martes, 1 de diciembre de 2009

En Guardia


Don Rodrigo Bolaños afirma que inventé una patraña sobre la influencia política de los banqueros. Antes no pensaba así. Reconocía esa influencia pero se quitó. Sin duda, le jalaron el mecate los banqueros.

En un documento suyo que reseñé en mi blog había dicho textualmente: “Los banqueros son un grupo poderoso políticamente, no solo por diversificar sus riesgos políticos con nexos y financiamiento a diferentes partidos, sino que también gozan de fuertes respaldos en otros sectores importantes que son clientes de los bancos .” Sobran las palabras.

Es más, don Bernal Jiménez Ch., competente economista, directivo del Central y crítico riguroso de las políticas monetarias cuestionadas, se sorprendió de sus comentarios y escribió: “Aceptar que esas influencias impidieron controlar la actividad ilegal de las offshore es muy delicado… si él tiene alguna evidencia y acusa, como parece, a los bancos de influir en las decisiones políticas mediante nexos y financiamiento, debería hacerla pública y darla a las autoridades competentes de punir el tráfico de influencias”. Aunque ahora se quite, no hay quite. La influencia política está más que probada. Procede, entonces, analizar sus efectos.

Para don Rodrigo, fueron mínimos. Defiende lo ocurrido en los últimos 20 años y nos remite a su estudio reseñado en mi blog . Pero yo los remito a otro mejor, de don Bernal Jiménez, también ahí publicado. Demuestra con amplitud los beneficios monetarios y tributarios recibidos por la banca en detrimento del Estado, incluyendo el papel de las offshores , las altas tasas de interés que pagaba el Central (hoy reducidas gracias a su exitosa gestión), y la baja tributación que, según don Rodrigo, responde a meras distorsiones del sistema tributario. Yo, en cambio, sostengo que son obra de la poderosa influencia bancaria y hay que reformar la ley.

Su intento por vincularme al Banco Anglo es ruin y cicatero. No es la primera vez que su partido lo intenta, sin éxito. Presentó una denuncia contra la Junta Directiva del Central en esa época, pero fue rechazada ad portas (portazo en las narices) por el Ministerio Público. Luego, insatisfechos, hicieron un juicio político para privarnos de ejercer cargos públicos. Pero me los soné. Los llevé a la Sala IV. Los magistrados, por unanimidad, me dieron la razón y anularon el espurio fallo.

Yo tengo la conciencia tranquila. Pero él tendrá que explicar por qué recomendó cerrarlo. Se pudo haber salvado una institución tan necesaria. Pero prevalecieron otros intereses. La banca privada celebró el cierre con fruición (en el restaurante Zermat), salivando, pues les dejaba un campo libre… ¿Me comprenden?

Jorge Guardia

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