lunes, 8 de febrero de 2010

Tema polémico: ¿Somos un país políticamente maduro o solamente indolentes?


Muchas veces hemos escuchado a nuestros familiares o personas mayores decir que antes “la fiesta electoral” era literalmente eso, una fiesta, que las personas se tiraban a la calle al paso de los carros y que el horizonte se tornaba lleno de banderas sobre el techo de las casas. En fin, una imagen idílica de lo que Costa Rica era y no será.

¿Será esto cierto?... la respuesta es un rotundo no. Lo primero que debemos constatar es que la sublime imagen de aquel país donde todo era una mar de alegrías y euforia cívica nunca existió, basta un par de ejemplos para demostrar que lo que aparentaba un alto nivel de cultura cívica no fue más que un espectro irreal del pasado.

La memoria puede fallar, pero la historia nos recuerda lo sucedido en la elección de 1970, cuando las calles de San José se convirtieron en una verdadera arena de batalla cuando faltaban 10 días para las elecciones, la “fiesta ciudadana” llegó a tal punto que la guardia civil tuvo que hacer uso de gases lacrimógenos para dispersar a grupos de revoltosos de diversos partidos políticos. Los relatos del Diario La República indicaban que, “la primera bomba de gas estalló a las 10 de la noche en la esquina del Banco de Costa Rica y la ultima a las 12 en la esquina de la Soda Palace”.al final, el recuento de las personas lesionadas ese día ascendió a 36, además de numerosos daños a la propiedad. El 23 de enero la policía detuvo a más de 100 personas que se disponían a iniciar disturbios de mayor magnitud en la capital.

En la elección de 1974 nuevamente se produjeron disturbios en el centro de la capital, el periódico La Nación del 11 de enero relata como, “desde aproximadamente las 4 p.m., grupos de jóvenes embanderados, principalmente de Liberación y Unificación, comenzaron a recorrer la principal vía capitalina y algunos de ellos se estacionaron en las aceras cercanas a la intersección con la calle 2. Lo que primero fue el intercambio de consignas e insultos entre los grupos rivales se convirtió cerca de las 7 p.m., en una lucha a banderazos, que envió a emergencias del hospital San Juan de Dios a siete personas”

Este breve recuento de hechos demuestra que, hace unas décadas Costa Rica no era el paraíso cívico. Podemos rememorar decenas de hechos igual de significativos y llegar a la misma conclusión. No podemos confundir una celebración democrática con la vulgaridad y el sinsentido, no fuimos el país culto que nos han vendido.

No obstante, hoy día es cierto que, estos acontecimientos son cosa del pasado, si bien existe uno que otro cabeza caliente que sueña hacer un levantamiento, quemando el TSE y secuestrando a los magistrados (entre otros actos de igual nivel revolucionario), la verdad es que, la gente vive la campaña política diferente. A nadie le pasa por la mente que se prohíba realizar manifestaciones en el centro de San José, o que la Fuerza Pública deba garrotear a grupos de partidarios.

Pero aquí viene la cuestión, ¿vivimos hoy el proceso electoral de manera diferente porque somos un país políticamente más maduro, más racional si se quiere, o porque la gente, en especial la gente joven, es indiferente, es decir, apolítica?, En otras palabras, ¿ya no se dan disturbios por que nos hemos vuelto más juiciosos y reflexivos o simplemente somos un pueblo políticamente indolente? No creo que se pueda ofrecer una respuesta definitiva a esta pregunta, pero lo que si podemos hacer es argumentar.

Para la elección del 2010 los ciudadanos menores de 34 años representan el 41,83% del total de votantes inscritos en el padrón electoral , esta generación de gente joven se caracteriza por ser altamente critica de su entorno, por no ser fiel a determinado producto, marca, servicio o partido político (las viejas fidelidades políticas hace mucho murieron), además, poseen una cantidad casi ilimitada de información en tiempo real que los hace tomar decisiones justo en el momento. Es decir, su forma de decidir y participar es nueva y ciertamente no la comprendemos cabalmente aún, máxime si pensamos que muchos de ellos ejercen su voto por primera vez. Por tanto, no creo que podamos concluir si, efectivamente esta es una generación apolítica o políticamente madura.

Pero, por otra parte, la forma en que se ha desarrollado la campaña 2010 dista mucho de un pueblo moderadamente racional, (si es que existe algo así). La tónica ha sido la chabacanería, el mal gusto, la falta de contenido e ideas. Los grandes temas no se tocaron con la profundidad que se requería y por el contrario, el marketing político barato y la lucha sin ton ni son, fueron la constante. En este sentido, si bien dejamos de lado la violencia en las calles, la falta de inteligencia en nuestra política persiste. Una hipótesis para este fenómeno puede ser que, el tico no es el arquetipo de hombre racional, sino que se asemeja al Homo Videns y que nuestra democracia se acerca peligrosamente a ser una Sociedad Teledirigida.

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