martes 9 de febrero de 2010

¡Lamentable!


La Sala IV podría congelar la investigación que se sigue en torno al caso de la Diputada Maureen Ballestero, acusada de utilizar de forma inapropiada fondos públicos (específicamente una avioneta del Ministerio de Seguridad Pública para hacer diligencias personales como recoger su pasaporte o votar en las asambleas del PLN).

Esta situación no puede más que causarnos pesar, pues en ASOJOD somos firmes defensores del imperio de la ley, según el cual, esta se encuentra por encima de todos los ciudadanos y se aplica por igual. Sin embargo, en nuestro país parece haber un código normativo para los unos ciudadanos, con "privilegios" de los cuales no disfrutan los demás. Para unos, sus actos no acarrean consecuencias, sus fechorías no son castigadas y la impunidad y el descaro son los premios que siguen a sus acciones. Mientras tanto, los simples mortales debemos pagar por sus actos, sin poder escaparse del parcializado y torcido brazo de la ley.

Por demás está decir que esta asombrosa noticia sale hasta después de las elecciones, como si hubiese algún tipo de cálculo para no haber afectado a doña Laura ni haberle alborotado el panal a don Oscar. ¿Coincidencia? Quién sabe. Lo que sí sabemos es que mientras persista la impunidad de los "dioses del olimpo", la corrupción y la inseguridad se mantendrán en nuestro país. Si la gente aprende que los actos no tienen consecuencias, no puede esperarse otra cosa que el circo en el que vivimos.

Esperemos que la firmeza y honestidad que la Presidenta Electa nos prometió en campaña sea una realidad, contrario a lo que su mentor, don Oscar, nos regaló por 4 años.


Nunca falta un borracho en una vela


“Mire, muy raro, yo francamente... pusieron una crayola contra la tradición de Costa Rica de votar con la huella digital, que es mucho más seguro. Es más difícil hacer fraudes con huella digital (...) Todo muy sospechoso, lo veo muy raro”


Una vez más Rolando Socialismo Cuántico Araya intenta crear alboroto y sospechas con sus declaraciones. Si don Rolando en su infinita sabiduría no ha logrado comprender por qué ya no se vota con huella digital, con mucho gusto se lo explicamos: resulta que la huella digital viola el principio de que el voto debe de ser secreto, haciendo que sea identificable por quien voto cada persona.

Cada vez es más usual escuchar en nuestro país a llamados revolcuionarios y cosas por el estilo, por eso debemos de estar vigilantes en todo momento y desmentir a todos aquellos que pretenden justificia sus propios fracasos a la luz de supuestos fraudes electorales.

lunes 8 de febrero de 2010

Tema polémico: ¿Somos un país políticamente maduro o solamente indolentes?


Muchas veces hemos escuchado a nuestros familiares o personas mayores decir que antes “la fiesta electoral” era literalmente eso, una fiesta, que las personas se tiraban a la calle al paso de los carros y que el horizonte se tornaba lleno de banderas sobre el techo de las casas. En fin, una imagen idílica de lo que Costa Rica era y no será.

¿Será esto cierto?... la respuesta es un rotundo no. Lo primero que debemos constatar es que la sublime imagen de aquel país donde todo era una mar de alegrías y euforia cívica nunca existió, basta un par de ejemplos para demostrar que lo que aparentaba un alto nivel de cultura cívica no fue más que un espectro irreal del pasado.

La memoria puede fallar, pero la historia nos recuerda lo sucedido en la elección de 1970, cuando las calles de San José se convirtieron en una verdadera arena de batalla cuando faltaban 10 días para las elecciones, la “fiesta ciudadana” llegó a tal punto que la guardia civil tuvo que hacer uso de gases lacrimógenos para dispersar a grupos de revoltosos de diversos partidos políticos. Los relatos del Diario La República indicaban que, “la primera bomba de gas estalló a las 10 de la noche en la esquina del Banco de Costa Rica y la ultima a las 12 en la esquina de la Soda Palace”.al final, el recuento de las personas lesionadas ese día ascendió a 36, además de numerosos daños a la propiedad. El 23 de enero la policía detuvo a más de 100 personas que se disponían a iniciar disturbios de mayor magnitud en la capital.

En la elección de 1974 nuevamente se produjeron disturbios en el centro de la capital, el periódico La Nación del 11 de enero relata como, “desde aproximadamente las 4 p.m., grupos de jóvenes embanderados, principalmente de Liberación y Unificación, comenzaron a recorrer la principal vía capitalina y algunos de ellos se estacionaron en las aceras cercanas a la intersección con la calle 2. Lo que primero fue el intercambio de consignas e insultos entre los grupos rivales se convirtió cerca de las 7 p.m., en una lucha a banderazos, que envió a emergencias del hospital San Juan de Dios a siete personas”

Este breve recuento de hechos demuestra que, hace unas décadas Costa Rica no era el paraíso cívico. Podemos rememorar decenas de hechos igual de significativos y llegar a la misma conclusión. No podemos confundir una celebración democrática con la vulgaridad y el sinsentido, no fuimos el país culto que nos han vendido.

No obstante, hoy día es cierto que, estos acontecimientos son cosa del pasado, si bien existe uno que otro cabeza caliente que sueña hacer un levantamiento, quemando el TSE y secuestrando a los magistrados (entre otros actos de igual nivel revolucionario), la verdad es que, la gente vive la campaña política diferente. A nadie le pasa por la mente que se prohíba realizar manifestaciones en el centro de San José, o que la Fuerza Pública deba garrotear a grupos de partidarios.

Pero aquí viene la cuestión, ¿vivimos hoy el proceso electoral de manera diferente porque somos un país políticamente más maduro, más racional si se quiere, o porque la gente, en especial la gente joven, es indiferente, es decir, apolítica?, En otras palabras, ¿ya no se dan disturbios por que nos hemos vuelto más juiciosos y reflexivos o simplemente somos un pueblo políticamente indolente? No creo que se pueda ofrecer una respuesta definitiva a esta pregunta, pero lo que si podemos hacer es argumentar.

Para la elección del 2010 los ciudadanos menores de 34 años representan el 41,83% del total de votantes inscritos en el padrón electoral , esta generación de gente joven se caracteriza por ser altamente critica de su entorno, por no ser fiel a determinado producto, marca, servicio o partido político (las viejas fidelidades políticas hace mucho murieron), además, poseen una cantidad casi ilimitada de información en tiempo real que los hace tomar decisiones justo en el momento. Es decir, su forma de decidir y participar es nueva y ciertamente no la comprendemos cabalmente aún, máxime si pensamos que muchos de ellos ejercen su voto por primera vez. Por tanto, no creo que podamos concluir si, efectivamente esta es una generación apolítica o políticamente madura.

Pero, por otra parte, la forma en que se ha desarrollado la campaña 2010 dista mucho de un pueblo moderadamente racional, (si es que existe algo así). La tónica ha sido la chabacanería, el mal gusto, la falta de contenido e ideas. Los grandes temas no se tocaron con la profundidad que se requería y por el contrario, el marketing político barato y la lucha sin ton ni son, fueron la constante. En este sentido, si bien dejamos de lado la violencia en las calles, la falta de inteligencia en nuestra política persiste. Una hipótesis para este fenómeno puede ser que, el tico no es el arquetipo de hombre racional, sino que se asemeja al Homo Videns y que nuestra democracia se acerca peligrosamente a ser una Sociedad Teledirigida.

viernes 5 de febrero de 2010

Viernes de Recomendación


Para este día les presentamos el artículo: "Peter Bauer, precursor en el camino del desarrollo" escrito por Ian Vásquez. En el se hace una referencia breve a las contribuciones más relevantes de Bauer, y su importancia dentro de la teoría del desarrollo.

jueves 4 de febrero de 2010

ECONOMÍA: Fukuyama, la pobreza y la distribución del ingreso


Francis Fukuyama, autor de El fin de la historia y El último hombre, dio recientemente una conferencia magistral en la que notó que la pobreza es alta en el país, que la distribución del ingreso es desigual y que el país no va a tener una democracia viable hasta que estos problemas se resuelvan. Como solución, el Dr. Fukuyama recomendó que el país hiciera un pacto que estableciera como objetivos la reversión de la desigualdad y la exclusión social.

Las ideas del Dr. Fukuyama han sido recibidas como enormemente originales por mucha gente, la muestra de un cambio en la ideología de la derecha. En realidad no son nada originales, ni en la derecha ni en la izquierda, lo cual por supuesto no quita su mérito. Hay dos problemas fundamentales en las ideas del Dr. Fukuyama, sin embargo, las dos ligadas al énfasis que él le dio a la desigualdad en vez de dársela a la reducción de la pobreza. Primero, él no dijo cómo se puede reducir la desigualdad en la distribución del ingreso. El sólo decir que debería de hacerse lo puede hacer cualquiera. Lo importante es saber cómo hacerlo.

Segundo, un momento de reflexión muestra que el objetivo principal debe ser reducir la pobreza, no reducir la desigualdad, ya que en una alta proporción de las decisiones puede haber un conflicto entre estos dos objetivos. Suponga, por ejemplo, que hay una economía en la que todos tienen el mismo ingreso —bajo pero igual para todos— obtenido, supongamos, recogiendo cocos y exportándolos. Supongamos que entre la población sale alguien que decide poner un negocio para extraer el agua de los cocos y hacer una mezcla para bebidas, que puede vender con el triple de utilidades de las proporcionadas por los cocos, aun si paga a la gente el doble de los salarios que ahora están ganando. Este proyecto aumentaría la producción en el país, disminuiría sustancialmente la pobreza (los trabajadores ganarían el doble de lo que ganan ahora) pero empeorarían la distribución del ingreso, ya que el empresario ganaría el triple mientras que los trabajadores ganarían sólo el doble. Esto sería así en cualquier inversión en la que el inversionista y los gerentes ganen más que los obreros. ¿Deben detenerse las inversiones para que no se empeore la distribución del ingreso?

Un ejemplo claro de la posible contraposición de los dos objetivos lo proporciona el desarrollo de China en los últimos treinta años. A principios de los ochenta, cuando China era todavía una economía comunista, el 54 por ciento de la población vivía en la pobreza. Conforme la economía se fue liberalizando hasta convertir a China en uno de los países más capitalistas del mundo, la pobreza cayó muy rápidamente, hasta el punto que para principios de los 2000 representaba menos del 10 por ciento de la población. Por supuesto, la misma inversión que dio tantos trabajos de gran valor agregado a los obreros chinos también dio grandes utilidades a los inversionistas y dio más ingresos a unos obreros que a los demás. El resultado es que el mismo proceso que redujo la pobreza hizo también la distribución del ingreso menos igualitaria en cuatro dimensiones: el ingreso de las provincias costeras (más abiertas al resto del mundo) es ahora mucho mayor que el de las provincias interiores (la provincia más rica tiene ahora un ingreso que es 10 veces el de la provincia más pobre, peor que en Brasil, en donde el número es 8,1 veces); con el desarrollo de la industria y los servicios, las áreas urbanas se han hecho mucho más ricas que las rurales; los que están en la economía formal se han hecho más ricos que los que se mantienen en la informal; y ha surgido una clase empresarial enormemente rica, que gana mucho más que sus obreros (datos de Jacques, Martin, When China Rules the World, The Penguin Press, New York, 2009).

Es obvio que sólo un envidioso preferiría seguir en la pobreza con tal de que nadie gane más que él o ella. Sólo un envidioso diría que China debería de haber parado las inversiones que han eliminado casi totalmente su pobreza porque como resultado de ellas algunos chinos se han hecho más ricos que otros.

Así, lo primero que tenemos que definir es que lo que queremos es disminuir la pobreza, no reducir la desigualdad. Inmediatamente después debemos encontrar una manera que reduzca la pobreza. Siendo la educación la fuente de toda riqueza, es claro que una de las acciones que debemos reforzar es la de dar a los pobres más acceso a mejor educación y a mejor salud. Este debería de ser el objeto de un pacto como el que Fukuyama, al igual que muchos otros, ha propuesto para el país. El problema es que mientras la población se deje ir por palabras populistas y evite pensar seriamente en las realidades del país, el análisis en serio del problema del crecimiento no será sexy para los políticos. Si esto sigue así, la visita de Fukuyama se añadirá a la larga lista de visitantes que han notado que el país no está desarrollado; que hay pobreza; que la distribución del ingreso no es igualitaria; y que los salvadoreños deberíamos hacer algo en este respecto.

Manuel Hinds

miércoles 3 de febrero de 2010

El capital psicológico


El gran tema es el capital psicológico. Los economistas no lo valoran adecuadamente y es una de las claves de la prosperidad o de la pobreza. Una vez al año, el Cato Institute, el gran think-tank libertario de EE.UU., y la Universidad Francisco Marroquín —tal vez la más prestigiosa institución privada de Centroamérica—, reúnen en la bella ciudad de Antigua, Guatemala, a varias docenas de estudiantes de toda América Latina para explicarles la relación que existe entre la libertad y el desarrollo. Lo que sigue es la síntesis de lo que les conté.

Ya se acepta, porque parece evidente, que el desempeño económico de los pueblos es el resultado de cómo se trenzan y armonizan el capital humano (la educación), el capital cívico (el comportamiento social de la mayor parte del grupo) y el capital material (las riquezas naturales, las inversiones, las maquinarias, etc.). Pero en esa ecuación faltaba el capital psicológico. ¿Qué es eso? En esencia, lo constituyen las actitudes con que los individuos se enfrentan a siete factores fundamentales. Esas actitudes, claro, se derivan de percepciones, creencias y aprendizajes previos. Son éstas:

  • Actitud hacia la libertad. Donde abundan los individuos dispuestos a tomar decisiones y a construir con ellas su propia vida y a procurar la felicidad, sin las muletas del Estado, suele arraigar el bienestar personal y colectivo. Donde prevalece la búsqueda de la seguridad y se entrega el diseño de la vida a entidades exteriores, el resultado es mediocre. Algo de esto se imaginó Erich Fromm cuando escribió El miedo a la libertad.
  • Actitud hacia el Estado. Donde, por las razones que fueren, se percibe al Estado como una injusta fuerza coactiva que no responde a nuestros valores e intereses, sino a la conveniencia de quienes lo administran, el comportamiento de los individuos perjudica a la colectividad. Donde el Estado responde a las expectativas de la sociedad sucede lo contrario.
  • Actitud hacia el trabajo propio y ajeno. Donde se aprecian las actividades que se realizan, siempre que sean honradas, cualesquiera que fuesen, incluidos los oficios más humildes, y no sean un obstáculo para el ascenso social sino un tinte de orgullo, las consecuencias colectivas serán benéficas y el esfuerzo tenderá hacia la excelencia.
  • Actitud hacia el éxito. Donde se admira a los triunfadores y se ponderan sus logros, cuando son legítimos, se propaga y generaliza la lucha por destacarse y buscar el aprecio de la sociedad. Donde ocurre lo contrario y el éxito individual provoca rechazo y crítica negativa, desaparece un fuerte incentivo psicológico positivo.
  • Actitud hacia la ciencia y la innovación. Donde impera la curiosidad científica, y donde hay la voluntad de innovar y crear con originalidad, las consecuencias económicas son dramáticas. Es sorprendente, por ejemplo, que en el siglo XX ni uno sólo de los grandes hallazgos, invenciones o desarrollos técnicos que han cambiado la faz de la humanidad haya surgido en América Latina.
  • Actitud hacia los espíritus emprendedores. Donde se aplaude y cultiva la aparición de las personalidades creativas, y donde la sociedad les abre puertas en lugar de cerrárselas, los pueblos prosperan.
  • Actitud hacia el otro. Donde prevalece, a priori, la confianza en el prójimo, en el otro, porque los acuerdos se cumplen, sucede que las transacciones se multiplican y disminuyen los costos de llevarlas a cabo. Sin embargo, donde se desconfía del otro porque se le presume mala fe, las sociedades son más pobres, dado que disminuyen sustancialmente los intercambios entre las personas, única fuente para la creación final de riqueza.

¿Puede aumentar el capital psicológico de una sociedad? Por supuesto. O puede disminuir. Depende del aprendizaje y de las experiencias de los individuos. En los países totalitarios, o en los que marchan en esa dirección, todo lo que las personas aprenden contribuye a disminuir el capital psicológico. En cambio, en los países que aprecian la libertad y aceptan la responsabilidad, el capital psicológico se retroalimenta y multiplica. Tal vez esto es lo que estamos viendo en sociedades como la chilena. Nunca podremos probarlo matemáticamente, nunca podremos medirlo, pero sabemos que hoy el capital psicológico de ese pueblo es muy alto. Vale la pena estudiar esa variante.

Carlos Alberto Montaner

lunes 1 de febrero de 2010

Huge Deficits May Alter U.S. Politics and Global Power

In a federal budget filled with mind-boggling statistics, two numbers stand out as particularly stunning, for the way they may change American politics and American power.

According to the 2011 budget, the projected deficit in the coming year is nearly 11 percent of the country's entire economic output.

The first is the projected deficit in the coming year, nearly 11 percent of the country’s entire economic output. That is not unprecedented: During the Civil War, World War I and World War II, the United States ran soaring deficits, but usually with the expectation that they would come back down once peace was restored and war spending abated.

But the second number, buried deeper in the budget’s projections, is the one that really commands attention: By President Obama’s own optimistic projections, American deficits will not return to what are widely considered sustainable levels over the next 10 years. In fact, in 2019 and 2020 — years after Mr. Obama has left the political scene, even if he serves two terms — they start rising again sharply, to more than 5 percent of gross domestic product. His budget draws a picture of a nation that like many American homeowners simply cannot get above water.

For Mr. Obama and his successors, the effect of those projections is clear: Unless miraculous growth, or miraculous political compromises, creates some unforeseen change over the next decade, there is virtually no room for new domestic initiatives for Mr. Obama or his successors. Beyond that lies the possibility that the United States could begin to suffer the same disease that has afflicted Japan over the past decade. As debt grew more rapidly than income, that country’s influence around the world eroded.

Or, as Mr. Obama’s chief economic adviser, Lawrence H. Summers, used to ask before he entered government a year ago, “How long can the world’s biggest borrower remain the world’s biggest power?”

The Chinese leadership, which is lending much of the money to finance the American government’s spending, and which asked pointed questions about Mr. Obama’s budget when members visited Washington last summer, says it thinks the long-term answer to Mr. Summers’s question is self-evident. The Europeans will also tell you that this is a big worry about the next decade.

Mr. Obama himself hinted at his own concern when he announced in early December that he planned to send 30,000 American troops to Afghanistan, but insisted that the United States could not afford to stay for long.

“Our prosperity provides a foundation for our power,” he told cadets at West Point. “It pays for our military. It underwrites our diplomacy. It taps the potential of our people, and allows investment in new industry.”

And then he explained why even a “war of necessity,” as he called Afghanistan last summer, could not last for long.

“That’s why our troop commitment in Afghanistan cannot be open-ended,” he said then, “because the nation that I’m most interested in building is our own.”

Mr. Obama’s budget deserves credit for its candor. It does not sugarcoat, at least excessively, the potential magnitude of the problem. President George W. Bush kept claiming, until near the end of his presidency, that he would leave office with a balanced budget. He never got close; in fact, the deficits soared in his last years.

Mr. Obama has published the 10-year numbers in part, it seems, to make the point that the political gridlock of the past few years, in which most Republicans refuse to talk about tax increases and Democrats refuse to talk about cutting entitlement programs, is unsustainable. His prescription is that the problem has to be made worse, with intense deficit spending to lower the unemployment rate, before the deficits can come down.

Mr. Summers, in an interview on Monday afternoon, said, “The budget recognizes the imperatives of job creation and growth in the short run, and takes significant measures to increase confidence in the medium term.”

He was referring to the freeze on domestic, non-national-security-related spending, the troubled effort to cut health care costs, and the decision to let expire Bush-era tax cuts for corporations and families earning more than $250,000.

But Mr. Summers said that “through the budget and fiscal commission, the president has sought to provide maximum room for making further adjustments as necessary before any kind of crisis arrives.”

Turning that thought into political action, however, has proved harder and harder for the Washington establishment. Republicans stayed largely silent about the debt during the Bush years. Democrats have described it as a necessary evil during the economic crisis that defined Mr. Obama’s first year. Interest in a long-term solution seems limited. Or, as Isabel V. Sawhill of the Brookings Institution put it Monday on MSNBC, “The problem here is not honesty, but political will.”

One source of that absence of will is that the political warnings are contradicted by the market signals. The Treasury has borrowed money to finance the government’s deficits at remarkably low rates, the strongest indicator that the markets believe they will be paid back on time and in full.

The absence of political will is also facilitated by the fact that, as Prof. James K. Galbraith of the University of Texas puts it, “Forecasts 10 years out have no credibility.”

He is right. In the early years of the Clinton administration, government projections indicated huge deficits — over the “sustainable” level of 3 percent — by 2000. But by then, Mr. Clinton was running a modest surplus of about $200 billion, a point Mr. Obama made Monday as he tried anew to remind the country that the moment was squandered when “the previous administration and previous Congresses created an expensive new drug program, passed massive tax cuts for the wealthy, and funded two wars without paying for any of it.”

But with this budget, Mr. Obama now owns this deficit. And as Mr. Galbraith pointed out, it is possible that the gloomy projections for 2020 are equally flawed.

Simply projecting that health care costs will rise unabated is dangerous business.

“Much may depend on whether we put in place the financial reforms that can rebuild a functional financial system,” Mr. Galbraith said, to finance growth in the private sector — the kind of growth that ultimately saved Mr. Clinton from his own deficit projections.

His greatest hope, Mr. Galbraith said, was Stein’s law, named for Herbert Stein, chairman of the Council of Economic Advisers under Presidents Richard M. NixonGerald R. Ford. and Stein’s law has been recited in many different versions. But all have a common theme: If a trend cannot continue, it will stop.

New Yor Times por DAVID E. SANGER

Publicado en Febrero 1, 2010

Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país


¡Al fin ha llegado Caldera! Después de treinta años se logra terminar una tarea que, en momentos, parecía imposible. A pesar de la alegría, cabe preguntarse ¿existirá otro país en el mundo donde el letargo sea de esta magnitud y se necesite tanto tiempo para construir una obra que no está entre las 7 maravillas del mundo moderno? No lo sabemos, lo que sabemos, y lo que importa, es que esta mala broma de Caldera le ha costado al país productividad, riqueza y competitividad. Pero Caldera no es un simple hecho aislado, no es una casualidad del destino, no. Caldera nos desnuda a dos niveles: institucional y cultural, y precisamente de esto trata el tema polémico del día de hoy.

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.

A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.

Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".

sábado 30 de enero de 2010

Mercantilismo vrs capitalismo



En este programa el periodista John Stossel demuestra las grandes diferencias que existen entre el capitalismo y mercantilismo.

viernes 29 de enero de 2010

Viernes de Recomendación


Para este Viernes de Recomendación queremos presentarles una recopilación de videos del aclamado economista y defensor de la libertad Milton Friedman. Milton Friedman (31 de julio de 1912 – 16 de noviembre del 2006) fue un economista estadounidense (el más conocido líder de la Escuela de Chicago) y uno de los principales defensores del libre mercado y el monetarismo neoclásico de su época. En 1976 ganó el Premio Nobel de la Economía por sus resultados en los campos del análisis del consumo, historia y teoría monetaria y por su demostración de la complejidad de la política de estabilización.

Más Libertad, Menos Gobierno

Inmigración Ilegal Parte 1

Inmigración Ilegal Parte 2

Malas Leyes

Milagro de Estados Unidos

Salud en un Mercado Libre

El creciente costo de la Salud Social

Vouchers Educativos

Cierren la Reserva Federal


Regulación Gubernamental

El Poder del Libre Mercado

Legalización de Drogas

jueves 28 de enero de 2010

ECONOMÍA: Cómo crear empleos


Dice Obama que quiere fomentar la creación de empleos. Cree que la recesión no termina, realmente, mientras la población activa no encuentre cómo ganarse la vida. En EE.UU. el desempleo anda por el 10%. En España ese porcentaje se duplica y el gobierno de Zapatero se hunde paulatinamente, como si estuviera en una tembladera. Obama y Zapatero piensan utilizar el gasto público para estimular la economía. George W. Bush lo hizo antes, enviando a los estadounidensess un cheque de 20 dólares, medida más cerca de la demagogia populista que de una política económica seria. Es lamentable.

Hace unos 40 años, un candidato venezolano a la presidencia prometió que crearía miles de empleos a poco de llegar al poder. Dicho y hecho: dictó un decreto que obligaba a contratar a una persona para que apretara los botones en todos los ascensores del país. La sociedad aplaudió agradecida sin advertir que eso creaba trabajos que no aumentan la producción de riquezas ni mejoran la productividad. Poco después, volvió a la carga: obligó a que en los baños públicos hubiera siempre un encargado de limpieza. Otros miles de puestos de trabajo fueron creados con un chasquido de los dedos.

El mundo está lleno de ejemplos parecidos. En Andalucía, España, se paga a unos desempleados para que barran los parques, en lo que parece ser un curioso traslado de polvo de un sitio a otro. En EE.UU. y Europa entregan grandes sumas de dinero público a empresarios agrícolas o ganaderos para que produzcan menos, como si la función del Gobierno fuera mantener altos algunos precios.

Todo eso suele ser contraproducente. En Suiza, donde el desempleo está por debajo del 4,5%, la única fórmula es contar con miles de empresas eficientes que compiten y se esfuerzan en producir cada vez más usando menos recursos, que les permiten ahorrar, invertir y crecer, lo que se transforma en oportunidades laborales.

Si un Estado quiere que aumenten los salarios, el camino es fomentar la creación de empresas privadas, lo que puede incluir las cooperativas u otras formas de propiedad colectiva, pero no en el sector público, porque el Estado-empresario conduce a la corrupción, dispendio y atraso.

Desgraciadamente, para cualquier Gobierno lo más fácil y que más votos produce es repartir dinero y asignar privilegios, operación a la que casi nadie se opone porque quienes se benefician tienen nombre y rostro, pero quienes se perjudican es una masa difusa de contribuyentes que ni siquiera percibe que le están metiendo la mano en el bolsillo. Son víctimas inocentes que pagan con sus impuestos o con inflación las maniobras clientelistas de los políticos de turno.

Carlos Alberto Montaner

martes 26 de enero de 2010

El debate presidencial de Canal 7



En este episodio comentamos dos temas que se discutieron en el debate entre los principales candidatos presidenciales para las elecciones presidenciales de Costa Rica que se celebrarán el 7 de febrero de 2010: la red de cuido propuesta por la candidata socialdemócrata Laura Chinchilla y la discusión que se tuvo sobre las propuestas fiscales de los tres candidatos.

El drama de Haití en un mundo cerrado


Ante el drama de Haití, la respuesta de la solidaridad internacional es conmovedora. Sobre todo, la de las ONG y la de todos los ciudadanos del mundo que están colaborando con ellas para las importantes tareas de rescate, asistencia y reconstrucción.

Pero hay un aspecto que permanece en silencio, entre su desconocimiento o la sospecha de que puede ser una de esas verdades que no se quieren decir.

Ya sea a través de creencias, o a través de ideas enseñadas en las universidades, se sigue considerando que la economía es un juego de suma cero, una distribución donde lo que se da a unos, lo pierden otros. Por eso casi todas las naciones, sobre todo las desarrolladas, han cerrado sus fronteras ante la inmigración libre de personas, favorecido ello por creencias de que existen cosas como nacionalidades por encima de las personas y sus derechos.

Casi nadie cree o casi nadie acepta que un sistema de libre entrada y salida de capitales y de personas, con comercio libre interno y externo, y sin un estado de bienestar federal, es lo que permite la capitalización, el desarrollo, pero, además, es lo que permite que hablar de paz, de solidaridad, no sean meras palabras vacías y utópicas. Y esto es así porque todos leen a Marx pero no a Mises, y el resultado práctico de que la primer M predomine sobre la otra es el sufrimiento inenarrable de miles de millones de personas.

Por ello, el mundo actual se desvive por el envío de ayuda a Haití, pero a ningún gobierno se le ocurre decir “vengan, son ciudadanos por sólo pisar estas tierras”, a ningún gobierno se le ocurre mandar sus barcos militares no para la guerra, sino para la paz, para traer en masa a millones de haitianos a tierras que los reciban en libertad. Ah no, eso no, eso nunca. Ciudadanos opulentos y sindicatos fuertes que se llenan la boca hablando de solidaridad, allí dirán su muy enfático no. Y jamás leerán a Mises, desde luego, quien les explicará que cada persona que libremente se integre a una economía de mercado es más riqueza y no mayor pobreza para todos.

Pero no es sólo cuestión del drama de Haití. Millones y millones de personas sufren no terremotos, pero sí persecuciones y condiciones indignas de vida en las viles regiones autoritarias que habitan. Huyen como pueden, y los que pueden llegar a otras tierras tienen un magnífico recibimiento: son “ilegales”, son encarcelados, tratados como escoria y deportados nuevamente a su infierno, por esos mismos gobiernos que hoy están ayudando a Haití y con la mirada ignorante o cómplice, en silencio, de ciudadanos que también se consideran a sí mismos un dechado de humanidad. “Enviemos ayuda”, “vayamos”, “vayan”, pero NUNCA “vengan”, esta es su tierra, simplemente porque son seres humanos…

Es una M o la otra. Miles de colegas filósofos siguen hablando de Marx, y despreciando con todo su desdén a Mises, el héroe perseguido por los nazis y luego ignorado o despreciado por el establishment intelectual norteamericano. El resultado es el horror del mundo que hemos hecho: no un terremoto, sino, como ya dije una vez, el horror del mal de los males que podrían evitarse.

Gabriel Zanotti

lunes 25 de enero de 2010

Tema polémico: hipocresía sindical


En este Tema polémico, deseamos criticar la hipocresía y conveniencia a la que se adaptan muchos de los sindicatos respecto a la posibilidad de concesionar el muelle de Moín. Resulta que el pasado sábado 16 de enero, una Asamblea de Empleados de JAPDEVA se reunió para dirimir si estaban de acuerdo en que se diera o no en concesión ese muelle, siendo el resultado aplastante a favor del sí: 94% del total de los presentes, que constituían el 69% de los agremiados. Sin embargo, ante tan apabullante resultado, el sempiterno sindicalista de JAPDEVA, Ronaldo Blear, denunció que esa asamblea fue "nula, ilegítima e inmoral". He ahí la primera muestra de hipocresía: ¿qué habría pasado si el 94% votara en contra de la conseción? ¿merecería esa asamblea los mismos epítetos de Blear o, por el contrario, gozaría de toda la "legitimidad" porque el sindicato de trabajadores "ha hablado"?

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que en nuestro país, ciertos individuos vociferan contra los resultados que no comparten, desacreditándolos y acusando de "intromisiones" o "fraudes" (como lo demostró el grupo más radical del "NO" al TLC) o lo ejemplificaron aquellos "próceres de la Patria", reunidos en las afueras del Teatro Melico Salazar, cuando anunciaron que desconocerían las elecciones del 2006 si el ganador era Oscar Arias. No obstante, si el resultado de una votación les favorece, inmediatamente salen gritando a los cuatro vientos que "el pueblo se ha expresado libre y apropiadamente" o que "la voluntad del pueblo, ente soberano y omnisciente, se ha cumplido".

Esto es precisamente lo que tenemos con el caso de la mencionada Asamblea de JAPDEVA: como no les conviene el resultado -pues si se conseciona el muelle se acaba la charanga sindical, la extorsión y la indecencia que ha caracterizado a un grupo de rufianes que se valen de las huelgas para no trabajar y, simultaneamente, obtener privilegios despreciables- entonces niegan que haya sido una reunión válida y rechazan vehementemente la decisión. Pero acá no acaba la historia: como en la vulgaridad parece haber una buena dosis de solidaridad, un grupo de sindicatos (Rerum Novarum, Movimiento de Trabajadores Costarricenses, Central General de Trabajadores y la Central Social Juanito Mora) fueron a protestar el pasado lunes 18 de enero ante el Ministerio de Trabajo, haciendo un berrinche para que el Ministerio de Trabajo anule la Asamblea realizada por JAPDEVA. ¿Por qué? Porque todos estos grupos mafiosos operan de la misma forma: amenazando, extorsionando y valiéndose de la muchedumbre y el desorden para hacer lo que les viene en gana, obteniendo ventajas a costa de todos los costarricenses.

Definitivamente, si los sindicatos cumplieron alguna vez una labor social importante -cosa que está en tela de duda por su propia naturaleza organizativa-, es claro que en la actualidad no sirven para nada. Solo pretenden exprimir hasta más no poder a quienes pagan sus caprichos y amenazan con huelgas y destrozos, cual niño malcriado, cuando no se les complace. ¡Y todavía reclaman que la empresa privada no permita sindicatos en su seno! Mas lo peor del caso es que ellos y otros grupos pseudoacadémicos, "sociales" y demás epítetos políticamente correctos, alimentan una muy peligrosa forma de legitimidad de las decisiones en un régimen democrático: la de la conveniencia.

sábado 23 de enero de 2010

Olafo, Robin Hood y el Estado


Hace unos días la tira cómica de Olafo presentó un simpático diálogo como el que sigue (no lo reproduzco textualmente porque al momento de escribir este artículo ya ese periódico se había enviado al reciclaje): ¿Cuál es tu nombre extranjero?, preguntó Olafo. Me llamo Robin Hood. ¿A qué te dedicas? Robo a ricos para dar a los pobres. Pero si todo lo das, ¿de qué vives? De la comisión del 20% que me dejo.

Una (no la única, pero sí la que más recursos presupuestarios consume) de las funciones del Estado es la redistribución de riqueza entre los miembros de la sociedad.

En estricta teoría de las finanzas públicas, esta labor debería satisfacer los siguientes criterios:

(a) Las transferencias han de ser de rico a pobre, no entre iguales y menos de pobre a rico.

(b) El esquema debe ser de sencilla administración, para que sea soportable por los contribuyentes y no una carlanca de ineficiencia económica.

(c) La pobreza que se atiende debe obedecer a mala suerte, no a malas prácticas de los receptores de la ayuda, pues esto aparejaría riesgo moral. Recuérdese el dictado del influyente apóstol Pablo: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Ts 3:10)

Lo anterior implica que las ayudas redistributivas deben ser por montos relativamente bajos, pues de otra forma nadie tendría incentivo para trabajar: ni el pobre, porque mejor vive pegado a la teta del Estado; ni el emprendedor rico, porque el fruto de su esfuerzo le es “robado” (para usar la expresión de Robin Hood).

Por último, (d) los programas de transferencias deben contribuir a subsanar las causas de la pobreza (e. g.: mala salud, deficiente educación) y a igualar oportunidades; es decir, ser pro-crecimiento económico. Mejor enseñar a pescar que dar un pescado, dice el refrán.

Si el esquema se ajusta a los criterios expuestos, la distribución del ingreso nacional después de la labor del Estado (medida por el coeficiente de desigualdad Gini) será “mejor” que antes de ella. Sin embargo, en América Latina, y en Costa Rica en particular, eso no ocurre así, porque no todas las transferencias son de rico a pobre.

Hay algunas, importantes, con poderosos grupos de interés que luchan por mantenerlas, como las pensiones con cargo al presupuesto nacional y las transferencias a las universidades públicas, que son de pobre a rico.

Esto ha sido documentado por estudios de expertos de la UCR, entre otros. Además, el costo de los esquemas redistributivos (medido por lo que se gasta en administración y por la alteración de los incentivos a producir) es muy alto; más alto que el 20% que Robin Hood dice dejarse. ¿Me explico, Olafo?

Thelmo Vargas