lunes, 31 de diciembre de 2007

Absurdo antiamericanismo


Hoy, los políticos populistas latinoamericanos muestran un rabioso antiamericanismo. Más que rencor, les mueve su afán de denigrar del capitalismo, al que culpan de todas las miserias. Los populistas denuncian que Estados Unidos se aprovecha de los pueblos pobres. Por eso, “los países pobres son cada día más pobres y los países ricos cada día más ricos”. Para estigmatizar al capitalismo desentierran el viejo y errado dogma marxista de la explotación, aunque éste se aplicaba originalmente a individuos y no a las naciones. Así ignoran 100 años de gigantescos adelantos logrados por el capitalismo y la inmensa mejoría del nivel de vida de los trabajadores donde hay libertad económica y libre competencia.

Los marxistas entonces cambiaron su virulenta fórmula, aceptando que si bien los trabajadores de países ricos mejoraron su nivel de vida, esta mejoría se logra a expensas de los países pobres. La explotación se trasladó de los trabajadores a las naciones. Los países pobres eran cada vez más pobres debido a que los países ricos eran cada vez más ricos. Al principio, el anticapitalismo y el odio a los “países ricos” incluían a las naciones europeas, pero desde los años setenta, tanto la izquierda radical como la extrema derecha, concentraron su rencor en los Estados Unidos, su capitalismo y política “imperialista”.

El paradigma contrario, el americanismo, nació en el siglo XVII, cuando desembarcaron los peregrinos en Plymouth. Esa nueva colonia era comunista, toda su producción se almacenaba en un depósito común para que la autoridad política la distribuyera a cada uno de acuerdo a sus necesidades, según el principio marxista “de cada uno de acuerdo a su habilidad, para cada uno de acuerdo a su necesidad”. Así, pronto los colonos sufrieron hambre y comenzaron a morir. Por fortuna, pocos años después abandonaron el sistema comunista y cada colono tendría derecho sobre los frutos de su propio trabajo.

Desde que se instaló la propiedad privada, los colonos de Plymouth Rock prosperaron y nunca más padecieron hambre y miseria. La nueva nación adoptó muy pronto los derechos de propiedad, la economía creció y se robustecieron los deseos de libertad que más tarde confluyeron en la Revolución Americana. La esencia del americanismo se definió en la Declaración de Independencia de 1776 que afirmó el principio revolucionario de que todos los hombres nacen con iguales derechos a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” y que los gobiernos son creados solamente para defender estos derechos fundamentales del ciudadano.

Desechando prejuicios delirantes, lo que realmente importa es revivir el americanismo, la defensa de los valores universales de la libertad, la vida y la propiedad que traen prosperidad y esperanzas a los pueblos y atacan en su misma raíz la miseria y la opresión.

Por Porfirio Cristaldo Ayala

Un circo en la selva


La anécdota solo se conoce superficial-
mente.Las narcoguerrillas comunistas de las FARC, de acuerdo con Hugo Chávez, montaron un gran circo mediático para liberar a tres inocentes cautivos secuestrados en las selvas colombianas desde hace varios años. Pensaban acaparar los titulares de medio mundo, pero otros terroristas más oportunos, aunque igualmente siniestros, les aguaron la fiesta con el asesinato de Benazir Bhutto en Pakistán. La publicidad, pues, será mucho menor. En todo caso, ¿qué objetivos perseguían los protagonistas de este espectáculo obsceno, basado en explotar los sufrimientos de las víctimas y de sus familiares colombianos? Comencemos por Hugo Chávez.

La factura. El venezolano buscaba proyectar su imagen y consolidar su condición de líder de una zona de influencia. Forma parte de su psicopatía narcisista, pero también de su estrategia. Planteó la operación como un triunfo político colectivo. Era una oportunidad para presentarse a la cabeza de un conjunto de países a los que se propone vincular a sus delirantes planes de constituir un bloque político internacional dedicado a hostilizar a Occidente. Así que, rápidamente, les pidió a sus aliados que designaran a personas de cierto rango que demostraran su poder de convocatoria. Chávez, como todos los capos, cobra con intereses los recursos que entrega. Sus obligados deudores, en algunos casos, son los agradecidos receptores de esos maletines electorales, llenos de petrodólares que circulan como cometas por toda la zona.

Argentina envió al ex presidente Néstor Kirchner y al canciller Jorge Taiana; Cuba, a Germán Sánchez, embajador en Caracas, conocido por los venezolanos como el Virrey, un hábil y endurecido representante de los servicios cubanos de inteligencia; Ecuador escogió a Gustavo Larrea, exministro del Interior; Brasil, a Marco Aurelio García, un hombre muy cercano a Lula y a Castro; y Bolivia, al viceministro Sacha Llorenti. Junto a ellos, despistado, viajaría el embajador francés Hadelin de la Tour-du-Pin, a quien tal vez le divierta esta pintoresca excursión por el trópico, quizá convencido de ser el bondadoso agente de un acto caritativo, o un personaje secundario en una novela de García Márquez.

Los seis objetivos. Para las FARC, la liberación de las dos mujeres y del niño nacido en cautiverio conlleva seis objetivos:

• Demostrar flexibilidad y mejorar su incómoda imagen de asesinos y narcotraficantes.

• Obligar al odiado gobierno de Uribe a reconocerles cierta legitimidad.

• La admisión, aunque sea provisional, de “zonas de despeje”.

• La introducción en el conflicto de factores internacionales que les son favorables.

• Respaldar y complacer a Hugo Chávez, el más valioso de sus cómplices.

• Y, acaso, dar un paso hacia la táctica que les propone el venezolano: respaldar a un candidato afín en las elecciones del 2010, como ya apuntó recientemente Raúl Reyes, la cabeza política de las FARC. Prepararse, en suma, para lograr en las urnas lo que no han conseguido con cuatro décadas de violencia. Tras esa hipotética victoria, seguiría el acostumbrado guion: una nueva Constitución y la progresiva y total desarticulación de los mecanismos democráticos republicanos. Lo que nadie puede explicarse es qué hace un personaje como Nicolás Sarkozy en un barrio tan peligroso y en compañía tan poco recomendable. De Sarkozy, presidente de Francia, uno esperaría una conducta más seria. Debe saber que el Consejo de la Unión Europea, con muy buenas razones, ha declarado terroristas a las FARC, una nutrida banda integrada por miles de personas dedicadas a la extorsión, el narcotráfico, los secuestros y los asesinatos, cuyo declarado objetivo, lo que constituye una seria agravante, es crear un manicomio colectivista de corte soviético cuando consiga ocupar el Palacio de Nariño.

Incoherencia de Francia. ¿Dónde está la coherencia de una diplomacia que hace pocas semanas advertía sobre la peligrosidad de Irán y hoy se interna en la selva colombiana de la mano del gran aliado de Ahmadinejad en el mundo? ¿Cómo es posible que la misma Francia que en Europa contribuye leal y eficazmente a la persecución de ETA, en América Latina caiga en la ingenuidad de bailar al son que tocan los narcoterroristas colombianos?

Uno, claro, se alegra por la liberación de los rehenes y por sus familiares, pero sin olvidar ni un momento que esta operación montada por Chávez y por las FARC no está dirigida a fomentar la paz en Colombia, sino a debilitar aún más la precaria estabilidad del gobierno legítimo de Uribe, y a contribuir a la demolición de la frágil democracia que, no se sabe cómo, subsiste en el torturado país. Uno, que conoce la fauna de la región y no se hace ilusiones, también puede entender el comportamiento irresponsable de Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia (ignoro por qué no invitaron a Daniel Ortega al aquelarre), pero Francia debe ser mucho más que una desordenada y caótica república gobernada con la punta de una banana. Francia debería ser otra cosa.

Carlos Alberto Montaner

domingo, 30 de diciembre de 2007

10.000 visitas


En ASOJOD celebramos este fin y principio de año el hecho de alcanzar las 10.000 visitas, según el contador de nuestro blog. Agradecemos especialmente a cada una de las personas que nos ha visitado, leido, comentado y votado. Esperamos seguir contando con sus visitas y recibiendo sus comentarios para generar un sano debate. Ojalá que los artículos y publicaciones que ASOJOD ha subido, hayan sido de utilidad para las personas. Nuevamente, gracias queridos (as) lectores (as)

ASOJOD seguirá luchando por la libertad, la racionalidad y la criticidad en el pensamiento. Seguirá diciendo las verdades, aunque con eso se gane enemigos. No descansaremos de sacar a relucir lo que la realidad demuestra

Globalización en marcha



Por séptimo año consecutivo, la revista Foreign Policy y la consultora A. T. Kearney ofrecen a la opinión pública mundial el Índice Mundial de Globalización (IMG), el cual constituye una herramienta útil a los académicos, ciudadanos, políticos, sector empresarial y trabajadores.

A primera vista, es posible afirmar que el estudio es ambicioso por cuanto no existe un consenso para medir el avance de la globalización. Sin embargo, sugiere analizar la globalización como un proceso que no se limita al comercio y a los flujos financieros, también abarca la integración política, económica y los medios de comunicación al servicio del ciudadano por medio de la tecnología. Asimismo, eleva al rango de verdad absoluta que la globalización como proceso experimenta caos como móvil del cambio y la continuidad. En este sentido, los desastres naturales, violencia social y las crisis políticas en relación con la integración de bloques económicos, cooperación internacional, ayuda humanitaria, eficacia de las organizaciones internacionales, representan límites y oportunidades para la ampliar la globalización.

Ranquin. A diferencia de los estudios previos, el IMG 2007 tomó en cuenta a 72 naciones que comprenden el 97% del producto interno bruto global y el 88% de la población mundial. En términos geográficos, Europa agrupa al 32% de naciones objeto de estudio, mientras que Oceanía 4,2%, África 15,2%, América 15,2% y Asia el 33,4%.

Contrario a la premisa de que la economía grande tiene mayor posibilidades de integración en la economía global, el ranquin mundial concluye que el mayor nivel de globalización ha sido alcanzado por naciones cuyo tamaño es menor al Estado de Indiana de EE. UU. y una población que oscila los 8 millones. Entre ellas, destaca Singapur y Hong Kong en áreas tales como comercio, economía, inversión extranjera, recurso humano, telefonía y turismo.

En cuanto a América Latina, el IMG 2007 ratificó, por quinto año consecutivo, el nivel de integración de Panamá al ocupar el puesto 30 –el mejor posicionamiento de una nación latinoamericana–. A escala mundial, el liderazgo canalero destaca en economía (8) inversión directa extranjera (7) y vinculación a organizaciones internacionales (1).

Costa Rica. Por otra parte, el IMG 2007 evaluó el nivel de inserción de la economía costarricense. Según este índice, Costa Rica ocupa el puesto 39, solo superado por Panamá. En relación con las nueve restantes economías latinaomericanas consideradas por el IMG 2007, Costa Rica está por encima de Chile (39), México (49), Colombia (50), Argentina (54), Perú (58), Brazil (67), Venezuela (68), liderando en áreas tales como contactos personales y conectividad tecnológica.

Tal mención es la segunda que recibe Costa Rica, toda vez que en noviembre de 2007 la organización Latin Business Chronicle ubicó a Costa Rica en el puesto 2 en el Índice Latinoamericano de Globalización 2007, seguida por Nicaragua (5), El Salvador (7), Guatemala (14). ¿Es casualidad o accidente? A criterio de quien escribe, es el fruto de una gestión pública estatal sostenida durante los últimos tres quinquenios, que comprende celebración de acuerdos de libre comercio, atracción de inversión extranjera en alta tecnología, dinamización de la oferta turística, conservación del medio ambiente y servicios electrónicos.

Pero en la globalización el conformismo es sinónimo de rezago. Por lo pronto, el compromiso de país debería ser el de emular el mejoramiento continuo de las fortalezas y debilidades aplicado por economías pequeñas que lideran el ranquin. En este sentido, la formación y capacitación del recurso humano, eficiencia de puertos marítimos y terrestres, calidad en la red vial, simplificación de trámites administrativos, gestión empresarial, cobertura del seguro social y de accidentes de trabajo, constituyen el principal reto para que los actores económicos puedan competir en el mercado nacional, regional y el mercado internacional y, consecuentemente, aprovechar los beneficios de la globalización.

Por Édgar Cascante

sábado, 29 de diciembre de 2007

Rebelión fiscal


Cuando un gobierno abusa de poder, violando los límites que el pueblo le ha impuesto, los ciudadanos libres tenemos el derecho de participar en una desobediencia civil. Esta desobediencia se puede llevar a cabo en muchos frentes y surge de manera espontánea. De hecho, desde antes de que Correa llegue al poder y nos presente su gran paquetazo navideño de impuestos, mediante la evasión de impuestos, los ecuatorianos hemos estado participando desde hace décadas en una gran rebelión fiscal.

Según el director del SRI la evasión anual en promedio del impuesto a la renta es de 61%, y según un estudio del Banco Mundial la economía informal del Ecuador representaba 34,4% del producto nacional bruto (PNB) en el 2000. Es decir, que muchos ecuatorianos han decidido ignorar todas las regulaciones, incluyendo las tributarias.

En un país en el que cumplir con las leyes tributarias implica pagar 8 impuestos, consumiendo en promedio 600 horas y 35,3% de las ganancias del ciudadano común (todo esto sin contar con los impuestos de los gobiernos seccionales), no debería sorprender que la evasión abunde. Más de un tercio del fruto del trabajo de los ecuatorianos va al bolsillo del Estado.

“La evasión tributaria es un deporte nacional. La gente evita pagar impuestos porque las tasas tributarias son altas, la administración es compleja y el dinero recaudado es desperdiciado”, dijo un hombre de negocios en La Paz, Bolivia. Lo que dice el boliviano de su país podría decirse de Ecuador. Sin embargo, piensan que “Ecuador es un país de evasores”, es decir, los ecuatorianos –a diferencia de los suecos, por ejemplo– somos genéticamente evasores.

Aquí se perciben dos visiones: aquella que considera que el problema es el sistema tributario y aquella que considera que el problema es el contribuyente. Las dos percepciones llevan a dos soluciones distintas para la evasión: el boliviano quisiera cambiar los incentivos del sistema, que estimule la actividad empresarial y el crecimiento económico, antes que esclavizar a los gobernados. Uno cree que los resultados se logran a través de un Estado en el que ambas partes se benefician (pague porque le daremos servicios públicos sin perjudicar su productividad) y el otro ingenuamente cree que solo se logran con mano dura (o paga o va a la cárcel).

La visión del Gbierno en materia tributaria presume la culpabilidad antes que la inocencia y como en los regímenes totalitarios, fomenta la desconfianza entre los ciudadanos. Bajo la ley tributaria propuesta por el Ejecutivo, usted es culpable de evadir impuestos antes de que pueda comprobar lo contrario. En algunos casos, las sanciones por no pagar impuestos equivalen a prisión por deuda, cosa que ya no existe en la gran mayoría de las sociedades civilizadas. Además, bajo esta ley se premia a los delatores de evasión de impuestos así como se premiaba a los delatores en la Cuba de Fidel.

Por estas razones y muchas más que no se pueden elaborar en este limitado espacio, esta ley tributaria representa una amenaza a las libertades individuales que no logrará reducir la evasión y aumentar las recaudaciones. Lo único que conseguirá es continuar con la destrucción de las instituciones y de la economía del país.

Los ecuatorianos tenemos el derecho a defender nuestras libertades, y en este caso lo podemos hacer reclamando para nuestros cantones o regiones la autonomía más potente: la fiscal. De esta manera, los gobiernos seccionales competirán para atraer a más ciudadanos e inversiones. Hasta que eso suceda, los ecuatorianos continuarán en rebelión fiscal.

Por Gabriela Calderón

viernes, 28 de diciembre de 2007

El futuro económico de Latinoamérica


Estamos ya al final del año y se habla mucho de los pronósticos económicos para 2008, que se emiten con números que llegan a las décimas de punto decimal como si fuera posible ver el futuro con esta precisión. Este ejercicio de adivinación es muy popular, al punto que distrae la atención de un ejercicio mucho más importante que deberíamos de hacer continuamente. No debemos tratar de adivinar cuál va a ser nuestra tasa de crecimiento, sino tomar las acciones necesarias para determinarla, elevándola consistentemente en el largo plazo para resolver los problemas más serios que afectan a nuestra sociedad: la pobreza y la división social que ella implica. Está probado que en el largo plazo el capital social (contenido en la salud y la educación del pueblo) es el factor decisivo en la creación de riqueza. Si invertimos en dicho capital, vamos a crecer; si no, no.

Desgraciadamente vivimos en una región en la que se da muy poca importancia a la educación. Preferimos creer que el desarrollo cae del cielo, o es el resultado de prestigitaciones económicas, ignorando toda la evidencia que muestra que la educación es la única ruta al desarrollo y la riqueza.

Este problema lo compartimos con toda Latinoamérica, en donde los populistas han reinado por casi dos siglos, ofreciendo mentirosamente el desarrollo de los países sin nunca atender al desarrollo del individuo. Los problemas de la región se han visto evidenciados otra vez en la prueba que la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, conocida como la OECD por sus siglas en inglés, realiza cada tres años para determinar el estado de la educación en sus miembros (que son treinta, en su mayoría desarrollados) y en 27 países que se han anotado para las pruebas para medir su preparación académica.

Las pruebas se realizan en tres materias: ciencia, lectura y matemáticas. Cubren a estudiantes de 15 años. La OECD reporta los resultados en niveles que van desde el 1 al 6, de acuerdo a la excelencia de los alumnos. Es una prueba similar a la de la PAES ( La Prueba de Aprendizaje y Aptitudes para estudiantes de Educación Media) que se realiza en El Salvador, pero estandarizada a través de 57 países, lo que permite comparar los resultados internacionalmente.

Hay 6 países latinoamericanos en estas pruebas con muy mala calificación: Chile, Uruguay, México, Argentina, Brasil y Colombia. Los mejores de ellos fueron Chile y Uruguay, pero aun para ellos los resultados fueron muy descorazonadores: alrededor del 70% de sus estudiantes clasificaron en el nivel 2 o menos. Todos los otros tuvieron a más del 80% en 2 o menos. Como comparación, Finlandia, el país que sacó las mejores calificaciones: menos del 20% de sus estudiantes estuvieron en el nivel 2 o menos.

Visto desde el otro punto de vista, sólo el 1,9% de los estudiantes chilenos, los mejor calificados de los países latinoamericanos, tuvieron una calificación de 5 o más, mientras que el 20,9% de los finlandeses estuvieron en esa categoría. Los países recién desarrollados de Asia, como Corea, Hong Kong y Taiwán tuvieron 10,3%, 15,9% y 14,6% en esa categoría. Por eso es que esos países son ricos y nosotros pobres. Es allí donde está la clave de la política económica que debemos seguir para que, año con año, nuestro crecimiento sea fuerte y consistente, y podamos pronosticar que en un período razonable habremos eliminado la pobreza del país.

Manuel Hinds

jueves, 27 de diciembre de 2007

La apuesta de Smith


En el post "¿Dios existe?, uno de nuestros lectores dejó un comentario haciendo referencia a la Apuesta de Smith. Con ánimos informativos, en ASOJOD hemos querido explicarle a nuestros lectores, grosso modo, en qué consiste la Apuesta de Smith.
Ella surge en contraposición a la Apuesta de Pascal, según la cual era conveniente creer en Dios porque, si existía, el creyente ganaba el cielo y si no existía, nada pasaba. Smith refuta esa creencia con cuatro estadios probabilísticos:

1. Dios no existe. En este caso, los ateos estarían en lo correcto, por lo tanto serían los creyentes lo que habrían perdido gran parte de sus vidas y de sus esfuerzos en agradar a un ser inexistente.

2. Dios es un ser impersonal (Deísmo). Dios creó el Universo y luego lo dejó a su suerte, sin intervenir en él. En este caso, ni el ateo ni el creyente tienen razones para preocuparse, pues este Dios ni premia ni castiga. En dado caso, aún los perdedores continuarían siendo los creyentes, pues habrían perdido gran parte de su esfuerzo vital en adorar a un Dios que no les escucha ni les presta atención alguna.

3. Dios existe y es un ser moralmente elevado. En este caso, Dios no podría castigar a ningún ser humano que cometiera errores de conciencia honestos. Si la razón es la que hace llegar a la conclusión al hombre que Dios no existe, este no debería tomar represalias contra él. De hecho, quien más preocupado debería estar es el creyente, pues la lógica en términos básicos debería llevar al ateísmo (esta es la opinión personal de Smith), por lo cual la creencia ciega y deshonesta en Dios (recordemos que, según los detractores, los creyentes creen en Dios no por una convicción honesta y lógicamente estructurada, sino como simple “apuesta segura”) sería para Él un gran pecado.

4. El Dios de los cristianos es el correcto, con su actuación moral y éticamente reprobable, que castiga a todo aquel que se atreve a dudar de Él, aunque esta duda esté basada en la lógica y la razón. Así, la vida de cada persona no sería importante, sino la simple adhesión a la creencia de Dios sea esta por razones honestas (escasamente hay quienes creen en dios como consecuencia del razonamiento y la meditación profunda en ese aspecto) o deshonesta (la mayoría, según Smith, lo hacen por la apuesta segura, por temor al infierno o por simple herencia cultural). Sin embargo, este Dios reprobable desde el punto de vista moral, podría fácilmente también convertirse en un Dios traicionero respecto a los cristianos pues, suponiendo que este disfrutara de alguna forma con el sufrimiento humano y no importaran para él las virtudes humanas, no habría en tal caso ningún impedimento para suponer que también lanzara a los cristianos al infierno, ya que para una mente inmoral la traición puede convertirse en un elemento de diversión.

A partir de dicha apuesta, Smith argumenta que la conclusión más honesta a la que puede llegar un ser humano es el ateísmo, toda vez que la Apuesta de Pascal presupone una renuncia explícita a la razón.

La centroamericanización


En relación con la primera Ronda de Negociaciones del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), la doctora Lisbeth Quesada, defensora de los Habitantes, indicaba que …es indispensable que la información fluya para todos […] para que luego los negociadores no salgan con temas que debieron haberse conversado. Pero también es importante que la sociedad civil no salga luego con temas que debieron haberse conversado.

Una de las críticas durante el pasado referendo decía que la aprobación del TLC con Estados Unidos significaría la centroamericanización de Costa Rica, lo cual acabaría con nuestro ejemplar modelo socioeconómico, y que, por lo tanto, debíamos suscribir un TLC específico entre Costa Rica y EE. UU.

Buscar semejanzas. Es un hecho que la creación de un bloque comercial con la mayor potencia mundial, donde una parte era EE. UU. y la otra era Centroamérica como un bloque, nos obligaba a buscar las semejanzas más que las diferencias con nuestros vecinos, para llegar a conformar el documento que luego se conoció como el CAFTA, y que aprobó el pueblo el 7 de octubre pasado. Extrañamente, no pensaron los detractores del CAFTA que más bien nos estadounidizaríamos , con lo cual seríamos candidatos a futuras potencias mundiales. En todo caso, alcanzar acuerdos no es lo mismo que centroamericanizarse.

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Siguiendo su propia experiencia de integración, que se remonta al Benelux, zona de libre comercio creada por Bélgica, Holanda y Luxemburgo en 1944, y que sigue en continuo ascenso hasta alcanzar su más elevado nivel de integración en el año 2002, con la creación de la zona Euro en virtud del Euro, la moneda común para 12 países, la UE está pidiendo para Centroamérica como requisito previo al Acuerdo lo que a sus ojos es básico, porque ya desde hace décadas lo implementan: la unión aduanera.

Unión aduanera. Aunque el Acuerdo de Asociación con la UE no significa la integración política de Centroamérica, la unión aduanera representaría un grado formal de centroamericanización que no existe con el CAFTA, ya que implica uniformar leyes y procedimientos. Si no, veamos la aprobación de las leyes paralelas al CAFTA actualmente en la Asamblea Legislativa: los diputados no les están preguntando a los demás centroamericanos cómo procedieron ellos con las suyas.

¿Vamos a seguir oyendo la misma cantaleta a los acordes de la soberbia, de que la participación de Costa Rica en el Acuerdo de Asociación con la UE va a centroamericanizarnos , y que en su lugar debemos proponer uno específico para nosotros, perdiendo la oportunidad de vender nuestros productos libres de aranceles y otras barreras no arancelarias, con todos los derechos que nos confiere la ley, en el gigantesco mercado de 27 países con 500 millones de consumidores de la UE, amén del fortalecimiento en diálogo político y la cooperación internacional que recibiríamos? La UE ha dejado muy claro que negociará con una región, no con países específicos.

Ahora es cuando. Este es el momento para que hablen los adversarios de la centroamericanización, pero justificando, con razones claras y convincentes, lo nefasto para Costa Rica de la conformación de bloques regionales con nuestros hermanos centroamericanos.

Sería interesante y hasta constructivo ver a los europeos haciendo ingentes esfuerzos para tratar de entender por qué Costa Rica, con su avance social y económico que debería compartir con sus vecinos inmediatos, en razón de su paz mundialmente reconocida, considera que más bien esas son las razones que la autorizan a hablar de tú a tú con ellos, menospreciando al resto de Centroamérica.

No solo ha sido largo el camino recorrido por la UE para llegar hasta donde está, sino tortuoso, marcado principalmente por dos guerras mundiales cuyos recuerdos aún persisten. Con ese bagaje histórico, sería insensato y hasta desconsiderado debatir con los europeos pequeñeces como los peligros de la centroamericanización.

Por Mario Carvajal

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Libertad económica y democracia

En este video el analista del CATO INSTITUTE, Ian Vásquez explica la importancia de la libertad económica como medio para alcanzar el desarrollo de los países.

martes, 25 de diciembre de 2007

Chile: Libre comercio y previsión privada


Chile es la primera nación sudamericana en firmar, con apoyo bipartidista total en el país, un tratado de libre comercio con Estados Unidos.

¿Por qué apoyan las políticas de libre comercio los trabajadores chilenos? Porque mientras el país en los setenta estaba iniciando su estrategia de desarrollo basada en el libre comercio, también estaba estableciendo un sistema pionero de cuentas de retiro personales como la base de su política de seguridad social.

La conexión entre ambos es importante. Alrededor de todo el mundo la liberalización comercial es vista como una batalla entre capitalistas y trabajadores, entre "elites globales" y el "hombre común." Sin embargo, en Chile los fondos de retiro invertidos por el mercado significan que cada trabajador es un capitalista y cuenta con una participación visible en una economía competitiva internacionalmente. En Chile, ser anti-globalización equivale a ser tanto anti-capitalista como anti-trabajadores.

Una amplia mayoría de chilenos se beneficia del libre comercio no solo como consumidores, sino también como propietarios de activos productivos de la economía a través de sus cuentas de retiro. El libre comercio es bueno para la economía, y lo que es bueno para la economía es bueno para los inversionistas. Por lo tanto, existe un círculo virtuoso en la liberalización comercial que hasta el momento ha crecido sin importar cuál partido político esté en el poder.

Chile ya posee una tarifa arancelaria pareja del 6% que es baja comparada con las tasas de la mayoría de los países y, aún más importante, que es aplicada de igual forma a todas las importaciones. La decisión por un arancel parejo en los setentas fue crítica. Un arancel diferenciado no solo genera distorsiones que retardan el crecimiento económico, sino que continuamente crea presiones de intereses especiales y oportunidades para la corrupción. Con una tasa pareja, un político no puede ser comprado en cuestiones comerciales... porque no tiene nada que ofrecer.

Antes de este último acuerdo, Chile firmó un TLC con la Unión Europea y otro con Corea. También posee varios tratados comerciales bilaterales con países como Canadá y México. La libertad comercial total está a las puertas. La simple posibilidad de cero aranceles a las importaciones es impresionante para una economía que en los sesenta era una de las más proteccionistas del mundo. En aquellos días, Chile era un devoto seguidor de las desatinadas propuestas de sustitución de importaciones hechas por la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas.

Pero a mediados de los setenta el país cambió su política comercial radicalmente. No solo Chile desmanteló completamente el sistema de cuotas y otras barreras comerciales, sino que, según las políticas económicas liberales de los llamados "Chicago Boys," también adoptó la política del arancel bajo y parejo. El resultado de todas estas reformas ha sido más de una década de un crecimiento económico del 7% al estilo de los "tigres asiáticos," el cual duplicó el tamaño de la economía chilena y condujo, por primera vez en la historia, al ingreso per capita más alto de toda la región.

La liberalización comercial no toma lugar en un vacío; es esencial un clima económico y cultural propicio. La privatización de la seguridad social tal y como fue implementada en Chile, de un sistema de reparto manejado por el gobierno a uno de cuentas de retiro personales, ha resuelto la crisis de pensiones y les ha brindado enormes beneficios a los trabajadores. También ha facilitado la liberalización comercial y económica al enlazar los intereses de los trabajadores con los de la economía en su totalidad.

El representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, ha afirmado valientemente que "una de las cosas buenas de este acuerdo es que tenemos algún acceso adicional en términos de manejo de fondos de pensión con un sistema de seguridad social que yo desearía que pudiéramos imitar."

Espero que este TLC sea solo "el final del principio." Existen innumerables iniciativas que podrían surgir de una mayor integración comercial. A través de un tipo de ósmosis intelectual, los chilenos podemos integrar dentro de nuestra propia realidad los conceptos políticos y económicos básicos de un país "concebido en libertad" por sus incomparables Padres Fundadores, así como los norteamericanos podrían beneficiarse de aprender de nuestra cultura y estilo de vida, un proceso que, con 37 millones de personas de origen hispánico en Estados Unidos, ya está bien encaminado.

Mi sueño es el de una "Comunidad Americana" de naciones independientes que conserven sus propias identidades culturales pero que se encuentren unidas en un mercado común para el comercio y la inversión, y con libre movimiento de personas e ideas. Una Comunidad Americana comprendería 830 millones de personas y un producto doméstico bruto de $13 billones.

Saludo y me uno a Walt Whitman quien una vez dijera: "El espíritu del arancel es malévolo. Contradice la naturaleza de todos los ideales estadounidenses. Lo odio en toda su extensión. Le ayuda a unos cuantos ricos a hacerse ricos, y le ayuda a las grandes masas de pobres a hacerse más pobres. Yo creo en el libre comercio porque estoy a favor de cualquier cosa que rompa las barreras entre los pueblos. Quiero ver abiertos a todos los países."

Por José Piñera

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bolivia secuestrada, quebrada y salvaje


El secuestro: Bolivia se encuentra invadida por oscuros personajes, que se despliegan dentro del escenario oficialista, en forma ofensiva y humillante para sus ciudadanos. El gobierno regaló la soberanía del estado. La guardia personal del presidente está formada por esbirros venezolanos y cubanos, que informan a Chávez de todo lo que hace el servil mandatario.
¿A Evo Morales lo están protegiendo o manipulando? La respuesta es obvia, el hombre no tiene la capacidad de pensar por sí mismo. Bolivia está secuestrada por los comunistas, que enviaron asesinos para controlar el país y adiestrar a grupos afines, de manera que puedan desarticular las protestas populares opositoras, que cada vez son más frecuentes y multitudinarias.

¿Por qué un presidente que se considera el auténtico representante de las mayorías, y que en su exacerbado etnocentrismo se rebela contra todo lo foráneo, acude a extranjeros para gobernar? ¿Por qué Morales no se apoya en su propia gente? Sencillamente, porque conoce a los suyos, y sabe que son tan poco fiables como él.

Los indigenistas vociferan contra 500 años de dominio criollo, pero no tienen problema en dejarse comandar por un paranoico ególatra venezolano. El gobernante aimara habla de no someterse a intereses imperialistas, pero nadie se arrodilló tan despreciablemente como él ante otro estado. Chávez es el presidente de Bolivia, Morales no es más que la fachada.

La quiebra: El líder cocalero, en su diminuto mundo intelectual, no percibe las consecuencias de sus viscerales decisiones. Rompió con el FMI y el Banco Mundial. Nadie quiere hacer negocios con Bolivia. El aislamiento que el presidente-campesino ha logrado ocurrió en tiempo récord. El país está marginado de cualquier proyecto productivo de importancia.

Una de las compañías mineras más grandes del globo, que tenía planificado invertir cientos de millones en el altiplano boliviano, prefirió colocarlos en Pakistán y perder 15 millones de dólares que gastaron en prospecciones, antes que trabajar con Morales. Consideran que la nación asiática es más segura, pese a la guerrilla islamista en el sur del país, la presencia de Al Qaeda, los conflictos políticos internos y la disputa con India sobre Cachemira.

Las medidas tomadas por el régimen autocrático, que incluyen la confiscación de los hidrocarburos, la elevación de los impuestos a los mineros, la redistribución de tierras privadas, el asalto a los ingresos de los gobiernos regionales, la imposición de una caricaturesca Asamblea Constituyente integrada por analfabetos, que se escondieron en un cuartel para aprobar de forma sigilosa e ilegal una constitución marxista-indigenista, que restringe las libertades económicas, son rechazadas por el pueblo.

El salvajismo: La población pensante empieza a reaccionar, demandando su derecho a vivir en la cordura y la legalidad. Los enfrentamientos entre los estudiantes de la Universidad de San Francisco Xavier y los represores neocomunistas, en la ciudad de Sucre --que es la legítima capital de Bolivia y cuna de los próceres que dieron nacimiento a la independencia sudamericana del colonialismo virreinal-- son un aliento de esperanza para la nación, y demuestra que Chuquisaca mantiene vibrante su histórico espíritu libertario.

Desde que Evo Morales asumió el poder 22 meses atrás, se acreditó 27 muertos y más de 300 heridos. Sus desaforados paramilitares, los campesinos de Achacachi --un poblado de sanguinarios aimaras que visten ponchos de color rojo, y que alguna vez fueron acusados de canibalismo-- degollaron a dos perros vivos, entre risas y vítores amenazantes. En su sádico show, advirtieron que ese es el futuro que les espera a los opositores. El salvajismo de los indígenas comienza a asustar.

Ante los abusos del régimen y el desmoronamiento de la democracia, seis de los nueve gobernadores del país declararon la desobediencia civil, que ha pasado a convertirse en resistencia civil movilizada. Los eventos van cobrando envergadura y las posibilidades de diálogo con un presidente que no tiene cerebro ni corazón, son nulas. El departamento (provincia) de Santa Cruz ha convocado a partir del 3 de diciembre, a una huelga de hambre general e indefinida en todo el país. La situación es impredecible. Bolivia necesita de un líder con conocimientos políticos, carisma, experiencia, inteligencia, y fundamentalmente coraje, que según Aristóteles es la primera de las cualidades humanas, porque garantiza las demás. Ninguno de los dos partidos opositores cuenta con él, o ella.

Por José Brechner

¡Gran Iniciativa!


La fracción del Movimiento Libertario está impulsando una serie de proyectos de titularización de tierra, los cuales pretenden otorgar un título a propiedad a muchas personas que hoy en día no son dueñas del lugar en donde viven.

Entre los grupos a los que quieren convertir en dueños se hallan los parceleros del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA), precaristas, habitantes del Caribe norte y los de las islas del golfo de Nicoya.

En ASOJOD apoyamos toda iniciativa que rescata la responsabilidad individual, estas personas hoy en día las tenemos condenadas gracias a una regulación legal, con la propiedad ya podrán ser sujetos de crédito y no tendrán restricciones para iniciar distntos proyectos productivos en su propiedad.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Feliz ¿Navidad?


Como en ASOJOD no creemos que el 24 y 25 de diciembre haya nacido un niño que, se supone, salvó a la humanidad,le damos a la navidad un significado diferente. Nada de mulas, bueyes, pastores, vírgenes, ángeles, dios ni niños; en ASOJOD celebramos la navidad porque es una época en que el comercio se dinamiza y las personas satisfacen, de mejor manera, sus necesidades de consumo con ofertas, promociones y descuentos. También porque es una época en que los comercios emplean a más gente y le permiten a las personas obtener un ingreso extra. Y en general, porque, de manera voluntaria, la gente realiza transacciones que la benefician. Por eso, ASOJOD les desea una feliz navidad

Salario Mínimo


En períodos cercanos a las elecciones, uno de los temas que más suele sacar a colación la clase política es el del salario mínimo. Las leyes que lo regulan establecen un importe mínimo, por debajo del cual está prohibido celebrar cualquier contrato de trabajo. Este concepto fue introducido en su forma actual en el siglo XIX en Australia y Nueva Zelanda, y en la actualidad la mayoría de los países del mundo lo implementan de alguna forma.
Los defensores del salario mínimo suelen ver esta medida como uno de los pilares de la llamada "justicia social", que permite elevar el nivel de vida de aquellos trabajadores cuyos ingresos son más reducidos, y que, sin este tipo de medidas, estarían condenados a la pobreza.

Este argumento no tiene gran solidez y la prueba la tenemos en que ni los más acérrimos defensores del salario mínimo se atreven a subir el importe de esta cifra más allá de ciertos límites. Si la retribución de los trabajadores dependiese sin más del cuerpo normativo de un país, lo lógico no sería dejar esta cifra en 570,6 euros al mes, sino elevarla a importes más elevados, como 5.000 ó 10.000 euros mensuales. Puesto que los ingresos del trabajador dependen de lo que marque la legislación, lo razonable sería incrementar esta cifra lo máximo posible.

No obstante, esto no ocurre así, y las subidas suelen mantenerse dentro de determinados márgenes, ya que los defensores de este concepto son conscientes de la poca consistencia del concepto del salario mínimo como defensor de los trabajadores con menores ingresos.

La lógica empresarial no entiende de los buenos deseos políticos y la contratación laboral se rige por otros parámetros. Cualquier persona, a la hora de contratar a otra, busca obtener un beneficio del trabajo de ésta. Así, el bien o servicio que va a ayudar a producir dicho trabajador debe valer para los clientes de la empresa más que todos los costos en que se han incurrido para elaborarlo, incluido el salario del empleado. En caso contrario la empresa no podrá sobrevivir en el mercado y acabará quebrando.

En el caso de que se produzca una subida del salario mínimo pueden darse dos circunstancias, que dicha empresa siga siendo rentable o que no. En el segundo de los casos, los efectos del salario mínimo habrán sido catastróficos para los empleados que trabajaban allí, ya que, por culpa de los nuevos importes mínimos, habrán perdido su trabajo. En el primero, la situación es un poco más compleja, ya que son más difíciles de medir los efectos. Si el precio de los productos de la empresa se mantiene, la subida de salario mínimo producirá un estrechamiento de los márgenes, lo que puede llevar a tratar de recuperarlos. Esto se puede producir, entre otras medidas, mediante un adelgazamiento de la plantilla, lo que de nuevo elevaría el desempleo, o una subida de precios, lo que repercutiría negativamente en los clientes de la empresa, que a su vez se verían obligados a recortar de alguna manera sus costos o a trasladar la elevación de los mismos. También podría suceder que, en lugar de buscar la recuperación de dicho beneficio, el empresario considerara dicha bajada como definitiva. Esto último traería como consecuencia el que menos empresarios se viesen atraídos a ejercer dicha actividad, por lo que se demandarían menos trabajadores y más gente quedaría desempleada.

Por lo tanto parece claro que el primer efecto de la subida del salario mínimo es que determinados trabajadores quedarán desempleados, aquellos cuya productividad no sea lo suficientemente elevada como para justificar dicho nuevo salario. Pero el efecto más perjudicial no radicaría ahí, sino en los trabajadores que carecen de experiencia y tienen una formación más reducida. Estos trabajadores aportan muy poco valor a la empresa cuando se incorporan por lo que una subida del salario mínimo puede hacer que su salario sea superior al producto que son capaces de ofrecer. Al no tener formación su productividad es muy reducida y la única forma de incrementarla, y por tanto, de ganar más, radica en la experiencia que puedan obtener. No obstante, al existir un salario mínimo no existirán empresas interesadas en contratar personas de tan baja productividad.

Por tanto se puede concluir afirmando que la mera existencia del salario mínimo perjudica a los trabajadores, por muy buena que haya sido la intención del legislador. Y es especialmente grave en el caso de los trabajadores con menores ingresos, al ser éstos los que cuentan con menor formación, que verán cómo se limitan las posibilidades de incrementar su productividad mediante la experiencia, siendo condenados a la pobreza el resto de su vida.

Por Juan José Mora Villalón

sábado, 22 de diciembre de 2007

Agro y desigualdad


La ansiedad que despiertan las crecientes desigualdades en el continente no se limita a los Altos empobrecidos de Bolivia, o a las tierras rotas de Catamarca, sino que se proyecta al debate de los candidatos republicanos en EE.UU. En el mundo, unos 3.000 millones de personas, entre las más pobres, sobreviven trabajando en el agro. La suba del precio de los alimentos pareciera haber beneficiado a todos reduciendo las desigualdades de ingresos. La realidad es muy diferente. En muchos casos, debido al intervencionismo, en lugar de una bendición, muchos países experimentaron una verdadera maldición.

El discurso predominante no se ha limitado a cuestiones prácticas que hacen a la oferta y demanda de alimentos en los mercados internacionales, hoy popularizada como “agflation” (inflación con aumento de la demanda y salarios), sino que se ha planteado en términos de la recuperación de la “cohesión social” iberoamericana para evitar que las desigualdades continúen “insultando la conciencia de la sociedad”. Olvidan que lo más ofensivo es el estancamiento, la corrupción y las malas políticas de los gobernantes.

La desigualdad de ingresos solo es un problema artificial inventado por intelectuales que lo elevaron a nivel de “crisis”. Ni en el socialismo bolivariano de Hugo Chávez, ni entre los cocaleros bolivianos existe riqueza alguna esperando a ser distribuida como si fuera una torta. La riqueza debe ser antes producida por el esfuerzo humano. Todo lo que se produce, desde petróleo hasta oleoductos, han creado personas que invierten y arriesgan su esfuerzo y ahorros. La riqueza le pertenece a los que la producen, en las condiciones pactadas, previas a la producción, y a nadie más. Apropiarse de lo producido por otro en estas condiciones es un robo, como ocurrió en Bolivia con el gas natural.

Que la producción no origine desigualdades, por otra parte, es casi imposible, dado que las personas por su naturaleza son desiguales, tienen desiguales talentos, ambición, energía, capacidad de trabajo, ahorro e innovación. Alex Epstein, del Ayn Rand Institute, explica que la desigualdad de ingresos es una parte natural y deseable de una sociedad libre y próspera. Toda la riqueza es creada por seres humanos productivos; en consecuencia, por derecho, lo producido les pertenece a los que lo han originado, o a sus beneficiarios. En cambio, es absurdo reclamar la producción realizada por otras personas con su esfuerzo y arriesgando sus patrimonios.

La suba de precio de los alimentos, por ejemplo, benefició a los países que liberalizaron sus mercados agrícolas, pero perjudicó a aquellos cuyos gobiernos restringieron el aumento de precios para proteger a sus consumidores, como Argentina y Rusia. La suba también benefició a países exportadores como EE.UU. Pero los grandes importadores como Japón, China, México y otros gastarán mucho más en comprar sus alimentos. A menudo se olvida que los pobres —trabajadores urbanos y sin tierras— son compradores de alimentos netos. El avance de Asia y los subsidios al etanol mantendrán un sostenido aumento de precio de los alimentos.

El precio de los alimentos dio un salto, como se había advertido ocurriría, debido al aumento en la demanda de etanol para su uso como biocombustibles, así como los exagerados subsidios y exigencias de mezclas en EE.UU. (30% del maíz se dedica al etanol). La época de los commodities y alimentos abundantes y baratos parece haber quedado definitivamente atrás. Los exportadores como Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay obtendrán sustanciales ganancias, y los importadores, pérdidas. No obstante, si negocios y salarios son liberados, el resultado podría ser diferente, no habría controles de precios y habrían surgido numerosas oportunidades de negocios.

En la antigua tradición del liberalismo, Locke define un “estado…de igualdad”, en el que todo el poder es recíproco y nadie tiene más que otro…”. La igualdad es la oposición al privilegio, sea como aranceles, monopolios, o subsidios, y solo huyendo del intervencionismo los países pobres podrán salir del atraso.

Por Porfirio Cristaldo Ayala

La iglesia, las desigualdades y el error


Desde hace siglos la Iglesia Católica le tiene declarada la guerra a las desigualdades. En América Latina esa batalla es especialmente intensa. En Costa Rica, los obispos y unos cuantos sacerdotes estuvieron a punto de hacer fracasar el referéndum que discutía el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El argumento más utilizado era que esos acuerdos beneficiaban a los ricos en detrimento de los pobres. Si se firmaban, alegaban, aumentarían las diferencias entre los afortunados y los desposeídos. No era verdad, pero mucha gente lo creyó. Desposeído es una palabra que les encanta a ciertos religiosos. Tiene mucho gancho. Transmite la curiosa idea de que alguien les ha quitado a los pobres algo que tenían o que debían tener.

Quien más ha hecho para establecer una rigurosa medición de la desigualdad es un matemático y estadístico italiano llamado Corrado Gini, muerto en 1965. En 1921 Gini publicó un breve artículo de apenas tres páginas sobre la desigualdad de los ingresos en las naciones y estableció una metodología para ponderar las diferencias. Dividió al conjunto de la sociedad en cinco partes y calculó qué fragmento del ingreso le correspondía a cada quinto. Con esa información construyó un índice en el que 0 sería la absoluta igualdad (todas las personas tenían el mismo ingreso), y 1 la absoluta desigualdad (una sola persona acaparaba todos los ingresos).

Gini, como muchos de sus contemporáneos, entonces bajo la influencia de Mussolini, era un corporativista que tendía a percibir y a clasificar a la sociedad en estamentos. Pensaba que existía una base científica para el fascismo y escribió un libro para demostrarlo. Sin embargo, su Coeficiente Gini llegó a convertirse en la prueba objetiva de si una sociedad era justa o injusta. Y, en alguna medida, algo de eso era cierto: su índice demostraba que las sociedades escandinavas, absolutamente dominadas por los sectores sociales medios, estaban situadas entre 0,2 y 0,3 y eran las menos desiguales del planeta, mientras las latinoamericanas y africanas, caían, casi todas, entre 0,5 y 0,7. Eran las más injustas.

¿Por qué los latinoamericanos, después de cien revoluciones, mantienen esos niveles de desigualdad? La Iglesia piensa que el fenómeno es producto de la injusta distribución de la riqueza, pero no es verdad. La desigualdad de ingresos es la consecuencia de las diferencias en educación, procedencia (urbana, rural), la estructura familiar y la debilidad del tejido productivo en donde las personas devengan un salario. En sociedades que cultivan bananos, café o azúcar, sin agregarle valor a la producción, los trabajadores son terriblemente pobres.

Sencillamente, las sociedades menos desiguales son aquellas en las que los trabajadores reciben altos salarios porque producen bienes o servicios valiosos. Un obrero de Volvo puede percibir treinta dólares por hora trabajada porque construye unos autos que tienen un alto precio en el mercado. Gana mucho porque produce mucho, no porque los suecos sean más justos. En cambio, no hay manera de que un campesino haitiano reciba un salario decente por cortar caña con un machete.

¿Cómo se construye una sociedad menos desigual? Obviamente, por el mismo procedimiento que se construye una sociedad desarrollada. En el terreno interno, con educación, honradez administrativa, políticas públicas adecuadas, meritocracia, paz social, trabajo fuerte, acatamiento de la ley, un buen sistema judicial capaz de dirimir los conflictos, respeto a la propiedad y estímulo al ahorro nacional. En el plano internacional, sirviéndonos de las posibilidades de la globalización: atrayendo inversiones y transferencias tecnológicas extranjeras, manteniendo un intenso comercio internacional y multiplicando los contactos con el primer mundo.

Donde no existe la menor posibilidad de mitigar las desigualdades es con la receta que suele proponer la Iglesia: colocar el acento en el asistencialismo y redistribuir la riqueza creada entre los necesitados. No es por ahí por donde van los tiros. No hay ningún país que haya dado el salto a la modernidad y al desarrollo tomando ese camino. Es asombroso que tras dos mil años de existencia una institución tan sabia y tan bien intencionada no acabe de aprender la lección. Pero lo peor no es que incurra en un error intelectual, sino que con esa actitud suele hacerles un daño terrible a quienes desea proteger. En Costa Rica estuvieron a punto.

Por Carlos Alberto Montaner

viernes, 21 de diciembre de 2007

¿Existe Dios?


Ayer apareció en Opinión de La Nación un artículo llamado "Sí existo", donde un predicador habla sobre Dios (vaya novedad). El texto está repleto de falacias, errores de razonamiento, mitos y renuncias expresas a la racionalidad. Es toda una pieza de arte para que la epistemología lo ponga donde merece estar: en el tacho de la basura. En ASOJOD, como parte de nuestro compromiso con la racionalidad, no vamos a dejar que esto pase desapercibido y vamos a refutarlo.

El texto empieza con una insensatez titánica. Dice el predicador: "A muchos que creemos en Dios no nos parece que tenga mucho sentido tener que probar la existencia de Él. El Dios en el que creemos es alguien que precisamente por eso, por ser Dios, no tiene necesidad de que le hagamos tal favor". Vaya maravilla. En ASOJOD no nos explicamos como alguien renuncia a la razón así tan fácil. ¿Hay enunciado más fanático e irracional como ese? ¿Cómo algo no necesita probar su existencia? Las cosas existen o no existen: existen si se prueba su existencia y no existen si no se prueba su existencia. Decir que no tiene sentido probar la existencia de Dios, tan sólo por ser Dios, es una idea absolutamente arbitraria, tanto como decir "existe porque me da la gana" o "existe porque yo digo que existe". Uno no puede andar por la vida afirmando cosas que no puede probar. Y no puede decir que algo no necesita petición de prueba si no es un axioma y, evidentemente Dios no es un axioma, pues no es evidente por sí mismo (si lo fuera nadie negaría su existencia).


En ASOJOD nos encanta la dinámica de legitimación en la que cae el autor de ese texto: totalmente parcializada, pues legitima la existencia de Dios con la Biblia. Anuncia el predicador: "Las Escrituras dan por sentado que Dios existe". Claro, como no van a darlo por sentado, si es es como preguntarle a un aficionado de la Ultra o de la Doce cuál es el mejor equipo de Costa Rica y generalizar esa respuesta como una verdad absoluta. Usar al apóstol Pablo y a otros pasajes bíblicos para probar que Dios existe es ilógico, toda vez que la Biblia, obviamente, dirá que Dios existe. Precisamente eso lo hace un absurdo. Si se quiere probar la existencia de Dios, tienen que demostrarla con elementos objetivos, de modo que nadie, racionalmente, pueda refutarlo. No lo han hecho. Quizá la horda de creyentes gritará: "ustedes tampoco han podido probar que Dios no existe". Pero ¿cómo probar que algo no existe? Probar algo que no existe es un absurdo, pues nadie puede hacer eso. Por eso existe un principio epistemológico, al que recurre siempre el Derecho: prueba quien afirma. Decir que algo existe tan sólo porque no se ha probado que no exista es recurrir a la falacia de argumentum ad ignorantiam.

No cansado de atacar a la lógica y la razón, el predicador alega que lo que en Teología se llama "revelación general" debería ser prueba suficiente de la existencia de Dios; es decir, que "la maravilla de la creación debería ser suficiente para que creamos". Pues bien, en ASOJOD no renunciamos a nuestra facultad mental así tan fácil: las pruebas para afirmar la existencia de algo deben ser contundentes, innegables y objetivas. La sóla creación no prueba nada, pues ella pudo surgir de cualquier otra manera. Menciona el predicador que el salmista expresó: "Dice el necio en su corazón: No hay Dios". ¿Resulta que ahora le llaman necio a la persona que no se deja engañar fácilmente? Si necio es sinónimo de racional, de ser pensante, de practicante del lema kantiano del sapere aude (saber por sí mismo), entonces en ASOJOD somos necios. Llamar necio al que no acepta la existencia de Dios tan sólo porque a alguien se le ocurre decir que Dios existe y punto es recurrir a la típica falacia de argumentum ad hominen, según la cual se ataca a la persona y no al argumento. Por eso nos llamarán necios, pero por algo llevaba razón Benavente cuando afirmaba que "el enemigo sólo empieza a ser temible cuando comienza a tener razón”.

Manifiesta el predicador que para percibir la existencia de Dios es necesaria la fe. Y todos sabemos que la fe es lo contrario a la razón. Por eso apuntó Nietzche que "fe significa no querer saber la verdad". Fe significa renunciar a la razón y dejarse llevar por el misticismo, por el esoterismo, por la metafísica. Pero el ser humano no puede renunciar a la razón porque es su única herramienta en la vida: no hay nada más que lo separe de los animales. Pedir a un grupo de personas que renuncien a la razón, su herramienta de vida, no demuestra el profundo amor y respeto que se les dice tener. Al contrario, denota una voluntad de sometimiento: por eso se habla en la Biblia de ovejas y pastores. ¿Alguien ha visto a las ovejas revelarse porque un mandato del pastor les parece irrazonable o inadecuado? No, porque se trata de animales dóciles. Y si a la docilidad la integramos con el concepto weberiano de poder, según el cual el poder es la capacidad que tiene A para hacer que B haga algo que A quiere, entonces surge un problema de índole político muy grande. Y la manifestación práctica de dicho problema fue el marxismo-leninismo, que a pesar de decirse ateo en sus postulados fundamentales, terminó precisamente como una religión: sólo cambió el nombre del Dios y del dogma. Así pues, pedirnos que renunciemos a la razón es pedirnos que renunciemos a nosotros mismos, a nuestra libertad y a nuestras oportunidades de alcanzar la felicidad. Resulta contradictorio (pero no novedoso, pues el colectivismo está lleno de incoherencias) que fuera un anarquista ruso, Bakunin, quien expusiera que "todas las religiones, con sus dioses, semidioses, profetas, Mesías y santos, son el producto de la fantasía y la credulidad de los hombres que no han alcanzado todavía el pleno desarrollo y la posesión completa de sus facultades intelectuales". En pocas palabras las religiones son mitos, fantasías, cuentos de hadas y pamplinas. Y la misma condición aplica a todo lo que de ellas se desprenda. Su función es la dominación por medio del poder hegemónico y la legitimación del statu quo. Tan es así que la Iglesia Católica tuvo una estrecha relación fraternal con la Italia fascista de Mussolini, cuando este régimen compró su silencio al otorgarle la Ciudad del Vaticano.

Pero los problemas no acaban ahí: el predicador indica que "La fe de los que leen la Biblia no es una fe que se dé en un vacío. Ella es el resultado del examen de un conjunto de testimonios de decenas de personas, de ocupaciones diferentes, que vivieron en siglos diferentes, en países diferentes, y que hablaron idiomas diferentes. En otras palabras, nunca pudieron precisamente haberse reunido para ponerse de acuerdo en cuanto a lo que iban a escribir". Aquí cae en dos falacias: ad numerum y ad antiquitatem; la primera porque, según él, un argumento es válido tan sólo porque mucha gente lo repita o lo crea (la típica idea de que si todas las vacas del mundo comen pasto, no pueden estar equivocadas), y la segunda porque afirma que Dios existe porque desde hace muchos siglos se dice que existe. Como ven, las pruebas brillan por su ausencia.

Finalmente, proclama el predicador que "no es una fe que esté ayuna del concurso de la razón. ¿Cómo se logra eso? Ya demostramos que sus argumentos, si pueden llamarse así, no responden a la razón. Violan todas las reglas de la lógica y de la epistemología. Pero aún así, tiene el denuedo de afirmar que se trata de una fe racional. Ingenuidad, dirán algunos. Contradicción en términos y prueba de irracionalidad diríamos nosotros en ASOJOD.

Böhm-Bawerk refuta la teoría de la explotación capitalista


En la primera mitad del siglo XIX el liberalismo reina triunfante en Occidente. Se trata de un movimiento de emancipación, enemigo de los privilegios que, a través del estado y mediante los impuestos y las restricciones a la libertad económica, se reservan unas clases sociales -nobleza, clero y gremios- a expensas del resto de la población. El liberalismo opone la razón y la ciencia frente al oscurantismo y la superstición. En el campo de la economía, el liberalismo tiene su expresión en la defensa del laissez faire frente al mercantilismo. Adam Smith primero, y David Ricardo después, ya han establecido las bases de lo que hoy se conoce como Escuela Clásica de Economía. El sistema de Ricardo, aunque adolece de graves fallos, aparenta ser un edificio lógico de construcción impecable, lo que impresiona notablemente a sus contemporáneos.

Paralelamente, y además de los reaccionarios partidarios del Antiguo Régimen, existe un movimiento socialista utópico, acientífico y cuasi-místico cuyos principales representantes son Fourier, Owen y Saint Simon y junto a él, otro algo mejor fundamentado, aunque no mucho más, que incluye a Lasalle, Sismondi y Roedbertus. En su Historia del Pensamiento Económico, Murray Rothbard hace un formidable repaso genealógico de este tipo de movimientos que abarcaría desde Espartaco a Tomás Moro, de Campanella a Thomas Múnzer y los anabaptistas alemanes y de Platón o Esparta hasta Gracus Babeuf y su Liga de los Iguales.

Es en este contexto histórico donde aparece Karl Marx. Marx había alcanzado notoriedad con la publicación en 1848 del Manifiesto Comunista, pero es en 1857 con El Capital cuando reivindica su lugar dentro de la Ciencia Económica. Lo que caracterizaba a Marx frente al resto de socialistas utópicos era su argumentación científica (pseudo-científica en realidad) y su lenguaje "liberal" para atacar el liberalismo. Marx sostenía que también él quería acabar con los privilegios de clase y con el estado como instrumento de explotación. Al igual que los liberales, se definía como progresista, racional y científico e izquierdista (el término 'izquierda' tiene su origen en la disposición de los escaños que en el Parlamento francés del Antiguo Régimen ocupaban los que se oponían a la Sociedad Estamental). No sólo eso. Los liberales eran la derecha. El sistema de laissez faire era una nueva forma de opresión. Una clase -los propietarios capitalistas y burgueses- explotaba a otra -los trabajadores asalariados, a quienes Marx denominó proletariado. Así como la nobleza vivía de los tributos procedentes del resto de la sociedad y así como los señores feudales se alimentaban del trabajo de los siervos de la gleba, los capitalistas, según Marx, vivían merced al beneficio empresarial que no podía provenir de otro lado que del excedente sustraído al trabajador, al que le dio el nombre de plusvalía. Sobre esta base, Marx cimentó sus conclusiones acerca del futuro del capitalismo: creciente concentración de riqueza en pocas manos y tendencia al monopolio -la eterna cantinela de pobres más pobres y ricos más ricos-, tasa de beneficio decreciente conforme aumenta la acumulación de capital con las consiguientes crisis, de intensidad cada vez mayor, para desembocar finalmente en una dictadura del proletariado cuando los desposeídos, cada vez mayores en número, se apoderasen de la propiedad capitalista.

La acusación era tan grave y la teoría tan tremendamente ambiciosa como intento de explicar la realidad, que no podía ser ignorada. Se hacía por tanto ineludible examinarla en profundidad, pues de su veracidad o falsedad podía depender el futuro de la humanidad. El insigne economista austríaco Eugen von Böhm-Bawerk (1850-1914) se dedicó a este esencial cometido. Examinemos cuales fueron los resultados.

LA TEORÍA DE LA EXPLOTACIÓN REFUTADA

Con el fin de no hacer excesivamente prolija la exposición, he optado por ir simultaneando la argumentación marxista contenida en el primer volumen de El Capital con la refutación de Böhm-Bawerk incluida en el capítulo número XII dedicado a La Teoría de la Explotación, dentro de su monumental Historia y crítica de las teorías del interés que es el primer volumen de la obra Capital e Interés. La controversia tiene dos partes, como veremos, puesto que el mismo Marx detectó contradicciones en su sistema. Marx prometió resolverlas en el tercer volumen de El Capital, y tras la publicación de este tercer volumen, Böhm-Bawerk, en La Conclusión del sistema marxiano, examinó las "soluciones" propuestas por Marx.

EL PRIMER VOLUMEN DE EL CAPITAL Y LA CRÍTICA DE BÖHM-BAWERK


Marx comienza a construir su teoría invocando la autoridad de Aristóteles: "No puede existir cambio sin igualdad, ni igualdad sin conmensurabilidad". Por tanto, según Marx, en las dos cosas intercambiadas tiene que existir "un algo común y de la misma magnitud".

Aquí Böhm-Bawerk detecta el primer error: en realidad, el valor no es intrínseco a las cosas, sino algo subjetivamente apreciado por cada individuo según su situación y necesidades. En efecto, un intercambio tiene lugar sólo si ambas partes valoran en menor medida lo que ceden que lo que obtienen. Para poner a prueba la teoría marxista, Jim Cox planteaba la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces ha ido el lector al mercado a cambiar un billete de un dólar por otro billete idéntico y luego otra vez y otra…? Desgraciadamente, la teoría de la igualdad de valor intrínseco de las cosas intecambiadas es pilar básico, tanto de la terrible teoría mercantilista -según la cual, en el intercambio, si alguien gana es porque el otro pierde-, como en el no menos pernicioso movimiento contemporáneo que denuncia el "comercio injusto" Norte-Sur.

Un estudiante de lógica sabe que cualquier conclusión obtenida a partir de una premisa falsa o de un razonamiento falaz carece de valor científico. Pero no es que Marx deduzca coherentemente todo su sistema a partir de esta única falsedad, es que los errores y las falacias se multiplican en cada paso. Prosigamos.

Para investigar ese "algo común" característico del valor de cambio, Marx repasa las diversas cualidades que poseen los objetos equiparados por medio del cambio. Eliminando y excluyendo aquellas que no resisten la prueba, se queda sólo con una que, según él, sí pasa el examen: "ser productos del trabajo".

Sin embargo, Marx hace trampa y Böhm-Bawerk lo evidencia. En primer lugar, es falso que todos los bienes intercambiados sean productos del trabajo. Por ejemplo, los recursos naturales tienen valor y son intercambiados, pero no son producto de ningún trabajo.

Certeramente objeta Knies a Marx: "Dentro de la exposición de Marx no se ve absolutamente ninguna razón para que la igualdad expresada en la fórmula: 1 libra de trigo= x quintales de madera producidos en el bosque no sea sustituida con igual derecho por esta otra: 1 libra de trigo = x quintales de madera silvestre = y yugadas de tierra virgen = z yugadas de pastos naturales".

Pero no sólo eso. Es falso que esa sea la única característica común que pueda encontrarse en los bienes que son objeto de intercambio. "¿De veras estos bienes no tienen otras cualidades comunes como su rareza en proporción a la demanda?", es decir, la cualidad de presentarse en cantidades insuficientes para satisfacer todas las necesidades que de ellas tiene el ser humano, o "la de haber sido apropiadas por el hombre" precisamente por esa causa, o "la de ser objeto de oferta y demanda?", se pregunta Böhm-Bawerk. Decídalo el lector.

Marx incide en el error: "si los bienes que son intercambiados sólo tienen en común la cualidad de ser productos del trabajo, entonces el valor de cambio vendrá determinado por la cantidad de trabajo incorporado en la mercancía". Marx descarta las "excepciones" como algo insignificante.

Böhm-Bawek examina esas "pocas excepciones sin importancia". Al final vemos que éstas predominan de tal modo que apenas dejan margen a la "regla". Se incluirían, por ejemplo, los bienes que no pueden reproducirse a voluntad como obras de arte y antigüedades, toda la propiedad inmueble (¿cómo explica Marx que un piso de 150 metros cuadrados, construido por los mismos obreros con los mismos materiales, en la calle Serrano de Madrid valga veinte veces más que el mismo piso en una pedanía de la provincia de Teruel?), los productos protegidos por patente o derechos de autor o los vinos de calidad (las horas de trabajo empleadas para producir el vino Vega Sicilia son más o menos las mismas que se emplean en producir un vino peleón cien veces más barato). ¿Y qué decir de los productos objeto de trabajo cualificado, provenga esta cualificación de la preparación profesional o de las dotes innatas? Aunque Marx sostenga que ésta última no es una excepción, sino una variante pues según él, "el trabajo complejo es trabajo simple potenciado o multiplicado", Böhm-Bawerk advierte que para explicar la realidad no interesa lo que los hombres puedan fingir que es, sino lo que real y verdaderamente es. ¿Puede alguien en su sano juicio afirmar con toda seriedad que dos horas de trabajo de un cantante de opera tienen idéntica esencia que sesenta horas de trabajo de un enfermero?

He dejado para el final la última gran excepción. Una excepción de tal calibre que en la actualidad incluye al 95 por ciento de los bienes. Se trata de todas aquellas mercancías producidas con el concurso de capital o, por mejor decirlo, aquellos bienes en los que el tiempo ha jugado un papel importante en el proceso productivo. Puesto que Marx construye su teoría de la plusvalía apoyándose sobre estos bienes -considera que no constituyen una excepción, sino la confirmación de la explotación capitalista- vamos a examinarlos con detalle.

LA "PLUSVALÍA" CAPITALISTA

Para Marx, tanto el beneficio, como el interés del capital provienen de la explotación del trabajador. Veamos como trata de probarlo. Como hemos visto, Marx mantiene por un lado que los bienes se cambian en el mercado según el trabajo que llevan incorporado -lo cual se ha probado que es falso-, pero como, según él, el trabajador no recibe el producto íntegro de su trabajo -la segunda tesis cuya falsedad también demostraremos-, sino tan sólo el salario mínimo de subsistencia, el capitalista puede apropiarse del excedente producido. Dice Marx: "El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del salario, es decir, la suma de los medios de existencia de que tiene necesidad el obrero para seguir vivo como obrero. Por consiguiente, lo que el obrero recibe por su actividad es estrictamente lo que necesita para mantener su mísera existencia y reproducirla".

Para respaldar esta segunda tesis, Marx apela al prestigio de la Escuela Clásica. Marx cita a Adam Smith:

"En el estado original de cosas, que precede tanto a la apropiación de la tierra como a la acumulación de capital, el producto íntegro del trabajo pertenece al trabajador. No existen ni terratenientes, ni patrón con quienes compartir.

Si hubiese continuado este estado de cosas, los salarios de los trabajadores habrían aumentado con todas las mejoras de la productividad a que la división del trabajo da lugar"

Marx también invoca la "ley de hierro de los salarios" avanzada por David Ricardo y refrendada por Lasalle. Para Ricardo, los salarios no pueden elevarse permanentemente por encima del nivel de subsistencia, ya que en tal caso se produce un incremento de población. Esto obliga a cultivar tierras cada vez menos fértiles con lo que se eleva el coste de producción del cereal -medio de subsistencia por antonomasia del obrero y base de toda la teoría ricardiana de la renta.

Finalmente Marx se refiere a la teoría clásica, según la cual el valor de cambio o precio, coincide con el coste de producción. Para Marx, el coste de producción del trabajo es el coste de subsistencia del trabajador. El origen de la plusvalía radicaría pues en "la diferencia entre el coste de la fuerza de trabajo y el valor que ésta puede crear". Es decir, el obrero trabaja diez horas, pero sólo cobra lo producido en dos. De las otras ocho se apodera el capitalista.

CRÍTICA DE LA TEORÍA DE LA PLUSVALÍA

Vamos a examinar a continuación las principales falacias incluidas en estos últimos argumentos.

Aunque Böhm-Bawerk no se detiene a criticar la sentencia de Adam Smith -incluso aceptando este marco teórico, Böhm es capaz de demostrar la falsedad de la teoría de la explotación y explicar el verdadero fundamento del interés del capital-, nosotros sí vamos a mostrar la doble falsedad que se oculta en la tesis de que el salario sería la forma original y primaria de ingreso, emergiendo el beneficio posteriormente como diferencia entre ingreso y salario.

Primero: si definimos el salario como la retribución al trabajo dependiente (la definición que Marx siempre utiliza), es imposible que éste exista en la etapa pre-capitalista. El salario surge con el capitalismo. Los ingresos que los "trabajadores" percibían anteriormente -por ejemplo en el caso de granjeros o artesanos- no eran salarios, sino beneficio empresarial en la terminología marxista, pues eran los propietarios de la producción quienes la vendían en el mercado, quienes organizaban el proceso productivo y quienes aportaban los instrumentos materiales que lo hacían posible. Lo mismo cabe decir de los comerciantes, que compraban mercancía para revenderla con beneficio. Es evidente que cuando se compra mercancía no se paga salario y que tampoco se cobra cuando se vende. Los comerciantes compraban lo que en la jerga marxiana se denomina capital constante, y éste, como veremos, no puede producir beneficio.

Segundo: Smith, igual que Marx, desprecia e ignora absolutamente los efectos absolutamente decisivos que, para la división del trabajo y el incremento de la productividad, tienen la propiedad privada, la acumulación de capital y la función empresarial. En realidad la "época dorada" a la que parece referirse Smith sería el paleolítico, en donde hordas de salvajes subhumanos se dedicaban exclusivamente a la depredación -caza y recolección, sin que existiese nada parecido a una transformación de recursos en etapas sucesivas para lograr bienes distintos de los que ofrecía la naturaleza en estado salvaje. La revolución neolítica que introduce el cultivo agrícola y la ganadería y que eleva al primate a la condición de hombre, se basó en una institución fundamental: la propiedad privada.

Por lo que a la ley de hierro de los salarios se refiere, ésta no se basaba tanto en el hecho de que los trabajadores son explotados (por tanto queda fuera del análisis de Böhm-Bawerk) y no perciben íntegramente el fruto de su trabajo -Ricardo no parece compartir esta tesis-, sino en la aplicación combinada de dos principios: la ley de los rendimientos marginales decrecientes en la agricultura y las ideas que sobre el crecimiento de la población había avanzado Thomas Malthus: "la población de los seres vivos tiende a expandirse hasta el límite en el que los recursos disponibles no pueden garantizar más que el mínimo de subsistencia". Estas ideas, que han sido refutadas por los hechos en todos los países de Occidente, también han sido contestadas en el campo teórico.

La ley de los rendimientos marginales decrecientees establece que si se aumenta la cantidad empleada de un factor de producción, manteniéndose constantes las cantidades empleadas del resto de factores, la cantidad producida, aumenta, a partir de cierto momento, en proporciones cada vez menores. Es verdad que existe una ley de rendimientos marginales decrecientes, no sólo en la agricultura, sino en todos las áreas de la producción (si no existiese, o bien toda la producción se concentraría en un metro cuadrado, o bien no haría falta acumular capital, o todo el trabajo del mundo podría ser realizado por un solo operario), pero -y esto es lo importante- dicha ley convive con otras verdades económicas, como que la división del conocimiento y la acumulación de capital mejoran las técnicas de producción y, por tanto, incrementan la productividad. Hayek tenía mucha razón cuando decía que debemos optar entre ser pocos y pobres o muchos y ricos. Es difícil determinar cuál es el volumen óptimo de población en cada momento, aunque advertimos que los seres humanos son bastante racionales - a diferencia de los animales- a la hora de regular la población, mediante lo que se conoce como paternidad responsable, es decir, no traer al mundo hijos a los que no se tenga la oportunidad de proporcionar una vida tan cómoda, al menos, como la que disfrutan sus progenitores. ¡Si Marx creía que los trabajadores iban a comportarse como animales y no como humanos a la hora de reproducirse, no parece que les tuviera en muy alta estima!

VALOR Y COSTE DE PRODUCCIÓN

Es la idea de que el coste de producción determina el valor de cambio o precio del producto sobre la que Böhm-Bawerk recrudece sus críticas.

Como decía Jim Cox, si el valor de los bienes estuviese determinado por su coste de producción, la foto de un ser querido tendría el mismo valor que la de un desconocido o la de un enemigo -abran sus carteras para comprobarlo. Me pregunto qué hacen dos marxistas después de ir al cine. Se supone que no podrán estar en desacuerdo sobre lo mucho o poco que les ha gustado la película, pues después de todo, la producción ha requerido igual cantidad de trabajo antes de que ambos la consuman.

En realidad, ninguna actividad de tipo industrial o de cualquier otro orden puede conferir valor al bien o servicio producido. El valor brota posteriormente de las apreciaciones subjetivas de la gente. Es la intensidad de la apetencia del consumidor la que determina el valor de bienes y servicios. Es importante subrayar que lo que el consumidor valora, no es la totalidad de bienes que existen en el universo (todo el agua o el pan del mundo), sino solamente la unidad o unidades (una botella, una barra) sobre los que ha de decidir. Los que puede o no adquirir y los que puede o no ceder a cambio.

A partir de esta genial observación -a nosotros nos parece evidente una vez presentada-, Menger y luego Böhm-Bawerk construyen una teoría completa de precios y costes. Si los bienes de consumo se valoran de acuerdo con la necesidad que satisface o deja de satisfacer la unidad de cada bien sobre la que tenemos que decidir, los factores de producción se valoran según su aptitud para proporcionarnos aquellos bienes, esto es, según su productividad. Aquí también hablamos de unidades concretas y "marginales" (están en el "margen" o umbral de ser o no adquiridas o cedidas) y no de la totalidad que de ese factor existe en el mundo. Cada unidad de factor es así valorada de acuerdo con su productividad marginal.

La Ciencia Económica tradicionalmente había clasificado los factores de producción en tres grandes grupos: tierra, trabajo y capital. La genial aportación de Böhm-Bawerk consistió en descubrir la auténtica esencia del capital recurriendo al análisis de un factor ignorado: el tiempo.

Veamos como el austríaco se sirve del tiempo para desarticular la teoría de la explotación. Una cosa es que deba pertenecer al obrero el producto íntegro de su trabajo o su valor correspondiente -lo cual Böhm-Bawerk y cualquiera acepta- y otra que el obrero deba percibir ahora todo el valor futuro de su trabajo. Los socialistas pretenden, si llamamos a las cosas por su nombre, que los obreros perciban a través del contrato de trabajo más de lo que producen, más de lo que obtendrían si trabajasen por cuenta propia. Böhm-Bawek ilustra el argumento con algunos ejemplos:

"Imaginemos que la producción de un bien, por ejemplo de una máquina de vapor, cueste cinco años de trabajo, que el valor de cambio obtenido de la máquina terminada sea 5.500 florines y que intervengan en la fabricación de la máquina cinco obreros distintos, cada uno de los cuales ejecuta el trabajo de un año. Por ejemplo, que un obrero minero extraiga durante un año el mineral de hierro necesario para la construcción de la máquina, que el segundo dedique otro año a convertir ese mineral en hierro, el tercero a convertir el hierro en acero, que el cuarto fabrique las piezas necesarias y el quinto las monte y dé los toques finales a ésta. Según la naturaleza misma de la cosa, los cinco años de trabajo de nuestros obreros no podrán rendirse simultánea, sino sucesivamente y cada uno de los siguientes obreros sólo puede comenzar su trabajo una vez hayan culminado el suyo los obreros anteriores. ¿Qué parte podrá reclamar por su trabajo cada uno de los cinco copartícipes, con arreglo a la tesis de que el obrero debe percibir el producto íntegro de su trabajo?

Si no existe un sexto elemento extraño que anticipe las retribuciones, deberán tenerse en cuenta dos puntos absolutamente seguros. El primero es que no podrá efectuarse el trabajo hasta pasados cinco años. El segundo es que los obreros pueden repartirse los 5.500 florines. Pero, ¿con arreglo a qué criterio? No por partes iguales, como a primera vista pudiera parecer, pues ello redundaría considerablemente a favor de aquellos obreros cuyo trabajo corresponde a una fase posterior del proceso productivo y en perjuicio de los que han aportado su trabajo en una fase anterior. El obrero que monta la máquina percibiría 1.100 florines por su año de trabajo inmediatamente después de terminado éste; mientras, el minero no obtendría su retribución hasta pasados cuatro años. Y como este orden de preferencia no puede ser en modo alguno indiferente a los interesados, todos ellos preferirían el trabajo final y nadie querría hacerse cargo de los trabajos iniciales. Para encontrar quien aceptase éstos, los obreros de las fases finales se verían obligados a ofrecer una participación más alta a sus compañeros encargados de los trabajos preparatorios. La cuantía de esta compensación dependería de dos factores: la duración del aplazamiento y la magnitud de la diferencia existe entre la valoración de los bienes presentes y futuros. Así por ejemplo si esta diferencia fuese del 5 por ciento anual, las participaciones se graduarían: 1.200 florines para el primer obrero, 1.150 para el segundo, 1.100 para el tercero, 1.050 para el cuarto y 1.000 para el quinto.

Sólo podría admitirse la posibilidad de que los cinco cobrasen la misma suma de 1.100 florines partiendo del supuesto que la diferencia de tiempo les fuese indiferente."

Pero, si realmente el tiempo fuera indiferente a la hora de determinar el valor y por tanto la cuantía de la retribución, a los obreros les daría igual cobrar el día siguiente a la terminación de su tarea que transcurridos cinco años y, si esto fuera así, les daría igual cobrar a los cinco años que pasados cincuenta, cien o mil. (No me cabe duda de que todos empresarios subirían muy generosamente los sueldos a quienes esperasen un largo tiempo para cobrar). En realidad, el interés no es la retribución por la abstinencia -la tesis de Nassau Senior ridiculizada por Lasalle-, ni la apropiación del trabajo del obrero -como dicen los socialistas-, sino la manifestación en el mercado de un presupuesto de la acción humana, a saber, que los seres humanos desean alcanzar sus fines cuanto antes. De no ser así, se optaría siempre por los procesos materialmente más productivos cualquiera que fuese el tiempo que éstos requiriesen hasta completarse, llegándose a un punto en que desapareciese la producción de bienes de consumo, pues toda los factores se emplearían en investigación, desarrollo y acumulación de capital.

Seguimos con el ejemplo: "Supongamos ahora que los obreros, como ocurre en la realidad, no puedan o no quieran esperar para recibir su salario a que termine el proceso productivo y que entren en tratos con un empresario para obtener de él un salario a medida que vaya rindiendo su trabajo, a cambio de lo cual el empresario adquiere la propiedad del producto. Supongamos que este empresario sea una persona exenta de todo sentimiento egoísta. (…) ¿En qué condiciones se establecería el contrato de trabajo? No cabe duda de que el trato por los obreros sería absolutamente justo si el empresario les paga como salario exactamente lo mismo que recibirían como parte alícuota en el caso de organizar la producción directamente y por cuenta propia. En este caso 1.000 florines inmediatamente después de terminar su trabajo, que era lo que percibía el obrero que cobraba inmediatamente. Puesto que los cinco obreros aportan exactamente el mismo trabajo, lo justo será que perciban el mismo salario".

Existen otros ejemplos aún más contundentes. Supongamos que un vino necesita madurar en la barrica durante veinte o cuarenta años para alcanzar una calidad extraordinaria. Los cultivadores, recolectores y pisadores de la uva, no pueden cobrar hasta pasadas decenas de años salvo que un capitalista les adelante su retribución. Si quieren cobrar inmediatamente después de finalizar su tarea, deberán hacerlo no conforme al valor del vino ya maduro, sino de acuerdo al valor del vino sin edad que es notablemente inferior. Si alguien les anticipa sus retribuciones y luego vende el vino pasados cuarenta años, ¿De verdad creen los socialistas que dicho empleador debe buscar a sus antiguos operarios y retribuirles con los intereses del capital? Y si el vino se malogra o cae de valor debido a cambios en el gusto de los consumidores, ¿tendría sentido que les persiguiese para exigirles el reembolso de lo cobrado?

CAPITAL CONSTANTE Y CAPITAL VARIABLE

Marx decía que el beneficio y el interés capitalista procedían del trabajo realizado y no retribuido. Por tanto la composición del coste de producción era determinante a la hora de determinar el rendimiento del capital. Si en el coste de producción había muchos salarios y poco aprovisionamiento de materiales habría más beneficio que si sólo se compraban y revendían éstos. Según Marx, sólo el capital empleado en pagar salarios a los trabajadores podía producir beneficio. Marx llamó a esta parte capital variable; era variable porque crecía merced a la explotación de los obreros. Por su parte, el dinero empleado en adquirir materiales y maquinaria no era capaz de generar plusvalía. Hay que recordar que ya se habrían vendido según el trabajo incorporado, dejando la plusvalía en poder del vendedor. Marx llamó a esta parte, capital constante.

Por consiguiente, Marx se apartaba de la teoría económica clásica, la cual sostenía que la tasa de rendimiento del capital tendía a ser constante cualquiera que fuese su composición. Puesto que los clásicos -Smith, Ricardo, Mill- propugnaban la teoría del valor derivado del coste de producción, su fórmula determinante del valor de cambio o precio era: capital constante + capital variable + tasa de rendimiento medio. (En realidad Menger y Böhm-Bawerk habían demostrado que la causalidad iba en sentido inverso. Los costes de los factores se formaban a partir del precio que se esperaba obtener.)

La gran innovación del primer volumen de El Capital era, pues, la nueva fórmula del precio de equilibrio: capital constante + capital variable + plusvalía, siendo ésta última mayor o menor según el porcentaje relativo de capital variable respecto del de capital fijo. Dicho de otra forma, cuantos más obreros y menos máquinas interviniesen en la producción mayor beneficio se obtenía y viceversa. De este principio Marx deducía su teoría de la crisis capitalista, más y más aguda conforme crece la acumulación de capital y caen los beneficios.

Sin embargo, ya vimos que Marx se daba cuenta de que su fórmula no se veía respaldada por la realidad. En una huida hacia delante, calificó esta contradicción de "aparente" y prometió resolverla en el tercer volumen. Aunque Marx falleció sin publicarlo, Engels sí lo hizo a partir de su manuscrito. Como dice Böhm-Baweerk, la aparición de este volumen era esperada con cierta expectación en los círculos teóricos de todos los partidos, para ver como Marx se las iba a arreglar para resolver un problema que en el primer volumen ni siquiera había abordado.

Pues bien, en el tercer volumen, Marx reconoce expresamente que en la realidad, gracias a la acción de la competencia, las tasas de ganancia del capital, cualquiera que sea su composición, se mueven sobre la base de un porcentaje igual de ganancia media. Marx dice: "En la vida real las mercancías no se cambian de acuerdo con sus valores (sic), sino con arreglo a sus precios de producción". Es decir, las mercancías equiparadas por medio del intercambio contienen real y normalmente cantidades desiguales de trabajo. ¿Cabe mayor retractación? La fórmula en el tercer volumen vuelve a ser la de los clásicos: capital constante + capital variable + tasa media de beneficio. Por tanto, aunque Marx no lo diga, carece ya de sentido la fantasmagórica distinción entre capital constante y variable. De igual modo, no queda sitio para el supuesto colapso debido a la excesiva acumulación de capital no rentable. ¿Y como justifica Marx tal contradicción? Simplemente la niega:

Marx dice más o menos: "Es cierto que las distintas mercancías se cambian unas veces por más de su valor y otras veces por menos, pero estas divergencias se compensan o destruyen mutuamente, de tal modo que, tomadas todas las mercancías cambiadas en su conjunto, la suma de los precios pagados es siempre igual a la suma de sus valores. De este modo, si nos fijamos en la totalidad de las ramas de producción tenemos que la ley del valor se impone como 'tendencia dominante."

La respuesta de Böhm-Bawerk merece ser reproducida con cierta extensión, pues nos da una idea de su brillantez intelectual: "¿Cuál es, en realidad, la función de la ley del valor? No creemos que pueda ser otra que la de explicar las relaciones de cambio observadas en la realidad. Se trata de saber por qué en el cambio, por ejemplo, una chaqueta vale veinte varas de lienzo, por qué diez libras de té valen media tonelada de hierro, etc. (…) Tan pronto como se toman todas las mercancías en su conjunto y se suman sus precios se prescinde forzosamente de la relación existente dentro de esa totalidad. Las diferencias relativas de los precios entre las distintas mercancías se compensan en la suma total. (…) Es exactamente lo mismo que si a quien preguntara con cuantos minutos o segundos de diferencia ha llegado a la meta el campeón de una carrera con respecto a los otros corredores se le contestara que todos los corredores juntos han empleado veinticinco minutos y treinta segundos. (…) Por ese mismo procedimiento podría comprobarse cualquier "ley", por absurda que fuera, por ejemplo, la "ley" de que los bienes se cambian de acuerdo a su peso específico. Pues aunque en realidad una libra de oro, como "mercancía suelta", no se cambia precisamente por una libra, sino por 40.000 libras de hierro, no cabe duda de que la suma de los precios que se pagan por una libra de oro y 40.000 libras de hierro tomadas en su conjunto, corresponden exactamente a 40.000 libras de hierro más una libra de oro. La suma de los precios de las 40.001 libras corresponderá pues, exactamente al peso total de 40.001 libras materializado en la suma de valor, por donde, según aquel razonamiento tautológico, podremos llegar a la conclusión de que el peso es la verdadera pauta con arreglo a la cual se regula la relación de cambio de los bienes.

La realidad es la siguiente. Ante el problema del valor, los marxistas empiezan contestando con su ley del valor, consistente en que las mercancías se cambian en proporción al trabajo materializado en ellas. Pero más tarde revocan esta respuesta -abierta o solapadamente- en lo que se refiere al cambio de las mercancías sueltas, es decir, con respecto al único campo en que el problema del valor tiene un sentido, y sólo la mantienen en pie, en toda su pureza, respecto al producto nacional tomado en su conjunto, es decir con respecto a un terreno en el que aquel problema no tiene sentido alguno. Lo cual equivale a decir tanto como reconocer que, en lo tocante al verdadero problema del valor, la "ley del valor" es desmentida por los hechos."

CONCLUSIÓN

La refutación de Böhm-Bawerk a la teoría de la explotación constituye, como decía Rothbard, la vacuna que, por excelencia, inmuniza contra el marxismo. Sobre ella lanzaron los marxistas, primero sus más furibundos ataques, -en realidad contra su "lógica burguesa" ya que los argumentos son incontrovertibles -ahí están, expuestos a la vergüenza pública, los trabajos de Hilferding, Bujarin o Sweezy para quien quiera reír, por no llorar. Más adelante, simplemente la silenciaron. Ese silencio ha hecho posible, desgraciadamente, que cientos de millones de personas hayan sufrido y sigan sufriendo la opresión de tiranos comunistas que venden humo, engendran odio y fabrican miseria. Esperemos que este trabajo aporte su grano de arena para revertir esa tendencia.

José Ignacio del Castillo

¡Para destacar!


Costa Rica cerró con el déficit fiscal más bajo de los últimos 23 años: un 0,40% de la producción nacional (unos ¢50.000 millones).

Lo anterior, pese a que en el Presupuesto de la República para el 2007 el Gobierno había previsto un déficit de 2,3%.

El jerarca de esa cartera Guillermo Zúñiga señaló que el crecimiento de la economía y también la mejor recaudación de los tributos permitieron una mejora sostenida en las cuentas fiscales durante los últimos ocho meses.

En ASOJOD siempre hemos sido escépticos en cuanto a la necesidad de aumentar los impuestos como una forma para recaudar más dinero. De hecho el gran economista Arthur Laffer demostró como un aumento de la carga fiscal puede derivar en una menor recaudación, ya que los impuestos contraen al sector productivo que es al fin y al cabo de donde el fisco alimenta sus arcas. Por eso en ASOJOD le decimos NO a esos megaproyectos que desean gravar cada ámbito de vida de los costarricenses, en cambio le decimos SI a una mejor recaudación fiscal, SI al crecimiento del sector productivo, y sobre todo SI a un mejoramiento del gasto así como del cierre de programas gubernamentales que sólo alimentan a la burocracia y el clientelismo.

Falta mucho por hacer en estos campos pero hoy felicitamos al señor Guillermo Zúñiga como al ministerio que el precede por haber obtenido el déficit más bajo en los últimos 23 años, ya que la estabilidad económica es un requisito indispensable para alcanzar el desarrollo.