martes, 27 de octubre de 2009

¡Huele raro!


Ayer por la tarde, Karla González presentó su renuncia como Ministra de Transportes y Obras Públicas, luego del accidente ocurrido la semana anterior y que produjo la muerte de 5 personas. Según González, los pasajeros del autobús cruzaron el puente "amparados a su derecho de creer que la principal responsabilidad y valor ético del Estado y la sociedad civil, es la de salvaguardar sus vidas. Tenían toda la razón de hacerlo y es una expectativa a la que como Estado nunca deberíamos fallar. Pero fallamos”.

Siguiendo las palabras de la ex-Ministra, habría que suponer que, bajo esa "responsabilidad y valor ético del Estado" le correspondía al Gobierno, y particularmente al MOPT y sus dependencias, todo lo relativo a la condición en que se encuentran los puentes. No obstante, según informaciones de Repretel, en 2006 se creó la Dirección de Puentes, órgano que ha recibido hasta la fecha, la friolera de ¢13.535 millones pero los 1.330 puentes del país -incluyendo el que se vino abajo- están en condiciones críticas. Sin embargo, según su Directora, esa oficina se creó “no para resolver la actividad del mantenimiento de los puentes, competencia del CONAVI y de las municipalidades, sino como un ente técnico del MOPT como rector para dar asesoría técnica en el tema específico de los puentes.” ¿Entonces qué hace con el presupuesto que recibe? No lo sabemos, pero lo cierto es que no lo utiliza para diseñar, construir, reparar o revisar la infraestructura correspondiente.

¿Será que, ante este desaguisado, González decidió renunciar? ¿Le habrá dado un "ataque" de ética y responsabilidad después de traspiés como los intentos por prohibir el porteo, la platina o el terrible estado de la infraestructura vial? ¿O será que la "renunciaron" para no afectar la campaña del continuismo de Laura Chinchilla? Sólo el tiempo nos dará la respuesta.

No importa cuál sea la respuesta, el problema no es responsabilidad únicamente de González ni de este Gobierno. Es un problema estructural que descansa en la enorme dispersión de fondos públicos, programas e instituciones, que termina por hacer que no se cuente con los recursos para hacer bien pocas tareas (seguridad e infraestructura) pero sí para pagar los caprichos de los sindicalistas de JAPDEVA, las consultorías del BCIE, la repitencia de los alumnos de Avancemos, la programación del SINART, los bailes de la Compañía Nacional de Danza, los instrumentos musicales de las escuelas, el subsidio a Nery Brenes para que corra, las condonaciones de deudas a agricultores ineficientes, el salario de miles de empleados públicos que van a sus oficinas sólo a calentar el asiento, el negocio con los Certificados de Ahorro Tributario (CAT), las comisiones de CCSS-Fischel e ICE-Alcatel, entre otros tantos ejemplos de la forma en que el dinero de los tax payers es desperdiciado.

Mientras ese entramado de burocracia, despilfarro, corrupción y perversidad exista, seguirán escaseando los fondos para reparar calles, caminos y puentes, así como para dotar de equipo y personal a la Fuerza Pública para que nos proteja de los delincuentes. Y, por supuesto, seguirán presentándose casos donde muera más gente, porque en su afán de hacerlo todo, el Estado costarricense termina haciendo nada.

3 comentarios:

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Puentes asesinos
• Porque caerse… se van cayendo

Periódico La Nación

Orlando García Valverde
Miércoles 19 de noviembre 2003
noviembre, 2003. San José, Costa Rica. ércoles 19 de noviembre, 2003. San José, Costa Rica.

Creo que nos quieren matar. ¿Quién? No lo sé, pero lo siento. No lo sé porque no tiene nombre propio, no tiene ojos, no tiene cuerpo, no está en ningún sitio, pero parece que está en todos, como sucede con “el Estado”, “la república”, “la municipalidad”, “la dirección”, “la contraloría”, “el concejo”. ¿Sabe alguien a quién le toca garantizar nuestra integridad y seguridad cada vez que pasamos por un puente? No, ¿verdad? Nadie lo sabe, pero es alguien que ha puesto un rótulo que dice: “Peligro, puente en mal estado. Cruce a su propio riesgo” o algo así en uno que otro puente; se diría que es la mano de advertencia del Ángel de la Guarda, pero, ¡no!, es la mano de alguien que más bien nos dice: “¡Pase!”; alguien que sabe que en una de nuestras pasadas, hoy o mañana, podemos caer al vacío y no quiere impedirlo; ese quiere matarnos.
Por varios años, porque me consta, ha estado ahí un tal rótulo pegado sobre un pilar del puente colgante a la salida de Orotina rumbo a Puriscal; ahí los pobladores me han dicho que, si no muere uno del impacto, cuando se caiga, muere comido por los cocodrilos en el río. La última vez que pasé por él lo hice temblando y me propuse nunca más volver a cruzarlo. Tonto sería si lo hiciera. Pero hay gente que necesita pasar por ahí y, si no lo hace, puede perder su trabajo y pasar hambre; eso también es criminal. ¿Qué creen ustedes que significa “Pase bajo su propio riesgo”? ¿No es esto lo mismo que decir: “Mátese, pero bajo su responsabilidad”? ¿No le están diciendo a uno que ese riesgo que se menciona ahí es la misma muerte? ¿Qué puede ser ese riesgo como no sea que se caiga el puente y que no va a ser responsabilidad de nadie, sino de uno?

Estamos en peligro. No sabemos a quién le importamos en medio de un puente, pero sí que estamos en peligro. Nos lo dicen con esos rótulos y nos lo dicen los puentes que se desploman, que han sido generosos: aún no han matado. En un lapso cortísimo se ha desplomado el de la Catarata del Ángel, que era nada menos monumento histórico (si el enemigo público permite que se caiga un monumento histórico, ¿qué le va a importar que me caiga yo?) y el de la comunidad de la parte baja de Los Anonos, otro en Desamparados, otro en Cartago, aparte de algunos menos visibles, supongo, porque caerse… se van cayendo.

Recuerdo que hace tiempo un ingeniero previno en la televisión acerca de defectos que se habían encontrado en el puente junto al estadio Saprissa y no sabemos si era cierto o no, si hay actualmente algún defecto o no, si se hizo algo al respecto o no; y he oído rumores acerca de defectos en el puente Rafael Yglesias sobre el río Colorado y acerca de otros que yacen bajo un nubarrón de dudas. Vemos muchos sin barandas ¿para ver si alguien cae de ellos? Y vemos puentes peatonales que no usan los peatones y menos si son más entrados en años, porque sus escaleras no son amigables y su aspecto general es, a mis ojos, antiestético. ¿Qué es, fobia a las rampas? ¿Menosprecio por los contribuyentes?

Los muertos pagan. El 5 de marzo del 2001 cayeron al río Duero en Portugal dos automóviles y un autobús con pasajeros al desplomarse un puente de metal, con lo que se acusó al Gobierno por negligencia y renunció el ministro de Obras Públicas; pero ¿quién pagó? Los 70 muertos.

Quizás esté un poco aprensivo, signo de los tiempos; es decir, en cuanto al asesino que quiere matarnos. Quizás no haya mano humana en esto, que en todo caso sería inhumana, y tal vez sean los puentes mismos los que se han confabulado para acabar con esa carga que les imponemos cotidianamente. Pero si alguien no nos quiere matar, de verdad que lo parece y que tarde o temprano podría lograrlo.

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Este artículo publicado en el periódico La Nación del 2003 este ciudadano sabe más de puentes que la ex Ministra y los asesores que se gastaron casi 1400 millones en asesorías, por eso el PLUSC es lo peor que nos ha pasado a los costarricenses en los últimos 25 años.
Saludos

Roy Jiménez Oreamuno dijo...

Por cierto este ciudadano desde el 2003 sabe más de puentes que la misma ex ministra del MOPT y de los 1400 millones de colones que se gastaron en asesorías, y ahí estaba documentado la caída anunciada del puente que costó 5 vidas ¿y quién las paga? Una renuncia las paga, no creo.
Saludos