sábado, 1 de mayo de 2010

En Vela


¿Querían violencia, en el marco de un plan de desestabilización, de demandas de granjerías, de quebranto de los derechos de la gente y de atentados contra la institucionalidad?

Pues bien, la lograron. Ahí están los frutos de las reuniones en las instalaciones de la UCR de miembros de la FEUCR, de sindicatos, de profesores, de APSE, de estudiantes, de exsindicalistas de Japdeva y de porteadores. Ahí están los frutos de la mentira y de los manifiestos que, en columnas anteriores, calificamos como demenciales, lanzados al país por Internet con pasmosa irresponsabilidad.

Había que sembrar la semilla. Si fracasaban en su intento, no aparecían firmas en los manifiestos que los desacreditaran y, si triunfaban, recurrirían a los clásicos de la lengua española: Fuenteovejuna, todos a una. Así, los culpables serían todos, no ellos, los que urdieron la trama. Sin embargo, algunos continuaron el guion y plasmaron lo que era de prever cuando la razón y la decencia se descaminan: el recurso a la violencia. ¿No era este el fin latente? Algunos ya están presos. Otros emprendieron la fuga. En el hospital están postrados tres guardias civiles, víctimas de los disparos de quienes, a partir de ayer, han pasado a engrosar el ejército de la delincuencia y ojalá que no de la criminalidad.

En esta aventura contra la institucionalidad las brigadas de choque de los porteadores tomaron la vanguardia en las calle. Sus líderes –prósperos e impunes– llevan años de desafiar al Estado y a la población. Ayer fue su hora de gloria. Al ver los sindicalistas, trabajadores municipales y dirigentes de APSE que los porteadores se habían apoderado de las calles salieron a recrear los fantasmas programados en San Pedro en días anteriores. A mediodía se hizo el recuento: tres guardias civiles baleados y decomiso de vehículos con armas en Limón. Y en San José y en otros lugares, millares de personas y de vehículos secuestrados en las vías públicas ante la suspensión sindical de la libertad de tránsito.

No es posible terminar esta columna sin referencia al impensable acuerdo del Consejo Universitario (UCR) contra la concesión de los muelles de Japdeva, esto es, a favor de la continuidad de las sagas de mayor perversión del servicio público, contra el interés nacional, en la historia sindical de nuestro país. Se puede violentar la autonomía universitaria por fuera, pero también por dentro y' con los recursos de los contribuyentes. Este recordatorio de nada servirá, pero explica mucho de lo que ha ocurrido.

¿Ya están contentos? ¿Cuál es el siguiente capítulo?

Julio Rodríguez

3 comentarios:

Jesus Bonilla dijo...

Escuché en un noticiero es que ahora los afectados pueden demandar al Estado, o en otras palabras al pueblo. Tras de cuernos palos, ya los manifestantes NOS perjudicaron y ahora tras de eso ¡TENEMOS que indemnizar a las personas que se vieron afectadas! Si hay que indemnizar, entonces el dinero que se podría haber utilizado en escuelas, carreteras, etc., debe ser utilizado para pagar por la culpa de otros.

¿Dónde está la rendición de cuentas de los funcionarios públicos que no pudieron contrarrestar las manifestaciones adecuadamente?. Estas personas deberían responder con su patrimonio personal por su negligencia e impericia.

Jugar con la plata de otros, en este caso la del pueblo, es muy fácil.

Si queremos funcionarios públicos responsables, hay que obligarlos a que actúen de esta forma, y creo que tocándoles los bolsillos es una forma de lograr lo anterior.

Ejemplos sobran de negligencia e impericia, por ejemplo el puente sobre el Rio Lagarto, el puente sobre el Rio Tarcoles en Puriscal, la platina, FODESAF, etc.

Cucho Games dijo...

Según mi profesor de Derecho Penal, este acto se podría encuandrar dentro del delito de terrorismo contemplado en nuestro Código Penal.

Como nota mía, digo que esto no puede ser.

La ASOJOD dijo...

Cucho:

Habría que analizar bien el tema penal, lo que si es cierto es que este país se está convirtiendo en un caos.

Manuel