lunes, 1 de febrero de 2010

Tema polémico: Caldera: diagnóstico del país


¡Al fin ha llegado Caldera! Después de treinta años se logra terminar una tarea que, en momentos, parecía imposible. A pesar de la alegría, cabe preguntarse ¿existirá otro país en el mundo donde el letargo sea de esta magnitud y se necesite tanto tiempo para construir una obra que no está entre las 7 maravillas del mundo moderno? No lo sabemos, lo que sabemos, y lo que importa, es que esta mala broma de Caldera le ha costado al país productividad, riqueza y competitividad. Pero Caldera no es un simple hecho aislado, no es una casualidad del destino, no. Caldera nos desnuda a dos niveles: institucional y cultural, y precisamente de esto trata el tema polémico del día de hoy.

A nivel institucional, la espera de 30 años para inaugurar una simple carretera deja al descubierto la inoperancia del aparato estatal, su letargo para realizar cualquier gestión. Un aparato estatal sobredimensionado que acaba asfixiando cualquier iniciativa ya sea privada o pública, que a la postre acaba por restarle competitividad al país. Es claro que esta situación demuestra la imperiosa necesidad de hacer las reformas necesarias para que el Estado deje de entorpecer el desarrollo de las personas y estas reformas no se pueden postergar más.

A nivel cultural, mostró cuan arraigada se encuentra la cultura del hombre-masa ortegeano, aquel que sólo desea derechos pero nunca obligaciones, aquel que piensa que la civilización nos cae desde el cielo y que su mantenimiento nos viene gratis. Es increíble ver que existen individuos berreando por el pago del peaje y más que no se dan cuenta -en su estrechez mental- que tanto el tiempo como la gasolina que se ahorrarán superan por mucho al costo del mismo. Por eso sabemos bien que lo que les duele es pagar simplemente, ello gracias a la cultura que dejó el Estado “Benefactor” en el país: creen que existe el derecho fundamental de vivir gratis o mejor dicho vivir a costa de los demás.

Caldera nos arroja unas cuantas lecciones importantes, pero apenas son la punta del iceberg. Ojalá que este y otros más casos que día a día desnudan la inutilidad de nuestro Estado y la vulgar mentalidad de muchos costarrincenses, acostumbrados a pedir pero jamás a asumir responsabilidades, faciliten la toma de conciencia individual, respecto a la necesidad de cambiar las cosas y abandonar las prácticas viciosas que han caracterizado a este país por mucho tiempo, en especial, durante el tiempo del "Estado Benefactor".

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