lunes 13 de julio de 2009

Tema polémico: "por la libre", expresión peyorativa en Costa Rica


En Costa Rica se ha vuelto muy común escuchar o leer una expresión muy particular: “por la libre”. Generalmente se usa en dos acepciones: para denunciar un incumplimiento masivo y notorio a alguna ley o regulación o puede usarse para denunciar la “falta de regulación” de una actividad económica específica. En el tema polémico de hoy, analizaremos con especial atención la segunda acepción de la frase desde el punto de vista de la obra de Friedrich August von Hayek , especialmente en relación con su explicación sobe el uso del conocimiento en la sociedad.

En primer lugar, ¿qué se pretende logar con la regulación estatal? Algunos argumentan que la regulación debe buscar “arreglar” los fallos del mercado y nada más. Otros argumentan que la regulación debe promover el más “adecuado reparto de la riqueza”, la solidaridad o beneficiar a un grupo específico. Todos estos fines, especialmente los últimos presuponen que el regulador posee el conocimiento necesario para 1) comprender a cabalidad la actividad que se desea regular, 2) las motivaciones de todos los actores que intervienen en esta actividad y 3) la manera “correcta” o “adecuada” para lograr el fin deseado con la regulación.

Hayek, en su ensayo publicado en 1945 sobre el Uso del Conocimiento en la Sociedad, describió precisamente el problema al que se enfrenta el regulador: la falta de conocimiento, o más bien, la imposibilidad de acceder a este conocimiento que él mismo argumenta que necesita para realizar su actividad regulatoria. Hayek explica este problema al referirse a la naturaleza misma del conocimiento en la sociedad:

“El carácter peculiar del problema de un orden económico racional está determinado precisamente por el hecho de que el conocimiento de las circunstancias que debemos utilizar no se encuentra nunca concentrado ni integrado, sino que únicamente como elementos dispersos de conocimiento incompleto y frecuentemente contradictorio en poder de los diferentes individuos. De este modo, el problema económico de la sociedad no es simplemente un problema de asignación de recursos "dados" —si "dados" quiere decir dados a una sola mente que deliberadamente resuelve el problema planteado por estos "datos"—. Se trata más bien de un problema referente a cómo lograr el mayor uso de los recursos conocidos por los miembros de la sociedad, para fines cuya importancia relativa sólo ellos conocen. O, expresado brevemente, es un problema de la utilización del conocimiento que no es dado a nadie en su totalidad”.


En estos términos Hayek, nos dice que el conocimiento no es lo mismo que los datos que utiliza el regulador frecuentemente para justificar su actividad. Una estadística de la cantidad de vehículos que transitan por el casco central de San José representa sólo una fracción del conocimiento que se encuentra disperso en la sociedad en relación con esta actividad. Esto ocurre igualmente con los servicios financieros, la venta de gasolina, los servicios de transporte público, la venta del arroz y todos los demás servicios y bienes cuyos mercados se encuentran intervenidos por un regulador.

El comprender este hecho implica que el regulador, al realizar su actividad, camina en la oscuridad en vez de guiarnos hacia la luz. No sólo la regulación es inconveniente, sino que es imposible que realice sus fines de manera “adecuada”.

Israel Kirzner, construyendo sobre lo edificado por Hayek y por Mises en este tema, fue más allá al desarrollar el concepto de descubrimiento empresarial. El peligro de la regulación del mercado por parte del Estado, dice Kirzner, es principalmente el impacto que ésta tendrá en el descubrimiento empresarial que se da en un mercado “por la libre”. Precisamente los problemas que los individuos detecten en el mercado contribuirán al descubrimiento empresarial dirigido a corregirlos. Esto ocurre igualmente de manera negativa: al intervenir, hay descubrimientos que no se darán, negocios que no se aprovecharán y oportunidades que no se tomarán. En palabras de Fréderic Bastiat, se perderá también “lo que no se ve”.

De esta manera, podemos concluir, que la frase “por la libre”, que lamentablemente tiene una connotación peyorativa en nuestro país, denota la pretensión de conocimiento que los reguladores asumen tener. Mientras perviva esta mentalidad en nuestra sociedad, seguiremos viendo reguladores que, como elefantes en una cristalería, impidan que los empresarios descubran nuevas oportunidades que los beneficien no sólo a ellos, sino a muchos otros individuos