martes, 30 de septiembre de 2008

El papel de Clinton en esta crisis finaciera


Debo confesar que no pensaba escribir sobre esta mega crisis por un buen tiempo. Y no pensaba hacerlo porque todo lo que he escrito en relación a ésta desde hace más de dos años se encuentra, en blanco y negro, disperso por toda la galaxia virtual de Internet. Ya no quedaba mucho por decir: el exceso especulativo en los mercados era demasiado grande como para no llamar la atención de cualquier economista medianamente informado en el tema; era demasiado grande como para que uno no se preguntara de dónde venía ese oxígeno que alimentaba ese fuego infernal, y demasiado grande como para no escribir sobre este Armagedón financiero en cierne.

Y eso hice, hasta que el recuerdo de la maldición de Casandra me llevó por otros rumbos alejados de la redacción y de la prosa. Pero en las últimas semanas el colapso en los mercados ha llevado a que la izquierda económica salga, en tono triunfal, a declarar la muerte del libre mercado -que aseguran fue por suicidio-. Seguir callado, como se comprenderá, dejaba de ser una opción. Un reducido número de economistas advertimos sobre el tsunami que se nos venía encima. La inmensa mayoría de nuestros colegas en la profesión, o no vio la ola o, si la vio, supuso que las nuevas condiciones oceanográficas favorecían la práctica del surfing.

Ahora que la naturaleza y la magnitud de la crisis quedan al descubierto, son estos economistas precisamente los que han cambiado la trusa de baño por el traje de tres piezas de analista económico, y pontifican en cuanto medio de comunicación pueden acerca del rol que el Estado debe tener en la solución del problema, que atribuyen a una "falla de mercado". ¿Falla de mercado ...o falla de gobierno? Esta es la pregunta que me lleva a tomar la pluma una vez más.

¡Pero no se apresure en responder! Esta gran crisis financiera, poliédrica, de la cual el inmobiliario es uno de los lados, tiene en William Jefferson Clinton, el ex presidente norteamericano, uno de sus tantos responsables. Y no lo afirmo yo: es lo que se deduce de esta nota publicada hace casi diez años en el órgano oficial de la izquierda norteamericana, el neoyorquinísimo New York Times, firmada por Steven A. Holmes, en la que ya el título dejaba presagiar lo que se estaba fraguando: "Fannie Mae flexibiliza crédito para estimular el préstamo hipotecario". Como la nota es larga, transcribo algunos de los párrafos relevantes:

"[C]on el fin de ayudar a que las minorías y la población de menores ingresos se hagan de una casa, Fannie Mae Corporation planea reducir los requerimientos crediticios que le pide a la banca al momento de comprarle su cartera hipotecaria".

(...)

"Este plan piloto, en el que en un comienzo participarán 24 bancos en 15 ciudades (incluyendo el área metropolitana de Nueva York), busca incentivar a los bancos a que concedan préstamos hipotecarios a personas a las que su historial crediticio no les permite obtener préstamos convencionales".

(...)

"Fannie Mae, el suscriptor de préstamos hipotecarios más grande del país, se encuentra presionado en gran forma, por un lado, por la Administración Clinton, que insiste en que aumente su cartera de colocaciones hipotecarias entre los grupos de menores ingresos y, por otro, por sus accionistas, que buscan que mantenga su alto nivel de rentabilidad."

"[Por su parte], los bancos, las instituciones de ahorro y crédito y las compañías de préstamos hipotecarios también presionan a Fannie Mae para que los ayude a otorgar cada vez mayores préstamos a personas de alto riesgo crediticio ("subprime borrowers"). Los ingresos, el historial de crédito y los niveles de ahorro de estos deudores les impiden acceder a préstamos hipotecarios convencionales, y es por eso que cuando obtienen préstamos, éstos vienen con tasas de interés altas --de 3 a 4% por encima de las tasas convencionales."

(...)

"'Fannie Mae ha logrado que millones de hogares accedan a la casa propia al reducir los requerimientos del depósito inicial', afirma su presidente, Franklin D. Raines."

(...)

"Este nuevo segmento crediticio [los clientes 'subprime'] lleva a Fannie Mae a que asuma un progresivo riesgo, el cual no presenta problemas en épocas de crecimiento económico. Sin embargo, podría encontrarse en graves apuros cuando los vientos cambien, obligando al gobierno a emprender un rescate financiero, como el de los bancos de ahorro y préstamos [Savings & Loans] en los noventa". ("Fannie Mae eases credit to aid mortgage lending", New York Times, 30/setiembre/1999)

Queda claro, entonces, que todo este caos y pánico financiero tiene su origen en el hecho que a alguien en la Casa Blanca se le ocurrió que el populismo económico no tenía por qué ser monopolio de las democracias tercermundistas --de ambos lados del espectro político--, y si John no tenía ahorros para adquirir una vivienda, "no problem, sir", se le reducía o eliminaba el depósito inicial, y si ahora era Peter el que no tenía los ingresos necesarios, "no problem, sir", había que ver la manera de utilizar algo de alquimia financiera y contabilidad creativa para que el pago mensual, los primeros tres o cuatro años, fuese artificialmente bajo --aunque luego se duplicara y hasta triplicara--. Estas personas de bajos ingresos, que las medidas clintonianas buscaban capturar en una versión primer mundista de clientelismo político, despiertan ahora del sueño de la casa propia a la pesadilla de la casa embargada. Quienes desde el gobierno planearon y ejecutaron esta política de Estado olvidaron algo fundamental: en la historia económica de la humanidad no existe un solo caso exitoso de creación de riqueza por decreto. Toda creación de riqueza es un largo y complejo proceso de reconversión de ahorro en inversión. Sin ahorro no hay inversión, y sin inversión no hay crecimiento económico. Así de simple.

Pero el demócrata Clinton especuló que la dinámica del juego de espejos, por el cual se genera la sensación de un túnel sin fin cuando se colocan uno frente al otro, podía aplicarse con buenos resultados colocando al mercado inmobiliario frente al mercado de valores (¡como dos espejos!). Se equivocó rotundamente, y ahora la gente tiene que abandonar sus casas, y ahora a él le queda el juicio de la historia.

Cómo podía saber el New York Times que, diez años después de su nota, ésta se usaría como prueba para responsabilizar a un ex presidente norteamericano de asesinato en primer grado del mercado hipotecario. Sí, los mercados no cometieron suicidio: fueron amordazados, atados de pies y manos y, posteriormente, estrangulados por la intervención estatal y las distorsiones y efectos perversos que ésta trajo consigo. Ahora viene la gran purga de todos los excesos en la economía y por eso tiembla el gran edificio financiero global. Adam Smith, finalmente, ha decidido realizar una limpieza general de la casa, y cuando hace la limpieza --nos enseña la historia-- siempre empieza por los rincones más sucios. Ayer fue el mercado hipotecario; hoy, el crediticio; mañana, quién sabe. And, boy, is he pissed!

Charles Philbrook

Invitación a Seminario


En ASOJOD queremos extenderles una invitación al seminario "Reforma monetaria urgente: ¿con o sin Banco Central?: Análisis de los casos de dolarización en América Latina y de reforma de los proyectos de ley al Banco Central de Costa Rica". La información es la siguiente:

Fecha: Lunes 13 de octubre, 2008

Hora: de 7:30 a.m. a 5:00 p.m.

Lugar: Hotel Radisson

Inversión: $ 50. Estudiantes con carné pagan $20. Clientes de DATUM participan gratis. Cupo limitado.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tema Polémico: crisis y mercados ¿existen culpables?


Mucho se habla en estos días de la crisis financiera que está golpeando a Estados Unidos y al mundo entero. Nunca faltan los habladores que salen a gritar a los cuatro vientos el fracaso del mercado, la necesidad de intervención, la caída del Imperio o el fin del mundo civilizado.

Pero muy pocos han hecho el ejercicio de identificar las causas que han provocado la susodicha crisis: hace algún tiempo atrás, la FED promovió una baja en las tasas de interés, lo que hizo a las entidades financieras aumentar drásticamente el crédito disponible. ¿Falla del mercado o falla del Estado? Para los seguidores de Stiglitz, esta crisis resultó una oportunidad para desempolvar sus ideas de que el mercado no es perfecto y necesita la intervención del Estado para equilibrarlo, pero como no hay más ciego que el que no quiere ver, olvidaron lo inolvidable: fue la misma intervención la que distorsionó al sector financiero-crediticio.

¿Por qué sucede esto? Para responder a esta pregunta, primero hay que aclarar qué es y que no es el mercado. El mercado es un conjunto de personas decidiendo libremente cómo usar sus recursos, sea para producir o para consumir bienes y/o servicios. Esta idea remite a la concepción hayekiana del mercado como un orden espontáneo, es decir, un orden obtenido a través de la acción de los individuos que, sin necesidad de coordinación centralizada, o información perfecta, sino con información específica que sólo cada uno de ellos posee, logran alcanzar estados de equilibrio parciales, en el sentido de que dicho equilibrio se rompe y se establece en posiciones diferentes en cada acción y reacción.

Nótese que esta concepción no pretende hablar de "mercado" como lo hacen la gran mayoría de perspectivas, es decir, de forma antropomorfista. Esta forma pretende presentar a las entidades como si tuvieran ciertas propiedades humanas que les permitan actuar como tales. Por eso escuchamos a gente decir "el mercado devorador", "el mercado salvaje", "el mercado quiere", "el mercado no quiere". La misma fórmula se le aplica a la sociedad, al Estado o a las demás organizaciones. La mayoría de las veces, se asocia este antropomorfismo con un holismo para hablar de cierta monoliticidad en los deseos y acciones de los colectivos.

Pero en realidad, la sociedad, el Estado o el mercado no son entidades independientes de sus partes, es decir, no son supraindividuales. No actúan ni desean, no odian ni olvidan por sí solas. Por eso, cuando se pretende decir que la crisis financiera se produjo por un error del mercado, se incurre en una terrible equivocación, pues el mercado como tal ni acierta ni falla, sino que lo hacen los individuos que participan en él. Y como todas las actividades humanas están interrelacionadas, es difícil determinar quiénes participan y quienes no participan en el sector financiero-crediticio, por lo que podría decirse que los responsables de la crisis son miles y miles de personas.

¿Y cuál ha sido la solución propuesta por las autoridades gubernamentales estadounidenses? Un rescate de US$ 700 mil millones. ¿Por qué esta cantidad? La respuesta de un portavoz de la Tesorería de EE.UU. fue: "No está basado en algún dato en paticular. Sólamente queríamos escoger un número muy alto".

Evidentemente, la elección de la suma refleja el antojo estatal y su torpeza para resolver los problemas que ha creado, en tanto termina por rescatar a compañías que fracasaron. Los errores de individuos dejaron claro que Fannie Mae, Freddy Mac y otras tantas organizaciones, estaban en la picota y que lo que restaba por hacer es dejarlas morir. Y eso era lo lógico: pero, en cambio, las autoridades gubernamentales decidieron salir al rescate, transmitiendo con eso un sencillo mensaje: que siempre estarán ahí en caso de problemas. Esto genera un incentivo perverso para que los actores incurran en riesgos mayores y no se responsabilicen de sus actos, sino que se los trasladen a los demás por medio de algo muy sencillo: el gasto de dinero realizado por el Estado.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El Plan Paulson


Después de fracasar en sus intentos de estabilizar el mercado financiero con un desenfrenado activismo fiscal y monetario, el Tesoro norteamericano secundado por la Reserva Federal se ha embarcado en la mayor operación de rescate de la historia económico-financiera desde el New Deal en los años treinta del siglo pasado. La iniciativa del gobierno estadounidense sugiere dos cuestiones fundamentales, una se refiere a los aspectos formales del Plan Paulson y la otra a su capacidad de conseguir los fines perseguidos. Ambas tienen una importancia fundamental porque si el programa diseñado por el Tesoro fracasa habrá deteriorado de manera sustancial el marco institucional de la economía norteamericana sin haber logrado contener el colapso del sistema financiero. En este caso, la maquiavélica tesis de que el fin justifica los medios, apadrinada por la Administración republicana, se saldaría con un sonoro fracaso de implicaciones imprevisibles para los EE.UU. y para el resto del mundo, sobre todo, para quienes creen en los principios del capitalismo competitivo.

El Plan Paulson demanda la concesión de un poder imperial al Tesoro sobre el uso de los recursos solicitados al Congreso para combatir la crisis. Se crea pues un fondo, para empezar de 700.000 millones de dólares cuya utilización por parte del gobierno es discrecional porque pretende no estar sometida al control de los tribunales, del legislativo ni de ninguna agencia administrativa. Esto sitúa al Tesoro por encima de la ley y le concede una arbitrariedad total para decidir qué activos compra, a quién y a qué precio. El programa de Paulson tiene una potencia expansiva extraordinaria porque no se limita a adquirir con cargo al dinero de los contribuyentes los denominados activos “tóxicos”, sino que además se reserva la posibilidad de hacerlo con cualquier otro que a su libérrimo juicio necesite ser “nacionalizado” para salvar el sistema. Es evidente que este planteamiento abre la puerta a todo tipo de abusos y favoritismos.

En el terreno de los principios, la entrada en vigor del Plan Paulson alteraría de manera sustancial los fundamentos del modelo económico estadounidense para las próximas dos generaciones. Crearía un sistema en el cual los beneficios son privados y las pérdidas públicas y en donde el dinero de los ciudadanos se utiliza para salvar a entidades e instituciones que han cometido excesos creando incentivos para que los sigan cometiendo porque, al final, les socorrerá Papá Estado. Este enfoque choca frontalmente con las reglas de una economía de mercado en la que la gente es responsable de sus actos, los comportamientos imprudentes son penalizados y los prudentes se recompensan. De este modo, el salvamento de los intereses de un puñado de financieros irresponsables o exuberantes causaría un daño sustancial al capitalismo con la complicidad y con el apoyo de un gobierno asustado e incompetente.

Si se excluye del análisis la apelación a los anteriores criterios, se plantea una pregunta: ¿Servirá la acción gubernamental para solucionar la crisis financiera? La respuesta exige un cierto desarrollo. De entrada, la iliquidez hace difícil saber cuál es el valor de los activos y la teoría económica avalada por una abrumadora evidencia empírica demuestra que el mercado, con todos sus defectos, tiene una innegable ventaja competitiva sobre el gobierno para resolver ese dilema. Esto significa que si el Tesoro opta por comprar los activos al “precio justo de mercado” sólo podrá hacerlo por encima del actual. De lo contrario, sus propietarios ya los hubiesen vendido. No lo han hecho porque no quieren asumir las pérdidas adicionales descontadas por los expertos más solventes, estimadas en una depreciación de los activos reales del orden del 35-40 por 100 de la que sólo se ha producido la mitad.

Por eso, los inversores no han entrado ni lo harán en el mercado hipotecario-inmobiliario hasta que toque fondo. Descartada la hipótesis de una masiva confiscación de activos, el Tesoro se verá forzado a pagar más si quiere adquirirlos lo que elevará o sostendrá artificialmente su valor, como lo hicieron las intervenciones de la FED con el de las acciones. Esta actuación quizá consiga frenar coyunturalmente pero no evitará el inevitable ajuste del sector y sus implicaciones financieras, entre otras cosas, porque los deudores no podrán hacer frente a sus obligaciones.

El Plan Paulson no solventa la esencia del problema: la descapitalización de las instituciones financieras norteamericanas y, en consecuencia, su imposibilidad de aumentar la oferta de crédito aunque las liberen de sus activos “tóxicos”. Todos los rescates bancarios con éxito de la historia han tenido dos características básicas: primera, reducir el tamaño de las entidades intoxicadas y garantizar los depósitos; segunda y sólo tras hacer lo primero, repagar las deudas y vender sus activos. Por contraste, el Tesoro pretende convencer a los acreedores que todo se arregla comprando los activos intoxicados. Esto sólo funcionaría si se asume que están infravalorados, tesis asumida por Paulson en la rueda de prensa en la que presentó su proyecto, lo que sólo es verdad si estamos ante un problema de liquidez, extremo dudoso, y no de insolvencia, probabilidad real.

Por último, los efectos macroeconómicos del Plan Paulson son inquietantes. Su puesta en marcha disparará el binomio déficit/deuda pública para los próximos años y su necesidad de financiación forzará bien a subir impuestos bien a elevar la inflación. Cualquiera de esos dos escenarios conduce por un lado a una intensa depreciación del dólar y, por tanto, crea el serio riesgo de que los inversores exteriores, básicamente bancos centrales extranjeros y fondos soberanos, dejen de estar dispuestos a seguir financiando los desequilibrios de la economía norteamericana; por otro, ejercerá un efecto “crowding out” que hará más escasos y más caros los recursos disponibles para el sector privado, agudizando la restricción de liquidez. Y… ¿La culpa de esta situación la tiene el capitalismo salvaje? No, pero se lo contaré otro día.

Lorenzo Bernaldo de Quirós

viernes, 26 de septiembre de 2008

Viernes de recomendación


En este día, por medio de ASOJOD, Murray Rothbard ofrece un artículo titulado "Propiedad e intercambio" en donde explica los principales fundamentos de la doctrina libertaria: axioma de no agresión, irrestricta propiedad privada y sistemas de libre intercambio, rechazo a la intervención estatal, a los impuestos. Ante todo, el autor desmitifica no sólo la equiparación del libertario con la derecha, sino también la distinción del libertario verdadero de los utilitaristas.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

EE.UU.: ¿Falta de regulaciones? No, solamente regulaciones poco efectivas


Hay la mal concebida noción de que los años del Presidente Bush en la presidencia han sido caracterizados por una actitud negligente respecto de la regulación. En gran parte, este mito parte de la retórica del presidente y aquellos funcionarios elegidos por él, quienes han enfatizado las costosas cargas que constituyen las regulaciones para los negocios.

Pero la realidad ha sido muy distinta: una regulación pesada continua, con una creciente pérdida de rendición de cuentas y efectividad. Eso es gobernabilidad disfuncional, no laissez-faire.

Cuando se trata de la regulación financiera, por ejemplo, hasta antes de la crisis de los últimos meses, el gobierno hizo poco para alterar la estructura que regulaba el mercado y que había sido construida a lo largo de décadas. Los bancos continúan siendo gobernados por una mezcla de reglas y agencias que incluyen a la Oficina del Controlador de la Moneda, los acuerdos internacionales de Basilea acerca de los estándares para capitales, las autoridades estatales, la Reserva Federal y la Corporación Federal de Seguro de Depósitos. Los bancos cotizados en la bolsa, al igual que las corporaciones, están sujetos a la Ley Sarbanes-Oxley.

Y las leyes que han existido por años—como la Ley de Publicación de Hipoteca para Vivienda y la Ley de Reinversión Comunitaria—ayudaron a promover la proliferación de préstamos hipotecarios de alto riesgo. Tal vez la distorsión de más largo plazo en el mercado de viviendas vino del código tributario: la antigua deducción por el interés de la hipoteca, la cual promovió la inversión exagerada en bienes raíces.

En resumen, había hartas regulaciones—aún así gran parte de estas empeoraron las cosas. Estas leyes e instituciones deberían haber moderado el riesgo bancario mientras que promovían la transparencia financiera, pero no lo hicieron. Esta deficiencia—no una política juiciosa de laissez-faire—es donde el gobierno de Bush se equivocó.

Sería injusto, sin embargo, culpar solamente a los Republicanos por estos fracasos regulatorios. Los Demócratas tienen una larga historia de favorecer, sin titubear, la expansión de propiedad de hogares, lo cual ha contribuido a los excesos de Fannie Mae y Freddie Mac, los gigantes hipotecarios ahora humildes.

La privatización de Fannie Mae sucedió desde la administración de Johnson, la cual quería librarse de las deudas de esa agencia. Pero ahora, por supuesto, el gobierno debe hacerse cargo de la deuda de la agencia. Hasta esta primavera, los Demócratas en el congreso estaban presionando para que haya requisitos capitales más débiles para las agencias hipotecarias. La realidad regulatoria era que pocos políticos estaban dispuestos a intercambiar las ganancias económicas de corto plazo—específicamente, tasas más altas de propietarios de hogar—por una protección en contra de riesgos financieros a un plazo más largo.

Aún así, las numerosas críticas por parte del gobierno de Bush a la regulación palidecen por los números, que demuestran un interés sólido en una continuación y aumento de las regulaciones. Esta es la lección de un estudio reciente, “Regulatory Agency Spending Reaches New Height” por Veronique de Rugy, investigadora titular del Mercatus Center de la George Mason University, y Melinda Warren, directora del Weidenbaum Center Forum de la Washington University. (Nota: La participación de la Srta. de Rugy en este estudio estuvo bajo mi supervisión). Para el presupuesto fiscal propuesto para el 2009, el gasto por parte de las agencias reguladoras crecerá en un 6,4 por ciento, similar al crecimiento del año pasado y continuando una tendencia expansionista de largo plazo.

Para la categoría de regulación de finanzas y banca, el gasto ajustado a la inflación ha aumentado en un 43,5 por ciento entre 1990 y 2008. No es poco común que el Registro Federal publique más de 70.000 o más páginas de regulaciones nuevas cada año.

En otras palabras, la regulación financiera ha producido muchas leyes y mucho gasto pero con malas prioridades y poco éxito en utilizar las leyes más importantes para evitar el desastre. Esto nos recuerda cómo los legisladores muchas veces parecen más interesados en construir nuevas carreteras—las cuales son proyectos altamente visibles—que en mantener las viejas.

La desregulación financiera más importante en los últimos tiempos fue una implícita—específicamente, que los fondos soberanos y muchos otros nuevos y exóticos instrumentos financieros han crecido en importancia pero se han mantenido en gran parte sin regulación. Es cierto que estas instituciones contribuyeron a la severidad de la crisis de Bear Stearns y a la relacionada crisis global de crédito. Pero no es obvio que el sector financiero menos regulado se desempeñó en cualquier manera menos satisfactoria que los sectores de vivienda o la banca—los cuales son altamente regulados—incluyendo, por supuesto, a las agencias hipotecarias auspiciadas por el gobierno.

En otras palabras, la regulación que teníamos no funcionó muy bien.

Hay dos maneras de interpretar esta historia: La primera es que, con el beneficio de poder mirar hacia atrás, uno podría argumentar que necesitamos una voluntad política más fuerte para regular cada esquina de las finanzas y evitar la crisis.

Bajo la segunda interpretación, la cual yo prefiero, los reguladores nunca estarán en una posición para evaluar o adivinar precisamente muchas de las transacciones más importantes del mercado. En finanzas, trillones de dólares cambian de manos, los jugadores del mercado son muy sofisticados, y gran parte de la actividad sucede afuera de EE.UU.—o podría fácilmente suceder así.

Bajo estas circunstancias, el verdadero asuntos es establecer prioridades sólidas para la regulación para prevenir los fraudes y para promover la transparencia en el mercado, dado que el escrutinio del gobierno nunca será universal ni cercano a eso. Identificar los sectores no regulados mirando hacia atrás no es una guía útil para saber qué hacer la próxima vez.

Ambos candidatos presidenciales han respaldado la reforma regulatoria, pero todavía no han indicado que esta será una prioridad. Eso no es sorprendente. Arreglar estos problemas podrá parecer una manera muy abstracta de ayudar al ciudadano promedio, y seguramente requerirá de enfrentamientos con algunos intereses especiales. Es más fácil decirle a los votantes que los reguladores se han encargado del problema del año anterior, aún si es que eso no logra nada para el futuro.

Mientras tanto, si usted oye pedidos para más regulación, sin una explicación clara de por qué la regulación falló en el pasado, tenga cuidado. Es probable que conseguiremos más regulación con todavía menos rendición de cuentas e inclusive menos enfoque en resolver nuestros verdaderos problemas económicos.

Tyler Cowen

Las culpas son de otros

Si un conservador es víctima de adulterio, reta a su rival a duelo. El liberal lo lleva a los tribunales. ¿Y el comunista? Va a tirar piedras contra la Embajada Americana.

Este viejo chiste, hijo de la Guerra Fría, desapareció junto al comunismo, pero mantiene su eco en América Latina: cuando un Gobierno serio, democrático y respetuoso de las instituciones afronta problemas, opta por el diálogo y el pragmatismo, para buscarles solución. Pero si su signo es el populismo autoritario, inventa conspiraciones… y culpa a Estados Unidos.

Realidad ficticia. El primitivo instinto de desviar la atención de los desafíos reales, para fijarla en las mitologías heredadas de la difunta teoría de la dependencia, o de un antiyanquismo visceral y vacío, forma parte de lo peor que exhibe la política latinoamericana.

Su mayor contribución a los males hemisféricos no ha sido tanto generar tensiones regionales innecesarias, sino frenar la acción nacional allí donde es más relevante: en la construcción del Estado de derecho, la buena conducción económica, el fomento de la educación, el combate de la corrupción, la búsqueda de la equidad o el desarrollo de programas sociales eficaces.

Una cosa es tener posiciones adversas a Washington, Wall Street o el Fondo Monetario Internacional, y otra usarlos como chivos expiatorios o narcóticos para adormecer a la población o perseguir a los opositores, mientras los verdaderos males se mantienen o crecen.

Golpe de sinrazón. Frente a las complejas rupturas regionales, étnicas, sociales, económicas y políticas que han puesto a Bolivia al borde de la implosión, el presidente Evo Morales renunció a la mesura, el diálogo y el posible acuerdo con sus duros adversarios.

En su lugar, denunció un “golpe de Estado cívico-prefectual”, acusó al embajador estadounidense de orquestarlo y, el 9 de septiembre, lo expulsó del país. ¿Pruebas? Ninguna. Apenas la excusa de que se había reunido con algunos prefectos (gobernadores) de oposición, algo que haría cualquier diplomático.

Al día siguiente, desde el escenario presidencial de Caracas, el hiperbólico Hugo Chávez se sumó al guion. Denunció un intento de “magnicidio” y golpe de Estado en su contra, planeado ¡telefónicamente! por exmilitares, con el apoyo del “imperio norteamericano”. Como castigo a George W. Bush y solidaridad con Morales, ordenó la salida del embajador estadounidense al son de la poco bolivariana frase “¡Váyanse al carajo cien veces, yanquis de mierda!”.

A principios del mes, el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, también había denunciado una “conspiración”, pero solo involucró a su predecesor, Nicanor Duarte, al general Lino Oviedo y a otras turbias personalidades paraguayas. No contento con tan limitado elenco de villanos, Chávez añadió como culpable al “imperio de los Estados Unidos, en su afán de dominar al mundo… al continente”.

Su intervención no solicitada tiene que haber producido gran molestia en Lugo, quien parece encaminarse por una senda política más sensata, al punto de que, en octubre, tiene previsto viajar a Washington, camino a la Asamblea General de las Naciones Unidas, para reunirse con Bush.

Síntomas de rechazo. La incomodidad con los desbordes chavistas se reflejó en la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), convocada por Chile para tratar la crisis boliviana, tras la cual Morales aceptó el diálogo interno.

El canciller chileno, Alejandro Foxley, dijo públicamente que no compartía el planteamiento de Chávez, porque “los problemas de la región hay que solucionarlos en la región. A mí no me gusta andar responsabilizando a otros”.

También en Bolivia, el Alto Mando militar pidió al Presidente que expresara a Caracas su malestar por las “constantes declaraciones y emplazamientos” de Chávez. Y tanto el jefe de las Fuerzas Armadas como el ministro de Defensa criticaron las “intromisiones extranjeras”, en referencia a Venezuela, no a Estados Unidos.

Tales muestras de rechazo indican que la irresponsabilidad sí pasa la factura, aunque no sea muy alta, a quienes incurren en ella, llámense Hugo Chávez o Evo Morales.

La gran tragedia es que, mientras esos y otros miembros del elenco populista-autoritario latinoamericano siguen el ejemplo del comunista cornudo que rechazaba la realidad y tiraba piedras a la Embajada Americana, los males de sus países siguen creciendo, afectando a sus pueblos y convulsionando el hemisferio.

Eduardi Ulibarri

martes, 23 de septiembre de 2008

Viendo el futuro


¿Cuánto más en impuestos está usted dispuesto a pagar para que la temperatura terrestre no aumente 3 grados en los próximos cien años? ¿Debe el gobierno prohibirnos vender alguna parte de nuestro cuerpo para que otros sobrevivan? ¿Obtendremos mejores servicios médicos con mayor intervención gubernamental sobre la salud? ¿Significan los adelantos en la informática, como el Internet, más poder gubernamental para espiarnos y controlar nuestras vidas? ¿Es la actual crisis financiera el resultado de excesiva o insuficiente regulación gubernamental sobre el sector financiero? La globalización, ¿aumenta o disminuye la desigualdad de ingresos?

Estos fueron algunos de los temas tratados en la reunión en Tokio donde recientemente celebramos el 60° aniversario de la fundación de la Sociedad Mont Pèlerin. Esta fue fundada en el pueblo de Mont Pèlerin, Suiza, por el premio Nobel de economía F. A. Hayek, con el propósito de facilitar “el intercambio de ideas entre estudiosos y académicos que quieren reforzar los principios y prácticas de la sociedad libre, como también estudiar el funcionamiento, las virtudes y defectos de sistemas económicos de libre mercado”.

La Sociedad Mont Pèlerin no busca crear una ortodoxia para formar o alinearse con algún grupo o para hacer propaganda, ni tampoco asume posiciones en cuestiones de políticas. Sus miembros provienen de muchos países diferentes e incluye varios premios Nobel en economía, como también destacadas figuras en humanidades, las ciencias, la empresa privada y el periodismo. Varios de sus miembros han fundado asociaciones y centros de estudios alrededor del mundo.

A lo contrario de lo que suele suceder en reuniones políticas, los miembros e invitados de la Mont Pèlerin discuten seriamente los temas del momento, con un genuino interés en debatir y evaluar los costos, beneficios y consecuencias de diferentes ideas y planteamientos.

Sobre calentamiento global, los miembros piensan de diferentes maneras y también si en realidad representa una amenaza. El Dr. Vaclav Klaus, presidente de la República Checa, argumentó su bien conocida posición de que no es un problema verdadero, sino una manera de sacar provecho de gastos gubernamentales.

Como las tecnologías avanzan rápidamente, no parece muy recomendable precipitarse en este campo, sabiendo que la gente dentro de 100 años probablemente tendrá diez veces los ingresos y el capital de la actual generación.

Otro importante tema de discusión fue la regulación financiera. La clase política piensa que la crisis actual proviene de insuficiente regulación bancaria y financiera. Por el contrario, destacados miembros de la Mont Pèlerin opinan que las actuales regulaciones bancarias internacionales puede ser el problema, en lugar de la solución.

Dos destacados miembros de la Mont Pèlerin, el profesor Friedrich Hayek y Milton Friedman fueron personajes optimistas, habiendo percibido los favorables logros alcanzados por la humanidad durante sus vidas, lo cual proyectaban hacia el futuro. Al mismo tiempo, estuvieron muy conscientes de las amenazas de gobiernos e ideologías opresivas, lo cual hace necesario que la gente esté constantemente vigilante respecto a su propia libertad y prosperidad

Richard W. Rahn

lunes, 22 de septiembre de 2008

Tema polémico: ¿cansados de la democracia?


El pasado 15 de setiembre, Oscar Arias dijo en su discurso del Día de la Independencia las siguientes palabras:

"Voy a ser sincero con todos ustedes: estoy cansado. Estoy cansado de intentar hacer cosas que urgen y encontrar obstáculos por doquier. Estoy cansado de proponer medidad que son adversadas simplemente por venir del Gobierno. Estoy cansado de dar explicaciones a personas que lo que quieren no es una explicación, sino un acto de construcción de parte mía. Estoy cansado de intentar gobernar en un país que cree que la crítica a toda costa nos hace más libres, cuando en realidad nos hace más ingobernables".

Cansancio. Esa idea ha generado las más diversas opiniones: algunas en son de burla y otras en son de crítica. En ASOJOD, queremos adherirnos a esta última corriente, la de la crítica a tan inoportunas palabras, por parecernos que ellas encierran un enorme problema.

¿Está cansado Oscar Arias de la democracia? Parece que sí, por lo que se deriva de ese discurso. Cansarse de los obstáculos es cansarse de la negociación, del pluralismo político, del derecho de los demás a defender sus ideas y proyectos. Lo opuesto a procesos decisionales con obstáculos son las más expeditas dictaduras, donde la opinión de uno solo es tomada como la opinión de todos. Ese es el sistema más eficiente en términos de costos de toma de decisiones, pero el más nocivo en términos de libertad, democracia y paz. Cansarse de la crítica es cansarse del control político, de la diversidad de opiniones y criterios, del señalamiento de errores. Es pretender infalibilidad en todas las materias y cerrar la puerta a recomendaciones y alternativas. Es el imperio de la soberbia y la terquedad.

Los recientes escándalos de las consultorías del BCIE y de la venta de los bonos chinos levantan suspicacias. El problema no es si se hicieron conforme a derecho o al margen de este, sino el secretismo, el manejo de la información. En una democracia, como decía Tierno Galván, los bolsillos de los gobernantes deben ser siempre de cristal, pero en Costa Rica la máxima es la confidencialidad. Paradójicamente, don Oscar reconoce en su discurso del Día de la Independencia la importancia de rendir cuentas, pero su gobierno actúa de forma totalmente opuesta. No le gusta que investiguen, que pregunten, que controlen o que critiquen. Todo intento es un "show mediático".

No comprende el Presidente que en los más elementales textos de Ciencia Política, la gobernabilidad no es la capacidad de la autoridad para ejecutar sus planes sin obstáculo alguno, sino la actuación de las autoridades en espacios reconocidos como legítimos por la ciudadanía. Y si hay críticas y malestar es precisamente porque buena parte de la ciudadanía no está legitimando la actuación del Gobierno de Arias. La gobernabilidad no es imposición, es integración; no es facilismo, es gestión. Eso es lo que hace democrático a un régimen político: la capacidad para generar consensos, no para imponer voluntades, incluso cuando esa voluntad sea la de la mayoría. Y lo que hace realmente libre a un pueblo es la posibilidad de reducir la coacción ejercida por sus gobernantes, cosa que sólo tiene lugar en un sistema donde no hay una inversión del mandato, es decir, donde el ciudadano es el principal y el gobernante su agente; donde hay espacio para la crítica y el control político.

También demuestra Arias su desconocimiento en materia sino jurídica. ¿Cómo es posible que un presidente pida a sus ciudadanos que no hagan legítimo ejercicio de sus derechos fundamentales? La libertad de expresión, como una de principales manifestaciones del derecho de libertad es una de las facultades que han tradicionalmente protegido al individuo del poder estatal. En nuestro país los tax payers han podido saber qué tan bien (o qué tan mal) se usa su dinero gracias a este derecho. El que un Presidente de la República pida a sus ciudadanos que no hagan uso de este derecho es como exigirle a una persona bajo ataque que no actúe en legítima defensa. Nos parece que don Oscar debería recordar la naturaleza de su cargo: Presidente. Quien preside, no ordena; quien guía, no impone; quien concierta, no discrimina. Tal vez sería sano que comencemos a llamar a nuestro Presidente, Ciudadano Presidente (como se hace en México). De esta manera probablemente ayudaremos a que quienes ocupen este cargo recuerden en realidad lo que son: ciudadanos y no soberanos."

La actitud de Arias nos preocupa, fundamentalmente en el marco de sus nuevos "giros geopolíticos". Mientras critica al sistema político costarricense e, indirectamente pide que lo dejen gobernar sin controles, aplaude al sistema venezolano y lo pone como ejemplo en la región. Paradójicamente, el último informe de Human Rights Watch revela que Venezuela es la antítesis por excelencia de la democracia: discriminación política, negación de espacios de oposición, ausencia de separación de poderes, falta de libertad de expresión y de asociación, diseño de políticas públicas clientelistas, entre otras tantas ocurrencias del teniente coronel Hugo Chávez.

¿Puede Costa Rica dirigirse hacia el mismo despeñadero por el que cayó Venezuela? Sí, definitivamente. El primer paso para saltar al vacío es la negación del papel fundamental que realiza la oposición en un sistema político, su estigmatización, su satanización, tal y como lo demuestra Chávez catalogando a Human Right Watch como "la agencia que hace el trabajo sucio del imperio". El paso siguiente es la paranoia: la consideración de que todo lo diferente es malo y que atenta contra los más altos valores de un país. Justo después de eso viene la proscripción de la oposición y el intento por presentar los intereses y estrategias del oficialismo como intereses y estrategias nacionales, recurriendo a la idea de un vocero para toda la sociedad como materialización del mito de la monoliticidad de pensamiento.

El último paso es la imposición. Eliminada la disidencia y satanizado cualquier intento por pensar diferente, los altos niveles de paranoia hacen que se pierda el control y la tolerancia. Cualquiera que se atreva a disentir, aunque sea en la más mínima forma, merece una tunda ejemplar. Poco a poco todos son enemigos y hay que acabarlos. El dogma se impone por convencimiento o por fuerza. Así, se termina apaleando tanto al enemigo, por estar opuesto, como al amigo, por precaución.

¿Eso quiere don Oscar? ¿Que nadie lo critique, sino que le aplaudan cada vez que camina? ¿No quiere que alguien le haga ver que está en un error, sino que prefiere equivocarse y ser él quien lo descubra, a precio de desastre? ¿Está cansado de la democracia? Los ciudadanos y políticos de muchos países latinoamericanos ya han contestado que sí a esa pregunta. Esperemos que don Oscar no termine por la misma senda.

sábado, 20 de septiembre de 2008

El mito del Che


El estreno mundial de la película de Steven Soderbergh, Che: El Argentino, es una excelente oportunidad para poner en su verdadera dimensión la figura de Ernesto Guevara, uno de los íconos sagrados de la izquierda del siglo XX. Mientras vivió se le consideró el más idealista, abnegado y puro de los dirigentes cubanos. Alcanzó el martirologio en la plenitud de su vida y eso hizo posible desligarle, dejarle incontaminado de los fracasos y crímenes del socialismo real. Así se convirtió en un mito en el que se combinan los rasgos de un cristo laico con los del buen revolucionario. Sin embargo, la vida y la obra del Che simbolizan la tragedia de la utopía comunista, una hermosa mujer con la cabeza en las nubes y los pies en un charco de sangre y de miseria. Guevara encarna mejor que nadie esa terrible paradoja y su personalidad adquiere con el paso del tiempo tintes patéticos y siniestros más que heroicos.

El Che siempre quiso ser recordado como un “condottiero del siglo XX”. Así se lo escribió a su madre en una de sus últimas cartas desde la selva boliviana. A pesar de los intentos de intelectualización del personaje realizado por Regis Debray en ¿Revolución dentro de la revolución? y por otros apologistas, Guevara no realizó ninguna aportación teórica al marxismo. Era un hombre de acción, un aventurero fascinado por las armas y por la violencia como testimonia su primera experiencia guerrera, el bombardeo de la ciudad de Guatemala. La causa revolucionaria era un motivo para justificar su existencia y era un fin en sí misma. Para él, la revolución era un proceso destructivo permanente y justificado por su propia dinámica. Su consolidación y sus consecuencias nunca le importaron. Esa fue una de las causas de su salida de Cuba en busca de nuevos horizontes.

Siempre hubo una distancia insalvable entre el Che y aquellos a quienes pretendía liberar. Los trabajadores y los campesinos en cuyo nombre decía luchar no desempeñaban papel alguno en el enfoque guevarista. El individuo concreto, sus necesidades, sus aspiraciones no le interesaban como tampoco lo hicieron las célebres condiciones objetivas que, de acuerdo con la doctrina marxista, hacían o no posible la revolución. Amaba tanto a la Humanidad que en su noble pecho no cabían los hombres con minúscula. A los obreros cubanos les consideraba “dientes de una rueda” y a los guerrilleros “abejas de un colmenar”. El desprecio de Guevara por la realidad y por los seres humanos le llevó a cometer errores de juicio abrumadores como ofrecer tierras a los campesinos congoleses que tenían abundancia de ellas o plantear la colectivización a los bolivianos que habían accedido a la propiedad con las reformas agrarias del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario). Su incomprensión de la ingratitud de los “kulaks” bolivianos se refleja amargamente en el Diario de Bolivia y fue una de las razones de su muerte: los campesinos le denunciaron a las autoridades y contribuyeron de manera decisiva a su captura.

En la práctica, la filosofía vital de Guevara era una versión de la vieja doctrina y estética del culto al héroe, al líder carismático, a una especie de superhombre nietzscheano de un indudable aroma estalinista y fascista. Esto se tradujo en un desprecio a la individualidad de los demás y condujo de manera inexorable a la represión. Si el “hombre nuevo” no surgía por la imitación del ejemplo de los santos guerrilleros había que fabricarle por la fuerza. Así apareció con rapidez el rostro autoritario del Che. No le tembló la mano para ajusticiar a sus propios allegados y para ordenar miles de ejecuciones de sus adversarios. En 1960 creó el primer campo de concentración del régimen castrista, Guanahacalibes, destinado a “reeducar mediante el trabajo”. El legendario idilio con los campesinos de la leyenda guevarista se tradujo en un “terror planificado”, en palabras de Guevara, cuando aquellos se mostraban insensibles a sus planes salvadores. El Che no quería ensuciarse las manos pero no le asqueaba mancharse de sangre. A menudo decía parafraseando a Sartre: “los guantes rojos son elegantes”.

La creencia en su capacidad de conseguir cualquier objetivo con independencia de las restricciones impuestas por la realidad y la lógica tuvo una expresión dramática en su lamentable gestión de la economía desde el Banco Nacional de Cuba primero y desde el Ministerio de Industria después. Su ignorancia económica, unida a la introducción de la centralización burocrática y a la abolición del mercado y a su aspiración a sustituir los incentivos materiales por los morales en el comportamiento de los individuos y de las empresas condujeron al colapso económico y a un rápido empobrecimiento de la población. A finales de 1960, Cuba tenía serios problemas de suministro eléctrico, escasez de comida y de otros productos básicos lo que llevó a imponer el sistema de racionamiento todavía vigente. El bloqueo estadounidense no existía aún; es decir, el enemigo externo no vale como coartada para explicar el desastre. Este fue tan grande que forzó a la ortodoxia marxista a formular una crítica demoledora de las políticas del Che a manos de Charles Bettelheim. Este fue otro factor determinante de su marcha de Cuba.

A estas alturas del siglo XXI, el Che emerge como un caso paradigmático del siglo de terror y muerte que en buena medida fue el XX. Refleja el lado oscuro de la fuerza, esa terrible energía encaminada a la destrucción y a la opresión. En la Liga de los Hombres Extraordinarios, Guevara no tiene lugar. Su historia es, gracias a los dioses, la de un fracaso. Su éxito se hubiese traducido en la construcción de un gigantesco Gulag planetario, eso sí administrado por los santos apóstoles de la revolución con su profeta, Guevara, al frente.

Lorenzo Bernaldo de Quirós

viernes, 19 de septiembre de 2008

Viernes de recomendación


En su ensayo "Lo que se ve y lo que no se ve", Claude Frédéric Bastiat (1801-1850) explica los efectos de las políticas económicas en términos de sus efectos notorios o evidentes - lo que se ve (que a menudo son usados para justificarlas) y de sus efectos escondidos - lo que no se ve. En su ensayo, de manera simple y clara, Bastiat aplica este razonamiento a varias situaciones cotidianas - desde el rompimiento del cristal de una ventana hasta el subsidio de las artes - lo que hace evidente la consideración que a menudo falta darle a lo que no se ve.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Carta pública a la cabeza flotante


Sr. RODOLFO-J. RODRIGUEZ-R.
Reflexiones desde mi cognoscibilidad

Distinguida cabeza flotante:

En ASOJOD nos hemos enterado de su insistencia en enviarle correos a las personas denunciando la "farsa de la libertad de expresión" nuestra porque nos negamos a publicarle comentarios en nuestro blog. Somos concientes que esta artimaña suya responde a una amenaza que más bien suena a despecho y al respecto tenemos varias cosas que decirle:

En primer lugar, sepa que no nos atemorizan las amenazas, mucho menos las absurdas. En el tiempo que ASOJOD tiene de existir un estudiante de Ciencias Políticas nos amenazó abiertamente de muerte o, al menos agresión y aún así no cesamos en nuestros esfuerzos e ideas. Ahora, su "amenaza" virtual, antes de incitarnos a publicar sus comentarios, sólo nos genera risas. Bien puede seguir distribuyendo sus comentarios en cuanto blog desee, que aquí no vamos a hacer famoso a otro patán como sucedió con el "niño mimado de Bremen". Si usted es incapaz de generar interés para atraer nuevos lectores, no venga a descargar sus frustraciones contra ASOJOD.

En segundo lugar, le informo que la libertad de expresión que usted evoca está en franca confrontación con la propiedad privada de nuestro blog. Es decir, nuestro blog no es un espacio abierto para publicar las ideas de cualquier persona (por algo existe la moderación de comentarios) y estamos haciendo uso de nuestros derechos de propiedad para estimar cuáles aportes aparecen y cuales no.

Es cierto que hemos dicho que si los comentarios son serios los publicamos. Pero resulta que sus sandeces no cumplen con esa fundamental condición. Cuando uno lee un comentario donde se nos acusa de tener "agendas ocultas" (tan ocultas que ni siquiera los miembros de ASOJOD sabemos cuáles son esos intereses) y usted se presenta como el individuo capacitado para descifrar el "secretismo" no podemos más que pensar que tiene serios problemas psiquiátricos. Además del dejo divino de su foto (cual Jesucristo hombre) ahora nos viene a demostrar su paranoia, producto de sus muy difundidos cuentos de conspiración, esclavismo y conquista del universo.

Nuestros intereses, al contrario de como ud pregona, no son "planificados desde el núcleo de los grupos plutocráticos nacionales, que tienen intenciones explícitas de reclutar "jóvenes yupies"(-de los que recogen basura en pantalón blanco frente a las cámaras de televisión - )", sino que son intereses totalmente desvinculados con las esferas de poder político y económico costarricense. Tan es así que ASOJOD no tiene representantes políticos en ningún cuerpo colegiado de toma de decisiones, ni a nivel nacional ni local y mucho menos está ligado a quien quiera que conforme esos grupos plutócratas. Somos jóvenes estudiantes, provenientes de familias honestas que trabajan para obtener ingresos y no estamos relacionados a ningún partido político, ni siquiera al Movimiento Libertario, como usted pretende hacer ver con la alusión a Otto Guevara y su desatinada estrategia de recoger basura con pantalones blancos. Si tanto le molesta ese hecho, hágaselo saber al señor Guevara; ya nosotros hemos hecho las críticas respectivas.

Sus calificativos de neocolonialistas, esbirros de Pinochet, plutócratas oligárquicos, etc. no son más que ridiculeces. Representan la realidad de un individuo severamente trastornado, cuyos criterios de progreso (Estado de bienestar, defensa de los indígenas, crítica al capitalismo) son anacrónicos y empíricamente demostrados como falsos.

En tercer lugar, queremos informarle que precisamente esos ataques personales y las sandeces de los supuestos vínculos que usted nos acusa tener, son el factor que provoca la censura a sus comentarios. No vamos a permitir que ninguna persona venga a insultarnos a nuestro propio blog. Si desea seguir demostrando su oclocrática paranoia, bien puede hacerlo en su propio espacio.

Asociación de Jóvenes para el Desarrollo

En vela

Si Churchill, cuya biografía cautiva al presidente Arias, estuviera vivo y este le pidiera un consejo, de seguro le regalaría cinco. Primero: “Es en las crisis donde los gobernantes dan la talla”. Segundo: “Piense antes de hablar”. Tercero: “No se canse nunca de la crítica, esencia de la democracia. Más bien, tema la falta de crítica y las zalamerías ajenas”. Cuarto: “Cuidado con el poder, pues este atonta”. Quinto: “No busque pretextos ni se queje. Gobierne, inspire, dirija. ¿No fue para ello que buscó la reelección y pidió los votos al pueblo?”.

El contorno financiero mundial amenaza ruina; en América Latina la insensatez suplanta la responsabilidad, y en Costa Rica el gobernante ha perdido el sentido de la realidad. Sus últimas declaraciones causan estupor: un premio Nobel de la Paz, que justifica, en Latinoamérica, las maniobras “militares” conjuntas de Rusia, invasora de Georgia, y de Hugo Chávez, una amenaza creciente para la paz y la estabilidad política; que ataca a EE. UU., al que, horas después, debe suplicarle otra prórroga del TLC…

Un gobernante que dice “que no lo dejan gobernar”, cuando lo cierto es que se le ha apoyado sin reservas en los proyectos beneficiosos para el país, entorpecidos, eso sí, por la maraña legal y la “tramitología”, la que prometió, por cierto, reducir, para concluir que “está cansado” de las críticas y rematar: “Estoy cansado de intentar gobernar en un país que cree que la crítica a toda costa nos hace más libres, cuando en realidad nos hace más ingobernables”.

En este párrafo, pregonado el Día de la Independencia nacional, don Óscar Arias ha incurrido no en un error, sino en un sacrilegio. La ausencia de crítica es la sustancia de una dictadura, como es el caldo de una sociedad inculta. Por el contrario, la crítica es consustancial con la democracia, como lo es con la libertad, la ciencia y el progreso humano. Don Óscar debe, más bien, sentirse orgulloso de nuestro pueblo, convencido, a diferencia de él, de “que la crítica a toda costa nos hace libres” y no debe repetir jamás, por respeto a nuestra historia, que “en realidad la crítica nos hace más ingobernables”. Algo anda mal en don Óscar para que haya llegado a estos extremos, tan graves, en el plano democrático, como aceptar el secretismo con China, país sin crítica y gobernable...

La crítica no cansa a ningún gobernante democrático. Solo cansa a quienes la temen. No se exponga don Óscar a esta conclusión. Churchill le diría: “Si está cansado, descanse”, pero, mejor, ordene sus ideas, cuidado con ciertos amigos y cortesanos, y entienda que el único cansancio peligroso es el del pueblo, que vale cualquier sacrificio.

Julio Rodríguez

martes, 16 de septiembre de 2008

Obama y McCain, mejores que sus vices


En los últimos meses, hemos señalado varias veces en este columna que la postura del candidato demócrata Barack Obama sobre el libre comercio y la de su rival republicano John McCain sobre la inmigración no son buenas para Latinoamérica. Desafortunadamente, sus respectivos compañeros de fórmula podrían ser aún peores para la región.

Empecemos por el candidato a vicepresidente demócrata, el senador Joe Biden (D-De), quien --a diferencia de su rival republicana, la gobernadora de Alaska Sarah Palin-- tiene una carrera de 35 años en el Senado, y una larga historia de votaciones sobre política exterior.

En lo que hace al libre comercio, Biden es mas duro --algunos dirían proteccionista-- que Obama. Aunque Obama se opuso a los recientes acuerdos de libre comercio de Estados Unidos con América Central y al acuerdo pendiente con Colombia, dio su apoyo al acuerdo de libre comercio con Perú, y en una entrevista me negó repetidamente que es antilibre comercio, Biden se ha opuesto a todos los recientes acuerdos de libre comercio con Latinoamérica.

El candidato a vicepresidente por el Partido Demócrata votó en contra de los acuerdos estadounidenses de libre comercio con Chile, América Central y Perú, así como de los acuerdos similares con Omán y Singapur.

El sitio web de Biden para la campaña presidencial 2007 afirmaba que Joe Biden cree que las negociaciones comerciales de Estados Unidos deben proteger a los trabajadores estadounidenses asegurando estándares básicos en materia laboral y ambiental. Pero sus críticos dicen que la postura de Biden se debe a sus nexos con los sindicatos estadounidenses, que quieren proteger los empleos de sus afiliados de la competencia extranjera.

Además, Biden no se ha caracterizado por ser muy amigo de México. La agencia Associated Press lo citó diciendo en noviembre del 2006, cuando estaba a punto de asumir como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que Mexico es una ex democracia.

¿Ex democracia? La democracia autoritaria de siete décadas del Partido Revolucionario Institucional de México terminó en el 2000. Cualquiera sea nuestra opinión sobre el actual gobierno de México, el país es más democrático de lo que era hasta el 2000.

Biden no tiene un historial muy distinguido en lo que relacionado con Latinoamérica, dice Peter Hakim, director de Diálogo InterAmericano, una organización bipartidista en Washington D.C. Y Palin es una hoja completamente en blanco.

De hecho, Palin --quien, según se ha reportado, recién obtuvo su pasaporte el año pasado-- ha mostrado poco interés por la política exterior. El viernes, una busqueda de Google por su nombre y América Latina sólo produjo una entrada: la de un blogger que señalaba que no había ninguna entrada sobre el tema.

En cuanto a la inmigración, muchos creen que Palin es más aislacionista que McCain. Mientras McCain hasta hace poco apoyaba una reforma inmigratoria integral --que incluía una vía hacia la legalización para millones de trabajadores indocumentados-- , y recientemente cambió su postura para proponer que antes que nada se refuercen los controles fronterizos, Palin es bienvenida por los grupos antiinmigración como una de los suyos.

La conductora de radio Laura Ingraham, una de las favoritas de los grupos antiinmigración, relató en su programa este año que: Estuve sentada a su lado en una cena --fue en julio-- y hablé con ella. Y me dijo que no está a favor de una reforma integral. Se los aseguro. Está completamente harta de toda esta insensatez de la inmigración que hay en Estados Unidos.

Cuando les pregunté sobre la cita de Ingraham, publicada en el sitio de internet http://www.ontheissues.org/, dos voceros de la campaña de McCain-Palin dijeron que me volverían a llamar para confirmar o desmentir la información, pero no lo hicieron.

Mi opinión: tanto Biden como Palin apelan a los sectores más extremistas, populistas y aislacionistas de sus respectivos partidos. Gane quien gane las elecciones, ya sea Obama o sea McCain, ojalá que gocen de buena salud y puedan completar su período de gobierno, para que nos salvemos de tener a sus segundos al frente del Ejecutivo.

Andrés Oppenheimer

lunes, 15 de septiembre de 2008

Tema Polémico: imprudencia legislativa en inconstitucionalidad del procedimiento de la reforma de la Ley de propiedad intelectual e indigenismo


El día de hoy en ASOJOD queremos comentar una cuestión acaecida recientemente: la declaración de inconstitucionalidad del procedimiento de reforma de la Ley de Propiedad Intelectual relacionada con el TLC. Aunque estamos conscientes de que la sentencia íntegra de la Sala Constitucional no ha sido divulgada aún por la Sala Constitucional, tenemos suficiente información para expresar nuestra opinión sobre dos temas relacionados con esta: la imprudencia legislativa del Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y el indigenismo que se ha logrado introducir en nuestro ordenamiento jurídico.

Respecto al primer punto, es claro que los diputados del PLN, ayudados por su sus acólitos del PUSC, han actuado de manera imprudente y soberbia a la hora de tomar decisiones en la Asamblea Legislativa, especialmente respecto a temas procedimentales. Desde el referéndum del CAFTA, el PLUSC intentó monopolizar (con algún grado de éxito) la posición del Sí, dejando por fuera individuos que hubieran ayudado en gran medida a promover la causa, sólo por ser "de oposición".

En el caso de marras, varios de los partidos opositores (Movimiento Libertario, Partido Acción Ciudadana y Frente Amplio) advirtieron en su momento que al incluir una reforma a la Ley de biodiversidad, sería necesario consultar a la población indígena del país. No obstante, esta advertencia fue tildada de "show mediático" por parte del PLUSC. En ese sentido, como bien apuntaron esos diputados, la resolución de la Sala era totalmente previsible y hasta evitable. Por eso nos parece sorprendente que con tal certeza, el PLUSC hiciera caso omiso y se aventurara con sus procedimientos. En fin, sólo nos queda esperar que el partido de gobierno logre corregir el desastre que causó por su soberbia e imprudencia a la hora de tomar decisiones y comprenda que en un régimen democrático, y especialmente en un cuerpo colegiado, las decisiones no se toman con la terquedad del capricho, sino a partir de negociaciones y consultas a otros sectores y grupos.

Respecto al segundo tema, el del indigenismo, queremos enfatizar en nuestro más vehemente rechazo, como ya lo habíamos hecho en un artículo anterior, al demostrar los efectos negativos de esta corriente. Con "indigenismo" no nos referimos a la cultura propia de los pueblos precolombinos, sino a la idea -de moda en los últimos tiempos- de que los pueblos indígenas son "la cultura original o nativa" y que por lo tanto tienen derecho a que ésta sea preservada secula seculorum a expensas de todos como parte de una expiación eterna de los atropellos cometidos en la Conquista. Opinamos que instrumentos como el Convenio 169 de la OIT son viva expresión de este tipo de mentalidad y que no deberían formar parte de nuestro ordenamiento jurídico.

Como bien nos dicen Montaner, Apuleyo Mendoza y Vargas Llosa en “El regreso del idiota”, el indigenismo no solo termina siendo una manera de sacarle recursos a los “blancos” del resto de la sociedad, sino que además termina convirtiéndose en una manera de convertir una discriminación histórica en un acto de revancha contra las únicas ideas que pueden permitirle tanto a los indígenas como a los individuos pobres de la sociedad el mejoramiento de sus condiciones de vida.

Como cualquier ciudadano, los indígenas tienen el derecho de opinar sobre cualquier tema. pero no creemos que por el sólo hecho de ser indígenas deban ser especialmente consultados, máxime cuando es claro que la decisión no va a cambiar independientemente de la consulta que se les haga. Lo que la Ley de biodiversidad y el Convenio 169 exigen son formalismos vacíos para "quedar bien" con los grupos que hace 500 años fueron maltratados por individuos provenientes del otro lado del océano.

En conclusión, nuestra reacción respecto a la resolución de la Sala se divide en dos vertientes. Por un lado, no es posible que el partido de gobierno ponga en juego el futuro del país sólo porque no desean escuchar a la oposición (que muchas veces puede tener la razón), pero tampoco consideramos razonable el requerimiento de consultar a la población indígena.

sábado, 13 de septiembre de 2008

viernes, 12 de septiembre de 2008

Viernes de Recomendación


Este día les presentamos una pincelada de la incultura política latinoamericana: el peronismo. En este ensayo titulado "¿Qué significa el peronismo?", el Dr. Alberto Benegas Lynch muestra los abusos de poder y el retraso que sufrió la República de Argentina gracias a dicho movimiento político.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Confusión entre expoliación y generosidad

Carta abierta al Presidente de Costa Rica, Óscar Arias, premio Nobel de la Paz.

Caracas, 2008.09. Señor Presidente Arias:

Quienes en Venezuela nos confesamos demócratas, estamos alarmados por sus declaraciones en la conferencia de prensa que ofreciera usted en Bruselas alabando la “solidaridad y generosidad” del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, para con otros países.

Sin duda, su deplorable expresión de admiración representa por una parte una confusión entre solidaridad e interés, entre generosidad y expoliación, y por la otra contribuye a la consolidación de un régimen militarista, ladrón y antidemocrático, que no dialoga ni reconoce opiniones distintas a las de Chávez, que fomenta el odio y la discordia entre los venezolanos y entre los latinoamericanos.

Costo político. Es importante que usted, al igual que todos aquellos que se benefician de la supuesta generosidad del Comandante Chávez, entienda que la misma no es gratuita, que tiene propósitos políticos y que sus réditos les serán exigidos en ese ámbito. Ya en una ocasión se la cobró a República Dominicana suspendiéndole el suministro de petróleo, y a Costa Rica amenazando cerrar una planta de aluminio cuando usted dijo que los poderes especiales otorgados al mandatario venezolano eran “la negación de la democracia”, en lo cual, por supuesto, tenía y sigue usted teniendo toda la razón.

Permítanos también destacarle que la supuesta generosidad del Comandante Chávez está basada en la disposición de activos que pertenecen a la nación venezolana y no al Gobierno que él preside, y que sobre estos activos su condición presidencial no le da propiedad ni derecho de libre disposición. Igualmente deben estar todos conscientes de que esos donativos son ilegítimos e ilegales, y que no han sido aprobados por los poderes públicos competentes, y que, por lo tanto, están sujetos a revisión y devolución.

En este contexto el propio Comandante Chávez se ha encargado de pregonar que cuenta con los votos incondicionales de los Gobiernos que subsidia, mediante el tratado del ALBA y Petrocaribe, para cuando los necesite, como ocurriría en el caso de considerarse la moción que adelantamos grupos de ciudadanos para llevar ante la OEA, como organización custodia de la Carta Democrática Interamericana, respecto a la violación que a sus preceptos representan un conjunto de leyes impuestas al país mediante decreto del pasado 31 de julio, con las que se modifica de facto la Constitución de Venezuela para convertirlo en un país colectivista, y se encomienda a la fuerza armada la represión de la disidencia.

Libertades amenazadas. Señor Presidente Arias: “Una vez en la historia de América Latina, las armas y los ejércitos estuvieron asociados con la libertad y la independencia. Una vez en la historia, las armas y los ejércitos estuvieron asociados con estabilidad y con respeto a las instituciones públicas. Han cambiado los tiempos. Ahora es la historia de opresión de los pueblos, la de sus tiranías y su dependencia; ahora es la historia de irrespeto a los derechos humanos, de corrupción y de miseria, la que está escrita por las botas de los militares.”

Estas fueron algunas de sus palabras ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en junio de 1988 que describen cabalmente lo que hoy sufrimos los venezolanos, lo cual hace aún más inexplicable que un hombre de Estado de su prestigio, que lo ha hecho merecedor del premio Nobel de la Paz, alabe a un régimen militarista como el nuestro.

A diferencia de su querido y admirado país, donde “sus libertades nunca fueron amenazadas ni conocieron la humillación de un destino regido por la fuerza”, en el nuestro sí lo están, por lo que es deplorable que los países latinoamericanos y caribeños, por los que la democracia venezolana tanto dio, subordinen sus principios y valores a un interés circunstancial, omitiendo además los compromisos que deberían exigir en base en la Carta Democrática Interamericana.

Grupo 400+

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Crónica de una quiebra y una nacionalización anunciadas


Al igual que su hermana gemela Freddie Mac, Fannie Mae ha sido siempre un negocio fraudulento. El nefasto Franklin Delano Roosevelt la creó como empresa pública en 1938 para "facilitar" el acceso de los estadounidenses a la propiedad inmobiliaria. El negocio era simple: Fannie Mae compraba las hipotecas a los bancos, las empaquetaba y las vendía a otros inversores privados.

Dado que las hipotecas empaquetadas que vendía Fannie Mae contaban con la garantía del Estado (si el hipotecado no pagaba, lo hacía el Gobierno), la compañía podía venderlas ofreciendo una remuneración más baja que el resto de sus competidores. Dicho de otra manera: si Chiringuito SA quería que le prestasen dinero, tenía que pagar un tipo de interés más elevado que Fannie Mae por la mera razón de que, a diferencia de ésta, podía quebrar.

En principio, todas las partes salían ganando: los bancos comerciales recuperaban de inmediato el dinero recién prestado (de modo que podían conceder otra hipoteca), los inversores privados contaban con la garantía del Estado de que las hipotecas que compraban no resultarían impagas y los estadounidenses veían reducir los tipos de la deuda hipotecaria. Sólo había un pequeño perjudicado: el sufrido contribuyente, que era en última instancia quien subvencionaba la compra de las viviendas. Al fin y al cabo, Fannie Mae podía pagar tipos más bajos por su deuda porque el Gobierno le había concedido el privilegio de poder desplumar al contribuyente en caso de necesidad.

A finales de los 60 el Gobierno quiso dejar de consolidar las actividades de Fannie Mae en los Presupuestos y privatizarla. Dos años después, y ante la posición de dominio que había logrado la firma –a golpe de privilegios–, decidió introducir competencia en el mercado y creó Freddie Mac.

Por supuesto, ya la terminología empleada resulta venenosa. Fannie Mae nunca fue privatizada, dado que, implícitamente, el Gobierno seguía respaldando su deuda. Era un secreto a voces que si quebraba, el Tesoro se haría cargo de sus obligaciones, que es lo que de hecho ha sucedido. Por otro lado, Freddie Mac no suponía una genuina competencia, pues se trataba de una empresa diseñada por los políticos y, al igual que su hermana, por ellos privilegiada.

Así las cosas, en las últimas décadas Freddie Mac y Fannie Mae acapararon más de 5 billones de dólares en hipotecas (el mercado estadounidense apenas llega a los 12). Se trata de 5 billones que nunca se habrían concertado de no ser por los tipos de interés subvencionados que ofrecían esas dos firmas.

A nadie debe extrañar que la reciente crisis financiera haya abocado a la quiebra de ambas. Al fin y al cabo, Fannie y Freddie siempre se han encontrado, gracias a sus privilegios políticos, en la vanguardia del negocio hipotecario. Estaban en el epicentro del terremoto. Su quiebra estaba cantada desde que la Reserva Federal comenzó a gestar la actual burbuja inmobiliaria con sus rebajas de los tipos de interés. Nadie le hizo caso, y ahora hay que lamentar las consecuencias. Ante la amenaza de quiebra, la mayoría de los economistas ha aplaudido sin disensión alguna la nacionalización, es decir, que finalmente el contribuyente estadounidense se haga cargo de las deudas de esas entidades teóricamente privadas.

Para defender semejante intervención se ha aducido, no sin razón, que su quiebra podría derribar el sistema financiero. Al fin y al cabo, los principales acreedores de Fannie y Freddie son los bancos comerciales y de inversión, que acaparan la mayor parte de los ahorros de los ciudadanos de EEUU.

La justificación de la intervención, sin embargo, dista de estar clara. Un primer problema que surge es que, con los antecedentes de Bear Stearns, Freddie y Fannie, se genera un enorme riesgo moral en el sistema financiero. En la práctica, los acreedores de los bancos (incluidos los depositantes) saben que tienen carta blanca porque el Gobierno (léase los contribuyentes) terminará respondiendo.

Al margen de estos malos incentivos a largo plazo, existe otro problema –a medio– no menos preocupante. La deuda de Freddie y Fannie supera los 5 billones de dólares, y el Gobierno apenas ha inyectado 200.000 millones (es decir, el 4% de la misma), lo que significa que apenas repunten los impagos deberá proceder a nuevas inyecciones de capital. Es más, después de Freddie y Fannie vendrán otras muchas instituciones financieras que ya se encuentran al borde del colapso: las agencias monoline (Ambac y MBIA) o los bancos Lehman Brothers, Merrill Lynch y Morgan Stanley.

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar el Gobierno de EEUU con tal de que no quiebre banco alguno? ¿Tendrá capacidad de garantizar que los deudores de todas esas entidades van a cobrar? Mucho me temo que la respuesta es negativa: estamos ante una crisis de solvencia, y se han de producir fuertes ajustes en las valoraciones de los activos reales y financieros de los ciudadanos y las empresas. El Gobierno está intentando evitarlo a toda costa, pero su función no es refinanciar la deuda de las entidades privadas.

Esto último también incumbe a la Reserva Federal. Con los últimos acontecimientos se ha demostrado una vez más que su política monetaria inflacionista es un rotundo fracaso. Pese a envilecer con saña el dólar y empobrecer a los estadounidenses, no ha logrado evitar la quiebra de Bear Stearns, Freddie y Fannie. Quienes proponen recortar los tipos de manera salvaje y alocada se olvidan de que los orígenes de esta crisis no están en una falta de liquidez, sino en un aumento de la insolvencia que provoca una restricción de liquidez.

Eso sí, por favor, que nadie insista en que esta merienda de negros es un mercado libre. La crisis la provocó la Fed manipulando el crédito; la elevada exposición de Freddie Mac y Fannie Mae se debió a sus privilegios políticos; y la nacionalización de estas dos compañías ha sido orquestada por el Gobierno y van a pagarla todos los estadounidenses.

En un mercado libre no debería haber un banco central inflacionista (sino una moneda estable y de calidad respaldada por oro), prebendas intervencionistas ni rescates de empresas fracasadas. El sistema financiero actual es un atentado sistemático a los derechos de propiedad, perpetrado por los políticos y los gestores de ciertas empresas y bendecido por unos economistas –la mayoría– que perdieron hace mucho tiempo el norte (si es que alguna vez lo encontraron).

Juan Ramón Rallo

lunes, 8 de septiembre de 2008

Tema Polémico: reforma fiscal en Costa Rica


Para este día, en ASOJOD queremos abordar un tema bastante complejo, pero lo hacemos sólo utilizando una de las variables: la necesidad de reforma fiscal en Costa Rica, vista desde el punto de relación ingreso-egreso.

El pasado viernes 5 de setiembre, la Contraloría General de la República publicó un informe donde se demostraba el bajísimo nivel de ejecución presupuestaria de las carteras ministeriales del gobierno central costarricense.

A continuación se demuestran los datos correspondientes a 4 de los más importantes Ministerios.
Ministerio Presupuesto*
Total* ejecutado Porcentaje de ejecución
Vivienda 21.843 563 3%
Seguridad 82.183 31.821 39%
Educación 812.034 373.123 46%
Salud 87.068 38.348 44%

* Cifras en millones de colones

Fuente: Periódico La Nación.


Llama poderosamente la atención que el Ministerio de Vivienda sólo haya ejecutado un 3% de su presupuesto, cuando una de las puntas de lanza de la Administración Arias Sánchez es precisamente la erradicación de tugurios. De hecho, cabe preguntarse cuál era la necesidad de la famosa donación taiwanesa a este ministerio y que fue luego dedicada a otras funciones, como consta en la acusación hecha por el ente contralor.

Pero también resulta curioso que con el clima de inseguridad y con los grandes niveles de delincuencia en Costa Rica, el Ministerio de Seguridad ejecute apenas un 39% de su presupuesto. Frecuentemente vemos en los noticiarios que los policías trabajan en condiciones deplorables, que no hay unidades móviles disponibles y gran cantidad de cosas más y no resulta comprensible cómo más de la mitad del presupuesto ministerial no es utilizado para solucionar estas problemáticas.

Así, puede realizarse el mismo análisis para cada ministerio y a lo largo de mucho tiempo atrás y se verá que el resultado es el mismo. En un informe elaborado por uno de los miembros de ASOJOD para el despacho de asesores de un diputado, se comprobó que la mayoría de la ejecución presupuestaria (un promedio del 55%) del Gobierno Central, la Asamblea Legislativa y el Poder Judicial, estaba relacionada con el pago de salarios. ¿Y el producto tangible y evaluable de dichas instituciones? Casi nada de importancia.

Ante tal situación, es indudable que es necesaria una reforma tributaria, pero no para aumentar la recaudación de fondos, sino para disminuirla. Es claro que el Estado costarricense no está en la capacidad de administrar los fondos que actualmente recauda, por lo que somos de la opinión de que al mal administrador se le deben limitar los recursos que tiene a su disposicion. No es posible que a los ciudadanos se nos pida pagar más impuestos cuando vemos los pésimos niveles de ejecución, los grandes gastos en salarios, viajes y consultorías y los pésimos sistemas de evaluación programática.

En ASOJOD nos oponemos fuertemente a más impuestos. Lo hemos hecho desde una posición axiológica y desde una posición pragmática. En el primer caso, consideramos que el impuesto es un robo institucionalizado por el cual se le quita parte de la propiedad privada a unos para transferírsela a otros (independientemente de que la necesiten o no). En el segundo caso, consideramos que los impuestos desincentivan la creación de riqueza y abren las puertas a diversas formas de corrupción. Y como si fuera poco, cuando vemos los datos antes señalados, comenzamos a pensar que lo que se desea es llenar de agua una vasija con huecos.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Viernes de recomendación


En este ensayo, titulado "El universo abierto de Karl Popper", Jorge Estrella explica dos puntos esenciales del filósofo austriaco: su posición antideterminista y la lógica evolutiva del conocimiento científico, elementos que sólo pueden estar presentes en una sociedad abierta, donde muy bien dice el autor, es el único lugar en que puede prosperar la aventura del conocimiento.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Ecuador: propiedad privada y libertad


En el texto de la Constitución de Montecristi se erosiona aún más que en las constituciones anteriores la protección de la propiedad privada. Sucede que esta es la principal garantía de las libertades individuales.

El economista Armen Alchian decía que “Los derechos de propiedad privada no están en conflicto con los derechos humanos. Estos son los derechos humanos”. Los liberales consideramos que el hombre tiene una propiedad inalienable sobre su cuerpo y el producto de su trabajo. El Estado no existe para concederles la propiedad, sino solamente para proteger ese derecho natural.

Y es que el principal objetivo de los derechos de propiedad privada y su principal logro es, según Alchian, que estos “eliminan la competencia destructiva por el control de los recursos económicos. Los derechos de propiedad bien definidos reemplazan la competencia a través de métodos violentos por la competencia a través de métodos pacíficos”.

Pero nuestra generación ha olvidado esto. El Premio Nóbel F.A. Hayek explica que “Si todos los medios de producción estuviesen concentrados en un solo par de manos, ya sea nominalmente en manos de la ‘sociedad’ entera o en aquellas de un dictador, quien sea que posea este control tiene poder total por sobre nosotros”.

El proyecto de Montecristi reconoce siete tipos de propiedad privada (Artículo 321) y así se confunde lo que es y no es propiedad privada. Lo que no está claramente definido, no será fácil de defender.

La propiedad privada presupone desigualdad de ingresos, y si se busca cumplir con varias promesas de igualdad material, necesariamente habrá que socavar la propiedad privada. Por ejemplo:

  • Artículo 3, inciso 5: garantiza la “redistribución equitativa de los recursos y la riqueza”.
  • Artículo 66, incisos 4 y 26: garantiza “igualdad formal, igualdad material” lo cual en la práctica implica quitarle a los que tienen más para darle a los que tiene menos, conculcando así el derecho a la propiedad privada (inciso 26) de unos para beneficio de otros.
  • Artículo 276, inciso 2: garantiza la “distribución igualitaria de los beneficios del desarrollo”. No se específica pero por lo que dice en otras partes el texto, se asume que esto se refiere a la distribución igualitaria de los ingresos.
  • Artículo 281, inciso 4: aquí se propone la redistribución de tierras agrícolas a través del Estado, política pública que tantas veces se ha ensayado en Latinoamérica y en nuestro país sin haber generado una distribución que favorezca a los campesinos sino solo a la elite que hizo la redistribución.
  • Artículo 284, inciso 1: el Estado velará por la distribución “adecuada” del ingreso.

Vaya manera feudal y mercantilista de concebir la sociedad—los derechos de los ciudadanos comunes concedidos por los iluminados de arriba. Eso tiene poco de moderno y mucho de medieval.

El profesor cubano Armando de la Torre nos dijo a un grupo de jóvenes en Argentina en marzo que los cubanos no se levantan contra la dictadura de Castro porque “no tienen con qué revelarse”. De la Torre nos explicó de manera gráfica que cuando el totalitarismo llega a abolir la propiedad privada, la única manera que le queda al individuo para protestar es el suicidio pues la única propiedad privada que le queda es su propia vida.

Una sociedad en que los individuos y el Estado no respetan la propiedad privada de otros, es una sociedad en la que tarde o temprano se respetará muy poco la libertad y la vida.


Gabriela Calderón

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Nota: todas las referencias al texto constitucional se basan en el texto disponible en www.asambleaconstituyente.gov.ec