lunes 29 de junio de 2009

Tema polémico: la obligatoriedad de la representación femenina en los partidos políticos


Aunque oficialmente la campaña electoral para los comicios de 2010 aún no ha empezado, ya podemos observar que los diferentes partidos políticos y, especialmente los precandidatos presidenciales, están haciendo lo suyo para obtener votos. En ese contexto, este Tema polémico quiere tocar un tema que está presente en todo el proceso territorial de formación de los partidos políticos (conformación de Asambleas Distritales, Cantonales, Provinciales y Nacional estipuladas por los artículos 60 y 61 del Código Electoral): la obligatoriedad de la representación femenina.

El inciso n) del artículo 58 , así como el artículo de ese código, establece que las distintas estructuras de un partido político deben contar, como mínimo, con un 40% de representación femenina para asegurar su participación. Como si esto fuera poco, desde el 2001, el Tribunal Supremo de Elecciones está promoviendo una reforma al Código Electoral, según la cual ese 40% se mantiene pero las postulaciones presentadas en las nóminas para elecciones nacionales o locales deberán ser trenzadas, de forma que sea hombre-mujer-hombre o mujer-hombre-mujer.

En este particular, en ASOJOD consideramos que tal exigencia es absurda. No porque denigremos a las mujeres o porque creamos que no tienen capacidad para asumir puestos de elección popular, sino que nos resulta indiferente el género de los candidatos, pues estos deberían ser escogidos por sus capacidades y no simplemente por su condición de hombre o mujer. Lamentablemente, y esta es una conclusión que podrán apoyar muchos que hayan participado en procesos electorales con algún partido político, la gran mayoría de las candidaturas está ocupada por personas sin el más mínimo conocimiento y capacidad para desempeñarse en los puestos si llegaren a ser electos, lo que redunda en la mala gestión de los distintos órganos colegiados o unipersonales que tienen poder de decisión pública. Pero, como también lo confirmarán los participantes en los procesos, la obligatoriedad de tener un porcentaje de representantes por su condición particular, se ha prestado para que se consiga gente para "llenar campos" y cumplir el requisito.

Se puede entender que este esfuerzo plasmado en el Código Electoral está basado en buenas intenciones, pero al final, termina por lograr lo contrario. En lugar de asegurar la participación real de las mujeres, obliga a los partidos a cumplir un requisito para lo cual se valen de la primera mujer que logren conseguir y no necesariamente de la mejor de sus posibles partidarias. Así, el criterio de elección es el género y no su capacidad, por lo que se desvaloriza a la misma mujer en tanto se le permite participar por una mera cuestión biológica y sexual. En ese sentido, cuando una mujer llega a un puesto sólo por ser mujer, y no por sus capacidades, y comete errores como resultado de una mala formación para desempeñar el puesto, inmediatamente algunos machistas pretenderán generalizar el fallo como algo propio de toda mujer, creando más problemas de los que buscaba resolver.

Por eso es que en repetidas ocasiones, en ASOJOD hemos criticado la tendencia de nuestros políticos a creer que el texto de una ley resolverá todos los problemas y que, a pesar de basar sus esfuerzos en buenas intenciones, pocas veces contemplan las consecuencias de sus actos. A lo que expusimos en el párrafo anterior hay que añadir que si se le da participación a las personas tan sólo por su condición, entonces esto nos llevaría a una espiral interminable: habrá que asegurar un porcentaje de participación política dentro de los partidos a los discapacitados, a los jóvenes, a los adultos mayores, a los negros, a los asiáticos, a los homosexuales, a los ateos, a los creyentes, a los agnósticos, entre otros, con lo cual nunca terminaríamos.

Como defensores de la libertad de asociación, creemos que las personas tienen derecho a unirse cuando y con quien quiéran, en las condiciones que ellos decidan. Siendo así, como resultado de esa libertad, los individuos deberían poder conformar partidos políticos como lo deseen: sólo hombres, sólo mujeres, sólo adultos mayores o mezclando a los diferentes grupos en las proporciones que ellos mismos -y no el Estado- definan. Al fin y al cabo, la función principal de un partido político es representar al ciudadano en los órganos de toma de decisión política, lo cual implica que es el elector el que decide cuál de los partidos lo representa según sus intereses, valores, proyectos, etc. y estos, a su vez, buscan satisfacer las demandas de aquel.

Siendo así, apoyamos la idea de que los partidos se conformen como los mismos partidarios lo decidan y que la gente sea electa por sus capacidades, habilidades y trabajo, mas no simple y llanamente por su condición de género, etárea, física, etc. pues este tipo de legislación que busca crear cuotas no sólo termina generando más problemas que los que trata de resolver, sino que limita la libertad individual para asociarse en partidos políticos bajo los parámetros que los integrantes deseen y se entromete en una valoración que le corresponde sólo al individuo.

4 comentarios:

Adrian Brenes dijo...

Darle chance a una mujer sólo porque es mujer es tan sexista como darle chance a un hombre sólo porque es hombre.

Quienes abogan por la obligatoriedad de tener participaciones mínimas para las mujeres necesariamente asumen que ellas por sí solas no pueden alcanzar participaciones semejantes a las de los varones (suponiendo que quieran, para comenzar). En otras palabras, quienes defienden participaciones mínimas para las mujeres consideran que ellas son menos capaces que los hombres.

rodman dijo...

Es una propuesta absurda. Se cae en el sexismo que las feministas tanto critican, ya que muchas de ellas sostienen que como los hombres son tan machistas e inmersos en el patriarcado no van a elegir a una mujer por lo que el 50/50 es necesario. Parte también del simplismo de que como la población es 50% de cada sexo lo justo es que los puestos se repartan a medias. Y de manera tendenciosa se liga esta pretensión del 50/50
-que no es más que el deseo de asegurar puestos políticos para ciertas mujeres y justificar el presupuesto para instituciones estatales hechas solo para las mujeres- con las luchas que las mujeres han tenido históricamente por conseguir el voto y participar en cargos políticos. Este continuismo es falso ya que una cosa es acabar con la discriminación legal al sector de las mujeres de participar en el sufragio o ejercer un cargo político y otra es usar el tema de género para asegurarse un cupo de participación política.
Además, todo esto se presta para negociaciones políticas absurdas a lo interno de los partidos políticos, en donde se hacen componendas para colocar los puestos de diputados. Así, si el primero es un hombre, el segundo debe ser mujer, entonces pongamos a la esposa de "X" porque tiene que cumplirse con el 50/50, en tercero dejamos a otro hombre, en cuarto a otra mujer. Si yo fuera mujer y me preciara como tal -y aparte no fuera una oportunista- esto me repugnaría y me parecería una mariconada, no solo por la falta de seriedad sino porque si creo que las mujeres son iguales en capacidades a los hombres, convenzo al electorado de que soy capaz de ejercer un cargo público, sin tener que estar llorando de que me reserven un puesto. Y no andaría con la estúpida obsesión de que a la par tengo a muchos hombres y que que pocas mujeres hay, que deberíamos estar iguales, etc.

Adrian Brenes dijo...

Además nunca hay que sobreestimar la creatividad de los diputados si se les da alas. Primero fue el 40% en los partidos políticos. Ya que lo obtuvieron ahora quieren más.

Qué vendrá después? Un Estado que obliga a participación mínima de mujeres en equipos de fútbol masculino, clero sacerdotal católico y bandas de rock satánico?

rodman dijo...

Y aunque pueda parecer banal, a nivel cotidiano se dan diversas expresiones en relación con la participación de hombres y mujeres en política. Así, si uno como hombre dice por ejemplo que no va a votar por "X" candidata femenina, uno es un machista. En cambio, una mujer si puede votar por una mujer sin que se le califique de hembrista por no votar por un hombre. Igual, uno ve a las feministas lloriqueando porque dicen que hay "pocas" mujeres o bien menor cantidad de mujeres que hombres en puestos de decisión política, pero si se llega a dar que hay más mujeres que hombres -como se da en las universidades o en las jefaturas de algunas instituciones públicas- tengan por seguro que ellas no dirán nada ni se quejaran de esa desigualdad. No hay que ser tontos útiles, este tema de género es usado de manera oportunista por muchas mujeres que quieren sacar provecho político, académico o laboral de estar victimizando a las mujeres y hacernos "sentir mal" a los hombres de hoy de la situación de opresión histórica que han sufrido las mujeres.