lunes, 16 de noviembre de 2009

Tema polémico: alimentos transgénicos


Para este Tema polémico queremos abordar el tópico de los alimentos transgénicos, controversia bastante extendida en Europa y Estados Unidos y que, últimamente, se ha trasladado a América Latina como parte del discurso de "seguridad alimentaria".

Antes de fijar una posición, es importante resaltar que, en el 2001, la Unión Europea publicó un resumen de 81 estudios científicos en el cual se establecía que todos concluían que los procesos tecnológicos detrás de los transgénicos “probablemente los hacen más seguros que los cultivos tradicionales de plantas”. En el 2005 la Organización Mundial de Salud concluyó que “es improbable que los organismos genéticamente modificados presenten más riesgos para la salud humana que sus contrapartes convencionales”. En 2007, Indur Goklany en su libro The Improving State of The World argumenta que los beneficios de los transgénicos exceden sus potenciales perjuicios y señala que hoy en día la agricultura constituye el 38% del uso de la tierra y 85% del consumo de agua fresca.

Esta información nos lleva a sacar varias conclusiones. En primer lugar, no se ha encontrado evidencia alguna que determine, categóricamente, que los alimentos genéticamente modificados sean nocivos para la salud, por lo que las protestas realizadas por nuestros compatriotas -en la UCR o en la ANEP- o por otras personas en distintas latitudes, son infundadas.

En segundo lugar, es obvio que si uno está genuinamente preocupado por el medio ambiente y el hambre en el planeta, lo ideal sería producir más alimentos en menos tierra. ¿Cómo se hace eso sin la ayuda de los transgénicos? Expandiendo la cantidad de tierras bajo cultivo y utilizando aún más agua. Gabriela Calderón ndica que "si no se utilizan transgénicos, el área bajo cultivo a nivel mundial aumentará por lo menos en 182 millones de hectáreas (Mha). No obstante, si se permite la biotecnología, la cantidad de tierras bajo cultivo podría más bien ser apenas de 193 Mha para 2050". En otras palabras, al reducir la presión sobre la tierra cultivable se arrasarían menos bosques, se eliminarían más latifundios (si es que eso en realidad fuera un problema) y, por la propia naturaleza de los alimentos transgénicos, se necesitarían menos pesticidas y fertilizantes, lo cual redundaría en menor impacto ambiental.

Una tercera conclusión se obtiene a partir de los resultados de los alimentos genéticamente modificados. Un caso interesante es el Algodón Bt en la India: este país es el tercer productor más importante de algodón en el mundo y este es uno de los cultivos que más pesticidas requiere. En 1998, algunos agricultores se enteraron de que el rendimiento podría aumentar entre 14 y 38% sin necesidad de rociar los cultivos y desesperados por una tecnología más confiable y por su supervivencia, plantaron algodón Bt ilegalmente en alrededor de 10.000 hectáreas. El gobierno amenazó con confiscar y quemar la cosecha pero finalmente no lo hizo y para marzo de 2002 legalizó el cultivo de ese transgénico. Una encuesta realizada en 2003 había demostrado que el rendimiento por hectárea había aumentado en un 29%, reducido el uso de pesticidas en un 60% y aumentado las ganancias netas de los agricultores en un 78% en comparación a los agricultores que no utilizaron el algodón transgénico. El algodón Bt resultó ser bueno para el agricultor, el medio ambiente y el consumidor.

En realidad, la evolución genética es una constante de la naturaleza. Ya Darwin, Mendel y gran cantidad de científicos lo han demostrado con sus investigaciones. Reiteramos: no se ha demostrado que sean nocivos para la salud, permiten producir más y en menor espacio y con menos químicos, agua y trabajo y, finalmente, ofrecen mejores resultados. Así, si la evolución genética siempre se ha dado ¿por qué tanto escándalo con los transgénicos? En ASOJOD creemos que ocurre lo mismo que con el calentamiento global y demás tragedias similares: con base en la ignorancia, el miedo, los prejuicios y la aversión al progreso y, en especial, a la tecnología, algunos trasnochados buscan impulsar su carrera política, apelando al romántico regreso a siglos pasados, donde todo era en pequeña escala.

En algún momento, Montaner había utilizado el ejemplo de los amish, recordando aquellos pintorescos personajes que "reproducen el mundo dulcemente rural del siglo XVIII. Por las razones que sean (casi todas religiosas) los amish odian el progreso y el consumo". Pareciera que no son los únicos.

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