lunes, 24 de mayo de 2010

Tema polémico: 8% del PIB para educación


La semana anterior se anunció que el proyecto de reforma constitucional, que pretendía elevar de un 6% a un 8% del PIB la suma de dinero que se destina a la educación pública, fue aprobado de forma unánime por los 57 padres de la patria.

Sin lugar a dudas, este es un tema sumamente popular: rara vez se escuchan voces disidentes respecto a dotar a la educación de más recursos, pero el día de hoy –para variar- seremos los aguafiestas que lanzaremos ciertos cuestionamientos al proyecto. No vamos a insistir en el tema axiológico-ético del por qué es o no legítimo que me quiten el fruto de mi esfuerzo para transferírselo a alguien más, toda vez que en muchas otras ocasiones hemos discutido este tema, y aún nadie nos ha dado una respuesta satisfactoria a dicha interrogante. Sólo cabe resaltar en este momento, que el mencionado proyecto no escapa a esta crítica.

Ahora bien, muchos ingenuamente creen que gastar (invertir dirían ellos) en educación es una salida mágica al subdesarrollo, lo cual al menos no es enteramente cierto, o mejor aún es sólo una parte de la historia. Es cierto que una mejor preparación académica aumenta el capital humano y con ello las posibilidades de conseguir un mejor empleo. Pero la palabra clave es esta, empleo. Nada hacemos con personas super-calificadas, sino tenemos una economía competitiva y dinámica que los este demandando.

El caso cubano es sumamente aleccionador en este sentido. Allí la educación no sirve de gran cosa porque no hay una economía activa y pujante que demande nuevos profesionales. A lo mucho, los famosos médicos cubanos deben emigrar para encontrar trabajo o esperar a ser moneda de cambio con los socialistas latinoamericanos para ir a trabajar obligatoriamente a esos países. Algo similar a la encomienda que existía en épocas de la Colonia. En ese sentido, es claro que de nada sirve enseñar a pescar, si el mar no tiene pescados o se encuentra contaminado. Por ello, la educación requiere como complemento una moneda sana, tasas de interés aceptables, finanzas públicas responsables, flexibilidad en el ambiente laboral, cargas tributarias competitivas, infraestructura de calidad, tramitología razonable, etc.

Otro aspecto importante, es que se debe evaluar muy seriamente qué se pretende ofrecer con la educación. ¿Es la educación un vehículo para mejorar las condiciones de vida de los individuos o es un simple cúmulo de conocimiento que debe de ser aprendido? De ser el primer caso, la enseñanza debe de ser reformada, haciendo que la misma se vea dirigida hacia las necesidades del mercado laboral. Porque de nada sirve que se gradúen cientos de sociólogos, bilbliotecólogos, antropólogos, filósofos, sino existe demanda para ellos. Eso no es inversión, es tirar el dinero por el retrete.

Por último otro aspecto que nos preocupa, es cual será el destino específico de ese nuevo 2%. ¿Será utilizado para potenciar a los estudiantes o por el contrario, serán nuevos recursos que quedaran atrapados dentro de la burocracia y los intereses sindicales?. La eficiencia y el destino del gasto es un tema que no puede ser pasado por alto. Por ello, no se trata simplemente de definir un porcentaje arbitrario y sentarse a esperar el milagro del progreso. No se trata de destinar más dinero a los maestros, a las aulas, a los administrativos y creer que con eso mejorará un sistema educativo que ha demostrado ser fallido, no sólo por sus pésimos indicadores de eficiencia, rendimiento y calidad, sino por los pocos espacios existentes para que los padres y estudiantes decidan el camino por el que transitan.

En conclusión, creemos que en este asunto existe más tela que cortar que la que muchos creerían.

3 comentarios:

Cucho Games dijo...

¿De donde saldra el dinero? ¿En que se utilizara? ¿Sera su fin util al país para producir más riqueza? ¿Es esto darle circo al pueblo? Exelente post

La ASOJOD dijo...

Cucho:

Procedo a responder sus preguntas (que son dudas planteadas al aire pero creo que merecen ser tomadas en cuenta).

1. ¿De dónde saldrá la plata? De donde sale siempre: de los tax payers. Acá hay dos mecanismos: 1)el más fácil, que es cargar de más impuestos a los ciudadanos o 2) revisar el gasto, cortar presupuestos por aquí y por allá para destinarlos a Educación. Como esta segunda opción podría implicar cierre de instituciones, despidos, reducción de recursos para regalar a los amigos del poder, etc. es probable que se desestime.

2. ¿En qué se utilizará? No sabemos, pero si por la víspera se saca el día, este incremento presupuestario podría irse en más burocracia, más consultorías, etc. En síntesis, se va en cosas poco o nada útiles.

3. ¿Será su fin útil para el país? No necesariamente. Como lo dijimos, existe la creencia de que con sólo ponerle más ceros a los presupuestos se resuelven los problemas del país y más en educación, donde se cree que con más dinero apuntalaremos el camino hacia el desarrollo. Pero si no hay demanda de profesionales, esto es, fuentes de empleo -que no se consiguen si la economía no está sana, es competitiva, dinámica y libre- de nada nos servirá graduar más gente. Estaremos como Cuba, con médicos y sociólogos trabajando como taxistas (porque ya ni como porteadores podrán si se aprueba la reforma al artículo 323 del Código de Comercio).

4. ¿Es esto darle circo al pueblo? Exactamente. La masa pide más recursos y los gobiernos latinoamericanos tienen esa especial tendencia de creer que todo se resuelve con más plata. Lo curioso del caso es que estoy seguro que ese "pueblo" ni siquiera sabe para qué quiere los recursos. En el caso del estudiantado de la UCR -donde lo viví personalmente- este tipo de proyectos son lugares comunes, clichés: es políticamente correcto pedirlos pero la gran mayoría de estudiantes no tienen muy claro para qué y por qué.

Saludos y gracias por su aporte.

Alejandro

Cucho Games dijo...

Gracias por la respuesta, en realidad es curioso ver como seguimos siendo un pueblo que se impresiona con espejos