miércoles, 30 de septiembre de 2009

Conferencia: Impuesto a Casas de Lujo


En ASOJOD queríamos invitarlos al seminario que estará realizando la Cámara de Propietarios de Bienes Inmuebles de Costa Rica, en el cual se discutirá el nuevo impuesto que se pretende de crear a las casa de "lujo. Evidentemente este es un tema que merece discusión y debate.

Lugar: Hotel CrownePlaza Corobicí, Salones Corcovado 1, 2 y 3.

Fecha: martes 6 de octubre del 2009.

Hora: de 11:00 a.m. a2:00 p.m.

Expositores:Dr. Adrian Torrealba Navas (Dr. en Derecho Financiero y Tributario) y Ing. Fernando Peñaranda Peralta (Ing. Civil especializado en Ingeniería Costos y Valoración de Bienes Inmuebles)

Costo: ¢55 000.00 Incluye: almuerzo y certificado de participación.

Inscripciones: 2253-9653 / 2283-7482

Política Económica del "NO"


Los encargados del manejo de la política económica de la presente administración han ejecutado, de manera impecable, la política económica del “No”.

Esta consiste en evitar activamente la discusión abierta y seria de propuestas de política económica distintas a las preferidas por el Banco Central de Costa Rica (BCCR) y el Ministerio de Hacienda (MH), simplemente diciendo “No”, sin presentar argumentos válidos o justificaciones.

Ese tipo de comportamiento, por parte de las principales autoridades del BCCR y del MH resulta inaceptable. Los presidentes del BCCR y los ministros de Hacienda deberían sentirse obligados a rendir cuentas por sus acciones (en el BCCR) y omisiones (en el MH). También, deben estar en capacidad de explicar y justificar el porqué de las medidas.

Lamentablemente, en esas organizaciones la toma de decisiones de manera antojadiza—muchas veces sin fundamento técnico que las sustente—se convirtió en una práctica común y quienes deberían dar la cara ante el público prefieren esconderla.

Los serios errores cometidos en política monetaria, cambiaria, tasas de interés y en el manejo de las finanzas públicas han perjudicado la competitividad y el atractivo del país como destino para hacer negocios. Hacia futuro, las políticas vigentes representan un serio obstáculo para la reactivación económica requerida para que logremos salir de la crisis en Costa Rica.

La política económica del “No” es un fenómeno bien documentado, particularmente durante los últimos dos años.

“No” a la dolarización, a pesar de que el experimento con las bandas cambiarias ha sido un rotundo fracaso y la posibilidad real de que avanzar hacia la flotación es inexistente.

“NO” a la reducción de impuestos, a pesar de que ese tipo de política ha sido implementada exitosamente alrededor del mundo para estimular las actividades productivas, atraer inversión, dinamizar el consumo e incluso ha servido para mejorar los ingresos del gobierno.

“No” a la reducción del gasto público innecesario e ineficiente.

“No” a la eliminación de los encajes bancarios (impuesto a la intermediación financiera) y la reducción de las tasas de interés, una barrera para la inversión y generación de empleos.

“No” a la eliminación de aranceles de insumos, productos intermedios y bienes de capital, que encarecen los productos a los consumidores locales y restan competitividad a las empresas nacionales.

Evidencias…

Los resultados del Reporte Global de Competitividad 2009-2010, del World Economic Forum, ponen en evidencia la seria desventaja competitiva que representan para el país las políticas económicas actuales. De acuerdo con el reporte:

1. Posición 110 de 133 países en inflación.
2. Posición 114 de 133 países en margen de intermediación financiera.
3. Posición 102 de 133 países en tasa impositiva total.
4. Posición 91 de 133 países en prevalencia de barreras comerciales.
5. Posición 122 de 133 países en fortaleza de protección a los inversionistas-léase "reglas del juego claras”.

Las malas evaluaciones continúan.

El informe Doing Business 2010, del Banco Mundial, ubicó a Costa Rica en la posición 121 de 183 países en el ranking del índice de facilidad para hacer negocios. En el apartado de pago de impuestos nuestra posición es todavía peor, 154 de 183 países. Ante esa realidad, resulta imposible justificar que autoridades económicas del gobierno persistan, con arrogancia, en la aplicación de la política económica del “No”. Los costarricenses debemos exigir rendición de cuentas, transparencia y debate permanente acerca de lo que más conviene para el desarrollo económico futuro.

En otras palabras, adoptar una política económica del “Sí”.

Luis Loría

martes, 29 de septiembre de 2009

Ticos con miedo...


La encuesta de Unimer confirma que efectivamente el problema que más agobia a los costarricenses esla inseguridad. Desgraciadamente vivimos en un país que demanda estar en constante alerta, nos vemos obligados a no pasar por determinados sitios a determinadas horas, a no utilizar nuestros teléfonos celulalers en las calles, etc. Lo peor del caso es que estas precauciones no son garantía de nada, vivimos en le más perverso azar de la delincuencia, esto es, que en cualquier momento y en cualquier lugar podemos convertirnos en las víctimas de estos criminales.

Los candidatos presidenciales no pueden dejar pasar por alto el tema, el que logre porponer un proyecto coherente de seguridad y no meros slogans -como mano dura- puede que termine dándole competencia a Laura Chinchilla.

En ASOJOD hemos sido enfáticos que que la principal función del estado es asegurar la propiedad y la vida de sus ciudadanos, resulta inaceptable que los costarricenses tengan que vivir atemorizados hasta en sus propias casas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Tema polémico: el inicio de la carrera electoral


A pesar de que muchos candidatos llevan semanas bombardeando los medios de propaganda –el caso más notorio es Otto Guevara- hasta este mes de octubre empieza la campaña electoral, la cual culminará con la elección del próximo presidente para el periodo 2010-2014. Por ello en ASOJOD queremos dedicar este Tema polémico para analizar el panorama hasta el día de hoy.

El pasado jueves, la Nación publicó una encuesta de Unimer, dentro de la cual se pueden destacar los siguientes datos: primero que todo, resulta contundente la ventaja que posee Laura Chinchilla sobre el resto de candidatos, ventaja que ha mantenido desde el día que ganó la convención en Liberación Nacional. En la referida encuesta, Chinchilla aparece con un apoyo del 55% de los votantes, con especial fortaleza en el sector de juventud -donde no pareciera existir explicación racional para este fenómeno- y entre las mujeres, cuestión que resulta obvia dado la expectativa que puede tener para este sector de la población en cuanto a la posibilidad de elegir, por primera vez, a una mujer. Por último, Chinchilla obtiene la simpatía de las personas con bajos ingresos, lo cual también resulta de esperar a la luz del clientelismo político que Liberación ha construido valiéndose del Estado de Bienestar.

El candidato que aparece después de Chinchilla –pero sumamente lejana a ella- es el eterno Ottón Solís, del PAC, quien cuenta con el 13% de intención de voto. Entre su grupo de seguidores se destacan los estudiantes universitarios -qué dirá esto del nivel de la educación superior de nuestro país-. Muy cerca de Ottón, sigue el también candidato eterno del Movimiento Libertario: Otto Guevara. Tanto el partido como la figura de Guevara han tenido un repunte importante con relación a pasadas encuestas, lo cual da pie para pensar en la posibilidad de desplazar al PAC de ese segundo puesto y rezar por una segunda vuelta. No obstante, esta última opción parece bastante lejana.

El flamante imputado Calderón Fournier aparece en una cuarta posición con apenas un 6%. Es claro que el futuro político de Calderón dependerá de lo que lleguen a fallar los jueces penales el día 5 de octubre. Si resulta condenado, eso será todo para el expresidente; si sale absuelto habrá que ver si logra materializar dicha absolutoria en apoyo político, quizá apelando a una campaña de "mártir", cosa que en un pueblo terriblemente creyente en la fantasía divina, podría funcionar en alguna medida.

Dentro del margen de error aparece el autor de Socialismo Cuántico (¿?), Rolando Araya y más abajo, un grupo de candidatos insensatos y demagogos como Oscar López y, virtualmente, el "rector de la patria", Eugenio Trejos, entre otros. Es claro que los grupos del No al TLC terminarán matándose entre ellos y quitándose votos, al no haber logrado establecer una alianza que les permitiera capitalizar el alto grado de irracionalidad electoral de los costarricenses. Resulta extraño que los guardianes del "bienestar general" y los auténticos patriotas del NO, no pudieran dejar de la do sus egoístas intereses individuales –léase afán de obtener puestos, quizá para ¿enriquecerse?- y formar una alianza que salve a Costa Rica del maléfico imperio ¿neo? liberal. ¿Será que los distintos mesiás políticos, amantes de la "justicia social" y demás virtudes, tienen diferentes formas de salvarnos, formas tan incompatibles entre sí como para no poder hacer una alianza? ¿Será que la "visión" de Oscar López para hacer de Costa Rica, el cielo en la tierra, no calza con la propuesta ambientalista-feminista-comunalista-socialista-academicista del Frente Amplio o con el planteamiento cuántico-patriótico-socialdemócrata de Rolando Araya y Mariano Figueres?

En síntesis, es claro que Laura Chinchilla lleva la delantera, a pesar de su poca proyección y pésima participación en foros, debates y conversatorios, apostando a un continuismo, más como una prueba de pereza para proponer otras cosas que como una forma de darle seguimiento a políticas exitosas de la Administración Arias Sánchez (que a nuestro juicio no han existido). Un Ottón Solís y un Otto Guevara peléandose el segundo lugar, aunque muy lejos de Laura. Cabe destacar que, mientras Solís se ve cansado y sus propuestas son un refrito de lo ofrecido antes, Guevara parece más dinámico y con propuestas en muchas áreas, pero esperanzado en una segunda ronda que, si ya es difícil que llegue, más lo es que pueda vencer a Chinchilla, pues no sabemos con cuáles votos, además de los PUSC, podría contar el Movimiento Libertario. Es decir, no vemos a los simpatizantes del PAC, Frente Amplio, Alianza Patriótica o PASE, dando un giro a sus visiones de mundo como para votar por los más lejanos en el espectro ideológico con tal de evitar que el "continuismo de los Arias" prevalezca.

Con Calderón y los socialistas no hay que detenerse mucho, pues las sorpresas que podrían dar es a nivel legislativo, mas no presidencial. El primero, por la ya mencionada situación en que se encuetra, mientras los segundos, por su incapacidad para ponerse de acuerdo -si por la víspera se saca el día, nos preguntamos cómo gobernarían un país si ni siquiera pueden alcanzar acuerdos entre ellos mismos- no harán más que restarse votos entre sí.

Como han podido observar, el panorama parece, al menos a inicios de esta campaña electoral, bien claro. Sólo un milagro o un muy buen trabajo de los otros partidos podría evitar que Chinchilla regrese a Zapote, pero esta vez con la investidura de Presidente de la República.

sábado, 26 de septiembre de 2009

...



Resulta absolutamente inaceptable que en una escuela se intente manipular de esta forma a sus alumnos sobre todo si estos son apenas unos niños, que evidentemente carecen de las herramientas necesarias para juzgar la actividad que se les obliga a realizar. De ninguna manera debe existir exaltaciones de la personalidad de ninguna figura pública sin importar quien sea esta. Esperamos que esta moda no llegue a nuestro país, sólo nos falta que en las escuelas públicas se canten odas a la paloma de la paz.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Viernes de Recomendación


En el siguiente documento Murray N. Rothbard plantea una crítica al impuesto sobre el consumo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El costarricense no lee


El alfabeto es un instrumento, no un fin en sí mismo. Resta saber para qué se usa. ¿De qué nos sirve leer si lo único que consumimos son porquerías? No nos dejemos engañar por nuestros altos índices de alfabetización. Estamos fallando en la parte más significativa de la cultura: esa que viene después del A, B, C. La vida entera no nos va a alcanzar para leer todo lo grande y bello que ha sido escrito en el mundo, ¿por qué desperdiciarla entonces leyendo mentecateces, literatura de ínfimo valor nutricio para el intelecto?

En Costa Rica la lectura es básicamente una crisis. Más grave que la del petróleo y la de la economía mundial. Más grave, sí, porque es desde la ignorancia que abordamos los grandes problemas de la modernidad, y sin lectura nuestra comprensión de ellos será siempre precaria.

Desnutrición espiritual. ¿Qué se lee en Costa Rica? Cuatro cosas.

Primera: libros de autoayuda, psicología popular llena de facilonguerías: Supérate a ti mismo , El valor del pensamiento positivo , Aprende a amar … e incontables cursilerías de ese jaez.

Segunda: pandemias literarias como Harry Potter o el ya por fin pasado de moda Código da Vinci . Productos de consumo, manufacturados y sensacionalmente bien distribuidos por todo un engranaje mercadotécnico que opera de consuno con Hollywood y su mundo de ficción barata.

Tercera: resúmenes de hitos literarios canónicos que los muchachos, en su desesperación por sacar el bachillerato, adquieren, creyéndose así eximidos de leer las obras en su integridad (los resúmenes solo tienen valor –y muy grande – una vez que se han asimilado los clásicos en su integridad: leer Hamlet resumido es como creer haber cenado con solo aprenderse de memoria el menú).

Cuarta: las mercachiflerías de Pablo Coelho, con su filosofía light de la vida, sus lugares comunes poéticos y su impotencia manifiesta para escribir –cosa que a todas luces intenta– alegorías como El principito (Saint-Éxupery) o La luna nueva (Tagore).

Y esa es nuestra dieta literaria. Avitaminosis del espíritu. Desnutrición espiritual. Somos analfabetos: entendámoslo de una vez.

Un día de estos una amiga llegó a una bien conocida librería nacional a buscar la Estética de Hegel. Después de inútiles pesquisas, le pidió ayuda a la dependiente. “¿Que si tenemos la Estética de Hegel? Por supuesto, acompáñeme”. ¡Y la llevó a la sección de cosmetología! El pobre Hegel, el hombre de La fenomenología del espíritu –uno de los más importantes textos filosóficos de todos los tiempos– al lado de Cómo combatir la celulitis , Piel tersa para toda la vida , El secreto de la eterna juventud y Senos y nalgas: tratado silicónico y colagénic o. Y fue así como mi amiga tuvo que renunciar a adquirir un libro filosófico, que en cualquier país medianamente civilizado es miembro de honor de toda librería que se respete.

¿Dije filosofía? ¡Pero si es que Costa Rica es un erial filosófico! A duras penas logra uno encontrar los Diálogos platónicos, por poner el ejemplo más clásico que sea dable concebir. Somos un país a-filosófico. Para comprar a Kant, Kierkegaard o Bergson, hay que hacerlos pasar clandestinamente, a través de barreras aduaneras, y ello burlando la vigilancia de aquellos que tienen interés en mantenernos aborregados.

De todas las ramas del saber humano, la filosofía es por mucho la más menesterosa en Costa Rica. Conocimiento esotérico, ritualizado y críptico, únicamente reservado para las castas sacras.

Y luego ese irrespeto de las colecciones de “biografías de hombres y mujeres célebres”: ¡poner a Shakespeare al lado de la Princesa Diana, a la Madre Teresa en el mismo vecindario de Madona, a Beethoven en la compañía de Michael Jackson! Ahí tienen, amigos, los resultados de la “abolición de las jerarquías estéticas”, de “la superación de los obsoletos cánones de occidente”, del irresponsable “revisionismo histórico” de una buena parte de los pensadores de la posmodernidad (¿tendré que añadir que no todos, siendo muchos a los que respeto y admiro? Sí: es necesario aclararlo, el “algunos” no basta para que los lectores presurosos caigan en conclusiones).

Desprecio. Por último, el desdén manifiesto por los autores nacionales: ¿que los libros de nuestros poetas –sobre todo ellos– novelistas y dramaturgos no venden como Harry Potter contra los monstruos galácticos (o alguna otra sandez para el efecto)? Quizás, pero entonces no llamen ustedes a sus negocios “librerías”: llámenlas “expendios de libros”, “supermercados literarios” “pulperías del pensamiento” o alguna otra cosa de ese tenor.

Los periódicos franceses publicaron hace algunos años –con alarma– el resultado de una encuesta realizada por el Ministerio de Educación: “Uno de cada cinco franceses no lee”.

En nuestro país la encuesta rezaría: “Diez de cada cinco ticos no leen”. San José tiene cuatro librerías que honran la tradición de la gran literatura: la Librería Universitaria (¡gracias, don Fernando Durán!), Nueva Década, la Librería Francesa y una más cuyo nombre en este momento me escapa (¡perdón!)

La cosa es devastadoramente simple: Costa Rica no progresará intelectualmente en tanto haya más cantinas que bibliotecas y librerías.

Jacques Sagot

ECONOMÍA: La madre de todos los errores


Los episodios de crisis suelen ser momentos de oportunidad— oportunidad de hacer ajustes necesarios y “limpiar la grasa” que ocasionó el colapso del sistema, pero también de afianzar controles sobre la libertad de elección de los ciudadanos.

A un año del desastre de Lehman Brothers, y el profundo ajuste que se desató en meses posteriores, la sabiduría convencional ha insistido que esta recesión es la peor desde los años 30s. La cultura de catastrofismo ha funcionado como un caldo de cultivo para justificar toda una gama de programas de estímulo, así como las nuevas modalidades de intervención, ahora bautizadas en el leguaje macroeconómico como “macro prudential regulation”.

Allan Melzter ha subrayado que, si bien esta crisis tiene dimensiones severas, dista mucho de ser equiparada con la Gran Depresión. La caída en el producto real ha sido de casi 4%, mientras que la crisis de los 30s fue de arriba de 18%. El desempleo ahora es de casi 10%, en los 30s fue de 20%. Y, la caída en la actividad industrial se ha ubicado en 16%, la mitad de lo que se dio hace siete décadas.

No existe duda que esta crisis ha ocasionado grandes daños y distorsiones en el poder de compra y en el proceso económico general. Empero, Melzter advierte que, si sobredimensionamos el problema, podemos cometer graves errores en las políticas que se instrumenten para remediar el dolor.

Esto ha pasado, al parecer, con el remedio favorito—los gigantescos programas de estímulo fiscal (y monetario) que se han venido elaborando desde el otoño pasado. Hoy, varios voceros de la administración de Obama insisten que se necesita, todavía, un paquete de estímulo adicional.

Esto, todo, suena políticamente correcto—más aun en un clima de expectativas lleno de incertidumbre. Pero estos “estímulos” conllevan un espejismo, de compensar la pérdida real de riqueza con un aumento artificial en los medios de pago. La burbuja bursátil es reflejo de agentes que procuran estacionar este exceso de liquidez.

Si es así, se está compensando el efecto de la crisis con una nueva burbuja, con ello dando lugar a otro rompimiento en unos años. Por otro lado, como dice Melzter, el enfoque debe centrarse sobre políticas que faciliten la productividad y reduzcan costos de transacción (y, de paso, una reducción agresiva de la expansión monetaria).

De otra forma, estaremos, de nueva cuenta, en el umbral de la madre de todos los errores.

Roberto Salinas León

El desconocimiento de la competencia


Sólo en Costa Rica se ven cosas tan absurdas como la que publicó el día de ayer el diario La Extra: "denuncian farmacia por vender barato". Resulta que, de acuerdo con el denunciante, "los precios de la farmacia violan la ley de promoción de la competencia porque vende muy por debajo del nivel medio del costo del mercado y tiene poder sustancial sobre el mercado relevante, eso significa que puede manipular los precios al tener mucho poder en el mercado".

A pesar que el Ministerio de Economía desestimó la denuncia, en ASOJOD no deja de preocuparnos la visión que en nuestro país se tiene de la competencia, pues se tipifica la "depredación" como una acción digna de castigo. ¿Pero cómo llenan nuestros legisladores -y cómo entienden los ciudadanos, que al fin de cuentas son los que presionan a estos- el concepto de "depredación"? Lo entienden como un acto salvaje, de competencia desleal.

A pesar que, poco a poco, han ido introduciendo competencia -dudamos que entiendan completamente el concepto- y reconociendo que tanta intervención estatal no es positiva, sino que hay que abrir algunos espacios de participación, nuestras normas reflejan todavía un fuerte temor a dejar la actividad económica en manos de individuos libres que, voluntariamente, deciden entrar en intercambio, razón por la cual se designa al Estado, una entidad compuesta por ángeles bajados del cielo y que, por gracia divina, están por encima del bien y del mal, para que controlen el comportamiento de los agentes económicos y lo orienten hacia lo que, previamente, algún político bienintencionado, ha definido como comercio "justo" o "leal".

Sólo en ese marco y evadiendo todas las reglas de la lógica, los principios de la economía y la evidencia empírica, es posible entender una legislación que, nominalmente, promueve la competencia, al mismo tiempo que interviene en la misma, castigando al que compite si lo hace de forma tal que demuestre satisfacer de mejor forma las necesidades de consumo de los clientes.

Precisamente, para ASOJOD este último punto es de capital importancia: como bien ha señalado Rigoberto Stewart y, especialmente, como se desprende de la explicación del intercambio dada por Mises en Human Action, el comercio consiste, fundamentalmente, en la satisfacción de necesidades de consumo. En otras palabras, se trata de una actividad donde dos o más individuos realizan una transacción con miras a obtener algo que desean o valoran en mayor medida que aquello que entregan para obtenerlo.

No comprender algo tan sencillo deriva en los erróneos enfoques que nuestros políticos tienen sobre la competencia: una competencia regulada, controlada, vigilada, so pretexto que los funcionarios del Estado saben, mejor que cualesquiera otras personas, qué es lo justo y lo bueno, por lo cual deben guiar las acciones de los individuos.

No comprender la lógica del intercambio y, por ende, del mercado, deriva en una legislación que castiga a aquel agente capaz de satisfacer las necesidades de consumo. Al vender a mejor precio, al ofrecer mayor calidad o mejores condiciones, el consumidor es quien finalmente gana. Y una competencia basada en la eficiencia y en la capacidad propia -incluyendo tenencia de recursos tecnológicos, intelectuales, financieros, materiales, etc- no puede ser jamás desleal y, mucho menos, sujeto de controles. La única competencia desleal es aquella que se vale del poder político para usar al Estado -aparato de compulsión y coerción- como medio para sacar del mercado a otros oferentes, entendiendo por esto el uso de recursos de los tax payers como un fondo sin fin o valiéndose del amiguismo para obtener protección, contratos o condiciones que, de forma libre, no habría podido conseguir.

No comprender la lógica del mercado y de la libre competencia lleva a una paradoja: la intervención estatal para evitar monopolios. Constantemente escuchamos a algunos que reconcen el valor de la competencia pero, al mismo tiempo, abogan porque el Estado intervenga con el fin de evitar que un sólo oferente se haga con el poder del "mercado". Esta petición implica una aceptación tácita de que el Estado es el que debe tener la última palabra y, por ende, una dotación de poder enorme. Basta con imaginar a un Estado determinando, arbitrariamente, cuándo un competidor tiene la "cuota de poder sustancial sobre el mercado relevante" -nombre por demás rimbombante pero con poco significado- y obligándolo a vender, ceder o regalar espacios para otros competidores.

Por ello, en ASOJOD defendemos con ahínco, al igual que los austriacos, que el Estado no pretenda controlar los monopolios, sino que procure que la legislación no tenga ninguna barrera de entrada. Siendo así, el mismo mercado se encargará de romper monopolios, pues en la medida que un oferente saque a sus competidores y acapare todo, al no existir barreras de entrada, la misma insatisfacción de necesidades que todo monopolio genera, motivará a otros competidores a participar, en algún momento y dotará de opciones a aquellos consumidores dispuestos a cambiar de oferente.

Siendo así, preocuparse porque una farmacia o cualquier empresa vende bienes o servicios más baratos no es importante: primero, porque eso beneficia a los consumidores tanto por el precio mismo como porque motiva a los competidores a implementar mejoras para atraer a la clientela, sino también porque, en caso de alcanzar una "cuota de poder sustancial sobre el mercado relevante", la no existencia de barreras de entrada abrirían una oportunidad para que los empresarios rompan el monopolio.

En conclusión, si existe temor por los monopolios, no pretendamos que el Estado pueda regular la competencia para evitarlo, sino que dediquemonos a exigir que se eliminen las barreras de entrada.

martes, 22 de septiembre de 2009

Excesos


La Sociedad Interamericana de Prensa denunció la creciente represión de la libertad de expresión en Venezuela. Con la pretensión de refutar estas acusaciones, organismos de prensa allegados al chavismo arguyen que la situación no puede ser mejor para los medios pues hay “un exceso de libertad de expresión”.

Propio del lenguaje totalitario, la jerga chavista altera el sentido de las palabras, trastornando su valor. Así como, bajo el nazismo, el vocablo “fanatismo” cobró una connotación meliorativa (V. Klemperer, LTI, La lengua del Tercer Reich ), ahora, bajo el régimen chavista, habría que considerar el llamado “exceso” de libertad como un hecho positivo.

En su intento por enloquecer el pensamiento, el lenguaje totalitario usa la falsificación de la realidad para anonadar la capacidad de reacción del ser humano, arraigada en su facultad de raciocinio. Al presentar como aceptable una primera falsedad, la artimaña allana el camino para imponer la falacia inaceptable: “Hay un exceso de libertad; por consiguiente, no hay represión”. “Hay un exceso de libertad; por consiguiente, es necesaria la represión”.

La violencia totalitaria se origina en la violación del lenguaje. Contra los embates del chavismo, la primera y última defensa está en el respeto y la vigilancia al sentido de las palabras.

Laurencia Saénz

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tema polémico: la envidia y el socialismo


El Tema polémico de hoy, en ASOJOD queremos comentar un poco sobre la forma en que funciona la ideología socialista. Para esto, queremos empezar el análisis con la siguiente pregunta: ¿Cuál es la actitud de las personas cuando alguien logra tener éxito en algún aspecto de la vida, un éxito basado en el esfuerzo personal y apegado a la responsabilidad ante la ley? Comúnmente hay dos tipos de reacción: las personas que, admiradas, tratan de obtener una enseñanza del éxito alcanzado con el objetivo de obtener resultados similares y las personas que ven el éxito alcanzado con repudio y envidia y les molesta no haber obtenido los mismos resultados aún cuando el esfuerzo invertido fue diferente. Hay un término para el comportamiento de este segundo grupo de personas: envidia.

Empujados por esta envidia, muchas personas de este segundo grupo consideran que el individuo que alcanzó lograr esa meta debería obligadamente compartir los beneficios obtenidos con el resto. ¿Cuál es la justificación para esto? Pues la excusa es que no es justo que esa persona esté en condiciones diferentes a otras. Suena ilógico, sin embargo, es mucha la gente que piensa de esta manera. Tal "argumento" se ha convertido en toda una ideología y su nombre es Socialismo, con la cual se han creado conceptos para "denuciar" lo anteriormente señalado: lo han llamado injusticia social. Según el credo de la injusticia social, la persona que se esforzó en la vida y obtuvo riqueza como resultado es el villano y el castigo que merece es la pérdida de lo suyo para repartirlo entre todos los demás.

En ASOJOD creemos en que todas las personas deben de contar con la libertad de luchar para tener éxito en la vida sin que luego nadie se lo arrebate: por eso defendemos la propiedad privada. Se trata del resultado de un esfuerzo basado en la legalidad, en la dedicación personal, la empresarialidad, en el uso de la voluntad y la libertad y, en fin, en la premisa de tratar a todos como comerciantes, intercambiando valor por valor. Cuando esa forma de pensar es aplicada por un grupo de personas conviviendo en sociedad, el resultado es impresionante. Las personas, cada una luchando por obtener sus metas personales, terminan beneficiando a otras durante el proceso, generando riqueza en forma colectiva. Para poder desarrollar un negocio, esa persona va a requerir contratar bienes y servicios y esos negocios que se contratan van a requerir otra variedad de bienes y servicios para su desarrollo. Esta situación continúa repetidas veces dando como resultado un beneficio colectivo que, empujado por necesidades individuales, permite abrir espacios para que otros obtengan riqueza o éxito.

Por otro lado, los socialistas piensan diferentes. Creen que es necesario distribuir la riqueza para que todas las personas tengan igualdad de condiciones sin importar el grado de esfuerzo que cada una invierta o el riesgo que corra en una operación. Esta forma de pesar tiene dos grandes debilidades: la primera es que el sistema no contempla que, para poder distribuir la riqueza es necesario primero generarla (como bien decía Rand, "para distribuir primero hay que crear" y esa creación sólo se da en un marco capitalista, de pleno respeto por la propiedad privada); la segunda es que en el socialismo no hay ningún tipo de incentivo para que alguien o algunos generen riqueza pues, ¿de qué sirve generarla si luego va ser arrebatada por el sistema? En ese sentido, la historia ha evidenciado que en toda sociedad socialista, la pobreza, la falta de innovación, el totalitarismo, el éxodo y la desgracia son comunes denominadores. Llevaba razón Churchill cuando decía que "el vicio inherente del capitalismo es el desigual reparto de riqueza. La virtud inherente del socialismo es la equitativa distribución de la miseria".

Evidentemente, el socialismo no es un sistema basado en sentido común y lógica; es un sistema basado resentimiento y mediocridad, en la esclavitud y el despojo institucionalizado. En otras palabras, es un sistema creado para que las personas envidiosas puedan obtener una gran porción del pastel sin haber hecho el esfuerzo correspondiente, basándose en definiciones arbitrarias de lo que es justo. Es un sistema que ve a los individuos que se diferencian del resto por sus méritos como amenazas y odia la innovación pues quiere decir que alguien está haciendo algo diferente que, probablemente, deje en evidencia su rezago.

Los que creemos en el mercado y en el capitalismos no vemos el éxito personal con envidia, todo lo contrario, lo vemos como un gran mérito. No creemos que la felicidad sea sinónimo de igualdad. No creemos que la envidia deba impulsar nuestros actos y nuestra forma de pensar. Creemos en la riqueza se puede crear en beneficio de todos y para poder lograr esto no podemos recriminarle ni quitarle a nadie su propiedad en beneficio de otros.

Por eso en ASOJOD siempre hemos defendido a ultranza que cada invididuo sea un fin en sí mismo, lo que significa que tenga plena libertad para buscar sus fines -por diferentes que sean- y que los resultados -positivos o negativos- sean sólo suyos.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Entrevista John Stossel



En esta entrevista para Reason.tv el periodista John Stossel habla sobre su carrera, la administración Obama, Bush y el estado de las ideas de la libertad en Estados Unidos.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Viernes de Recomendación


Este día les queremos presentar el ensayo titulado: "Sobre el método de la Economía Austriaca" realizado por el profesor Israel Kirzner. Como bien menciona su título, dicho trabajo desarrolla las principales implicaciones que tiene el método austriaco.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Crisis financiera: En defensa de hacer nada


No hace mucho la economía estadounidense era la envidia del mundo entero. Hasta septiembre de 2007 habíamos experimentado 24 trimestres consecutivos de crecimiento del PIB. La bolsa de valores estaba en niveles históricamente altos, y las tasas de inflación y desempleo se encontraban bajas y estables.

Las cosas son distintas ahora. La economía estadounidense está en recesión así como lo están las economías de la mayoría de los países en el mundo. Muchos analistas predicen una recesión económica comparable a aquella de 1981-1982; algunos incluso hablan de otra Gran Depresión.

Mientras tanto, hemos experimentado una amplia gama de intervenciones en la economía. Hemos visto el rescate de los bancos en Wall Street y la aprobación de una enorme ley de estímulo. Hemos visto cortes coordinados en las tasas de interés, expansiones en la garantía de los depósitos y la nacionalización parcial de la banca. El objetivo explícito de estas políticas cuando fueron debatidas era evitar una escasez de crédito y una recesión, pero terminamos con las dos cosas de todas maneras. Ahora la aseveración es que estas medidas prevendrán una escasez de crédito o una recesión todavía mayor. No estoy tan seguro.

Hoy voy a presentar el caso a favor de no hacer nada. Más específicamente, argumentaré que si el gobierno federal no hubiera llevado a cabo política alguna en respuesta a la recesión económica, estaríamos mejor de lo que estamos ahora. Además estableceré que si un estímulo fuera necesario, debería haber venido por el lado de recortes en impuestos y un recorte al gasto en programas estatales fracasados, no en nuevo gasto público.

¿Qué salió mal?

¿Qué causó la crisis económica? Aunque la securitización, las fallas de las agencias calificadoras y la ambición en Wall Street contribuyeron al problema, en última instancia las responsables de esta crisis fueron las políticas equivocadas del gobierno federal.

La primera de estas fue el intento de expandir la propiedad de viviendas. Déjenme empezar diciendo que el Estado no tiene por qué tomar una posición acerca de cuántas personas deberían o no ser dueñas de sus casas, así como tampoco tiene por qué tratar de influir cuántas tostadoras u hornos compramos. No hay posibilidad de una falla de mercado en la producción de viviendas o en las decisiones de las personas acerca de si compran o no una casa. Aún así el Estado ha venido interviniendo por décadas.

Una lista parcial de políticas diseñadas para aumentar la propiedad de viviendas incluye la Administración Federal para la Vivienda, los Bancos Federales para Préstamos de Vivienda, Fannie Mae, Freddie Mac, la Ley de Reinversión en la Comunidad, la deducción de intereses sobre hipotecas, la excepción de propiedad en el código de bancarrota personal, el tratamiento tributario favorable de las ganancias sobre capitales invertidos en vivienda, la Ley HOPE para Propietarios de Vivienda, y más recientemente, la Ley de Emergencia para la Estabilización Económica—también conocida como la ley del salvataje.

Las políticas pro-vivienda del gobierno estadounidense no tuvieron efectos perjudiciales importantes durante décadas. La razón, probablemente, es que dichas intervenciones sustituyeron parcialmente actividades que el sector privado hubiese realizado de todas maneras, tales como proveer un mercado secundario para hipotecas.

Con el tiempo, sin embargo, estas leves intervenciones empezaron a concentrarse en aumentar la propiedad de viviendas por parte de hogares de ingresos más bajos. En los noventa el Departamento para la Vivienda y el Desarrollo Urbano aumentó la presión sobre las entidades crediticias para que apoyaran el acceso a viviendas asequibles. En 2003, los escándalos de contabilidad en Fannie Mae y Freddie Mac les permitieron a miembros claves del Congreso presionar a estas instituciones para que llevaran a cabo cuantiosos y peligrosos préstamos hipotecarios. Para 2003-2004, por lo tanto, las políticas federales estaban generando fuertes incentivos para extender las hipotecas a acreedores con malos historiales de crédito. Las instituciones financieras respondieron y crearon gigantescas cantidades de activos basados en una riesgosa deuda hipotecaria.

Esta expansión de crédito riesgoso fue especialmente problemática debido a la segunda política federal equivocada: la vieja práctica de salir al rescate de entes privados que han incurrido en riesgos y luego se encuentran en aprietos. Los salvatajes han sido amplios y frecuentes, especialmente en el sector bancario. En el contexto de la reciente crisis financiera, un ejemplo crucial es el ahora infame “toque Greenspan”, la práctica de la Reserva Federal al mando de Greenspan de bajar las tasas de interés como respuesta a las disrupciones financieras con la esperanza de que una expansión de la liquidez evitaría o moderaría un colapso en el precio de los activos. A principios de 2000, en particular, la Fed parecía haber tomado una decisión deliberada de no reventar la burbuja de bienes raíces y en cambio “arreglar las cosas” si ocurría un colapso.

La experiencia del sector bancario en recibir salvatajes significaba que los mercados financieros podían razonablemente esperar que el Estado amortiguara cualquier pérdida a causa del colapso de una deuda hipotecaria riesgosa. Como el Estado también se encontraba presionando para que esta deuda se expandiera, y como era rentable hacerlo, el sector financiero tenía todas las razones para seguir el juego. Sin embargo, era inevitable que un colapso ocurriera en algún momento. La expansión del crédito hipotecario tenía sentido siempre y cuando los precios de la vivienda siguiesen aumentando, pero esto no podía durar para siempre. Una vez que estos empezaron a caer, el mercado no tuvo otra opción que sufrir el reacomodo de posiciones basadas en presunciones insostenibles acerca de los precios de las viviendas.

Por lo tanto, esta interpretación de la crisis financiera coloca el grueso de la culpa sobre la política federal en lugar de sobre la ambición de Wall Street, una regulación poco adecuada, los fracasos de las agencias calificadoras o la securitización. Estas otras fuerzas jugaron un papel importante, pero es improbable que cualquiera de ellas o todas juntas hubiesen podido producir cualquier cosa parecida a la reciente crisis financiera si no hubiese sido por estas dos políticas federales equivocadas.

Por ejemplo, la ambición en Wall Street seguramente contribuyó a la situación, si por “ambición” uno se refiere al comportamiento que busca obtener ganancias. Muchos en Wall Street sabían o sospechaban que su exposición a riesgos no era sostenible, pero sus posiciones eran rentables en ese momento. Además, los mercados funcionan bien cuando los agentes privados responden a las oportunidades de obtener ganancias, a menos que estas reflejen incentivos perversos creados por el Estado. La manera de evitar crisis en el futuro, por lo tanto, es que el Estado abandone las políticas que generan tales incentivos.

Rescatando a los bancos

El plan de salvataje del Departamento del Tesoro fue un intento por mejorar el balance general de los bancos y así estimular la concesión de préstamos por parte de la banca. La justificación ofrecida fue que, ya para septiembre de 2008, los principales bancos se enfrentaban a una quiebra inminente debido a que el valor de sus activos respaldados por hipotecas había caído rápidamente.

Nadie discute que varios bancos estaban en peligro de quiebra pero eso no justifica un rescate. La bancarrota es un aspecto esencial del capitalismo. Brinda información acerca de las buenas y las malas inversiones y libera recursos para que sean desplazados desde los malos proyectos hacia aquellos más productivos. Como indiqué anteriormente, los precios de las viviendas y la construcción de casas estaban demasiado altos para fines de 2005. Esta situación implicaba un deterioro en el balance general de los bancos y una reducción del sector bancario, así que cierto grado de bancarrota era tanto inevitable como apropiado. Por lo tanto, un argumento económico a favor del salvataje debía demostrar que la quiebra de algunos bancos perjudicaría a la economía más allá de lo inevitable debido a la caída en el precio de las viviendas. El argumento común es que la bancarrota de un banco obligaba a los demás bancos a quebrar, generando un congelamiento del crédito. Ese resultado es posible, pero eso no significa que el plan del Tesoro era la política indicada.

Para entender por qué, nótese que permitir que los bancos quiebren no significa que el Estado no juega papel alguno. La garantía federal de los depósitos hubiese evitado pérdidas por parte de los depositantes asegurados, por lo tanto limitando el incentivo para que se den corridas bancarias. Las cortes y agencias reguladoras federales (tales como la Comisión Federal para la Garantía de Depósitos, FDIC por su sigla en inglés) hubiesen supervisado los procesos de bancarrota de las instituciones en quiebra. Además, bajo el proceso de bancarrota no habrían necesariamente desaparecido las actividades de los bancos en quiebra. Algunos continúan operaciones durante la bancarrota, y otros las reanudan luego de que se vende la institución en quiebra o sus activos a un banco más saludable. En otros casos, la fusión antes de un colapso evita la bancarrota por completo. Los accionistas privados y los tenedores de deuda asumen las pérdidas requeridas para hacer que estas fusiones y ventas sean atractivas para los compradores. Los fondos de los contribuyentes irían únicamente a los depositantes asegurados.

El salvataje distrajo la atención del hecho de que el Estado fue la causa más importante detrás de la crisis. De manera más general, el salvataje continuará promoviendo acciones contraproducentes por parte de instituciones que califican para recibir el dinero, como por ejemplo la adquisición de activos tóxicos que luego podrían ser comprados por el Tesoro, o la toma de riesgos inmensos con las inyecciones de capital del Tesoro.

El salvataje del Tesoro de 2008 también marcó el inicio de la propiedad estatal en el sector financiero. Esto significa que, de ahora en adelante, es probable que las fuerzas políticas influencien la toma de decisiones en el otorgamiento del crédito y la asignación del capital. El Estado puede que (nuevamente) presione a los bancos para que ayuden a prestatarios con un mal historial de crédito, para que subsidien a industrias con conexiones políticas, o para que presten en los distritos de legisladores influyentes. La presión del Estado es difícil de resistir para los bancos, ya que éste puede amenazar con vender su participación en determinado banco o puede prometer mayores inyecciones de recursos cada vez que quiera modificar el comportamiento de un banco. Además, rescatar a los bancos fija un precedente para rescatar a otras industrias. Por lo tanto, las repercusiones a largo plazo del salvataje son indudablemente malas. Irónicamente, el salvataje en sí puede que haya exacerbado la escasez de crédito. El anuncio de que el Tesoro estaba considerando un rescate probablemente asustó a los mercados al sugerir que la economía estaba peor de lo que pensaban los mercados. De igual manera, el anuncio puede que haya alentado una escasez de crédito porque los banqueros no querían asumir pérdidas y vender sus instituciones a empresas compradoras si el Estado los iba a rescatar. El salvataje introdujo incertidumbre porque nadie sabía qué significaba dicho rescate: cuánto, de qué forma, para quién, con qué restricciones y por cuánto tiempo.

El paquete de estímulo

La Ley para la Recuperación y la Reinversión Estadounidense de 2009—mejor conocida como el “paquete de estímulo”—representa una transferencia masiva de recursos del sector privado hacia grupos de interés con conexiones políticas. Los fondos vendrán de nuestros impuestos y se dirigirán al sector de la educación, la salud, a la creación de “empleos verdes” y contratistas y sindicatos federales.

Algunos defensores del paquete de estímulo argumentan que el gasto era necesario para embarcarse en proyectos que no están siendo respaldados por el mercado pero que deberían serlo. Este es el argumento del “fracaso del mercado” a favor del gasto gubernamental. En realidad, el gasto federal ya es demasiado alto en la mayoría de las áreas. Desde los $15.000 millones que gastamos en el fracasado proyecto del Gran Túnel en mi ciudad de Boston a las decenas de miles de millones que gastamos todos los meses combatiendo en Irak, hay mucho gasto público innecesario que puede recortarse. El gasto que fue incluido en la ley de estímulo en muchos casos fue a parar a sectores que no estaban ni enfrentándose a un desempleo especialmente alto ni experimentando los declives más marcados en su actividad (por ejemplo, la salud, la educación y el desarrollo de energías alternativas).

El estímulo no consistía en mejorar la eficiencia económica sino en distribuir recursos hacia grupos de interés favorecidos. Si la administración Obama en realidad estuviera preocupada acerca de la educación, por ejemplo, debería haber promovido cambios en las políticas que mejoran los resultados al tiempo que ahorran dinero, tales como las reducir las restricciones sobre quién puede convertirse en un profesor. El gobierno en cambio decidió echarle dinero a los sindicatos de profesores. Parte de la ley de estímulo vino en la forma de recortes de impuestos, pero estos eran simplemente recortes de una sola oportunidad, más tendientes a redistribuir que a mejorar la eficiencia económica. Aunque el hecho de que el Estado le devuelva dinero a los ciudadanos es algo bueno, derogar el impuesto sobre las ganancias corporativas habría mejorado los incentivos a largo plazo y creado las bases para el crecimiento económico en el futuro. De igual forma, el estímulo podría haber consistido en la reducción de los impuestos al trabajo, lo cual habría alentado más contrataciones.

Mirando al futuro

El presupuesto del presidente Obama es por lo menos honesto; constituye un intento—sin titubeos—de reestructurar la economía estadounidense y expandir el rol del Estado.

Las proyecciones presupuestarias del gobierno parecen ser extremadamente optimistas. En particular, el ingreso extra que está siendo proyectado al derogar los recortes de impuestos de Bush no enfatiza lo suficiente en la respuesta dinámica de la economía a una tasa tributaria más alta. Enfrentados con impuestos más altos, la gente trabajará menos o se retirará de la fuerza laboral. Por el lado del gasto, las nuevas iniciativas seguramente costarán muchas veces más de lo proyectado: esa es la ley de hierro del gasto público. Estas dos situaciones combinadas significan que si Obama implementa la mitad de lo que ha propuesto, veremos déficits de billones de dólares en los próximos años.

Lo sorprendente del presupuesto es que nada de lo anunciado parece que mejorará la eficiencia de la economía. Nada parece ir en la dirección de la libertad. Nada parece tener fe alguna en los mercados. Todo es acerca de recompensar a los grupos de intereses: los sindicatos, los ambientalistas, los maestros y el sector de atención médica.

Para resumirlo, esta crisis fue—en su nivel más fundamental—el resultado de políticas estatales, no un fracaso del mercado. En el mejor de los casos las políticas públicas adoptadas. La lección para los tomadores de decisiones es por lo tanto clara: es mejor hacer nada que empeorar las cosas. En economía, como en la medicina, el mandato es “primero, no haga daño”.

Jeffrey A. Miron

martes, 15 de septiembre de 2009

Religulous


El día de ayer se estrenó por HBO el documental Religulous, realizado por el comediante Bill Maher. El mismo pretende abordar la problemática de la arrogante certeza religiosa vrs la actitud socrática -racionalista crítica- de la duda, de una forma entretenida y clara. A los que les interese el tema, no cabe la menor duda de que disfrutarán de la película.

A continuación les presentamos los avances de la misma:

lunes, 14 de septiembre de 2009

Tema polémico: la confesionalidad del Estado


Desde días atrás, se presentó un proyecto de ley que en ASOJOD queremos comentar. Se trata de la iniciativa del Movimiento por un Estado Laico, que procura modificar los artículos 75 -confesionalidad del Estado- y 194 -juramento constitucional- de nuestra Constitución Política.

En primer lugar, consideramos que se trata de un excelente esfuerzo por impregnar de racionalidad a la vida política costarricense y por separar, definitivamente, a la Iglesia y al Estado. San Agustín, en su escrito "La ciudad de Dios" hablaba de las dos espadas: la temporal, que estaba en poder del Emperador, y la divina, en manos del Papa, para referir, aunque fuera de una manera arcaica, la separación entre ambas entidades. A pesar que, en el fondo, esa disquisición agustina no fue más que una forma solapada de justificar las luchas de poder entre Papado e Imperio, resultó en un interesante aporte dentro de la Teoría Política que, para algunos pensadores, fue el punto de partida para iniciar la reflexión acerca de la conveniencia o no de que ambas "espadas" estuvieran en manos de la misma persona. Desde mediados del siglo XVI, comenzó en Europa un pequeño pero constante movimiento filosófico orientado a consolidar esa separación, primero con las luchas de los diferentes grupos religiosos para lograr reducir la injerencia de la Iglesia Católica en los destinos políticos de los estados-naciones que comenzaban a formarse y cristalizándose posteriormente con el influjo liberal de los siglos XVIII y XIX que garantizó la libertad de culto y la salida de la Iglesia de muchas áreas (administración de cementerios, educación, legalización del divorcio, etc) en muchos de los países.

A partir de eso, en las últimas décadas, los individuos de diferentes naciones han venido tomando la decisión de eliminar la confesionalidad del Estado, dando un paso importante hacia la libertad de culto y la sensatez política. Hoy día, Costa Rica es de los poquísimos países donde existe una religión oficial, siendo esta una muestra del anacromismo y el conservadurismo que caracteriza a nuestra cultura.

Por eso, en ASOJOD consideramos muy positivo que se abran las puertas a esta posibilidad, pues ya es hora que, de una u otra manera, se saque a la Iglesia Católica del manejo político del país. Esto porque la libertad de creencia ―y de no creencia inclusive―sólo puede darse cuando existe un Estado laico, ya que es la única forma de asegurar la igualdad jurídica. Cuando, en el seno de la organización político-jurídica, no existen preferencias irrazonables a favor de un grupo específico, sino que el mismo se erige como neutral y equitativo en su trato hacia los individuos, posiciones, creencias, valores, visiones de mundo y otros, es cuando se puede hacer efectiva una real libertad de creencia.

Pero también porque sin la confesionalidad del Estado, se acaba la estupidez de trasladar los recursos de los tax payers -independientemente de si comparten o no el credo católico- para financiar a esa Iglesia. En este año, el Estado aportó ¢244 millones para la Iglesia y para el año próximo, tal cifra aumentará hasta los ¢322 millones. Esto, indudablemente, es una aberración, pues implica hacer de unos los medios para que otros alcancen sus fines, principio que en ASOJOD hemos rechazado vehementemente.

Hay aún más razones para apoyar esta iniciativa, como lo es, por ejemplo, la ridiculez que resulta, en términos conceptuales y lógicos, la confesionalidad. El Estado no es una persona: no piensa, no habla, no come, no baila, no siente, no hace nada, porque es tan sólo una creación jurídica. En otras palabras, es una forma de organización política en que habitan una serie de individuos, todos ellos con diferentes criterios, opiniones, prácticas, pensamientos, intereses y valores. Como sólo esos individuos pueden tener una fe, lo que en realidad implica la confesionalidad es que la creencia de un grupo se imponga sobre las de otros grupos.

¿Qué significa esto? Que un conjunto de individuos se vale de su poder -político, económico, cultural, etc- para arrogarse la representación de todos en el pleno sentido de la palabra. O sea, hace uso de la falacia del todo, pretendiendo agrupar, bajo sus ideas, a un colectivo variado y plural, soslayando, sino aplastando, cualquier manifestación de disenso.

Esa situación está presente con la falacia ad numerum que alegan muchos católicos para justificar la confesionalidad. Aducen que, siendo que la mayoría de los costarricenses tiene esa denominación religiosa, resulta lógico que el Estado (el todo cohesionado y uniforme) tenga esa misma creencia. He aquí un elemento interesante: hacen pasar a la mayoría como un todo, cuando evidentemente, esto no es así. Y si eso no es suficiente, alegan que la mayoría, por su propia fuerza, tiene derecho a imponer lo que considere justo y deseable.

Un concepto como ese no puede más que generar el repudio departe de ASOJOD. La frase de Rand que adorna la parte final de nuestro blog, resume acertadamente uno de nuestros pilares fundamentales: "la menor minoría en la Tierra es el individuo". Como individualistas, rechazamos cualquier concepto holista, pero principalmente, negamos la validez de cualquier práctica tendiente a pisotear los derechos individuales, razón por la cual, jamás aceptaremos que la mayoría tenga el derecho de imponer medidas que violenten injustificadamente los tres elementos fundamentales de todo ser humano: su vida, su libertad y su propiedad privada.

Por eso no sólo estamos en contra de que se pretenda hacer pasar el criterio de unos (por más mayoría que sean) por encima de la posición individual, sino que también, condenamos el robo sistemático que ejecutan el Estado y la Iglesia cuando sustraen el dinero de las personas y lo utilizan en el mantenimiento de una fe que no comparten. Siendo así, apoyamos cualquier intento por sacar a dios, a la Iglesia -católica, evangélica, budista, taoísta, judía o cualquier otra- de la política. Quien quiera creer en esas cosas, que lo haga, pero que no pretenda hacer de su fe y su deidad, un parámetro para regular las relaciones entre individuos que no lo comparten.

No obstante, ya vemos que el camino que tendrá que recorrer este proyecto de ley será difícil: la Iglesia Católica ya ha salido amenazando a todo aquel político que respalde la iniciativa, levantando un polvorín y jugando con la ignorancia popular -al mejor estilo de la Edad Media-para preservar sus intereses a toda costa. Eso demuestra la influencia de la religión en la política costarricense, cuestión que ya hemos denunciado en ASOJOD como un verdadero peligro para la libertad y la sensatez del conjunto humano que habita en este país.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Entrevista a Pedro Schwartz

La siguiente es una entrevista a uno de los liberales contemporáneos más relevantes, Pedro Schwartz, consagrado ensayista, escritor, consultor, conferenciante.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Viernes de Recomendación


En las Ciencias Sociales existe un campo que ha sido poco explorado, se trata de los métodos basados en simulaciones, o la construcción de modelos basados en agentes o escenarios futuros. Estos métodos surgen principalmente en el marco de las teorías la complejidad y el caos, con el objetivo de explicar y predecir tipos de acontecimientos, uno de sus principales referentes es Robert Axelrod

ECONOMÍA: Cómo acabar con la inflación sin morir en el intento


En 1920, John Maynard Keynes, el padre del intervencionismo moderno dijo en su libro “The Economic Consecuences of Peace” que “No hay manera más sutil, ni medio más seguro para derribar las bases existentes de la sociedad que envilecer la moneda. El proceso envuelve todas las fuerzas ocultas de las leyes económicas del lado de la destrucción y lo hace de una manera que ni un hombre en un millón es capaz de preveer”.

Por más de treinta años los costarricenses hemos visto envilecer el colón con consecuencias nefastas para nosotros. Este envilecimiento de nuestra moneda se ha tornado aún peor desde que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) tuvo la ocurrencia de abandonar el sistema de minidevaluaciones y sustituirlo por un régimen de bandas cambiarias. Desde entonces, el diferencial entre compra y venta de la divisa se ha incrementado generando costos adicionales innecesarios para el sector productivo. Por otro lado, la volatilidad del tipo de cambio genera incertidumbre y mayores costos de producción reduciendo la inversión y generación de empleo. Además, la arbitrariedad en la intervención de las bandas cambiarias genera dudas sobre la honestidad del manejo de las mismas pues esos movimientos bruscos del tipo de cambio pueden generar ganancias multimillonarias para quienes sepan con anticipación el momento en que intervendrá el BCCR.

Como si esto fuera poco, el mal manejo de la política monetaria hizo que la tasa pasiva básica pasara de 15.75% en junio del 2005 a 4.25% en abril del 2008. Esta tasa es fundamental para la economía costarricense porque los préstamos en colones se ajustan de acuerdo al movimiento de la misma. Es decir, si la tasa pasiva básica sube, también sube la tasa de interés del préstamo en colones y por ende sube la cuota mensual del mismo. Es por esta razón que las mensualidades de los préstamos han subido de manera alarmante ahora que en abril del 2009 dicha tasa llegó a 11.50% luego de alcanzar el 12% en febrero de este año. El BCCR sabía que una tasa de 4.25% era insostenible y sin embargo la redujo de manera artificial creando una burbuja e ilusión de crecimiento económico.

Mucho más se puede decir de la pésima labor de la Junta Directiva del BCCR en el manejo de la política monetaria y por eso no es de extrañar que la economía costarricense tenga a febrero de este año una tasa negativa interanual de crecimiento del 4.9%.

Bien dice el Museo del Deutsche Bundesbank “El dinero juega un papel importante en nuestra vida diaria. Pero solo el dinero estable es un buen dinero”. Si hay mucho dinero en la economía se produce inflación y crecimiento artificial de la economía. Muy poco dinero produce deflación y contracción económica. El problema es que existen muchas definiciones de dinero: M0, M1, M2, liquidez total. Por ejemplo, M0 es la suma de los billetes y monedas físicas en circulación. M1 es M0 más los depósitos a la vista como cuentas corrientes. Es decir, puede ser que la “liquidez total” este creciendo mucho pero que M1 esté decreciendo. Entonces, ¿cómo saber si hay presiones inflacionarias en Costa Rica o no? Afortunadamente, esto es muy fácil de resolver de manera empírica.

En trabajos empíricos realizados por este servidor, demuestro que M1, y no la “liquidez total”, explica casi en un 100% la inflación en Costa Rica. Por tanto, para saber si hay suficiente dinero o liquidez sana en la economía basta con saber las tasas de crecimiento del dinero medido por M1. Por ejemplo, M1 creció a una tasa interanual del 13% en julio del 2008. Por eso no es de extrañar una inflación del 13.9% para ese año. Sin embargo, es alarmante saber que la variación interanual de M1 para marzo del 2009 es de -10.7%. En otras palabras, dado el crecimiento de M1 hasta la fecha, es falso sostener que la reducción del encaje bancario sobre los depósitos generaría presiones inflacionarias. Prueba de ello es que la inflación del mes de mayo, medida por la variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue de -0.12% y que el aumento del IPC acumulado en lo que va del año es de tan solo 1.04%. Es absurdo que siendo la variable M1 la definición de dinero que mejor explica la inflación en Costa Rica, el Banco Central no la mencione en el Programa Monetario ni como parámetro, ni como instrumento, ni como meta para alcanzar su objetivo de inflación.

Otro de los errores fundamentales que está cometiendo el BCCR en este momento es el instrumento que está usando para controlar el crecimiento del dinero. Es bien sabido en la ciencia económica que el uso del encaje bancario es un pésimo instrumento para controlar la cantidad de dinero en circulación. El encaje es un impuesto, aumenta el margen de intermediación lo que implica que eleva las tasas de interés para los préstamos y castiga al ahorrante con menores tasas. Además, estimula la proliferación del sector informal (“garroteras”) en el sistema financiero.

Por tanto, si el BCCR quiere acabar con la inflación sin que la economía, la producción y la inversión colapsen aún más, se debe eliminar el uso de encaje bancario como instrumento de control de la cantidad de dinero en circulación. En el caso que esto produzca un crecimiento importante en M1, el exceso se debe recoger con Bonos de Estabilización Monetaria (BEM) cuyo plazo de vencimiento debe coincidir con las necesidades futuras de liquidez de la economía. Es decir, si se recogieran 100 millones de colones con BEM y se sabe que la economía costarricense necesitará 100 millones de M1 adicionales en 18 meses para mantener una inflación nula, entonces el vencimiento del BEM debe ser a 18 meses. Solo así podremos acabar con la inflación sin morir en el intento.

Otra opción que tiene el BCCR para eliminar el uso del encaje mínimo legal y evitar presiones inflacionarias es que abandone el absurdo de incrementar las Reservas Monetarias Internacionales (RMI). Hace unos años, las RMI equivalían a más o menos un mes de importaciones. Ahora equivalen a unos 3 ó 4 meses. Pero, ¿de dónde obtiene el BCCR esta idea de que incrementar el nivel de reservas es deseable o bueno para la economía del país? ¿Acaso no sabe el BCCR que no existe fundamento teórico para mantener reservas monetarias? Desde un punto de vista político, el nivel de las RMI solo sirven para determinar el tiempo en que el gobierno puede intervenir, manipular y alterar artificialmente el tipo de cambio. Si es cierto lo que dice el programa monetario del BCCR que el gobierno busca la liberalización cambiaria, entonces el nivel de las RMI, medida como meses de importaciones, debería reducirse y eventualmente llevarse a cero. En otras palabras, si el BCCR desea acabar con la inflación reduciendo el crecimiento de la oferta monetaria, lo puede hacer bajando los niveles de las RMI. Cuando el BCCR vende divisas, recoge liquidez. No hace falta usar el encaje mínimo legal como instrumento de control monetario.

En aras de alcanzar un sistema cambiario libre, el BCCR debe buscar una legislación que permita la más absoluta libertad de transar divisas al punto que cualquier chinamo de frutas también pueda comerciar divisas. Hasta que esto no se logre, no se debe liberalizar el tipo de cambio.

Sin embargo, uno debe seguir los buenos ejemplos y para el mundo Panamá es un gran ejemplo de un sistema monetario sano y un sistema financiero sólido. Panamá es el país de la región que mejor ha enfrentado la crisis financiera internacional. Sus pilares son ausencia de banco central y un sistema financiero altamente competitivo. ¡Sigamos el ejemplo panameño en materia financiera y monetaria!

José Joaquín Fernández

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Una dosis de realidad

Para todos aquellos marcianos que habitan en otro planeta, que ingenuamente creen que Estados Unidos es el arquetipo de la libertad o el capitalismo, vaya sorpresa que se llevaran con este video. En el mismo se muestran todas las prohibiciones absurdas, que limitan la libertad de las personas, todo esto bajo el argumento de que a los individuos hay que protegerlos de ellos mismos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Nunca falta un idiota


Este martes, el periódico La Nación informa que el obispo de Cartago, Francisco Ulloa, pidió a los fieles no votar por los políticos que apoyan la eliminación de la confesionalidad del Estado. Pero la forma en que lo solicitó resulta increíble. En ASOJOD nunca habíamos visto que alguien demostrata ser tan idiota con tan sólo pronunciar una frase. Veamosla: "cuando un estado se vuelve ateo es capaz de cometer las peores injusticias y las más bajas aberraciones. De esto es testigo la historia”."

Si dios existiera, una cosa es cierta: que no no ha cumplido con las peticiones de iluminación que debe hacerle Ulloa, pues estupideces como esas no pueden resultar más que hilarantes. En primer lugar, el obispo no ha caido en cuenta que el Estado no se puede volver ateo porque no es una persona: el Estado no siente, no piensa, no cree, no baila, no come, no habla. El Estado no es otra cosa que un conjunto de individuos agrupados de determinada forma jurídico-política.

En segundo lugar, Ulloa olvida que varias de las más grandes aberraciones de la historia se han cometido en nombre de dios. Los europeos que "evangelizaron" América, no sólo exterminaron a los dioses indígenas, sino también a los creyentes; las guerras religiosas en el Viejo Continente fueron ejemplo de las más burdas carnicerías divinas. Hitler invocaba a dios cuando sacrificaba judíos. Y ni qué decir de la Inquisición, creación de la Iglesia Católica que terminó en el exterminio sistemático de todo aquel que, arbitrariamente, fuera tildado de hereje. Definitivamente llevaba razón Anhouill cuando decía que lo maravilloso de las guerras es que cada bando se cree el ungido por dios para matar en su nombre.

Lamentablemente, con la presentación del sensato proyecto para eliminar la confesionalidad del Estado -que ha resultado una bocanada de aire fresco en cuanto a la racionalidad en nuestra vida política se refiere- se ha convertido en un mecanismo para tomarle el pulso a las posiciones que genera. La de los fanáticos, irracionales, idiotas y necios como este prelado, son las que más nos hacen lamentar que todavía, en pleno siglo XXI, nunca falte un idiota.

En definitiva, a veces hay que reir para no llorar.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Tema polémico: la relación entre la ciencia y los medios de comunicación


Generalmente existe una relación entre la ciencia y los medios de comunicación (sobre todo los de la televisión), que presenta una visión ficticia sobre lo que es la ciencia y esto ocasiona falsas impresiones en los televidentes, que termina trayendo consequencias negativas para el nivel de alfabetismo científico de la población.

Esta visión ficticia se señala fácilmente en la presentación de las noticias científicas en segmentos de corta duración (unos cuantos segundos), a las cuales no se les da seguimiento y sin mencionarse siquiera la metodología utilizada en la investigación científica que se comenta en la noticia. Así, lo más importante para determinar si la investigación es válida o no, esto es, su metodología, no es presentada al público, sino que simplemente se presenta como “hechos” y no como hipótesis o investigaciones en progreso. Claro está, podría decirse, que de poco uso sería intentar presentar la metodología a la audiencia, ya que esta posiblemente no la entendería (tal vez ni siquiera la entienda el presentador de la noticia).

Sin embargo, en ese caso lo único que se pretende es que una persona crea en la noticia, sin saber el método por el cual se determinó su validez, simplemente porque se le presenta como un resultado “científico” y de esa forma se quiere que se crea ciegamente en todo aquello que se pone la etiqueta de ciencia. Lo único que provoca esto es que se forme una actitud acrítica con respecto a la forma de proceder de los científicos y se presente a la ciencia como un tipo de conocimiento cuya verdad es incuestionable (el caso de las encuestas políticas y las enfermedades es un ejemplo claro sobre como se caricaturizan las noticias científicas al ni siquiera mencionar los presupuestos metodológicos y epistemológicos que utiliza una encuesta o una investigación sobre la propagación de una enfermedad, por ejemplo, la gripe H1N1).

Evidentemente, esto dista mucho de lo que pretende ser el ambiente científico, donde cada una de las propuestas que hacen los científicos debería tomarse con cautela y siempre como algo provisional (aunque a algunos científicos se les olvide esto último). También resulta interesante que, durante las noticias, nunca se señalan las limitaciones teóricas de las investigaciones, por lo que la ciencia y la tecnología se confunden con "oráculos" que tienen respuestas a cualquier inquietud humana, cuando en realidad ha tomado varios siglos resolver ciertos problemas científicos de forma "satisfactoria".

Esta mala representación de la ciencia se da también cuando se le presenta como de consenso absoluto entre sus investigadores. Difícilmente, los medios de comunicación facilitan al público el conocimiento de que siempre hay distintas escuelas de pensamiento dentro de una misma disciplina, por lo que el televidente confunde la información que da un investigador como si fuera representativo del 100% de la comunidad científica. Esto se facilita, además, por el hecho de que las noticias casi nunca se presentan contrastando investigaciones científicas ni tampoco se distingue entre el uso cotidiano del lenguaje y el uso científico del mismo. En realidad, los medios acuden en esta forma a una falacia de autoridad, ya que desean validar los argumentos científicos bajo el pretexto de que así lo dicen los científicos, cuando en realidad no facilitan la posibilidad de que los usuarios desarrollen su capacidad crítica de argumentación.

Ahora bien, es claro que esta situación no es culpa exclusiva de los medios de comunicación, toda vez que estos también presentan las noticias de forma que le sean placenteras al público que las demanda. Así, lo que se puede concluir, es que la audiencia prefiere no desarrollar una actitud crítica en tanto le resulta más cómodo vivir con información que no tenga que cuestionar para no tener que hacer el esfuerzo intelectual. A su vez, dado que los medios tienden a parcializar la información (un ejemplo sería la crisis económica), se transforma en parte del status quo identificar el conocimiento científico con la visión científica que presentan los medios.

Dada esta situación, es difícil proponer una solución que mejore la forma en que se divulga el conocimiento científico, aunque no imposible. Internet, por lo menos, es un medio que facilita en forma casi instantánea cualquier tipo de información, siempre y cuando el usuario sepa donde buscar y le permite, si así lo quiere, hallar diferentes perspectivas sobre una misma investigación o hecho.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Gobierno nos dirige hacia una crisis fiscal

Voy a tomar prestado un tema que ha venido presentando de manera muy acertada mi colega bloguero de El Financiero, Allan Rodríguez, y es el de la preocupante acumulación de deuda y gasto deficitario que está generando el gobierno.

Casi la mitad del presupuesto de la República presentado el martes pasado por el ministerio de Hacienda se financia mediante deuda, es decir, el gobierno no generará los recursos a través de impuestos y tendrá que recurrir a pedir prestado. Cuando eso ocurre, suben las tasas de interés, puesto que el Estado acapara el crédito disponible, en detrimento del sector productivo que es el que genera riqueza.

El gobierno apela al cuento de que las finanzas públicas se han deteriorado debido a la caída en ingresos producto de la crisis económica mundial. Si bien efectivamente ha habido una disminución en la recaudación de impuestos, el grueso del boquete fiscal es el resultado de que el gobierno ha soltado irresponsablemente las llaves del gasto, el cual aumentó en un 22% en el último año (ver gráfico).

Y la borrachera del gasto y el endeudamiento continúa. El gobierno ahora está proponiendo financiar la banca de desarrollo con deuda. El nuevo presupuesto crea 5.632 puestos nuevos en el sector público, de los cuales casi la mitad serán puestos de maestros–cuando más bien la matricula escolar va a la baja–principalmente de artes plásticas, música y educación física. Cualquier malpensado diría que el gobierno está tratando de nutrir a un gremio (educadores) que siempre ha sido base del PLN de cara a las elecciones. También se planea aumentar el presupuesto de las universidades estatales en un 10% a pesar de que la economía nacional se va a contraer este año.

Todo este festín del gasto nos ha llevado a tal grado de apretazón presupuestaria que ahora el gobierno pretende apelar al endeudamiento para pagar los gastos corrientes del Estado. La ministra de Hacienda afirma irresponsablemente que esta es la única solución al faltante de recursos. El gobierno también pretende eliminar la cláusula que prohibe que el endeudamiento en dólares supere un 20% del total de la deuda pública. No puede haber una idea más peligrosa que aumentar el endeudamiento público en dólares, puesto que cualquier devaluación del colón incrementaría significativamente el peso de la deuda.

El gobierno nos lleva a toda velocidad hacia una crisis fiscal. ¿Quién lo detiene?

Juan Carlos Hidalgo


viernes, 4 de septiembre de 2009

Viernes de Recomendación

Este viernes les recomendamos está presentación de Aaron Clarey sobre capitalismo. En esta presentación de 2 horas y 10 minutos dividida en 14 videos, Aaron Clarey explica los argumentos filosóficos y lógicos del capitalismo y sus grandes ventajas en comparación con el socialismo. Además, explica cómo funciona la mente de un socialista y presenta métodos para contrarrestar sus argumentos. Obligada para todos los que creemos en la libertad, el libre mercado y el capitalismo.

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