lunes, 15 de marzo de 2010

Tema polémico: Costa Rica, el país de los lentititcos


Los medios de circulación masiva del país anuncian que el nuevo Estadio Nacional, construido por trabajadores chinos, está a un 70% después de un año de iniciadas las obras.

En la red social Facebook, los comentarios al respecto se tiñen de asombro ante la velocidad y avance de la obra, pero sobre adquieren un tono de sarcasmo. Así por ejemplo, uno de los comentarios al respecto dice: “si lo hubiese hecho el gobierno (el costarricense por supuesto) estaríamos a un 70% de empezarlo”; otro comentario agrega en el mismo tono: “¿estos chinitos no podrán arreglar la platina y los demás puentes antes de irse? Uno de ellos vale por toda una cuadrilla del MOPT”. El mismo día en Canal 7, la periodista Pilar Cisneros dijo que si los chinos estuvieran trabajando en la radial MAG-Universal, las obras ya irían por Paso Canoas. Estos comentarios, aunque podrían sonar exagerados nos deben hacer reflexionar que, entre el sarcasmo y la chota, una verdad se asoma.

Lo cierto del caso es que, en el fondo, nos señalan que la mayoría de los costarricenses son tremendamente lentos para realizar las cosas. En definitiva, nuestro país debería ser un objeto de estudio bastante peculiar para los antropólogos; para los biólogos, debemos ser un cruce entre oso perezoso y caracol. Históricamente al costarricense se le conoce como una persona apacible y pacifica, tal vez esto sea cierto, pero no porque seamos amantes de la armonía y la paz por antonomasia, sino que nuestra actitud ante la vida nos caracteriza más como vagabundos que como individuos tranquilos y sosegados.

¿Pruebas para esta afirmación? En primer lugar, preguntémonos ¿cuantas veces hemos salido a la calle y literalmente nos quedamos atascados en una presa en la acera debido a la lentitud con que camina el grueso de los transeúntes? Estoy seguro que a muchos lectores les vendrá a la memoria mil y un ejemplos donde se han regalo la bilis ante la pasividad de las personas en la vía pública. En definitiva, somos lentos para desplazarnos y a la vez indiferentes con el conciudadano que tiene prisa. En segundo lugr, más allá de la lentitud de reacción, la lentitud de pensamiento es nuestra principal desgracia. El tico es lento para razonar, esta proposición es casi un axioma. El “piensa rápido” parece no aplicar en nuestra realidad, y lo cierto es que nuestra pésima educación tiene mucho que ver en este sentido. En la “enseñaza” pública la norma es “tragar” materia (todos parejo) sin sentido alguno, nunca se nos enseñó a cuestionar, a averiguar e indagar fuera de los parámetros que establecían los libros de texto. En la educación pública, el estudiante sale más ignorante de lo que entró, y de nuevo, esta proposición es casi un axioma.

Finalmente, otra de las pruebas que refuerzan el argumento deviene de nuestra incapacidad para adoptar decisiones rápidamente: somos patológicamente lentos para decidir. Para un psiquiatra, Costa Rica debe ser un paraíso, pues cada costarricense es un objeto de estudio en potencia. Posiblemente la Asamblea Legislativa sea el arquetipo de la indecisión tica. Nuestro atraso en todos los campos imaginables no es casualidad y el “nadadito de perro” explica porque estamos como estamos.

En fin, la lista de ejemplos que reafirman nuestra lentitud podría crecer ad infinitum, pero el concepto es claro. Cada uno tendrá ejemplos que apoyan al argumento. No hay que mal interpretar la idea central, no se trata de vivir una vida de estrés, pero tampoco el extremo en que hoy vivimos. No somos como los “tigres asiáticos”, somos, tal vez, una especie de “perezoso Centroamericano”. La idea fundamental de todo esto es que, si algún día aspiramos ser un país desarrollado, debemos empezar por el cambio de actitud, un cambio individual en el sentido de tomar la delantera en todo lo que hacemos, anticipar las consecuencias inesperadas de nuestras acciones, ser más observadores, más lógicos, más estratégicos, más decididos y arriesgados, en definitiva, más rápidos en todo lo que hacemos. Así tal vez, algún día pasemos a ser conocidos como “los guepardos de América”.

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