martes, 29 de diciembre de 2009

Delirios de poder


Hace más o menos cuatro años, en el fragor de una ardua campaña política, el entonces candidato Arias se refirió al movimiento libertario como un grupo fascista. Estando cercano a aquél, me sorprendió su afirmación, pues estaba considerando la posibilidad de votar por él para presidente y por los libertarios para diputados.

Siempre he respetado al señor Arias tal vez porque aprecio a las personas que se han educado en buenas universidades y porque a don Oscar lo tenía como persona culta y de un pensamiento amplio. Por ello nunca pude concebir cómo era posible que esa persona tan “culta” pudiera cometer un error histórico de tal bulto, como fue identificar políticamente al liberalismo clásico del movimiento libertario, con el fascismo que empujó al mundo libre a la segunda guerra mundial. Esperaba tal identificación de parte de algún palurdo inculto, pero no de alguien que hubiera pasado por las aulas universitarias inglesas y que, asumía yo, en su carrera de ciencias políticas, habría oído hablar de Karl Popper o leído sus comentarios acerca de la persecución que hizo el nazi-fascismo de los liberales alemanes. Popper, Hayek y muchos otros liberales europeos tuvieron que huir de Europa en donde fueron perseguidos por el fascismo, como enemigos a quienes se debía eliminar físicamente.

Con el paso de los años veo cómo el delirio por el poder puede hacer que hombres inteligentes, educados y cultos lleguen a cometer errores de tal calibre. Por esa razón histórica no le di mi voto al señor Arias, de lo cual hoy no me arrepiento. Más arrepentido estoy de no haber escrito esto antes, pues de nuevo hay señales, en el grupo elegido para el continuismo en el poder, de mentes que planean asociar al candidato libertario con alguna especie de mesías o líder fascistoide, cuando lo cierto es que su historia política ha estado siempre en defensa de la libertad, que tanto apreciamos los costarricenses. Que alguien circunstancialmente cercano a él piense en que en algún grado posee tal “liderazgo”, eso no significa que esté ungido por un Júpiter tonante para dirigir las huestes en una reconversión fascista que podrían anhelar algunos.

La independencia del candidato –que esté libre de “los andamios y de las muletas” como aquel mismo candidato alegó alguna vez, ganándose el aprecio de los hombres y mujeres libres- es vital, pues, a diferencia de las monarquías o del priismo latinoamericano, los costarricenses no creemos que el poder simplemente se delega a quien se parió como un escogido. Por ello es que el “elegido” o “elegida” ni siquiera aparece en la palestra pública discutiendo ideas, analizando propuestas y sólo cuando le conviene dice que difiere del poder presidencial, apenas musitando entre dientes un “no estoy de acuerdo” con el todopoderoso, a sabiendas de que, si en verdad se opusiera con independencia e hidalguía, podría perder el favor del que otorga el privilegio, aunque tal vez ni siquiera le cederá el poder.

Quiero pensar que nuestro sistema político está mucho más maduro y que es necesaria la discusión de ideas, para que así los costarricenses podamos escoger mejor quién ha de presidir los poderes ejecutivo y legislativo. Tal vez soy un iluso, pues lo que prima es la conquista del poder a cómo haya lugar, aunque sea en medio del delirio por retenerlo.

Carlos Federico Smith

1 comentario:

Anónimo dijo...

ML = liberalismo clásico? Ya quisiéramos todos.