jueves, 1 de abril de 2010

ECONOMÍA: Olvídense del Fondo Monetario de Europa


La crisis de la deuda en Grecia tiene a los economistas europeos confundidos y adhiriéndose a ideas como aquella de establecer un Fondo Monetario Europeo (EMF, por sus siglas en inglés), el cual es probable que socave y no fortalezca la estabilidad de la Unión Europea (UE).

Los políticos griegos y los funcionarios del presupuesto aplicaron rápido y de manera laxa trucos contables para esconder sus excesivos gastos en los presupuestos de los años anteriores. Ahora Grecia se enfrenta a pagos de deuda de $30.000 millones en abril y mayo de 2010. Todavía no queda claro si los mercados financieros aceptarán aplazar el pago de esa deuda sin demandar tasas de intereses considerablemente más altas, un prospecto que está causando una preocupación general y la búsqueda de una solución rápida.

Grecia fracasó en respetar el requisito fundamental de la unión monetaria: “estabilidad”. Pero el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE se diluyó en 2005 para acomodar las violaciones de la regla del déficit presupuestario por parte de Francia y Alemania a inicios de la presente década. El “mal comportamiento” de Grecia puede ser directamente atribuido a los incentivos perversos creados por el rescate furtivo.

Ahora cada país europeo está negándose a dar ayuda bilateral para amortiguar la austeridad económica que los griegos ahora deben soportar. Eso no es sorprendente porque cualquier compromiso como tal sería opuesto por los votantes y podría ser cuestionado en las cortes. Por lo que la crisis inmediata probablemente será resuelta con un préstamo grande financiado por una “coalición de los dispuestos” entre las naciones europeas.

Para el periodo más largo, algunos economistas están promoviendo el establecimiento de un EMF, estructurado de acuerdo al Fondo Monetario Internacional. Eso es una mala idea.

De acuerdo a la propuesta, el EMF prestaría en los mercados financieros y proveería asistencia condicional a los países miembros en momentos en que estos se enfrenten a crisis de deuda. Los partidarios del EMF se imaginan que esto haría más creíble el compromiso de las naciones de la eurozona con la disciplina fiscal y la administración de las crisis. Exactamente lo opuesto es probable que sea cierto.

Las economías europeas se enfrentan a un clásico problema del pasajero gratuito. La irresponsabilidad fiscal doméstica (gasto público más allá de la voluntad de la nación a costearlo) genera beneficios domésticos en el corto plazo pero también costos a largo plazo que son desplazados hacia los demás miembros de la eurozona mediante tasas de intereses más altas. Los déficits más altos gastan capital que de otra manera hubiese sido invertido en el sector privado, lo cual aumenta las tasas de intereses. Los griegos empujaron los límites con sus jugadas peligrosas a cuestas de sus socios europeos.

Pero otros países europeos importantes también se enfrentan a prospectos de crecientes déficits presupuestarios debido a sus generosos programas de seguridad social y a poblaciones envejecidas. Por lo tanto, España, Francia, Alemania, Portugal, Italia y otras naciones de la UE también deben introducir consolidaciones fiscales, principalmente reducciones en las pensiones, gastos en atención médica, programas de bienestar y otros programas gubernamentales debido a que las tasas tributarias europeas ya son demasiado altas. Sin tales ajustes, los crecientes déficits presupuestarios indicarían mayores riesgos inflacionarios y erosionarían la credibilidad internacional del Euro como una moneda segura.

La esperanza de que la disciplina fiscal entre los miembros de la UE se convirtiese en algo más creíble con la creación del EMF es mal concebida por varias razones. Primero, los préstamos del EMF en los mercados financieros inmediatamente absorberían capital invertible y aumentaría las tasas de intereses. Si el EMF es considerable en su tamaño, podría hacer más caro los préstamos por parte de las tesorerías nacionales, directa e inmediatamente.

Segundo, la creación de tal fondo crearía un “riesgo moral” muy parecido a aquel ya creado por la habilidad expandida del FMI de proveer asistencia económica a países que se enfrentan a crisis de tipo de cambio o de deuda. La posibilidad y las mayores expectativas de rescates por parte de un nuevo EMF promoverían más, no menos, irresponsabilidad fiscal por parte de las Grecias del mundo.

Además, ¿en cuáles activos serían invertidos los préstamos del EMF? Si serán invertidos en bonos de la tesorería nacional de la UE, el efecto sobre la tasa de interés sería neutralizado, pero reasignaría capital desde la inversión privada hacia las arcas públicas, perjudicando el crecimiento a largo plazo. Para asegurar un compromiso creíble con la prevención de crisis, el fondo debería ser invertido en valores financieros no europeos. Pero éstos removerían los recursos invertibles de Europa, algo que los Estados miembros muy probablemente no respaldarían.

Finalmente, invertir el fondo en valores europeos emitidos por privados iría en contra de los principios financieros de administración: aumentaría el riesgo de pérdidas por inversiones precisamente cuando los dineros del EMF son requeridos para proveer rescates a los gobiernos nacionales.

Para mantener la credibilidad del Euro en los mercados internacionales, las naciones europeas necesitan un liderazgo fiscal a largo plazo para generar los ahorros presupuestarios necesarios. Todos los miembros de la UE deberían participar en un proceso coordinado de consolidación presupuestaria sin importar la posición en sus ciclos económicos y de negocios. Las consolidaciones deberían estar sujetas a los perfiles demográficos de cada país, a su estructura presupuestaria, a sus vulnerabilidades financieras y capacidades de ingreso. Sin estas políticas de ajustes proactivos, intentar ajustes de mercado probablemente traerá sorpresas desagradables, y no discriminatorias, sobre los ciudadanos europeos.

Jagadeesh Gokhale

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