jueves, 31 de diciembre de 2009

ECONOMÍA: Los costos del populismo


Mucha gente cree que los gobiernos populistas no pueden hacer daños permanentes si el pueblo reacciona racionalmente y los sustituye al final de sus mandatos. Esta gente también tiende a creer que los costos del populismo los cargan los inversionistas mientras que los trabajadores reciben beneficios.

La gráfica adjunta desmiente estas dos suposiciones con tres casos muy claros en Latinoamérica-Nicaragua durante el primer régimen Sandinista, Perú bajo los gobiernos populistas de los años ochenta, y Venezuela durante los gobiernos populistas de los años noventa. La gráfica muestra los salarios reales promedio de los trabajadores de estos países (reales significando ajustados por la inflación), tomando como 100 el nivel que tenían en el año 2000. Note usted que como resultado del régimen Sandinista el salario real en Nicaragua cayó de 362 en 1980 a 47 en 1989, el último año de la primera vuelta del Sandinismo. Como se ve en la gráfica, Nicaragua ya no pudo recuperar ni siquiera la mitad de los salarios reales que tenía antes del Sandinismo.

Un ejemplo similar es el de Perú, en donde los salarios reales también cayeron de una manera espectacular y en donde éstos no se han podido recuperar en los años siguientes a pesar del crecimiento fuerte de la economía peruana en los últimos años. Finalmente, puede verse cómo los salarios cayeron durante los años populistas de Carlos Andrés Pérez en Venezuela y no se han recuperado durante los años del aún más populista Hugo Chávez, a pesar del enorme boom que han experimentado los precios del petróleo, que aunque han bajado recientemente, aún así son mucho más altos que lo que eran a fines de los noventas.

¿Qué es lo que pasa en estos países? El problema es que el populismo afecta la economía negativamente de dos maneras. Primero, reduce la actividad económica en general. Segundo, tiende a deprimir los salarios reales porque los inversionistas, asustados por las amenazas y las agresiones reales de los gobiernos populistas, invierten sólo en aquellos negocios que les puedan dar retornos rápidos y altos para compensar por el alto riesgo de pérdidas que existe en regímenes demagógicos. Esto naturalmente resulta en salarios bajos. El tratar de forzar alzas de salarios sólo resulta en desempleo, ya que los inversionistas prefieren no invertir a hacerlo con salarios más altos que les pueden llevar a pérdidas si las amenazas del gobierno se concretan en expropiaciones, o en los abusos de autoridad que son tan característicos de los gobiernos populistas. En esta situación, los inversionistas ganan menos aunque ganen más por dólar invertido, ya que invierten una proporción menor de su capital.

¿Quién gana de esto? Nadie. El riesgo creado por el populismo y la agresividad contra los inversionistas es un costo inútil —sólo le baja los salarios a los trabajadores, las utilidades a los inversionistas y el desarrollo a la población en general.

El gobierno está no sólo tratando de incrementar la carga tributaria en un momento de crisis —que es lo último que debe hacerse en una recesión— y está asustando a los inversionistas pasando medidas que introducen arbitrariedad en el cobro de los impuestos. Además, está usando un lenguaje agresivo contra los inversionistas. Todo esto crea costos a la economía, reduce aún más la inversión en un momento en el que se necesita urgentemente, y tiende a reducir tanto el empleo como los salarios reales de la población. Todo pareciera diseñado para causar una crisis económica y social todavía más grave que la que existe en este momento. Y la gente todavía parecer no darse cuenta de que el ataque a la inversión resulta en mayor desempleo y menores salarios reales. Y menos todavía de que si en este proceso de desorden el caos se apodera del país, como sucedió en los países en la gráfica, la economía y los salarios reales no se recuperarán por muchos años.

Manuel Hinds

martes, 29 de diciembre de 2009

Delirios de poder


Hace más o menos cuatro años, en el fragor de una ardua campaña política, el entonces candidato Arias se refirió al movimiento libertario como un grupo fascista. Estando cercano a aquél, me sorprendió su afirmación, pues estaba considerando la posibilidad de votar por él para presidente y por los libertarios para diputados.

Siempre he respetado al señor Arias tal vez porque aprecio a las personas que se han educado en buenas universidades y porque a don Oscar lo tenía como persona culta y de un pensamiento amplio. Por ello nunca pude concebir cómo era posible que esa persona tan “culta” pudiera cometer un error histórico de tal bulto, como fue identificar políticamente al liberalismo clásico del movimiento libertario, con el fascismo que empujó al mundo libre a la segunda guerra mundial. Esperaba tal identificación de parte de algún palurdo inculto, pero no de alguien que hubiera pasado por las aulas universitarias inglesas y que, asumía yo, en su carrera de ciencias políticas, habría oído hablar de Karl Popper o leído sus comentarios acerca de la persecución que hizo el nazi-fascismo de los liberales alemanes. Popper, Hayek y muchos otros liberales europeos tuvieron que huir de Europa en donde fueron perseguidos por el fascismo, como enemigos a quienes se debía eliminar físicamente.

Con el paso de los años veo cómo el delirio por el poder puede hacer que hombres inteligentes, educados y cultos lleguen a cometer errores de tal calibre. Por esa razón histórica no le di mi voto al señor Arias, de lo cual hoy no me arrepiento. Más arrepentido estoy de no haber escrito esto antes, pues de nuevo hay señales, en el grupo elegido para el continuismo en el poder, de mentes que planean asociar al candidato libertario con alguna especie de mesías o líder fascistoide, cuando lo cierto es que su historia política ha estado siempre en defensa de la libertad, que tanto apreciamos los costarricenses. Que alguien circunstancialmente cercano a él piense en que en algún grado posee tal “liderazgo”, eso no significa que esté ungido por un Júpiter tonante para dirigir las huestes en una reconversión fascista que podrían anhelar algunos.

La independencia del candidato –que esté libre de “los andamios y de las muletas” como aquel mismo candidato alegó alguna vez, ganándose el aprecio de los hombres y mujeres libres- es vital, pues, a diferencia de las monarquías o del priismo latinoamericano, los costarricenses no creemos que el poder simplemente se delega a quien se parió como un escogido. Por ello es que el “elegido” o “elegida” ni siquiera aparece en la palestra pública discutiendo ideas, analizando propuestas y sólo cuando le conviene dice que difiere del poder presidencial, apenas musitando entre dientes un “no estoy de acuerdo” con el todopoderoso, a sabiendas de que, si en verdad se opusiera con independencia e hidalguía, podría perder el favor del que otorga el privilegio, aunque tal vez ni siquiera le cederá el poder.

Quiero pensar que nuestro sistema político está mucho más maduro y que es necesaria la discusión de ideas, para que así los costarricenses podamos escoger mejor quién ha de presidir los poderes ejecutivo y legislativo. Tal vez soy un iluso, pues lo que prima es la conquista del poder a cómo haya lugar, aunque sea en medio del delirio por retenerlo.

Carlos Federico Smith

lunes, 28 de diciembre de 2009

Tema polémico: ¿no era que defendían el libre comercio?


En este Tema polémico, queremos abordar un caso que verdaderamente nos deja perplejos: los mismos empresarios que hace unos años defendieron el TLC con Estados Unidos, hablando de las ventajas de la competencia y de los beneficios de importar más y mejores productos provenientes de otros mercados, ahora están pegando el grito al cielo con el TLC con China. El último capítulo de esta confusa historia es que el Gobierno de Costa Rica renunció a aplicar medidas antidumping y salvaguardas de protección en el intercambio comercial con ese país asiático.

El dumping o competencia desleal se presenta cuando las empresas de un país bajan los precios de sus productos exportados para que, cuando ingresen a otros países, se encuentren comparativamente, a un mayor alcance del consumidor, con la intención de sacar del mercado a los productores locales. Según los creyentes de esta premisa, la competencia es desleal si "A" baja el precio de sus productos a tal punto que "B" no pueda hacerlo sin operar con pérdidas.

Esta premisa merece un análisis detenido: en primer lugar, pretende hacer creer que la "perversidad" de la competencia descansa en el hecho de que un productor procure beneficiar al consumidor con precios menores. Pero ¿no es ese el objetivo del comercio: satisfacer las necesidades de consumo? En segundo lugar, es cierto que la oferta de un bien a un precio menor que el del mercado local puede ser el resultado del incumplimiento de regulaciones pero, en todo caso, ese es un problema jurídico y no económico que debe ponderar el consumidor a la hora que adquiere el producto, y no el Estado pretendiendo decirle qué puede y qué no puede comprar.

Además ¿no sé supone que la liberalización del comercio, se basa en la reducción de la intervención estatal y, en especial en la eliminación de las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio? Si esto es así, ¿por qué se mantiene abierta la posibilidad de aplicar salvaguardas y medidas antidumping que, en todo caso, descansan en la fijación de obstáculos para desestimular el comercio de ciertos bienes y servicios? Pero, aún con todas esas inconsistencias, se habla de firmar Tratados de Libre Comercio.

Ahora bien, el caso costarricense es muy curioso, no sólo por la confusa posición de algunos sectores empresariales frente al acuerdo comercial con China, sino también por las incoherencias que acabamos de explicar. ¿No era que en el país se defendía el libre comercio? Lamentablemente, la respuesta es negativa. Además de la estructura mercantilista que caracteriza a nuestros negociadores y gobernantes, autorizando la apertura de algunos sectores pero protegiendo a otros de la competencia, existen serias confusiones conceptuales que inciden en la política comercial costarricense, como la equivocada pretensión de beneficiar al productor, en lugar del consumidor.

En ASOJOD defendemos el libre comercio y, como tal, consideramos que el sentido del comercio es satisfacer las necesidades del consumidor. Así las cosas, si un productor es capaz de ofrecer bienes a precios que el consumidor encuentre atractivos y, está en la voluntad de ambos realizar un intercambio, entonces que se haga. Si un consumidor estima inaceptable algún método o práctica utilizada en la producción de un bien, simplemente no lo comprará, pero si a otro le resulta indiferente y desea adquirirlo, tiene el derecho de hacerlo. Esa es la maravilla del libre intercambio en el capitalismo: cada individuo vota con su dinero, decidiendo a quién premiar y a quién castigar.

Sin embargo, cuando es el Estado el que establece restricciones al comercio, está imponiendo las preferencias y valores de unos sobre los de otros. Esto es precisamente lo que ocurre en Costa Rica: unos queriendo impedir que los costarricenses compremos bienes y servicios a mejores precios, simplemente porque desean proteger sectores específicos de la producción y buscan cualquier oportunidad para beneficiar a unos a costa de los demás. Por eso, en ASOJOD denunciamos que Costa Rica está muy lejos de ser un país que defiende el libre comercio.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Viernes de recomedación


Para este Viernes de recomendación queremos ofrecerles un ensayo de Francisco Rosende, titulado "Las instituciones en el crecimiento económico", que enfatiza en la conclusión de intelectuales como Douglas North y Ronald Coese, relacionada con la importancia de "reglas del juego" claras y estables en la generación de riqueza dentro de una sociedad.

jueves, 24 de diciembre de 2009

ECONOMÍA: EE.UU.: ¿Transparencia para quién?


Según una mayoría de políticos y numerosos economistas, parte de la responsabilidad de la crisis actual nace de la falta de transparencia de nuestro sistema financiero. Muchos se dieron cuenta, a posteriori, de que los productos estructurados que todo el mundo estaba contratando eran demasiado complejos para que la gran masa de población los entendiera. La gente estaba comprando deuda subordinada de Lehman Brothers sin saberlo, de ahí que tras el colapso, lo perdiera todo sin ser demasiado consciente de ello.

La implicación que quiera hacerse de la reflexión anterior es que si la gran masa de población hubiese tenido acceso a toda la información, la habría sabido utilizar adecuadamente y se hubiese abstenido de comprar productos que en muchos casos sólo eran aire. Implicación que sin duda hace las delicias de todos esos cándidos economistas que se han rendido a esa abstracción llamada “hipótesis mercados eficientes”, esto es, la pirueta financiera que supone que los precios de mercado concentran toda la información disponible en todos los rincones del espacio intergaláctico desde que se prendiera la llamita del Big Bang; ese disparate teórico que deja inexplicadas las mayores fortunas del planeta por cuanto su estricto cumplimiento haría imposible que Warren Buffett ganara un centavo que no viniera justificado por un arrebato de riesgo.

Frente a ello, cabe simplemente reconocer que la capacidad del ser humano para captar, seleccionar, procesar y comprender información es limitada y por tanto que las decisiones de los seres humanos —y los precios son fruto de una decisión— son falibles. Más información no habría necesariamente arreglado el problema, y para comprenderlo sólo hace falta fijarse en el comportamiento reciente de la gente ante otras burbujas sobre activos algo más sencillos —como la bolsa o los inmuebles.

La información que proporciona una empresa sobre su estado o sus productos debería ser la que le exijan sus accionistas o la que pacte con sus clientes. Ambos valoraran en cada momento sí creen estar suficientemente informados o si carecen de los datos necesarios para actuar sin asumir excesivos riesgos. Lo único que cabe exigirle a la empresa es que cuando proporcionan información, sea cierta.

Por desgracia, toda la avalancha de regulaciones públicas que se avecina simplemente va a multiplicar los costes y a reducir la autonomía de las empresas para adoptar su estrategia empresarial. Y como ya aprendimos con la ley Sarbanes Oxley, esto puede tener consecuencias negativas e inesperadas: que se pregunten por qué el volumen de recompras apalancadas de empresas —responsable en parte del elevado endeudamiento de muchas corporaciones estadounidenses— aumenta desde 2002 mucho más rápido en EE.UU. que en Europa y por qué las OPVs durante la crisis financiera fueron notablemente menores.

Lo llamativo del asunto no es ya la corta visión o la ausencia total de escrúpulos de nuestros gobernantes, sino su descarada hipocresía a la hora de proponer este tipo de reformas. Uno querría pensar que si se pretende obligar a las empresas a ser más transparentes a costa de su rentabilidad, los propios políticos aceptarían ser más transparentes a costa de su comodidad. Pero no. Hete aquí que, como ya creía Mandeville, los vicios privados se transforman en virtudes públicas. Lo que a los empresarios les resulta exigible, a los políticos les es excusable. Por ejemplo, ¿cuál es una de las entidades más opacas del mundo en relación con el poder que ostenta? Así, a bote pronto, se me ocurre la Reserva Federal, ese monopolio de emisión de la primera divisa mundial que no debe someter a auditoría ni los acuerdos alcanzados con otros bancos centrales, ni las deliberaciones de sus reuniones, ni las transacciones habituales de refinanciación de los bancos. ¿Y acaso piensan que su presidente, denodado defensor de un mayor control sobre el sector privado, está muy por la labor de que prospere esa valiente iniciativa legislativa encabezada por el congresista Ron Paul para arrojar cierta luz sobre su oscuro modus operandi?

Obviamente no. Hace poco, Bernanke escribía en el Washington Post que la aprobación de esa ley sólo serviría para “incrementar la influencia que la gente percibe que tiene el Congreso sobre la política monetaria, lo que socavaría la confianza que el público y los mercados depositan en la Fed para actuar a largo plazo en beneficio de la nación”. Por lo visto, Bernanke valora más su discreta autonomía para diseñar la política monetaria que la de los empresarios para perfilar sus estrategias y cree que también es más importante a la hora de “restaurar y sostener la recuperación económica”. Precisamente por descabelladas ideas como esta, de las que son presa por curso forzoso los estadounidenses, es por lo que sí tiene sentido auditar la Fed y exigirle más transparencia.

Mr. Bernanke, la verdad, nos habría sido tremendamente útil a los ciudadanos saber si cuando en 2005 proclamaba que no había ninguna burbuja inmobiliaria en EE.UU. mentía como un bellaco o se sinceraba como un ignorante. Lástima que no tuviéramos por entonces acceso a sus interesantes deliberaciones con Mr. Greenspan. Tal vez, por mucho que le pese, si la HR 1207 sale adelante, las cosas empiecen a cambiar.

Juan Ramón Rallo

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Crecimiento, gasto público y libre mercado


A finales del 2008 el mundo se estremeció por la crisis financiera iniciada en EE.UU.. Ésta definitivamente se tradujo en un reto para los defensores del libre mercado y las políticas de liberalización económica, ya que la mayoría de países del mundo decidió incrementar el gasto público como medida para contrarrestar sus efectos. En EE.UU., baluarte del liberalismo, el gobierno anunció que respaldaría a importantes empresas del ramo financiero y automotriz, en defensa de un nacionalismo trasnochado.

En América Latina la mayoría de países anunciaron medidas de carácter contra cíclico cuyo principal objetivo consistía en incrementar la demanda vía un mayor gasto público, básicamente en infraestructura. Casi todos los analistas de la región vieron con buenos ojos este anuncio, se presentó como una solución “original” y harto solicitada.

La crisis llevó a pensar que la idea de mercados libres era inestable, injusta y destructiva, creó el caldo de cultivo ideal para los partidarios de un Estado interventor capaz de decidir por nosotros lo que es mejor para la maximización de nuestra función de utilidad. La hecatombe económica permitió resurgir las ideas de John Maynard Keynes y otra serie de economistas políticos que la historia ha demostrado se equivocaron en sus recomendaciones.

Los políticos presionados por la opinión pública, los medios de comunicación y principalmente su ignorancia se volcaron a buscar medicinas rápidas para la enfermedad y se pensó que lo mejor era aumentar el gasto público. Sin darse cuenta que esto terminará magnificando la crisis.

De manera por demás absurda también se ha planteado el incremento en la regulación de los flujos financieros y operaciones realizadas por empresas de este ramo. Esto corre en contra de la evolución natural de la economía de la información y el conocimiento. No existen leyes e instituciones capaces de regular adecuadamente estas actividades, lo mejor sería dejar que los mercados operaran libremente. Mayor regulación implica la creación de mayores burocracias y por ende despilfarro de recursos.

Esta serie de circunstancias permite realizar, aunque sea brevemente, un recuento de ideas para sustentar que el crecimiento económico no puede ser impulsado de forma permanente por un incremento en el gasto público, ya que para financiar dicho gasto se requiere de un incremento en los impuestos, un aumento del endeudamiento público o en el peor de los casos un aumento del circulante, lo que a la postre es de carácter inflacionario.

Adicional a esto, la mayoría de entidades gubernamentales en América Latina son percibidas por la ciudadanía como altamente corruptas –según la última entrega del Índice de Percepción de la Corrupción publicado por Transparencia Internacional– con lo que es posible que el gasto termine fluyendo hacia actividades que no son necesariamente rentables. Aún más, como Milton Friedman ya lo anticipara en su magistral libro, Capitalismo y Libertad: desde una oficina pública es imposible saber dónde y cuáles inversiones se deben realizar.

La fuente de creación de riqueza, el determinante próximo del crecimiento es el trabajo y conocimiento con el que cuenta cada uno de los agentes económicos. Bajo este escenario el Estado debería abocarse únicamente a crear las condiciones para una operación eficiente de los mercados. Los gobiernos deben velar porque las reglas se cumplan y ésta función la deben desempeñar con la menor cantidad de recursos posible. Se requiere de menos y no más Estado.

Los promotores de la intervención gubernamental creen que las inyecciones de dinero incrementan la demanda y por ende la producción, pero ¿de dónde provienen los recursos para sostener el gasto? Cada unidad monetaria que los gobiernos inyectan a la economía debe ser obtenida de mayores cargas impositivas o bien del endeudamiento. No se crea nuevo poder de gasto, sino que se redistribuye de un grupo a otro.

Quienes están a favor de un mayor gasto estatal consideran que el dinero se traslada de aquellas personas que ahorran a las que gastan, conduciendo a un mayor gasto. La verdad es que el gobierno no puede crear poder de compra de la nada, simplemente redistribuye el existente. ¿Es eficiente el traslado de poder compra? Definitivamente no lo es ya que la única asignación eficiente es la realizada por mercados libres.

Sin embargo, debe reconocerse que el gasto gubernamental al alterar la composición de la demanda total tiene un impacto sobre el crecimiento. Por ejemplo puede fomentar el consumo a expensas de la inversión con lo que el crecimiento de largo plazo se vería alterado a la baja ya que lo que se necesita es incrementar la cantidad de bienes y servicios producidos. De hecho se ha demostrado que el gasto público tiene la capacidad de desplazar las inversiones privadas y en consecuencia desalentar el crecimiento.

El crecimiento económico se produce cuando crece la productividad total factorial como resultado de mejoras en las máquinas y herramientas, inversión en nuevos equipos, incorporación de conocimiento y progreso técnico. La calidad del gasto gubernamental, entonces estará en función de la forma en la que afecta a estos factores.

De acuerdo con Brian Riedl de la Heritage Foundation, históricamente el mayor gasto público ha reducido la productividad y el crecimiento de largo plazo, debido a: 1) el gasto es financiado por impuestos y estos reducen los incentivos para trabajar, ahorrar e invertir, lo que resulta en una clase trabajadora menos motivada y empresarios reacios a colaborar con un gasto del que no saben su destino. En muy pocas ocasiones el gasto gubernamental incrementa la productividad lo suficiente como para compensar la perdida de la misma como consecuencia del alza impositiva; 2) frecuentemente el gasto social reduce los incentivos para elevar la productividad ya que fomenta el ocio y el desempleo, evidentemente si se combinan los impuestos con los subsidios tenemos una vía directa a la reducción de la productividad y del crecimiento económico; 3) cada unidad monetaria utilizada por los políticos implica una unidad monetaria menos asignada por las fuerzas del mercado dentro de las áreas más productivas del sector privado. Por ejemplo, puede que usen los recursos para favorecer las actividades del partido político que los llevó al poder, generando un gasto que no contribuye a elevar la productividad; 4) la provisión de servicios públicos por parte del gobierno, la mayor parte de las veces es menos eficiente de lo que podría ser si fueran suministrados por el sector privado. Para el caso de América Latina, basta con ver las condiciones actuales del sector educativo y de salud público.

En conclusión el crecimiento económico no puede verse estimulado por decisiones que se toman desde una agencia central. El crecimiento es el resultado de individuos y empresas que operan bajo condiciones de mercados libres.

En América Latina, Chile es un excelente ejemplo de las ventajas que ofrece la libertad económica. Éste país es hoy en día un ejemplo para el resto de naciones del continente; no sólo ha incrementado su crecimiento, junto con ello a mejorado el bienestar de la población. Las políticas de libre mercado y sería mucho más enfático de libertad real son el único camino conocido para el crecimiento económico.

Por libertad real me refiero a que debe existir ausencia de coerción en todas las esferas de la vida y no en unas cuantas. Por ejemplo, en México desde principios de los ochentas se abrieron los mercados al comercio internacional, se promovió la venta de empresas públicas y se desreguló gran parte de la actividad económica; no obstante, persisten límites a la libertad, los ataques a la misma son constantes. El Estado sigue siendo el único agente en el sector petrolero y de energía eléctrica, se fijan salarios mínimos al trabajo y se congelan por decreto el precio de importantes productos como el maíz, el gas y las gasolinas. Para rematar se acaba de aprobar un presupuesto para el 2010 que incrementa el déficit público y financia el gasto a través de mayores impuestos y endeudamiento público. La libertad no puede ser a medias, tiene que ser total, de lo contrario el crecimiento continuará siendo mediocre

Isaac Leobardo Sánchez

lunes, 21 de diciembre de 2009

Tema polémico: ¿descubrir el rostro a los delincuentes?


El Tema polémico de hoy queremos dedicarlo a la medida propuesta de mostrar el rostro de los “delincuentes” en los medios cuando son detenidos por la policía. En ASOJOD estamos muy conscientes de la preocupación que existe en la ciudadanía a causa del incremento en la delincuencia rampante de los últimos años y que es necesario modificar procedimientos y leyes para que verdaderamente el delincuente pague las consecuencias de sus actos. Sin duda, consideramos que es responsabilidad del Gobierno, tomar las medidas necesarias para que las personas puedan caminar por las calles y dormir tranquilamente sin el temor de que les quiten su propiedad o inclusive la vida, sin embargo tenemos nuestro propio criterio respecto al punto de "descubrirle" la cara a los sospechosos.

Desde hace varios meses, Otto Guevara ha dicho que una de las medidas que quiere poner en práctica si llega a ser presidente es la permitir que los medios de comunicación muestren el rosto de las personas que atrapa la policía durante el proceso de detención. Este anuncio ha sido de mucho agrado para una muy buena parte de las población costarricense y le ha sumado muchos votos a don Otto, sin embargo, en ASOJOD creemos que esta medida atenta contra los derechos de las personas, fomenta la persecución política y es muy contraproducente para el proceso judicial.

Esta medida es una clara violación al principio de inocencia que dice que todos somos inocentes hasta que se nos demuestre lo contrario. Cuando la policía entra a una vivienda a detener a una persona es porque un juez así lo ha permitido, dado que hay evidencias suficientes para considerar a esa persona como sospechosa del crimen, sin embargo, esto no quiere decir que esa persona sea culpable. Una simple declaración de alguien puede ser suficiente para que la policía detenga a una persona y esta declaración bien podría no tener bases sólidas. Luego del debido proceso se puede concluir que esa persona es inocente pero, si su rostro fue enseñado anticipadamente, el daño a su reputación y su familia es algo que el Estado no puede enmendarle con facilidad, aún pagando indemnizaciones.

Otra gran consecuencia de esta medida es que puede poner en riesgo el debido proceso. Una de las herramientas más utilizadas y efectivas para resolver un crimen es el uso de testigos que, al ver el rostro de la persona, pueden hacer declaraciones sólidas y contundentes. Al mostrar la cara de la persona por los medios, se pone en riesgo el uso de testigos durante el proceso porque el posible delincuente no solo pudo haber sido visto en el lugar de los hechos dado que su identidad fue revelada por medios masivos de comunicación. Imagínese una confusión en la que un supuesto testigo cree reconocer al delincuente pero está viciado porque observó el rostro en algún otro lugar.

El problema de la inseguridad ciudadana no es simplemente un tema de percepción como dice nuestro presidente Oscar Arias. Es un problema real que aqueja a todos los costarricenses y creemos que hay que aplicar mano dura contra la delincuencia, sin embargo, no debemos caer en el extremo de contrariar las disposiciones procesales ni de poner en peligro el juicio para encarcelar a los amigos de lo ajeno. Consideramos que la etapa de investigación es y debe seguir siendo privada, para evitar apelaciones, prejuicios y violaciones al Estado de Derecho y que la única fase pública debe ser el juicio.

Ahora bien, coincidimos en la propuesta del ML respecto a publicar un registro de delincuentes, una vez condenados, pues los costarricenses tenemos derecho a saber quiénes tienen una condena en firma o quienes la han purgado, a fin de tomar las precauciones del caso. Los padres tienen derecho a saber si los maestros que educan a sus hijos son personas decentes y correctas o, si por el contrario, son violadores o pedófilos. Igualmente, el transeúnte tiene derecho a conocer a los carteristas, cadenistas, "chapulines" y demás delincuentes callejeros para estar pendientes cuando caminan en la vía pública. Asimismo, todos los ciudadanos deben tener acceso, por ejemplo vía electrónica en la página web del Poder Judicial, a ese archivo delincuencial para saber a qué atenerse cuando se relaciona con otras personas.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Michael Polanyi, el sabio


Einstein quedó muy impresionado con el trabajo del entonces joven Polanyi sobre termodinámica según le escribió a Georg Breding y, a partir de ese momento, el precursor de la teoría de la relatividad mantuvo asidua correspondencia con Michael Polanyi durante los siguientes veinte años, quien, con el tiempo, fuera aclamado en lo círculos académicos más destacados de todo el mundo, primero por sus contribuciones a la química, rama en la que se doctoró en su tierra natal, en la Universidad de Budapest, y luego como filósofo de la ciencia y estudioso de la economía (él dice que por suerte en estas últimas áreas fue un autodidacta, de lo contrario hubiera sido perjudicado debido a las nociones que prevalecían en la época). Su primera monografía académica, que concitó la atención en círculos especializados, la publicó a los 19 años, titulada “Contribuciones a la química del líquido hidrofálico”.

Cuando se vio forzado a emigrar primero de Hungría y luego de Alemania debido a su doble condición de judío y liberal, se radicó en Inglaterra donde primero se desempeñó en la cátedra de química y física desde 1933 a 1948 en la Universidad de Manchester, casa de estudios que estableció la cátedra de ciencias sociales para satisfacer las nuevas inclinaciones intelectuales de Polanyi y, en 1958 comenzó a enseñar en Oxford hasta su muerte en 1976. Escribe este autor que su verdadera vocación comenzó a ponerse de manifiesto en 1946 con sus estudios sobre cuestiones sociales y epistemológicas.

Son innumerables sus trabajos en estas áreas de su segunda vocación, tan prolíficas o más que sus publicaciones en la primera. Tal vez puedan destacarse como las obras y colecciones de ensayos que mayor difusión han adquirido Personal Knowledge, The Logic of Liberty, The Tacit Dimension, Full Employment and Free Trade, Knowing and Being, The Study of Man (tres conferencias que según el autor pueden ser leídas como una introducción al primero de los libros mencionados) y, en 1972, le pidió ayuda a su colega Harry Prosch para reunir y publicar una serie de sus últimas conferencias que aparecieron bajo el título de Meaning. En no pocos de sus trabajos se pone en evidencia su alto grado de religiosidad (se convirtió al cristianismo, influido entre otros autores por dos que, coincidentemente, en su momento habían impresionado vivamente al que estas líneas escribe, por los mismos motivos y por los mismos textos: las confesiones religiosas de Tolstoi y el célebre quinto capítulo del quinto libro de Los hermanos Karamazov de Dostoyevski).

En un artículo naturalmente no es mucho lo que puede decirse sin quebrar las normas del espacio disponible, pero quisiera resaltar brevemente un aspectos clave que constituye el eje central pensamiento de Polanyi, un sabio, es decir, aquel que sabe en profundidad aún admitiendo con la necesaria humildad del verdadero conocedor la vasta ignorancia que siempre quedará por cubrir a los humanos. Un personaje que influyó decisivamente a la fundación de la Mont Pelerin Society junto a Hayek, von Mises, Popper, Robbins, Knight, Machlup, Harper, Friedman, Stigler, Hazlitt, Read, Rueff, Röpke y tantos otros prohombres del liberalismo (como ex integrante del Consejo Directivo, digo que es de esperar que esa entidad no acentúe síntomas y ciertas manifestaciones recientes por las que parece desdibujarse su espíritu debido a procedimientos en gran medida atribuibles a la incorporación de algunos miembros que nada tienen que ver con la “academia internacional” con la que soñó Hayek, aunque, afortunadamente, hay quienes se esfuerzan por elevar la puntería).

El antedicho aspecto anunciado que resultó calve consiste en lo que se conoce con el nombre de “el orden espontáneo” y que luego ha sido trabajado y desarrollado por otros autores pero que explica los fundamentos de la libertad o del orden natural que es lamentablemente desconocido de manera reiterada por la presunción del conocimiento de planificadores que pretenden coordinar, manejar y diseñar los millones de arreglos contractuales que a diario tienen lugar en sociedades abiertas.

En este sentido es menester reproducir un pensamiento de Polanyi tomado de su antes mencionado The Logic of Liberty de 1951: “Cuando vemos un arreglo ordenado de las cosas, instintivamente asumimos que alguien lo ha colocado intencionalmente de ese modo. Un jardín bien cultivado debe haber sido arreglado; una máquina que trabaja bien debe haber sido fabricada y ubicada bajo control: ésta es la forma obvia en el que el orden emerge [...] Pero existe otro tipo de orden menos obvio basado en principio opuesto. El agua en una jarra se ubica llenando perfectamente el recipiente con una densidad igual hasta el nivel de un plano horizontal que conforma la superficie libre: un arreglo perfecto que ningún artificio humano puede reproducir según el proceso gravitacional y de cohesión [...] Cuando el orden se logra entre seres humanos a través de permitirles que interactúen entre cada uno sobre las bases de sus propias iniciativas tenemos un orden espontáneo en la sociedad. Podemos entonces decir que los esfuerzos de estos individuos se coordinan a través del ejercicio de las iniciativas individuales y esta auto-coordinación justifica sus libertades en el terreno público [...] El ejemplo más extendido del orden espontáneo en la sociedad —el prototipo del orden establecido por una ´mano invisible´— estriba en la vida económica basada en el conjunto de individuos en competencia”.

Michael Polanyi fue el pionero en explicitar la función de los precios como trasmisores de información dispersa y del énfasis en que buena parte de esa información por su naturaleza fraccionada es conocimiento tácito, es decir, no articulable por la persona en el “spot”, de lo cual luego se dedujo que el fracaso de la planificación estatal no se debe a la falta de memoria en los ordenadores ni a la complejidad de los procesos sino a que la información sencillamente no está disponible antes de que el sujeto actuante procede en consecuencia.

Puede con razón afirmarse que todos los problemas del estatismo y el totalitarismo en general derivan de que los diagramadores de vidas y haciendas ajenas no perciben la propia ignorancia y la pretensión de omnisciencia cuando ninguna persona sabe a ciencia cierta como procederá al día siguiente puesto que las circunstancias son siempre cambiantes e imprevisibles.

Como bien apunta Ernst Cassirer: “no hay duda que el dogma es el antagonista más pavoroso del conocimiento; no es la ignorancia como tal sino la ignorancia que pretende pasar por conocimiento, esta es la fuerza que infringe un daño mortal al saber”. La conciencia del propio desconocimiento es un primer paso muy fértil para poder incorporar alimento intelectual, pero la cerrazón mental, el dogmatismo, el fanatismo, las ortodoxias, las ideologías y la superstición no tienen arreglo y constituyen los peligros más contundentes para una conversación razonada y, consecuentemente, alzan una formidable e infranqueable barricada contra la civilización. El continuo ejercicio del lateral thinking, el mantener los reflejos alerta, la viva curiosidad por examinar lo nuevo y la gimnasia del cuestionamiento y la repregunta son condiciones básicas para el progreso humano.

Resulta conmovedor comprobar el esfuerzo de personas como Polanyi por explorar avenidas y abrir caminos en soledad en medio de dramas personales consecuencia de persecuciones que, precisamente, se deben de la soberbia planificadora del fruto del trabajo ajeno y la insultante y denigrante arremetida contra la dignidad del ser humano.

Aquellas personas que comulguen con el ideario socialista pueden voluntariamente reunirse para suscribir todos los convenios que juzguen pertinentes al efecto de acatar decisiones de mandones que administren sus vidas y colectivizar sus haciendas, pero, en derecho, no pueden incorporar por la fuerza a quienes veneran la libertad y, por tanto, mantienen el sentido de autorrespeto, dignidad y responsabilidad individual y que comprenden que la solidaridad y ayuda al prójimo es con recursos propios y no con los ajenos. Pero para que subsista la libertad es menester entender de qué se trata y defenderla diariamente con fundamentos sólidos, puesto que como escribió Thomas Jefferson “El precio de la libertad es la eterna vigilancia” y este clima de libertad pude resumirse en el aforismo latino del common law en el contexto del derecho como un proceso de descubrimiento y no de diseño humano: sie utere tuo ut alienum son laedas (usa lo que es tuyo, siempre que no dañes lo que pertenece a otros).

Y en otro terreno, el militar, tengamos muy en cuenta que para ganar la batalla en el campo moral —el más relevante y definitivo— debe aplicarse el debido proceso y nunca imitar los procedimientos aberrantes de los terroristas y totalitarios. En este sentido, debe subrayarse lo inaceptable de la tortura sobre lo que he escrito mucho en base a autores tales como el precursor del derecho penal Cesar Beccaria, el filósofo Michael Ignatieff y el Juez Andrew Napolitano, pero en esta ocasión consigno la excelente línea argumental que desarrolla Eric Maddox, el oficial estadounidense que localizó a Saddam Hussein en 2003 con procedimientos que no incluyeron la tortura, un método que Maddox considera no solo incivilizado sino inconducente, todo ello en su libro sobre esa misión que le fue encomendada.

Desde 2300 años antes de Cristo en que en Sumeria se usó por primera vez la palabra libertad en inscripción cuneiforme, se viene escribiendo, declamando y reclamando esta bendición y a pesar de que desde 1920 en que Ludwig von Mises explicó la imposibilidad de todo cálculo, evaluación y contabilidad en el sistema socialista, hay quienes persisten en este dislate, pero, como queda dicho, su imposición no debe abarcar a quienes prefieren lo realista y humano que brinda la sociedad abierta. Asimilando los gobernantes del momento a la figura de Catilina que intentaba lograr alguna posición en el poder a cualquier precio, podemos decir con Cicerón en la apertura de su primera catilinaria: “¿Hasta cuando Catilina abusarás de nuestra paciencia?”.

Hace ya tiempo, anticipando las barrabasadas del bufón del Orinoco hoy en funciones rodeado de sus esbirros y alcahuetes, se publicó en Venezuela Analítica de Caracas un artículo mío titulado “El síndrome del poeta” donde señalaba lo que ahora quiero enfatizar nuevamente. Hay personas de gran sensibilidad como habitualmente son los novelistas, pintores, escultores, músicos, sacerdotes y poetas que, en no pocos casos, al hacer referencia a cuestiones sociales, con la mejor de las intenciones, desvarían de un modo que resulta francamente patético —similar en magnitud al dislate de las recetas trasnochadas de políticos de carrera— y cuando, por ejemplo, un economista de buena voluntad se acerca e intenta refutar lo dicho, el personaje en cuestión suele defenderse sosteniendo que sus objetivos son mucho más sublimes que “la ley de la oferta y la demanda”, “los rendimientos decrecientes”, el “multiplicador bancario” o las “ventajas comparativas”. De este modo se produce una encerrona imposible de sortear: en verdad lo constructivo sería que el sujeto en cuestión se abstenga de incursionar en lo que desconoce o que, antes de pronunciarse, destine tiempo para repasar conceptos clave. Michael Polanyi es una buenísima fuente para consultar el marco ético de una sociedad libre.

Alberto Benegas Lynch

viernes, 18 de diciembre de 2009

Viernes de recomendación


En este Viernes de recomendación, queremos ofrecerles un entretenido pero efectivo texto titulado "Yo, el lápiz", de Leonard Read, donde se explica claramente el proceso del mercado y la utilidad del sistema de información que este genera para que los individuos puedan tomar decisiones económicas, al tiempo que aclara la metáfora de la "mano invisible" y explicita el concepto de orden espontáneo que tantas veces hemos usado en ASOJOD. Esperamos lo disfruten

jueves, 17 de diciembre de 2009

El ICE: mal de nunca acabar


A pesar de haber llegado a un supuesto acuerdo en casa presidencial, el ICE sigue sin entregar las frecuencias de radio, impidiendo así la entrada de nuevos competidores al mercado de las telecomunicaciones. Es importante recordar que dichas bandas pertenecen al Estado y no a la institución, esta es la desnaturalización de la cosa pública que hemos visto a lo largo de los años, los ejemplos sobran.

Esta actitud merece un fuerte repudio, desgraciadamente no podemos decir que nos encontramos sorprendido. La fruta nunca cae muy lejos del árbol.

ECONOMÍA: El socialismo mata


Swaminathan Aiyar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14,5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula "El socialismo mata".

Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3,5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1,49.

Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos —primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia— tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada. En otras palabras, liberalizaron decididamente sus economías. Al cabo de apenas una generación, los resultados que exhibían eran pasmosos: disminución drástica de la miseria y la ignorancia, mejora en todos los índices de desarrollo humano y surgimiento de unos robustos sectores sociales medios.

Presionados por esa inocultable realidad, los hindúes hicieron su reforma y abandonaron las fallidas supersticiones del socialismo, primero tibiamente, y luego con mayor ímpetu comenzada la década de 1990, hasta llegar a convertirse hoy en un actor de primer rango internacional que compite en precio y calidad con la China, a la que comienza a disputarle la condición de gran fábrica del mundo (No olvido la sorpresa de unos amigos que necesitaban contratar un servicio de ventas telefónicas en América Latina y acabaron pactando con la sucursal de una compañía hindú radicada en Cochabamba, Bolivia).

Es importante que los economistas latinoamericanos saquen la cuenta de cuánto nos cuestan los experimentos socialistas en sangre, sudor y lágrimas. Cuánto han pagado y pagan los argentinos por los tercos experimentos del peronismo. Cuál fue la inmensa factura pagada por la sociedad peruana durante la locura de Velasco Alvarado, la nicaragüense con el sandinismo o Cuba con su medio siglo de estalinismo.

La medición podía hacerse a partir de la experiencia chilena: ¿qué hubiera pasado en toda América Latina si los pueblos de nuestra cultura hubieran hecho una reforma económica como la llevada a cabo por los chilenos, iniciada durante la dictadura de Pinochet, pero sabiamente mantenida por los gobiernos de la democracia? En 1959, por ejemplo, Cuba tenía un tercio más de ingreso per cápita que Chile y más o menos la misma población. Hoy Chile triplica el ingreso de los cubanos, su población es un treinta por ciento mayor, y el país sudamericano se ha convertido en la secreta meta y destino de miles de cubanos que han conseguido instalarse allí, incluidos unos cuantos hijos de la clase dirigente convencidos de que el barco de los hermanos Castro se va a pique a corto o medio plazo.

¿Somos capaces los latinoamericanos de aprender en cabeza ajena? Con algunas dificultades, parece que sí. Perú, por ejemplo, es hoy el país que más crece en el continente, y eso se debe a que, de manera creciente, los últimos tres gobiernos peruanos han tenido el sentido común de inspirarse en el vecino Chile y abandonar paulatinamente las viejas prácticas del socialismo estatista. Eso significa menos pobreza y mejores estándares de vida para la inmensa mayoría de la sociedad. Sin embargo, lamentablemente, la racionalidad sigue siendo un bien escaso en nuestro mundo. Mientras los peruanos, como los chilenos, se mueven en la dirección que dicta la experiencia, Hugo Chávez y sus cómplices del socialismo del siglo XXI reinciden en el disparate. Insisten en hacerles daño a sus conciudadanos, convencidos de que los guían en la dirección de la gloria. No se han enterado de que el socialismo mata.

Carlos Alberto Montaner

martes, 15 de diciembre de 2009

En Vela


Sepan los diputados del PLN de la Comisión de Nombramientos de la Asamblea Legislativa y quienes, hasta hoy, la han apoyado, dentro y fuera, que su ardid contra Miguel Gutiérrez Saxe para descalificarlo como Defensor de los Habitantes y para favorecer a su candidata, solo tiene dos nombres: corrupción y cinismo. Nada más.

No me refiero a la corrupción política como favorecimiento pecuniario, sino –lo que es igual y, quizá, peor– como desnaturalización de la función pública para favorecerse a sí mismo o a otros, prostituyendo un procedimiento de selección, o bien, variándolo anticipadamente en el caso del nombramiento del Defensor de los Habitantes. La carta de Miguel Gutiérrez, que hoy publica La Nación , verifica la excelencia moral e intelectual, y la valentía del autor, valores suyos reconocidos de sobra en la sociedad costarricense, en la política nacional, en el Estado, en la academia y en el exterior.

Esta carta lo contiene todo y debe llenar de vergüenza a los patrocinadores y estrategas de esta patraña. Leí la entrevista en este “concurso”, un modelo de entereza y de dominio de la materia. Sin embargo, un vivillo lo calificó con un 0 en la entrevista (posiblemenente se calificó a sí mismo). Otros dos le pusieron un 50 (insuficiente). El ensayo le mereció un 40... No se reconocieron sus galardones nacionales e internacionales, y los mismos calificadores rechazaron su conocimiento en materia de derechos humanos por cuanto si bien “había dado” lecciones dentro y fuera del país, “no las había recibido”(sic). Había que pararlo y, es obvio pensarlo, favorecer, a toda costa, a la candidata oficial. Un diputado del PLN ya había anunciado oficialmente el juego, según consta en actas: “Vamos a permitir el concurso, pero nuestros votos van a ser para la compañera diputada”… Es decir, una farsa. ¿Es decente llegar a un cargo público (magistratura moral) con estos antecedentes?

Comento los hechos, los dichos, de singular importancia en la vida nacional, por cuanto reflejan un estilo político y una conciencia moral que nos han causado daños irreparables. Me refiero a la instrumentalización de la función pública al margen del bien común y a una de las lacras peores en el arte del gobierno y de la política: la ausencia de crítica personal o institucional, honrada y objetiva, en la aceptación, aspiración, ofrecimiento o elección de cargos públicos; esto es, la función pública no como servicio, sino como negocio o simple prolongación del currículo personal. La corrupción comienza aquí. No hace falta poner ejemplos, pues los hemos sufrido en el pasado y acabamos de reeditarlos en el presente.

Todavía hay tiempo para despedirse con honra del parlamento.

Julio Rodríguez

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tema polémico: el abuso del marchamo


Todos los años, en diciembre, el Estado hace su mejor agosto y decide saquear los bolsillos de los costarricenses. Uno de estos “cobros” es el marchamo, al cual le deseamos dedicar nuestro tema polémico del día de hoy.

El marchamo es el “derecho” a circulación, esto lo que significa es que todos aquellos vehículos que no tengan al día el pago del marchamo no podrán circular de forma legal a lo largo del territorio nacional. Acá encontramos la primera objeción a dicho cobro: es increíble pensar que en Costa Rica los contribuyentes deben pagar, vía impuestos a los combustibles, la construcción y el mantenimiento de la red vial, para que, además, le carguen un impuesto para poder circular en ellas. Esto resulta absolutamente ridículo, ¿no deberían tener derecho gratuito a circular por las calles aquellos que pagan por las mismas? Así, el derecho de circulación se convierte en una concesión graciosa que otorga el Estado.

Pero más absurdo resulta que el Estado, a través de la restricción vehicular, prohíba la circulación a quienes pagan la construcción y mantenimiento de las vías y, además, pagan un marchamo. ¿Y se reducen los 52 días al año que uno no puede circular del pago del marchamo? No.

Como si eso no fuera suficiente, todavía se cobra un impuesto a la propiedad de vehículos en el marchamo. Como todos saben, este impuesto es proporcional al valor del vehículo, de forma que cuanto más caro este, más alto el monto a pagar. Esto no puede resultar más que absurdo, pues quién no hay una razón para esa configuración: ¿quién dice que por ser más caro un vehículo el mismo debe circular más o pagar más?

Por estas razones, en ASOJOD creemos que este tipo de cobros abusivos deben finalizar: preferimos que los ciudadanos se queden su dinero en sus billeteras y que con él puedan perseguir aquellos fines que consideren más deseables, en lugar de ser víctimas de la expoliación estatal, a la luz de una ficción jurídica que únicamente pretende ensanchar las arcas del mismo

viernes, 11 de diciembre de 2009

Viernes de Recomendación


El día de hoy les presentamos el libro titulado "La Economía en una Lección" del filósofo y economista estadounidense Henry Hazlitt. Este libro explica, de manera muy clara, la forma en funciona una economía de mercado.

jueves, 10 de diciembre de 2009

martes, 8 de diciembre de 2009

"En guerra avisada no muere soldado y si muere, es porque quiere"


Nosotros creemos en la seguridad alimentaria y en los subsidios a empresas (...) Vamos a violar todas las normas de libre comercio por lo tanto no puedo firmar el documento con esa previsión” dijo Ottón Solís en un foro que tuvo lugar hoy, en el Hotel Radisson, donde los candidatos presidenciales se reunieron, por invitación de la ONU, para conversar sobre los Objetivos del Milenio.

Además de negarse a firmar la versión original de esos Objetivos, Ottón Solís los criticó y emitió la frase antes consignada. ¿Será que Ottón, al igual que con el TLC, pedirá renegociar los Objetivos del Milenio? ¿Pedirá también la renegociación del Protocolo de Kyoto y de la Carta de las Naciones Unidas? No lo sabemos. Pero lo que si sabemos es que cada vez es más claro el panorama que nos pinta Ottón sobre lo que haría si quedara como Presidente de la República: violentar la libertad, planificar la organización sociopolítica de Costa Rica para modelarla a su gusto, irrespetar las normas establecidas, saturar de impuestos y, en fin, crear el "paraíso" intervencionista en la tierra.

Quedamos avisados los costarricenses que votaremos el próximo 7 de febrero de 2010: "en guerra avisada, no muere soldado y si muere, es porque quiere".

Los riesgos a la propiedad privada



Como en este país somos expertos en copiar las malas ideas, queríamos advertir de un nuevo concepto que amenaza con poner en peligro absoluto la propiedad privada. En Estados Unidos se ha desarrollado el concepto de: "Eminent Domain", el cual permite que el Estado expropie a sus ciudadanos para permitir el desarrollo de proyectos PRIVADOS que el ominisciente planificador central considera deseables para la ¿sociedad?

Es cierto que en Costa Rica la propiedad privada puede ser expropiada para impulsar proyectos estatales de interés general, pero de ninguna forma se puede el Estado expropiar para darle esa zona a entes privados para que desarrollen sus actividades privadas.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Tema polémico: vendedores informales


A propósito de los recientes enfrentamientos entre los vendedores informales y la Municipalidad de San José, en este Tema polémico queremos aportar una reflexión desde la óptica liberal.

En ASOJOD pensamos que lo acaecido en los últimos tiempos entre ambos bandos es lamentable y consideramos que, en todo caso, se equivoca el Alcalde Johnny Araya en tratar de sacar de la calle a estos venderoes. ¿Por qué? Porque puede aplicar toda la coacción que desee, pero siempre seguirán apareciendo vendedores informales, toda vez que la actividad que realizan significa la única forma de obtener el sustento de sus familias. Esto es así porque, como lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, los costos de formalización de los negocios son muy altos en Costa Rica, por cuanto existen innumerables trámites que implican fotocopias, traslados, días de espera, pago de permisos, etc. que no están al alcance de los que menos tienen. Además, aún cuando estas personas puedan reunir un capital para iniciar un pequeño emprendimiento, las instituciones estatales (CCSS, Municipalidad, INS, Dirección General de Tributación Directa y otras) se encargan de ahogar la iniciativa con cobros que, en definitiva, reducen los recursos para invertir en el negocio.

Ante este panorama, es claro que la gente que necesita trabajar y no encuentra donde, debe dedicarse a actividades informales y soportar la terca y absurda persecución de las autoridades, quienes los tratan como delincuentes, a pesar que sus emprendimientos sobreviven con base en los intercambios voluntarios que realizan con los ciudadanos que adquieren sus bienes o servicios. Si nos fijamos, en esa operación no hay víctimas: a nadie lo obligan a comprar el culantro o las medias que venden en la calle, entonces ¿por qué se les persigue? Por el simple hecho de que el Estado y sus instituciones quieren tener el control de toda actividad individual.

Ahora bien, si no hay víctimas podría decirse que no hay ningún problema asociado con los vendedores informales. Sin embargo, lo cierto es que todavía nos quedan dos inconvenientes que abordar: la "competencia desleal" y el ordenamiento territorial. Respecto al primero, algunos alegan que los vendedores informales compiten deslealmente porque no pagan patentes, cargas sociales, impuestos y demás cosas que sí pagan los formales, pero no se dan cuenta que la solución no está en limitar o impedir la actividad de vendedores informales, sino en reducir las barreras que representan los costos de la formalidad. Además, para ASOJOD, la competencia no es desleal cuando satisface las necesidades de consumo de los individuos ni cuando funciona a partir de la voluntad del comprador, quien libremente escoge adquirir los bienes que le ofrece el vendedor informal.

Por su parte, algunos afirman que las ventas asociadas afectan el ordenamiento territorial, por cuanto las personas impiden el paso y lesionan la visibilidad del paisaje. Pues bien, esto puede llegar a ser cierto pero no es justificación para eliminarlo, ya que el hecho de que a alguien no le guste, no le autoriza a impedir una actividad empresarial.

En ASOJOD creemos que las personas que se dedican a las ventas informales, muy posiblemente quisieran poder dedicarse a otras actividades que no impliquen estar bajo el sol o la lluvia sin protección, sin insultos, sin peligros para sus vidas y, tal vez, con un horario que les permita descansar. Pero lo cierto es que no tienen oportunidad para hacerlo. Por eso, la solución para acabar con estas actividades no es, como lo ha hecho la Municipalidad de San José, el uso de la fuerza, el desalojo, la violencia ni las acusaciones de organizaciones mafiosas detrás de los vendedores. Por el contrario, si se desea acabar con las ventas informales, lo que se requiere es la eliminación de los obstáculos que les impiden formalizar su actividad como una actividad empresarial "con todas las de la ley" o para facilitar que otros inicien su emprendimiento (grande, mediano, pequeño o micro) y así puedan generar empleos más ventajosos para estas personas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cruda realidad


"si usted no forma parte de ese selecto grupo de empresarios que tienen acceso a ese nivel político superior, no va a poder hacer negocios importantes con el Estado”. (Walter Reiche)
En tan pocas palabras Walter Reiche ha logrado desnudar la triste y cruda realidad del Estado costarricense y que ASOJOD ha denunciado hasta el cansancio. Tenemos un Estado que declara ganadores y perdedores, que saca la competencia del mercado económico al político, mientras esto siga siendo así la tragedia será siempre la misma.

sábado, 5 de diciembre de 2009

¡Qué idiotez!


Don Oscar Arias salió diciendo una idiotez tan grande como la que, en su momento, dijo Jeanina Del Vecchio. Para el Presidente, "si Costa Rica se compara con Brasil, donde se ha militarizado y hay pocos delincuentes, entonces llegaríamos a la conclusión que efectivamente en este país hay muchos crímenes. Pero si lo hacemos con El Salvador, donde hay 4 mil asesinatos al año, 10 diarios en promedio, la verdad es que estamos muy bien”. Y, si esa titánica estupidez no hubiese sido suficiente, dice don Oscar que la culpa es de la prensa que dedica la mitad del tiempo a hablar de crímenes y asesinatos (¿será por que son las noticias más relevantes del acontecer diario nacional?)

De verdad que la lucidez y seriedad académica que, en algún momento, caracterizó a Oscar Arias, hoy día no es más que un triste recuerdo. Uno podría esperar palabras así de Abel Pacheco o de la Ministra Del Vecchio, pero esto ya es inaudito. Desconoce don Oscar que la Organización Panamericana de la Salud considera un índice normal de criminalidad aquel país que está entre 0 y 5 homicidios por cada 100.000 habitantes por año y, en nuestro caso y según datos del mismo MIDEPLAN, se presentan más de 8 asesinatos por cada 100.000 habitantes. O sea, que estamos en una situación crítica.

Pero esto no es todo. Arias también manifestó que le agradaba la idea de firmar un acuerdo con la prensa para que los crímenes sólo ocuparan unos cinco minutos en las informaciones periodísticas para que la gente no "perciba" la inseguridad. En otras palabras, callar a la prensa para ocultar la ineptitud de su Gobierno y la tremenda pasividad que han tenido con aquellos que viven de violar el derecho a la propiedad privada y a la vida e integridad personal de los individuos. Menudo Presidente el que tiene Costa Rica.

Conferencia: Socialismo siglo XXI


Los invitamos a que visiten la conferencia del Socialismo del Siglo XXI, impartida por el economista Roberto Casanova y cometaba por el profesor Alberto Mansueti y Carlos Sabino.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Viernes de Recomendación


El día de hoy les presentamos el trabajo titulado: "Los fracasos de nuestra américa" del sociólogo Carlos Sabino. En este ensayo el profesor Sabino explica la coyuntura que llevó a las crisis de los 90s, sus limitaciones, repercusiones y fallos, así como los obstáculos que debe vencer latinoamérica para dar el gran salto al desarrollo.

jueves, 3 de diciembre de 2009

ECONOMÍA: Francisco de Miranda y la crisis actual


No pocas de las cabezas de los movimientos por las independencias decimonónicas latinoamericanas entendían que no se trataba simplemente de cortar amarras con la metrópoli sino que abogaban por la autonomía del individuo. Por eso es que Miranda repetía en su muy frondosa correspondencia que “no buscamos sustituir una tiranía antigua por otra tiranía nueva”. Sus sueños apuntaban a sociedades libres en el sentido más estricto de la expresión. Peleó en el terreno de las ideas y en el militar, en ambos casos con suerte varia y con las oposiciones, intrigas y difamaciones que habitualmente rodean a personas de su talla y estirpe.

Como he dicho antes, resulta muy paradójico que, en la región latinoamericana, los más fervientes partidarios del uso de la escarapela, el canto de himnos y el blandir de banderas a diestra y siniestra son en verdad españolistas en el sentido de adherir a las estructuras monopolistas de las épocas coloniales más truculentas (además de ser acérrimos partidarios de las dictaduras de Primo de Rivera y Franco y enemigos declarados de las Cortes de Cádiz y su Constitución liberal de 1812). En tierras sudamericanas son los partidarios de la intromisión de los aparatos estatales en los negocios privados. No se sabe que quieren significar con sus alardes de patrioterismos puesto que suscriben políticas que en la práctica, tal como explicaba el gran Juan Bautista Alberdi, convierten a los pueblos en colonos de sus propios gobiernos y se oponen al liberalismo, lo cual revela que no entendieron la columna vertebral de los movimientos que abogaban por la independencia.

Francisco de Miranda constituye uno de los ejemplos más claros del espíritu de emancipación latinoamericana y denuncia en su célebre proclama en Caracas, en 1806, que “la inconcebible ineptitud, inauditas crueldades y persecuciones atroces del gobierno español hacia los incautos e infelices habitantes del nuevo mundo desde el momento casi de su descubrimiento”.

Este personaje recorrió EE.UU., Europa y Rusia, y mantuvo asiduos contactos personales y epistolares con Thomas Paine, James Madison, Thomas Jefferson, Jeremmy Bentham, John Stuart Mill, Edward Gibbon y había leído a los autores de la Escuela Escocesa (especialmente Hume y Adam Smith), a Locke, Montesquieu y Voltaire. Además de su lengua nativa, hablaba y leía con fluidez italiano, francés, inglés y ruso (traducía del latín y del griego). Participó no solo en las luchas latinoamericanas sino —igual que Lafayette— en la Revolución de EE.UU. y en la Revolución Francesa hasta la contrarrevolución y el reino del terror lo puso preso por un tiempo; su nombre está grabado en el Arco de Triunfo.

Sus biógrafos más conocidos —Karen Raice, William S. Robertson, Joseph F. Toring y Vicente Dárola— subrayan sus notables conocimientos en materia jurídica, filosófica, económica y militar. Las observaciones en su diario cuando recorrió distintos lugares en la naciente EE.UU. (con particular atención en Filadelfia y Boston) atestiguan la profundidad de sus estudios.

Arturo Úslar Pietri dijo en el Senado venezolano el 4 de julio de 1966 que Miranda fue “La más extraordinaria personalidad que había florecido en el vasto, desconocido y rico lino del nuevo mundo. Era la flor y la asombrosa síntesis de tres siglos de historia y de magia creadora [...] Su apresurado peregrinaje por el mundo fue menos intenso, variado y sin tregua que su maravilloso viaje de deslumbramiento a través de los libros, las literaturas y las ciencias de los viejos y los nuevos tiempos. No hubo hombre de su siglo que hubiera reunido conocimientos más extensos y variados ni biblioteca comparable a la que llegó a reunir”.

Puede resumirse el aspecto medular de su visión en una carta dirigida a Thomas Paine en 1797: “La conservación de los derechos naturales, y, sobre todo, de la libertad de las personas, seguido de sus bienes, es incuestionablemente la piedra fundamental de toda sociedad humana, bajo cualquier forma política en que ésta sea organizada”.

En Venezuela, su tierra natal, fundó la Sociedad Patriótica con la idea de discutir y fortalecer los principios de libertad, al tiempo que pretendía establecer una única nación latinoamericana que apuntara a incluir con el tiempo la antigua colonia portuguesa en el sur de América.

Sus éxitos de orador y su desempeño brillante en la Logia Lautaro —tanto en Cádiz como en tierra americana— despertaron los celos de Bolívar quien lo entregó a las fuerzas españolas a raíz de un armisticio firmado por Miranda para evitar una derrota segura, un burdo pretexto para deshacerse del hombre más destacado del momento que había sido el precursor de algunas de las propuestas bolivarianas. Dichas fuerzas españolas lo condujeron a la península, paradójicamente a una cárcel cercana a su tan apreciada Cádiz, donde, a poco andar, desdichadamente murió este gran hombre de todos los tiempos y latitudes.

Como he escrito reiteradamente en muy diversos medios, lamentablemente América latina no cuenta ya con el buen ejemplo del gobierno estadounidense cuyos documentos liminares fueron una valiosa guía para las Constituciones de muchos de los países del sur del continente. Hoy el déficit fiscal, la monetización de la ya astronómica deuda, el crecimiento exponencial de la relación gasto público-producto bruto interno, la insistencia en el rescate de irresponsables o ineptos (o las dos cosas a la vez) con el fruto del trabajo ajeno (aconsejo la lectura del ensayo de Jefffrey Miron de Harvard titulado “Bailout or Bankruptcy?”) y la manipulación de la tasa de interés por la banca central conducirán tarde o temprano a otra crisis mayúscula. Tal como apunta Michael Tanner en su libro Leviathan from the Right, desde hace seis años se imprimen 75.000 páginas anuales de asfixiantes regulaciones (y, durante el mismo período y hasta la fecha vienen trabajando 39.000 burócratas del gobierno federal tiempo completo solo en regulaciones financieras, como muestra Johan Norberg en su artículo “Regulations and its Unintended Consequences” reproducido por Cato Institute en Washington, DC). El proceso inflacionario en marcha, por el momento genera un boom artificial que indefectiblemente conducirá (posiblemente en un par de años) a un crack que intensificará y extenderá lo que hoy ocurre con el desempleo masivo, a lo que debe agregarse el nuevo intento de acentuar el ya quebrado sistema estatista de medicina (que en momentos de escribir estas líneas fue aprobado en la Cámara de Representantes por solo dos votos más de los requeridos y cinco más respecto de la minoría ya que treinta y nueve miembros del partido oficial se pronunciaron en contra del proyecto de ley junto con toda la bancada del partido republicano excepto uno…y ahora pasa al Senado con suerte por demás incierta para la legislación de marras).

Incluso la suba que experimenta la bolsa ocurre en términos del ya devaluado dólar pero si se lo mide en términos del euro es sustancialmente menor y si se lo hace en términos del oro el incremento es inexistente (y eso que este bien hoy está a su vez algo atrasado si se extrapola a valores reales en una serie estadística de los últimos veinte años). De cualquier manera, tal como se ha consignado, el precio del metal aurífero hace las del canario en las minas de carbón: cuando hay gases tóxicos se dispara en señal de alarma. El proceso de descomposición que lamentablemente viene ocurriendo en EE.UU. está ahora refrendado por expresas declaraciones de Obama en el sentido de que debe revertirse la noción inserta en la Constitución de las tradicionales libertades negativas de protección a los derechos e introducir en la práctica la idea de la activa intervención gubernamental para redistribuir ingresos (dos declaraciones reproducidas en Fox News el 23 de octubre de 2009 y en “American Thinker” el 25 de octubre de este mismo año). Como si esto fuera poco, hay nueve funcionarios de primer nivel designados por Obama sin la auditoria del Congreso que son extremistas radicalizados de izquierda, como el responsable máximo del FCC (Comisión Federal de Comunicaciones), Mark Lloyd, quien declaró en un tape de pública difusión que es un admirador de Hugo Chávez en su política expropiatoria en materia de telecomunicaciones. En esta situación, cabe preguntarse que queda para países como Argentina donde se ha destruido la división horizontal de poderes, donde las normas permanentemente cambiantes dependen del capricho del gobernante, donde ex terroristas están en funciones estatales y aplican una justicia tuerta solo para quienes los combatieron, donde los sindicatos de raíz totalitaria y activistas armados dominan el escenario político, donde las llamadas empresas privadas se ven privadas de toda independencia, donde la prensa independiente se desempeña bajo amenazas y donde las finanzas públicas están desquiciadas por megalómanos siempre sedientos por succionar el fruto del trabajo ajeno.

Robert J. Aumann —premio Nobel en Economía de 2005— acaba de pronunciar una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Palermo en Buenos Aires en la que subrayó el peligro que significan los rescates financieros en EE.UU. y en otras partes del mundo, y aseveró que “finalmente alguien va a tener que pagar por eso y una de las opciones será imprimiendo más moneda”. En solo nueve meses de gestión Obama pasó de tener un déficit de cinco puntos sobre el producto a trece. Sería cómico si no fuera trágico el que muchos livianamente sostengan que frente a una crisis la opción no puede ser que el gobierno se abstenga de “hacer algo” como si frente a un problema el aparato estatal debe meterle la mano en el bolsillo a quienes ganaron su peculio honestamente. En todo caso, si de hacer algo se trata, debería eliminarse el sistema bancario de reserva parcial manipulado por la banca central que pone en jaque a todo el sistema financiero, contar con marcos institucionales que respeten el derecho de todos y, por ende, abrogar todas las regulaciones absurdas y asfixiantes dirigidas a las actividades productivas, disposiciones gubernamentales que precisamente generaron esta crisis, del mismo modo que lo hicieron en la década del treinta tal como lo han señalado otros premios Nobel en Economía como Milton Friedman, Friedrich Hayek y James M. Buchanan.

Poco a poco se va estrechando el cerco del espíritu totalitario. Debemos despertar a los apáticos y redoblar nuestros esfuerzos para contribuir a los pilares de la sociedad abierta, de lo contrario inexorablemente ocurrirá lo que en otro contexto describe Julio Cortázar en “Casa tomada”. Cada vez está más extendida la enfermiza noción de que hay un “derecho” a los recursos producidos por el vecino, con lo que se desmorona la idea del respeto recíproco y se vulneran y desconocen los principios éticos, económicos y jurídicos más elementales de convivencia civilizada.

Confiemos en las enormes reservas morales existentes en EE.UU. y en otros muchos lugares, pero tenemos que estar con los ojos bien abiertos pero con la debida atención en lo que ocurre porque como reza el título de la colección de trabajos de Macedonio Fernández “no todo es vigilia la de los ojos abiertos”. Todos tenemos que alimentar la filosofía liberal que pregonó Miranda con tanto empeño para América latina, estemos atentos y vigilantes para que el autoritarismo no la convierta en “América letrina” al decir de Guillermo Cabrera Infante.

En Latinoamérica han gobernado —y gobiernan— ciertos energúmenos de tremenda peligrosidad. Carlos Fuentes en el prólogo a Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos se refiere a varios del pasado. Elijo algunos de los tomados en ese introito: Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México, quien al perder una pierna en una de sus trifulcas la hizo enterrar con toda pompa en la Catedral. Enrique Peñaranda, gobernante de Bolivia de quien su madre dijo que de haber sabido que llegaría a presidente “le hubiera enseñado a leer y a escribir” y Manuel Estrada Cabrera, de Guatemala, se instaló en Paris y solo volvía a sus pagos para sofocar las revueltas contra su gobierno. Hoy los múltiples y variopintos autócratas de esta zona son mucho menos inocentes que los anteriores, quienes en una función macabra se burlan una y otra vez de la democracia al estrangular los derechos de las minorías, al tiempo que quedan atornillados al poder. Lo he citado antes a Robin Williams quien ha sentenciado en una producción cinematográfica que “los políticos en funciones son como los pañales: hay que cambiarlos permanentemente y por los mismo motivos”.

Alberto Benegas Lynch

martes, 1 de diciembre de 2009

Quinto Seminario de Escuela Austriaca


En ASOJOD queremos invitarlos al quinto seminario de Escuela Austriaca, el cual abordara preguntas, como:

¿Benefician los salarios mínimos a los trabajadores?

¿El ambientalismo protege el ambiente?

¿La asistencia gubernamental elimina la pobreza o más bien la perpetúa?

¿Si liberamos los mercados, vendrán empresotas a matar la competencia y luego subir precios?

¿Sería una tragedia si el gobierno no diera salud y educación, o todo lo contrario?

¿Deben regularse los monopolios?

¿Cuál es la diferencia entre austriacos y monetaristas?

¿En qué consiste la crítica austriaca al paradigma de competencia perfecta?

¿En qué sentido el método praxeológico prescinde de las matemáticas, estadísticas e historia?

Lugar: Universidad de Costa Rica, Facultad de Ciencias Económicas.

Fechas: Todos los miércoles desde el 13 de enero hasta el 24 de marzo de 2010.

Hora: de 6 p.m. a 9 p.m. (Refrigerio a media sesión).

Inscripciones: con Olga Sánchez al 2224-7350, 2253-4460 u 8996-6569

Requisito: lectura en inglés (indispensable).

Impartido por: Adrián Brenes.

La inscripción es gratuira y se cuenta con cupo limitado.


Se puso caliente


La nueva encuesta de UNIMER muestra un verdadero terremoto político. Otto Guevara ha duplicado su intención de voto a un 30%, mientras que Laura Chichilla ha caído estrepitosamente a un 43%, y Ottón sigue dormido con su 16%. Así las cosas incluso la posibilidad de una segunda vuelta aparece en el horizonte. Faltan un poco más de dos meses para el cierre de esta campaña, definitivamente todo puede pasar.

En Guardia


Don Rodrigo Bolaños afirma que inventé una patraña sobre la influencia política de los banqueros. Antes no pensaba así. Reconocía esa influencia pero se quitó. Sin duda, le jalaron el mecate los banqueros.

En un documento suyo que reseñé en mi blog había dicho textualmente: “Los banqueros son un grupo poderoso políticamente, no solo por diversificar sus riesgos políticos con nexos y financiamiento a diferentes partidos, sino que también gozan de fuertes respaldos en otros sectores importantes que son clientes de los bancos .” Sobran las palabras.

Es más, don Bernal Jiménez Ch., competente economista, directivo del Central y crítico riguroso de las políticas monetarias cuestionadas, se sorprendió de sus comentarios y escribió: “Aceptar que esas influencias impidieron controlar la actividad ilegal de las offshore es muy delicado… si él tiene alguna evidencia y acusa, como parece, a los bancos de influir en las decisiones políticas mediante nexos y financiamiento, debería hacerla pública y darla a las autoridades competentes de punir el tráfico de influencias”. Aunque ahora se quite, no hay quite. La influencia política está más que probada. Procede, entonces, analizar sus efectos.

Para don Rodrigo, fueron mínimos. Defiende lo ocurrido en los últimos 20 años y nos remite a su estudio reseñado en mi blog . Pero yo los remito a otro mejor, de don Bernal Jiménez, también ahí publicado. Demuestra con amplitud los beneficios monetarios y tributarios recibidos por la banca en detrimento del Estado, incluyendo el papel de las offshores , las altas tasas de interés que pagaba el Central (hoy reducidas gracias a su exitosa gestión), y la baja tributación que, según don Rodrigo, responde a meras distorsiones del sistema tributario. Yo, en cambio, sostengo que son obra de la poderosa influencia bancaria y hay que reformar la ley.

Su intento por vincularme al Banco Anglo es ruin y cicatero. No es la primera vez que su partido lo intenta, sin éxito. Presentó una denuncia contra la Junta Directiva del Central en esa época, pero fue rechazada ad portas (portazo en las narices) por el Ministerio Público. Luego, insatisfechos, hicieron un juicio político para privarnos de ejercer cargos públicos. Pero me los soné. Los llevé a la Sala IV. Los magistrados, por unanimidad, me dieron la razón y anularon el espurio fallo.

Yo tengo la conciencia tranquila. Pero él tendrá que explicar por qué recomendó cerrarlo. Se pudo haber salvado una institución tan necesaria. Pero prevalecieron otros intereses. La banca privada celebró el cierre con fruición (en el restaurante Zermat), salivando, pues les dejaba un campo libre… ¿Me comprenden?

Jorge Guardia