martes, 6 de octubre de 2009

En Vela


Mientras Brasil, de la mano de Lula, se yergue como líder en América Latina, en alas de la paz, la democracia, el deporte y el desarrollo económico y social, como quedó plasmado en Copenhague, el viernes anterior, Hugo Chávez, que pretendió serlo con la fementida Alba, se hunde en el descrédito y el miedo. El tragicómico usurpador de Bolívar y saqueador de la riqueza petrolera de Venezuela, es hoy el delirante líder de un régimen intervencionista y narcoterrorista. La amenaza real e inmediata para América Latina.

Sus tentáculos ya están en Costa Rica mediante su patético embajador, Néstor Pineda, conocido en autos, instrumento ideal de Chávez para mofarse de nuestro pueblo, cuyo único logro ha sido rodearse de un grupo de acólitos: “educadores”, comejenes de sacristía, políticos, entrevistadores universitarios y otras yerbas, prontos a firmar documentos para justificar la violación de la libertad de expresión y de los derechos humanos en Venezuela. Este comisario diplomático estableció aquí, el martes pasado, la llamada “Base de paz”, como en Cuba y Nicaragua, extensión de las “casas bolivarianas”, para atacar al Gobierno de EE. UU. y, por supuesto, al gobierno de Uribe por el pecado enorme de combatir en su suelo el narco y el terrorismo.

He aquí la reedición a todo vuelo del lenguaje orwelliano; esto es, de la corrupción de las palabras y de los conceptos, propio del marxismo-leninismo, en la era del imperio soviético y sus colonias. Así “Base de paz” en Costa Rica significa, ni más ni menos, que “base de violencia e intervencionismo”, financiada por Chávez y endosada por un grupo de “siervos menguados” ticos, quienes, según Pineda, lo visitaron para comunicarle que querían “un Chávez en Costa Rica”. Los esponsales de unos ticos serviles y baratos, y de un agente de Chávez, que usa su investidura diplomática para intervenir en los asuntos internos de Costa Rica.

Esta intervención llegará a su clímax en nuestra actual campaña política. No habrá terceras cajas, transportadas, como en Honduras, en aviones venezolanos, sino “bases de chequeras”, ya instaladas. Para el candoroso Vinicio Cerezo, expresidente de Guatemala, estas presunciones o temores son paranoia chavista, como dijo en Radio Universitaria. Quienes han visto y leído, y saben lo que Costa Rica es y significa, este anuncio del embajador de Venezuela y las proclamas desenfadadas de su coro de ticos representan un llamado oportuno al pensamiento y a la acción en nuestro Estado de Derecho. Para algunos ticos, reconocidos por su campaña, desde el 2005, contra la institucionalidad democrática y el proceso electoral, esta es la última oportunidad. “Costa Rica necesita un Hugo Chávez”. El embajador de Venezuela ha sido transparente.

Julio Rodríguez

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