el que las empresas que han tomado las decisiones correctas sobreviven y crecen, y aquellas que han tomado malas decisiones se contraen y algunas veces inclusive desaparecen.

No es solamente justo pero además eficiente y sabio que el mercado recompense a las empresas que hacen mejores productos a mejores precios con ganancias mayores y mayores porciones del mercado, mientras que las empresas que hacen productos no deseados a un costo alto pierdan ganancias y porciones del mercado.

Algunos no están de acuerdo con esa perspectiva al decir que necesitamos una industria automotriz estadounidense para que esta diseñe y construya la próxima generación de carros que sean eficientes en el uso del combustible. Bueno, esa industria existe—en el momento actual. Pero su existencia está amenazada por un gobierno que parece estar dispuesto a mover la balanza a favor de una empresa.

Hay bastantes productores de autos en EE.UU., todos ellos se enfrentan a una demanda en contracción. Pero socavamos el objetivo si Ford, Toyota, Kia, Honda, Volkswagen y todos los demás no pueden competir bajo condiciones iguales con GM para poder diseñar la próxima generación de autos eficientes en el uso del combustible.

Algunos hablan de los peligros de la “administración obsesionada con el costo” rápidamente deshaciéndose de los recursos necesarios para hacer autos mejores y más innovadores. Pero la eficiencia o la obsesión con el costo (como la llaman de manera despectiva) es la esencia de la competencia.

Y no vayamos a endilgarle a aquellos que favorecemos los procesos de mercado el pecado de “destruir la capacidad productiva de nuestro fabricante más grande de autos y de forzar a que miles de proveedores quiebren”. Los administradores de GM y el sindicato de Trabajadores Automotrices Unidos hicieron eso solos, al ser cómplices en una mala administración y ambición y luego justificar su comportamiento destructivo con la presunción de que ellos eran demasiado grandes para fracasar y que el gobierno estaría ahí para limpiar el desastre.

¿De verdad GM es demasiado grande para fracasar? La pregunta es importante. La demanda de autos ha caído en EE.UU. a lo largo del último año. El mercado se está contrayendo. No todos los productores pueden cubrir sus propios costos y conseguir ganancias. Los más eficientes y valiosos sobrevivirán.

Algunos solamente ven destrucción en este proceso, pero la creación vendrá de las mayores oportunidades, del mayor espacio para las economías de escala y los mayores incentivos para tomar las decisiones correctas que las firmas sobrevivientes enfrentarán—a menos que la política interfiera con el proceso.

CEObama

El plan pre-empacado de bancarrota de la administración de Obama para General Motors es una receta para el desastre. Aún si el Presidente Obama fuese sincero acerca de su aseveración de que el no quiere conducir una empresa de autos, será imposible que evite políticas que favorecen claramente a GM. Con el gasto de $50.000 millones del dinero de los contribuyentes (para empezar), la administración hará lo que sea que tenga que hacer para demostrar que fue sabia su intervención.

Eso requerirá, por lo menos, un retorno positivo por sobre la inversión realizada de manera coercitiva. Pero para simplemente recuperar lo invertido por los contribuyentes en el 60% de las acciones de la empresa, GM tendrá que valer $83.000 millones (60% de $83.000 millones es $50.000 millones). ¿Cómo y cuándo sucederá eso alguna vez? En su cima en el 2000, el valor de GM (basado en su capitalización de mercado) era de $60.000 millones. Por lo tanto, la barra más baja para declarar “éxito” requerirá un aumento de 38% en el valor de GM desde donde estaba en los días felices del 2000, cuando los estadounidenses estaban comprando 16 millones de autos al año. Las proyecciones de demanda en EE.UU. de autos para los próximos años está en alrededor de 10 millones de autos al año. Que los contribuyentes sean dueños de GM es algo a lo que todos nosotros deberíamos acostumbrarnos y la “inversión” solamente crecerá. Considere el caso de Amtrak.

Debería ser obvio que la administración se valdrá de políticas públicas (política tributaria, comercial y regulaciones) para inducir a los consumidores a comprar productos de GM, para subsidiar la producción y de hecho, socavar la competencia de GM. Esto tendrá efectos perversos sobre Ford y otras empresas a las cuales se les hace difícil competir en contra de una Tesorería que gasta sin límites. Y todo esto sucederá aún si el presidente cumple con su promesa de no querer administrar una empresa de autos. Él puede tomar su distancia de la administración de la empresa y al mismo tiempo favorecer a GM.

Pero el presidente quiere administrar esta empresa de autos. Es central para su misión de convertir a EE.UU. de una economía basada en el carbón hacía una basada en energías renovables. “CEObama” ya ha despedido a su antecesor, prometido al sindicato de Trabajadores de Automóviles Unidos que GM no importará carros pequeños de sus fábricas extranjeras y ha prometido convertir a GM en el modelo de la producción verde. Pero el gobierno nunca ha sido bueno para inducir a los fabricantes de autos a producir vehículos que las personas quieran comprar. Si algo logra, es que los fabricantes de autos hagan carros que la gente no quiere comprar. Los estándares de eficiencia en el uso del combustible han inducido a los fabricantes a hacer vehículos costosos de alto millaje a lo largo de los años y para que los vendan sin derivar ganancias de ellos o generando pérdidas debido a la limitada demanda. De acuerdo con esto, la política gubernamental es una de las razones por las cuales GM colapsó.

La única cosa que puede salvar a EE.UU. de este matrimonio apresurado de GM es un juez de bancarrota dispuesto a rechazar el plan de reorganización de la administración. Es posible que el juez insistirá que GM aumente su capital por parte de inversionistas privados en lugar de depender del dinero de los contribuyentes, pero dado que hace poco el juez aprobó el plan de la administración para Chrysler, no esperemos que eso suceda.

Daniel Ikenson

miércoles 1 de julio de 2009

Política verde


Una manera de estimular la siembra de árboles es gastando un montón de papel. Esto incrementará la demanda de árboles, animando así a los vendedores a ofrecer más árboles.

A favor y en contra del mercado


Para entrar en este tema, primero es menester explicar que significa el mercado. En primer lugar digamos que es una expresión que simplifica o resume el hecho de millones de arreglos contractuales. El mercado en este sentido no es un lugar sino un proceso que trasmite información por su naturaleza fraccionada y diseminada a través del sistema de precios y basado en la institución de la propiedad privada. Esto último implica el uso y la disposición de lo propio, lo cual, en las transacciones, da lugar a los precios. Sin propiedad no hay precios y, por ende, no resulta posible la contabilidad, la evaluación de proyectos ni el cálculo económico en general. No habría respuesta posible si en un lugar donde no hay propiedad privada si preguntara de que conviene construir los caminos con oro o con cemento. Una de las razones centrales de la caída del muro de la vergüenza en Berlín fue precisamente el caos que necesariamente provoca un sistema sin precios. A su turno, la propiedad privada resulta indispensable para signar los siempre escasos factores productivos: quien acierta en los gustos de su prójimo obtiene ganancias y quien se equivoca incurre en quebrantos. El cuadro de resultados va mostrando donde es más eficiente la administración de aquellos factores escasos. Si los bienes crecieran en los árboles y hubiera para todos todo lo que requiere, no habría necesidad de aquella institución.

Ahora bien, este proceso de mercado coordina los referidos millones de arreglos contractuales. Como bien lo ha ilustrado John Stossel, para que pueda existir un trozo de carne en la góndola del supermercado son necesarias muchísimas operaciones que son guiadas a través del antes mencionado sistema de precios. Mirando para atrás, imaginemos los agrimensores en el campo, las empresas inmobiliarias, los alambrados y las empresas de alambrado con sus transportes, cartas de crédito, empleados, edificios, etc., los peones que recorren el campo a caballo, la crianza de caballos, la producción de monturas y riendas, los fertilizantes y plaguicidas, los tractores, las cosechadoras y todo lo que significa su producción tanto horizontal como verticalmente, los vacunos, los frigoríficos y tantos mecanismos de producción donde en cada segmento cada hombre en el sitio está usando sus particularísimos conocimientos sin prestar atención al trozo de carne ni al supermercado que también requiere administración y asignación de recursos. Estos ejemplos implican un haz de innumerables contratos y sapiencia que no está en ninguna mente en particular sino dispersa y fraccionada. Por ello es que cuando los megalómanos del poder pretenden “planificar” todo se desmorona: se trata de un problema de ignorancia que no es posible vencer ni con el almacenamiento más extraordinario en ordenadores puesto que sencillamente la información no se encuentra disponible ex ante.

Entonces, el mercado es un mecanismo neutro moralmente que trasmite lo que la gente demanda. Esto no quiere decir en modo alguno que se deba estar de acuerdo con lo que se reclama, por ejemplo, sadismo sexual, drogas alucinógenas para usos no medicinales o ideas socialistas. El funcionamiento del mercado no requiere que todos acepten la estructura axiológica de las mayorías. Si se considera que se venden novelas o música de mala calidad no quiere decir que no se escriban otras novelas o se produzca otra música considerada mejor. Lo mismo va para el mercado de ideas: que la mayoría muestre sus preferencias por el totalitarismo socialista no significa que otros no puedan contrarrestar esa tendencia, entre otras cosas, para preservar el funcionamiento del mercado ya que, por definición, el totalitarismo en el poder acabará con el puesto que desconoce los derechos de las personas entre las que se cuenta de disponer del fruto del trabajo, es decir, de propiedad.

En esos casos, podrá aparecer a simple vista la paradoja de que debe navegarse contra el mercado al efecto de preservar el mercado. Sin embargo, no es así. No es contra el mercado sino dentro del mercado que se intenta neutralizar las ideas (o en otro caso los bienes) para que pueda seguir funcionando ese mecanismo. Este es el sentido de todas las instituciones educativas y centros de divulgación que hoy se esfuerzan por explicar las ventajas y las virtudes de la sociedad abierta.

Se podrá preguntar para que se quiere el mercado como expresión de los deseos y reclamos de otros si cuando se expide se lo intenta neutralizar. Pero es que en esta neutralización parcial o total estriba la competencia que es parte fundamental del mercado. Reiteramos, lo que muchos demandan no quiere decir que deba ser compartido por todos y si no lo es a éstos les asiste el pleno derecho de ofrecer otras cosas e ideas que compiten con las primeras.
La inmensa mayoría de las cosas que hacemos diariamente implican contratos, de lo cual no se desprende para nada que las personas ajenas al convenio coincidan con las preferencias de las partes. Cada uno hace sus contratos, lo cual permite diversidad de bienes y de ideas. Cuando nos levantamos a la mañana y tomamos el desayuno están presentes los contratos de compra-venta (del microondas, la heladera, la tostadora, la mermelada, los cereales, etc.), cuando salimos a trabajar y tomamos un taxi y dejamos los hijos en el colegio están presentes los contratos de transporte y de enseñanza, cuando vamos al trabajo hay un contrato laboral, enviamos a la secretaria a hacer trámites hay mandato o gestión de negocios y si es para un depósito en el banco (contrato de depósito), se establece un nuevo emprendimiento con socios (contrato de sociedad), invitamos a colegas a almorzar (contrato de donación), alquilamos una oficina (contrato de locación) etc., etc.

Todos los contratos a su vez significan la existencia de la institución de la propiedad y los precios correspondientes. Cuando los gobiernos interfieren en el mercado los precios resultantes no expresan las valoraciones de las partes y, consecuentemente, transmiten señales falseadas que provocan operaciones equivocadas y malguiadas que no aprovechan la estructura de capital, lo cual redunda en menores salarios e ingresos para la gente puesto que las tasas de capitalización son la única fuente de aquellas entradas. No es que necesariamente haya maldad en el gobernante, es que inexorablemente hay ignorancia de cualquiera que se arrogue la facultad de coordinar las mencionadas millones de operaciones que se suceden en base a información y conocimiento disperso y que incluso no pocas veces el propio operador en el sitio no la puede articular porque es conocimiento tácito tal como ha explicado Michael Polanyi.

En todo caso, queremos resaltar en estas líneas que lo que aparentemente es la contradicción de ir contra el mercado para fortalecerlo no es más que ofrecer dentro del mercado otros productos o ideas en competencia y si se trata de contrarrestar los principios socialistas se trata de permitir que subsista ese mecanismo trasmisor de información que denominamos mercado.

Siempre, en la medida en que se lo ha dejado funcionar, el mercado es el proceso de asignación de los siempre escasos factores productivos que permite consolidar la buena marcha de la economía o, en su caso, rectificar rumbos en la buena dirección. Un ejemplo de esto último ha sido la crisis del treinta, iniciada por el estatismo de Hoover y acentuada en grado superlativo por el Leviatán fabricado por Roosevelt, cuyos efectos devastadores se disimularon (principalmente la desocupación mayúscula debida a los decretos de salarios mínimos en momentos en que la crisis consumía las tasas de capitalización), esta cosmética fue debida a las doce millones de personas empleadas en las Fuerzas Armadas para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Pero el fenómeno comenzó a revertirse cuando, muerto Roosevelt, Truman —a regañadientes— despidió a socialistas extremos en el gabinete (tales como los muy influyentes Harold LeClaire Ickes y Henry Agard Wallace) reemplazándolos por funcionarios más razonables, eliminó los controles de precios, decretó el final de la “economía de guerra” y, por ende, liberó recursos para emplearse en actividades rentables, se atenuó sensiblemente la política irresponsable de la Reserva Federal (marcas en alguna medida mejoradas por Eisenhower), al tiempo que los lamentables destrozos en las economías de Europa y Japón tornaron súbitamente a Estados Unidos en altamente competitivo en muy diversos rubros, a lo que debe agregarse la relativa apertura de las fronteras en la posguerra lo cual facilitó grandemente el comercio.

En resumen, como queda expresado, el mercado es una institución que permite conocer las valoraciones de la gente y asignar eficientemente los recursos disponibles a través de la coordinación del conocimiento, necesariamente disperso y fraccionado. Cuando se desarrollan actividades y se producen bienes distintos y hasta opuestos a los que se ponen de manifiesto en el presente, no se está operando en contra del mercado sino dentro de ese proceso, en competencia con aquellas exteriorizaciones.

Alberto Benegas Lynch

martes 30 de junio de 2009

Liberalismo Aplicado: Voucher Educativo



Este video presenta las consecuencias de que el gobierno administre la educación en el país y las ventajas del voucher educativo

Ridículo en el USC


Con la autoridad moral que me da el haber sido mariachi encarcelado a los l4 años en el 48 –sin haber nunca usufructuado de la política–, le quité la “P” a la Unidad Social Cristiana porque ya no es un partido, sino una rezagada tribu familiar que va hacia el despeñadero por carecer de intereses nacionales, sino solo los propios a un clan en decadencia histórica, política e ideológica.

Sin referirme a mis aficiones al Derecho Penal, Junior Calderón está ya obsoleto. Para las elecciones de febrero de 2010 se levantan la simpática figura de Laura Chinchilla, la capacidad y entereza de Otto Guevara y el tesón admirable de Ottón Solís. El Junior no tiene nada positivo que ofrecerle al electorado costarricense, salvo la desteñida figura de Luis Fishman que ya aburre, una prima y la cónyuge.

Después de un gobierno acertado y tranquilo, nada hace el USC cuyo candidato presidencial no tiene más antecedentes, dado que siempre medrosamente ocultó su ascendencia, que los pseudolibros que le escriben, una presidencia mediocre y un voluminoso expediente en su contra en los tribunales penales.

Es nocivo para la juventud costarricense que existan aún los viejos políticos ya caducos. Ansían un nuevo capítulo en la historia y que se acaben los candidatos con pies de barro.

Fernando Guier

lunes 29 de junio de 2009

Tema polémico: la obligatoriedad de la representación femenina en los partidos políticos


Aunque oficialmente la campaña electoral para los comicios de 2010 aún no ha empezado, ya podemos observar que los diferentes partidos políticos y, especialmente los precandidatos presidenciales, están haciendo lo suyo para obtener votos. En ese contexto, este Tema polémico quiere tocar un tema que está presente en todo el proceso territorial de formación de los partidos políticos (conformación de Asambleas Distritales, Cantonales, Provinciales y Nacional estipuladas por los artículos 60 y 61 del Código Electoral): la obligatoriedad de la representación femenina.

El inciso n) del artículo 58 , así como el artículo de ese código, establece que las distintas estructuras de un partido político deben contar, como mínimo, con un 40% de representación femenina para asegurar su participación. Como si esto fuera poco, desde el 2001, el Tribunal Supremo de Elecciones está promoviendo una reforma al Código Electoral, según la cual ese 40% se mantiene pero las postulaciones presentadas en las nóminas para elecciones nacionales o locales deberán ser trenzadas, de forma que sea hombre-mujer-hombre o mujer-hombre-mujer.

En este particular, en ASOJOD consideramos que tal exigencia es absurda. No porque denigremos a las mujeres o porque creamos que no tienen capacidad para asumir puestos de elección popular, sino que nos resulta indiferente el género de los candidatos, pues estos deberían ser escogidos por sus capacidades y no simplemente por su condición de hombre o mujer. Lamentablemente, y esta es una conclusión que podrán apoyar muchos que hayan participado en procesos electorales con algún partido político, la gran mayoría de las candidaturas está ocupada por personas sin el más mínimo conocimiento y capacidad para desempeñarse en los puestos si llegaren a ser electos, lo que redunda en la mala gestión de los distintos órganos colegiados o unipersonales que tienen poder de decisión pública. Pero, como también lo confirmarán los participantes en los procesos, la obligatoriedad de tener un porcentaje de representantes por su condición particular, se ha prestado para que se consiga gente para "llenar campos" y cumplir el requisito.

Se puede entender que este esfuerzo plasmado en el Código Electoral está basado en buenas intenciones, pero al final, termina por lograr lo contrario. En lugar de asegurar la participación real de las mujeres, obliga a los partidos a cumplir un requisito para lo cual se valen de la primera mujer que logren conseguir y no necesariamente de la mejor de sus posibles partidarias. Así, el criterio de elección es el género y no su capacidad, por lo que se desvaloriza a la misma mujer en tanto se le permite participar por una mera cuestión biológica y sexual. En ese sentido, cuando una mujer llega a un puesto sólo por ser mujer, y no por sus capacidades, y comete errores como resultado de una mala formación para desempeñar el puesto, inmediatamente algunos machistas pretenderán generalizar el fallo como algo propio de toda mujer, creando más problemas de los que buscaba resolver.

Por eso es que en repetidas ocasiones, en ASOJOD hemos criticado la tendencia de nuestros políticos a creer que el texto de una ley resolverá todos los problemas y que, a pesar de basar sus esfuerzos en buenas intenciones, pocas veces contemplan las consecuencias de sus actos. A lo que expusimos en el párrafo anterior hay que añadir que si se le da participación a las personas tan sólo por su condición, entonces esto nos llevaría a una espiral interminable: habrá que asegurar un porcentaje de participación política dentro de los partidos a los discapacitados, a los jóvenes, a los adultos mayores, a los negros, a los asiáticos, a los homosexuales, a los ateos, a los creyentes, a los agnósticos, entre otros, con lo cual nunca terminaríamos.

Como defensores de la libertad de asociación, creemos que las personas tienen derecho a unirse cuando y con quien quiéran, en las condiciones que ellos decidan. Siendo así, como resultado de esa libertad, los individuos deberían poder conformar partidos políticos como lo deseen: sólo hombres, sólo mujeres, sólo adultos mayores o mezclando a los diferentes grupos en las proporciones que ellos mismos -y no el Estado- definan. Al fin y al cabo, la función principal de un partido político es representar al ciudadano en los órganos de toma de decisión política, lo cual implica que es el elector el que decide cuál de los partidos lo representa según sus intereses, valores, proyectos, etc. y estos, a su vez, buscan satisfacer las demandas de aquel.

Siendo así, apoyamos la idea de que los partidos se conformen como los mismos partidarios lo decidan y que la gente sea electa por sus capacidades, habilidades y trabajo, mas no simple y llanamente por su condición de género, etárea, física, etc. pues este tipo de legislación que busca crear cuotas no sólo termina generando más problemas que los que trata de resolver, sino que limita la libertad individual para asociarse en partidos políticos bajo los parámetros que los integrantes deseen y se entromete en una valoración que le corresponde sólo al individuo.

viernes 26 de junio de 2009

Viernes recomendación: La epistemología de Mises


Este día les ofrecemos un artículo por Edwin Zwrin, titulado: "Ludwig von Mises on the epistemological foundations of the social science reconstructed". En el ensayo se explican las principales ides epistemológicas del profesor austriaco así como sus implicaciones.

jueves 25 de junio de 2009

¡Que paguen los irresponsables!



En este video el periodista de la ABC John Stossel, cuestiona el hecho de que se utilicen fondos públicos para rescatar a aquellas personas que se auto-exponen a una situación de riesgo. El mismo argumento es aplicable mutatis mutandis a quienes se accidentan estando ebrios, o a los delincuentes que reciben salud pública después de salir heridos en un intento de asalto frustrado. Tanta chabacanería no debería ser subsidiada.

miércoles 24 de junio de 2009

¡Apertura!


¡Finalmente tenemos apertura en el mercado de las telecomunicaciones! La SUTEL autorizó a 6 empresas para que presten servicios de internet y de telefonía por IP. Esperamos ansiosos que este proceso de apertura culmine y seamos los consumidores quienes decidamos con quien desearmos contratar nuestros servicios de telecomunicaciones y seguros.

martes 23 de junio de 2009

De acuerdo, ¡pero negociemos todo el precio!

El día de ayer, el diario La Nación publicó una noticia que revela que los taxistas están pidiéndole a sus usuarios pagar el monto del peaje. Aunque el precio del servicio de taxi es fijado por la ARESEP, los taxistas argumentan que "se puede negociar con el cliente para que -dependiendo del trayecto- este pague un porcentaje de ¢310".

Por supuesto, en ASOJOD estamos de acuerdo con esta posibilidad, pero ¡que se pueda negociar todo el precio! No se vale pedir que se negocie el pago del precio del peaje y se mantenga regulado el precio del servicio de taxi.

En Guardia


Voy a rebatir la parodia de Alf Giebler, publicada en La Nación el pasado jueves bajo el título “¡Qué rico el caos vial!” Mi respuesta es: Se abrió para darle rico.

Dice que el próximo paso de quienes adversamos la restricción vehicular sería “plantear otro recurso para eliminar señales de alto, semáforos y restricciones de velocidad.” No sé si peca de ingenuo o ignorante. Yo soy liberal, no estúpido. Sé muy bien que todo derecho nace con limitaciones (soy abogado), pero sé también que en la jerarquía de las normas la Constitución prima sobre los decretos ejecutivos y no es válido restringir libertades ni imponer sanciones por decreto. ¡Elemental, mi querido Giebler!

El Mopt restringió la circulación sin fundamento e impuso multas sin tener facultades para ello. Y, claro, la Sala IV lo frenó. Empero, dice Alf que los magistrados “se pasaron”. Alf. ¡Oh Alf! Yo le pregunto: ¿Se pasaron de listos, ignorantes, o insinúa que prevaricaron para defender intereses privados? Yo, en cambio, pienso que actuaron bien al juzgar la constitucionalidad del decreto. Permitir al Ejecutivo gobernar por decreto ignorando las garantías es muy peligroso. Solo cabe en regímenes totalitarios.

Luego dice que “no pensamos en el prójimo, la colaboración y disciplina vial”. De nuevo, se resbala. Sí pensamos en el prójimo, pero lo hacemos inteligentemente. Prójimos son los 4,5 millones que vivimos en Costa Rica y merecemos una solución más eficaz. Insistir en nuestra maldad “por pretender que el Gobierno debe resolver, sin ayuda nuestra, el problema” revela una pobre visión de Estado. Los problemas no se resuelvan por colaboración espontánea. Al Estado le corresponde construir puentes y carreteras. Para eso pagamos tasas e impuestos. Esa es nuestra colaboración. Y si no hay recursos suficientes para un plan vial, puede ajustar impuestos o contratar empréstitos y cumplir su deber. Eximirlo de responsabilidad y permitirle escapar ileso es inaceptable.

Finalmente, arguye que no me da la mente para contar placas y calcular los vehículos fuera de circulación. Bueno… Pero yo no me refería a un cálculo tan simplón. Estudios realizados en el exterior demuestran que las restricciones se evaden a largo plazo pues la gente se acomoda, circula por vías aledañas, o adquiere otro vehículo. La Defensoría demostró que en este corto tiempo las presas se habían desplazado a caminos y calles aledañas para evadir la restricción. Ahora volvieron al centro de la capital. Si se restaura la prohibición se haría nugatoria a largo plazo, el Gobierno continuaría evadiendo sus deberes, y habríamos sacrificado una libertad fundamental.

Jorge Guardia

En Vela


En una entrevista amplia e inteligente del periodista Ronny Rojas, de La Nación , ayer, el secretario general del sindicato de Japdeva, Ronald Blear Blear, habló como sindicalista imbuido de ideología y como demócrata costarricense. El saldo es muy positivo para el país.

La combinación de ambos tipos de respuesta nos indican cuán ajenos están de la realidad nacional y del mundo aquellos diputados que promueven algunas reformas del Código Laboral, al conjuro de una campaña internacional sindicalista desesperada. Pésima carta de presentación, en la próxima campaña política, para los partidos democráticos que respaldan estas reformas. En vez de prohijar un cambio radical en el vetusto sindicalismo nacional, quieren arraigar un cacicazgo sindical personalista y mediocre.

Dejemos de lado, pues, la retórica cansina y previsible de Blear, tan grata a la galería de los fracasados y estériles patriotas de la política nacional, y a un simpático expresidente ejecutivo de Japdeva, y reparemos en dos declaraciones: “Lo que decidan los trabajadores yo voy a respetarlo. Yo no puedo oponerme a la voluntad de la mayoría, si deciden votar en secreto... Nosotros ya accedimos una vez a la petición del gobierno de convocar. Eso no es un juego, no podemos caer en charlatanerías”. Recordemos que una votación democrática secreta en la finca bananera El Carmen, en Limón, reducto sindical extremista, hace más de 20 años, fue la que permitió el triunfo del solidarismo y el arraigo de la paz social.

Estas declaraciones entrañan un cambio profundo en el historial del sindicalismo: por una parte, proclaman la vía democrática genuina como la instancia superior del movimiento sindicalista, en contra del cacicazgo, de la cooptación programada, en beneficio de unos pocos privilegiados, señores supremos de su feudo sindical, y, por la otra, abren las puertas a una transformación portuaria profunda que, de la mano del proyecto de renovación de Limón, firmado recientemente, representa, por primera vez, un cambio económico y social liberador en esta provincia, tras décadas de subdesarrollo, abandono y temor.

Esta nueva visión de Limón debe armonizarse con un plan integral en el campo de la seguridad ciudadana y de la lucha contra el narcotráfico, lo cual comprende un cambio interno profundo en el propio Ministerio de Seguridad Pública, un observador, hasta ahora, de lo que está pasando en esa provincia. Sin este cambio de mentalidad y de estrategia en Limón, cristalizado en hechos, el gran esfuerzo económico, social y portuario indicado puede venir a menos y hasta fracasar. Estamos notificados.

Julio Rodríguez

lunes 22 de junio de 2009

Tema polémico: Alfabetismo científico y pensamiento crítico


Este día en ASOJOD quisiéramos referirnos a un tema de mayor importancia para analizar el nivel cultural que tienen en promedio los ciudadanos de un país: este es el de alfabetismo científico.

Generalmente en las sociedades occidentales y cada vez más en las sociedades orientales, a medida que se “occidentalizan”, la ciencia es valorada positivamente por el público en general. Claro está, cuando uno ahonda en la reacción del público hacia la ciencia, se percata de que en realidad lo valorado es la tecnología, puesto que esta última se entiende como un medio para facilitar la vida, y en ese tanto la ciencia es valorada positivamente, es decir, en cuanto medio para alcanzar tecnología.

Así, esta falta de interés por la ciencia más allá de sus beneficios prácticos hace que la persona promedio se interese poco por el método de la ciencia o por las discusiones más acaloradas en los círculos académicos tanto de las ciencias naturales como de las ciencias sociales, ya sea porque se considera el tema ajeno a la vida cotidiana o porque el conocimiento de estos implicaría un costo de oportunidad muy alto para muchos. Así, aunque el conocimiento científico ha aumentado mucho en los últimos siglos, el conocimiento mínimo que maneja una persona en temas de ciencia no lo hace al mismo ritmo, por lo que muchas veces puede tener una visión de mundo que está “desfasada” por varios siglos.

Para dar un ejemplo, Ignacio Cabral menciona que:

“A principios de 1999 se aplicó una encuesta en el Distrito Federal (Barot y de la Peña, 2000) en la que se indagó tanto acerca de los conocimientos científicos y la confianza de la gente en la ciencia, como de sus creencias pseudocientíficas, religiosas y ocultistas. Se entrevistaron a 664 personas entre 16 y 65 años de edad en lugares públicos. Según las respuestas, en la Ciudad de México, 77% de la gente cree en la astrologíaa, 24.5% cree en la existencia de vampiros, 38% en la existencia de brujas y sólo 7% en la existencia del “chupacabras”. Otros resultados interesantes fueron: el 57.2% supo que las plantas de la Tierra evolucionaron y el 53.9% sabía que la Tierra tarda un año en dar la vuelta al Sol; sólo el 48% dijo que la temperatura del cuerpo humano varía entre 36 y 37 grados Celsius; el 43.2% cree que las fotografías de ovnis son auténticas y no fotomontajes, y el 63.9% de los entrevistados cree que es posible sentir los campos de energía de la Tierra. Para finalizar, la encuesta reveló que el 77.3% cree que el Zodiaco tiene una relación directa con las dificultades de la vida.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Ahora bien, podría ser posible creer que este fenómeno de alfabetismo científico es parte de una carencia en una educación de calidad como lo podría ser en un país más pobre como México si se lo compara con los Estados Unidos, sin embargo, Ignacio Cabral menciona nuevamente que:
“En una encuesta realizada en los Estados Unidos por la National Science Foundations, el 50% de los adultos desconocía que la Tierra girase alrededor del sol y que tardara un año en hacerlo; el 21% puede definir el ADN; sólo el 9% puede definir lo que es una mólecula; el 63% ignoraba que los dinosaurios se extinguieron antes de la aparición del hombre, y el 75% no sabía que los antibióticos sólo matan a las bacterias y no a los virus y 25 millones de norteamericanos no pueden localizar los Estados Unidos en un mapa del mundo.” (Cabral Perdomo; Alfabetismo Científico y Educación, OEI).

Así, a pesar de que Estados Unidos posee el mayor nivel de producción intelectual a nivel mundial, esta “clase social” que posee un grado de alfabetismo científico decente no ha sido capaz de permear sus intereses al resto de miembros de la sociedad, sea porque no les interesa a ellos o porque existe una dificultad en la adquisición del razonamiento científico, debido a las destrezas mentales que hay que adquirir (por ejemplo, el repudio hacia las matemáticas por parte de la mayoría de la población contribuye a malentendidos y a distanciamientos entre distintos gremios que dificultan conocer gran parte de las ciencias naturales. A su vez, la falta de un desarrollo de pensamiento verbal le dificulta a muchas personas la lectura de la filosofía o de la expresión de sus ideas propias en general).

Con estos ejemplos esperamos haber señalado que la corriente anti-cientificista es bastante preocupante por cuanto es inocente creer (como Ortega y Gasset lo señalaba) que la técnica puede sobrevivir sin la ciencia: es decir, quien desee seguir viviendo de los productos científicos-tecnológicos debe formarse un interés real por estudiar los problemas científicos, de lo contrario será una de esas personas en transformarse en una de esas cifras preocupantes de analfabetismo científico. Además, la formación científica es positiva ella misma por cuanto genera una actitud crítica para analizar los problemas del mundo, por lo que la ciencia (tanto sociales como naturales) no se limitan únicamente a mejorar las condiciones materiales de las personas, sino que a integrar los conocimientos adquiridos a través de siglos en un todo coherente y el no querer formar parte de esa búsqueda humana implica poco interés personal por el superamiento intelectual de uno mismo.