lunes, 7 de junio de 2010

Tema polémico: el paradigma socialdemócrata


Hace más de 50 años Costa Rica vivió un cambio realmente importante: el surgimiento de la Segunda Republica, fruto de la escisión que provocó la guerra civil, que significó un viraje en la ruta país, consolidando el Estado social de derecho que venía fraguándose durante la década de los 40, a partir de la incorporación de las garantías sociales a la Constitución de 1871.

Los sucesos transformaron el panorama radicalmente; un nuevo aparato estatal nacía para acometer el proyecto de José Figueres y los programas ideológicos del Partido Liberación Nacional. Durante las décadas siguientes, el costarricense observó como la nueva maquinaria institucional (consolidación de la CCSS y el INS, nacionalizan la banca y el surgimiento del ICE, el ITCO y el INVU, entre otras) se convertía en el ente regulador de toda la realidad social y económica.

Pero a la vez, la imperante socialdemocracia impregnó el ideario político costarricense. La forma de ver y vivir la política, por parte del grueso de la población, no podía entenderse fuera del paradigma socialdemócrata. No es casualidad que Ralf Dahrendorf dijera, refiriéndose al contexto mundial del siglo pasado, que fue el siglo de la política socialdemócrata, agregando que, pronto esta era tocaría su fin.

Sin embargo, en el horizonte costarricense el fin de la era socialdemócrata no se vislumbra. Si bien la interpretación y vivencia de la socialdemocracia han cambiado con el paso de las décadas, aparejado a la transformación gradual del aparato estatal, no es factible señalar un cambio del paradigma. Su persistencia se basa en su propia naturaleza, caracterizada fundamentalmente por su capacidad de transformación y voluntad de adecuarse.

Su punta de lanza perdura y es más vigente porque los valores socialdemócratas que han fluido de generación en generación lograron calar profundamente en el costarricense medio, al punto que cuestionar la justicia “social”, la solidaridad (forzada), la intervención estatal con fines “redistributivos”, la responsabilidad (colectiva), el humanismo y el progresismo es impensable en la mayoría de los círculos de pensamiento, incluso, es visto como reprochable por la mayoría de la población. Cuestionar tales valores resultan en un discurso contracorriente y subversivo, propio de los mejores disidentes.

Se suma que el programa liberal, acéfalo en la arena política, no cuenta con recursos suficientes, para cuestionar eficazmente el paradigma vigente. En la actualidad, las supuestas voces disconformes que levantarían la bandera liberal fueron silenciadas uando ni siquiera habían pronunciado sus primeras palabras.

Los defensores del corpus de valores vigente nos advierten todos los días que su punto de inflexión no está cerca, y las voces que señalan que definitivamente no podemos continuar la marcha con los valores vigentes porque simplemente no permiten resolver nuestros problemas no se escuchan, o al menos no con la fuerza requerida para darnos cuenta que los fundamentos del paradigma socialdemócrata en el que hemos vivido por más de 50 años ya no nos sirven y deben ser cambiados.

De ahí el gran reto para los liberales: lograr convencer y persuadir a la ciudadanía que no es mediante las ideas socialdemócratas que se resolverán nuestros problemas, lograr institucionalizar los valores de la libertad hasta el punto que la gente los interiorice, los comprenda y los integre a su vivencia diaria. Como pueden ver, nos queda muchísimo trabajo por delante.

3 comentarios:

Cucho Games dijo...

Me quede con ganas de ver que era lo malo, así que espero la aclaración.

Saludos desde Quepos

La ASOJOD dijo...

Cuhco:

Hola, espero que este bien. La idea del post no era tanto criticar a la socialdemocracia, sino establecer que este es el paradigma dominante en la sociedad costarricese.

De todas formas creo que pueden emitirse dos críticas. 1) Institucional: la democracia ha creado todo un marco institucional, donde se premia el paternalismo, la cultura del eterno infante, la envidia, acabando de esta forma con la meritocracia y el emprendimiento. 2) Económicas: una participación excesiva del Estado, que ahoga a la inversión privada con sus altas tasas impositivas, sus trámites regulaciones.

Manuel

Cucho Games dijo...

Ambas criticas me parecen muy acertadas, como ustedes dicen, entre más a crecido el Estado, más ineficinete se a vuelto, buen post y saludos