jueves, 31 de marzo de 2011

Jumanji empresarial: Impuestos y Crecimiento


La crisis internacional del 2008 afectó muchísimo el desempeño económico de Costa Rica. Los sectores que más se vieron impactados por esta crisis fueros el de exportación y el de construcción. A la gente la ha costado muchísimo recuperarse de esta recesión. Es más, aún hay sectores como el de construcción que no han podido volver al nivel en que se encontraban antes de iniciar la crisis. En estos momentos tan difíciles, una de las tareas prioritarias del gobierno debería ser la de propiciar el crecimiento de la economía y de esta manera disminuir el desempleo y la pobreza.

Extrañamente y por lógico que esto parezca, el gobierno parece estar haciendo todo lo contrario. En lugar de propiciar el crecimiento económico ha concentrado casi todos sus esfuerzos en la aprobación de un nuevo paquete de impuestos ¿Por qué? Cuál es la justificación del gobierno de “hacer leña el árbol caído” y colocar aún más en riesgo la frágil situación económica del país. Su excusa es que, dado que la administración anterior aumento considerablemente el gasto estatal, ahora nos toca a todos los costarricenses corregir ese déficit fiscal pagando más impuestos.

Las acciones más razonables y obvias serían todas aquellas enfocadas en disminuir los gastos desproporcionados e ineficientes pero el mismo Ministro de Hacienda ya confesó que si bien es cierto eso sería la mejor medida es más fácil si lo solventa cobrando más impuestos. Tal vez lo que no han tomado en consideración con este plan es la posible baja en la recaudación de impuestos al pretender cobrarles más a los pocos que pagan impuestos en este país. No han contemplado la posibilidad de que con este nuevo golpe la inversión en el país disminuirá y lo capitales buscarán otros destinos más atractivos. Contrario a lo que pretenden lograr, con este paquetazo podrían aseverar aún más la delicada situación fiscal en la que se encuentran.

Si el gobierno lo que desea es recaudar más impuestos pues más bien debería fomentar el crecimiento económico. Medidas que ayuden a dinamizar la economía no solo disminuiría el desempleo sino que también generaría una mayor recaudación para las arcas del estado. Contrario al plan actual, una disminución en impuestos clave como el impuesto sobre la renta ayudaría a que más empresas se instalen en el país y más empresas crezcan. Cada empresa pagaría menos impuestos pero al ser más la recaudación total será mayor para el Estado.

martes, 29 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: ¿qué hacer con los carros públicos de uso exclusivo?


Algo podemos aprender de los ingleses y de los españoles en cuanto a poder reducir el desaforado gasto gubernamental que caracteriza tanto a esas economías como a la nuestra. Ellos están haciendo enormes esfuerzos para, en vez de trasladar el impacto del reajuste fiscal necesario sobre los hombros de unos ya hastiados contribuyentes, cortar en lo que se pueda el gasto estatal.

Hoy voy a proponer una reducción del gasto público que algún escéptico podría calificar, tal vez con razón, de iluso, pero que yo me atrevo a llamarlo “más que simbólico“. En Inglaterra a los funcionarios públicos se les quitó el privilegio de utilizar vehículos asignados para su uso exclusivo. En apariencia tan sólo el Primer Ministro y el Canciller inglés disponen de un vehículo gubernamental lujoso para su uso particular. El resto de funcionarios públicos tiene que utilizar, si es del caso en el desempeño de sus obligaciones, los vehículos que forman parte del parque de la dependencia estatal de que se trate. Esto es, ya no tienen carros “asignados” que pueden usar a su discreción -que significa en lo que le dé la gana- y si tienen que usar uno, pues lo piden, como cualquier otro empleado público para hacer su labor, entre los vehículos del ente gubernamental. Por supuesto, la medida gubernamental nueva trae aparejada un mayor control en el uso de vehículos que el previo.

Propongo que en Costa Rica se haga lo siguiente: con excepción del Presidente de cada uno de los tres poderes de la República (el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial), ningún otro funcionario público, en cualquier dependencia del Estado costarricense, tendrá asignado un vehículo para su uso exclusivo. Si tiene necesidad, por razones de su cargo, de utilizar algún vehículo gubernamental, lo podrá hacer tan sólo usando aquellos que forman parte de la flota de la entidad respectiva.

Asimismo, para efectos de impuestos, aquellos que usen vehículos asignados para su uso exclusivo deberán declarar como un ingreso en especie un alquiler imputado por el uso de ese vehículo, así como el gasto de gasolina correspondiente. El funcionario al cual se aplicaría esta regla puede optar por no disponer de un vehículo asignado a su uso exclusivo, pudiendo utilizar un vehículo estatal para cumplir sus funciones, tal como lo hace el resto de empleados públicos. Los vehículos de uso exclusivo no podrán ser renovados antes de tres años: no serán del año, pero sí lo bastante nuevos como para que los funcionarios se sientan orgullosos de circular en ellos.

Sé que el ahorro será importante, pero relativamente pequeño dentro del hueco fiscal en que se encuentra el Gobierno por su propia voluntad y decisión. Lo importante es el aspecto simbólico de la medida, que esperamos sea extendida a otros privilegios estatales que los ciudadanos podrán ir apuntando. Porque si no se “apuntan” ahorita les apuntan los cañones tributarios para que paguen más impuestos que permitan seguir sufragando este tipo de privilegios para algunos.

La idea propuesta tiene otra vertiente gracias a la anunciada restricción al libre tránsito del Ministro de Energía, Teófilo de la Torre, quien con un matiz arrogante propio del estatista, dijo que si el precio internacional del petróleo subía de $120 el barril, restauraría la restricción vehicular que, gracias a Dios, se había venido moderando en los últimos meses.

Anteriormente se señaló como argumento para tal restricción en San José, que las presas ocasionadas al reparar las vías internas exigía algún grado de restricción al tránsito. Ahora resucitan el argumento de que esa nueva restricción -incluso han dicho que considerarían duplicarla a dos días por semana- provocará un ahorro en el combustible, hecho que nunca han podido confirmar en episodios anteriores. Y más bien es posible que, con la operación de las nuevas plantas del ICE que usan combustible fósil, este año aumente el gasto total en el rubro de combustibles importados.

Lo que el burócrata simplemente no entiende es que la gente que necesita su vehículo para laborar, utilizará para movilizarse rutas más largas que las disponibles sin restricción, con lo cual terminan gastando más tiempo y combustible. Claro, en su arrogancia fatal, los estatistas nunca toman en cuenta que los individuos buscarán alguna forma apropiada de transportarse, pagando más si es el caso, siempre que con ello sea una opción mejor que la que pretende imponer el burócrata.

El hecho es que nunca hemos visto a los altos funcionarios con vehículos discrecionales, quejarse de la limitación al transporte mediante placas un día a la semana. Les apuesto que se debe a que simplemente les dan otra forma de vehículo discrecional, suplido de la flotilla con que ya cuentan en sus dependencias. Siempre habrá unos menos iguales que otros.

lunes, 28 de marzo de 2011

Tema polémico: el relativismo de los valores



¿Cuánto cuestan tus valores? Ante esta pregunta, los costarricenses, no todos, responderían que unos cuantos millones de dólares, o el valor equivalente a un nuevo estadio. Por ello, queremos dedicar este Tema polémico a analizar tan degradante situación.

El pasado sábado se inauguró con toda algarabía el nuevo Estadio Nacional de Costa Rica regalado por la República Popular de China. Probablemente la mayoría de quienes asistieron al acto de apertura y al primer juego de la selección mayor de fútbol no cuestionaron la razón de tanta generosidad del Gobierno chino. Muchos ignoran las negociaciones durante la Administración Arias, con el Gobierno de la República Popular, para que se diera la espalda a la Taiwán a cambio del dinero y las donaciones de la China Continental.

Se ha dicho, acertadamente, que el nuevo estadio es un símbolo, pero pocos han señalado de qué tipo. En ASOJOD consideramos que es el símbolo del relativismo de los valores. Poco ha importado que quien nos regaló este estadio viole los derechos humanos más básicos de su población, que censure la libre expresión de sus ciudadanos, que controle el libre acceso al Internet y que mantenga a Liu Xiaobo en la cárcel por el simple hecho desear la misma libertad que hoy todos los costarricenses gozamos.

A pocos, o probablemente a ninguno de los asistentes a la inauguración del estadio, les importó que el Gobierno chino doblara el brazo del ex presidente Arias, cuando se le pidió no recibir al Dalái Lama. Ningún activista del medio ambiente, de esos que sobran en esta tierra, se cuestionó las deleznables prácticas de ese régimen socialista para con la naturaleza. Ningún periodista, ni siquiera los reporteros de Canal 7 que jugaron la primera "mejenga" en el estadio, se preguntó si sus colegas chinos podían ejercer su profesión con la misma libertad que la ejercen ellos.

Ninguno de esos trasnochados que nos pretenden moralizar con las "ventajas del socialismo", la "justicia social" y la planificación estatal nos ha salido a explicar cómo sus apreciadas ideas tienen en la miseria a un pueblo trabajador como el chino. No nos han querido decir por qué el Estado, que en Costa Rica parece ser la panacea para resolver cuanto problema aparece, es en China el gran causante de todo el desastre.

La señora Presidenta tuvo razón en darle el crédito al ex presidente Arias: él fue el arquitecto y estandarte, y lo ha sido desde hace mucho tiempo, del relativismo de los valores. El premio Nóbel de la Paz, abanderado de un relativismo disfrazado de pragmatismo ha contradicho sus más preciados valores, se ha contrariado en sus propios términos, pregonando la paz y la libertad, pero pactando con sus enemigos. Sin embargo, ella no está libre de toda culpa: como su aprendiz, hoy se frota las manos con los millones de dólares que puede obtener del Gobierno chino a cambio de algunos "favores" políticos.

Habremos ganado una hermosa infraestructura pero perderemos no sólo dinero por su mantenimiento, sino también, y quizá esto es lo más importante, la dignidad, la entereza, la rectitud y la consistencia. Como país, hemos quedado desnudos en nuestra pobreza, no sólo material, sino moral. Como los antiguos romanos, los costarricenses, no todos, no necesitan valores, les basta con pan y circo.

viernes, 25 de marzo de 2011

Viernes de recomendación


En 2005, Thomas C. Schelling ganó el Premio Nobel junto a Robert J. Aumann, por ayudarnos a entender las bases del conflicto y la cooperación a través del análisis de la Teoría de Juegos. La siguiente disertación titulada "Sesenta años asombrosos: el legado de Hiroshima", fue el discurso de aceptación pronunciado por el profesor Schelling en Estocolmo, cuando recibió el Premio en Ciencias Económicas del Banco de Suecia instituido en memoria de Alfred Nobel.

jueves, 24 de marzo de 2011

Jumanji empresarial: consumidores vrs productores


Todos los individuos somos productores y consumidores a la vez. Vendemos nuestro trabajo o producto sólo para comprar el trabajo o el producto de otros. Cambiamos de sombrero constantemente. Cuando usamos el sombrero de productor, nuestros intereses son antisociales: el productor de café tico se alegra cuando hay una helada en Brasil; le gusta la escasez. Los abogados, médicos y otros limitan la oferta por medio de los colegios; promueven la escasez. Los empresarios agrícolas e industriales se benefician de la escasez causada por los aranceles. Las aerolíneas utilizan la Dirección General de Aviación Civil para limitar la oferta.

Por el contrario, cuando usamos el de consumidor y vamos al mercado en esa condición, queremos abundancia; queremos que la cosecha de todos sea muy buena, que abunden los teléfonos, automóviles, seguros, alimentos, medicinas, salud, cines, seguros, servicios de conexión a Internet. Evidentemente, el interés del consumidor está en total armonía con el interés general de la sociedad y el bienestar de la humanidad.

¿Cuál interés debería prevalecer: el del productor o del consumidor?. Bastiat explica que el problema de la teoría de la escasez se debe a la falta de entendimiento de lo que es el intercambio. En una economía, donde se da la división de labores, cada persona valora su trabajo no como un medio (cosa que hace en autosuficiencia), sino como un fin en sí mismo. Con respecto a un producto en particular, el intercambio crea dos intereses directamente contrapuestos: el productor quiere escasez, precios altos y poca variedad; el consumidor, abundancia, precios bajos y mucha variedad. Dado que los dos intereses son mutuamente incompatibles, uno de ellos debe coincidir con el interés de la sociedad como un todo, y el otro debe ser hostil a este interés.

Si los deseos secretos del hombre en su papel de productor se cumplieran, habría escasez de todo, pobreza generalizada y hambruna, el mundo retrocedería rápidamente hacia el barbarismo. En cambio, si los secretos deseos del hombre en su rol de consumidor se cumplieran, habría abundancia de todo, y más riqueza, bienestar y prosperidad. El interés del consumidor está en armonía con el interés de la sociedad. Y es el que debería proteger la legislación.

Es un hecho que el proteccionismo o subsidios que otorga un país, lo hace en contra de sus propios consumidores y contribuyentes, y no en contra de otros países. Criticar el proteccionismo o subsidios de otra nación es totalmente inútil, dado que es una decisión soberana la de empobrecer a sus ciudadanos a base de aranceles o impuestos a la producción y el consumo.

La protección o subsidio de una actividad económica siempre tendera a castigar a otro grupo económico más grande y más relevante para la economía; ademas, las actividades subsidiadas nunca encuentran un punto óptimo de eficiencia y el uso indiscriminado de los recursos a su disposición hace que estas tarde o temprano desaparezcan. En Latinoamérica, donde la cantidad de consumidores pobres es mayor a la cantidad de agricultores protegidos, las protecciones arancelarias terminan convirtiéndose en sistemas de redistribución de riqueza que va de pobres a ricos, y la falta de innovación e inversión real, termina convirtiendo a los mismos agricultores en depredadores y beneficiarios crónicos de asistencias estatales.

Andrés I. Pozuelo

miércoles, 23 de marzo de 2011

Flash legislativo


La semana anterior, el Poder Ejecutivo convocó, gracias a la presión del Movimiento Libertario, el proyecto de Ley Nº 17.868, Ley de Responsabilidad Fiscal, elaborado por ANFE en septiembre del 2010.

Sin dudas, el manejo de las finanzas públicas, especialmente en los últimos años, no se ha caracterizado por la prudencia fiscal, sino que se ha desarrollado según las ocurrencias del Gobierno de turno, que han asumido compromisos constitucionales y legales de gasto público sin preocuparse si existirán las fuentes de ingreso sostenibles en el tiempo que permitirán hacerle frente a las nuevas obligaciones.

Así, con la excusa de enfrentar la crisis económica, la administración Arias Sánchez no aplicó una política fiscal anti-cíclica —esto es una política de aumentar el gasto público no recurrente, gastos que ocurren una sola vez—sino que se inclinó por implementar una política fiscal expansiva. En otras palabras, impulsó un crecimiento de gastos públicos recurrentes (como salarios, pensiones y transferencias) que no se espera que se contraigan en el futuro y que dispararon el déficit fiscal esperado, para 2010, a un nivel superior al 5% del Producto Interno Bruto.

Precisamente para limitar la discrecionalidad de las autoridades e intentar garantizar un manejo fiscal responsable, se establece una serie de restricciones en este proyecto de ley, tendientes a:

1. Promover un manejo fiscal responsable que contribuya a la sostenibilidad de las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica.

2. Establecer reglas fiscales que garanticen un superávit primario del gobierno central.

3. Limitar el crecimiento del gasto primario del gobierno central y el endeudamiento público.

4. Introducir un conjunto de sanciones para los funcionarios y responsables de los entes de control que incumplan con lo establecido en los artículos de la Ley 8131.

5. Contribuir al proceso de priorización y mejora de la eficiencia del gasto público que incluya la eliminación de rubros innecesarios o de baja rentabilidad social del presupuesto público.

6. Enviar señales claras de compromiso con la responsabilidad fiscal a los inversionistas y los mercados internacionales que permitan reducir la incertidumbre, los costos de transacción y las primas de riesgo.

En ASOJOD esperamos que, si de verdad el Gobierno está preocupado por el déficit fiscal y si realmente desea resolver el problema, esta iniciativa se apruebe.

martes, 22 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: la importancia de la educación


El énfasis que siempre respiré de joven en mi familia acerca de la educación como un factor preponderante en el crecimiento individual, en mucho se debió a mis antepasados maestros: a mi padre Edwin, a mis abuelos Solón y Talía y a mi tío abuelo Buenaventura. La educación siempre fue vista en mi hogar como una oportunidad, la cual no podía ser desperdiciada de manera alguna; que cualquier tipo de sacrificio debería de hacerse a fin de extraer el máximo que uno podía lograr en la escuela, el colegio y la universidad. Educarse no sólo evitaba la pobreza, sino también era fuente de enorme orgullo personal. Por ello en mi casa se dieron sacrificios económicos (principalmente de vanidades) con tal de que pudiera asistir y aprender en la escuela. Era la forma y medio en que uno podía mejorar en la vida; por ello tales sacrificios eran normalmente aceptados -sin quejarse, sin dolerse- en medio de muchas necesidades. Los hacíamos porque, con el paso del tiempo, podríamos percibir los buenos frutos que brindaba el árbol fecundo de la educación.

Escribo esta pensamiento introductorio con algún grado de tristeza cuando observo cómo, en ciertas ocasiones, aparecen estudiantes, padres de familia, burócratas del MEP y periodistas, tal vez al analizar porqué un alumno deja de asistir a clases, señalando como excusa la falta de apoyo monetario gubernamental. En otras palabras, se esgrime como justificación para ese abandono el que deban trabajar para llevar plata a sus casas (si es que hay tal oportunidad y si es cierto que la llevan a sus hogares), pues el Gobierno o el Estado “no les dan dinero y comida para que asistan a la escuela". Uno podría tener en mente que se trata de un caso extremo de necesidad y de miseria, en donde el niño para llenarse la boca debe trabajar. Pero francamente en muchas ocasiones no parece ser esa la razón: me da la impresión de que la queja se presenta en familias independientemente de sus niveles de ingresos. Me imagino que, en el caso de familias de ingresos relativamente más altos, no van a sacar un hijo de la escuela porque el Estado no les da fondos, aunque posiblemente habrá algunos vivos que sí soliciten tales recursos para ver si la pegan. Lo que más me preocupa es si en las familias de menores ingresos, ante falta de ayuda, sí deciden cometer el atentado contra el futuro de su hijo dejándolos de mandar a clases.

¿Qué habrá pasado para que en los hogares costarricenses, en donde lo primero era asegurar la educación de los hijos se trastocaran los valores para que, si nos les pagan por ello, ahora amenacen con retirarlos de las aulas? Incluso es lógico pensar que, en mi época de joven -hace ya muchos años-, los hogares costarricenses eran en promedio mucho más pobres que ahora, por lo cual uno pensaría que habría menores necesidades básicas que cubrir, además de la educación de los hijos. Al ser en promedio más ricos, menos necesidad se tendría de mandar a los hijos a ganar plata para traerla al hogar, en vez de que estudien en una escuela para luego poder ganar más (en idioma económico, hacer una inversión rentable).

Podría señalar la hipótesis de que hay un abandono gradual de aquel principio de tener confianza en sí mismo, pero realmente no lo sé. Lo único que puedo indicar es la mayor frecuencia con que padres, principalmente, apenas pueden reclaman en algún noticiero que el Estado no les da plata para mandar a sus hijos a la escuela. Tal vez es que la educación de los hijos ya no se considera como una responsabilidad de los padres, sino del Estado. Y de ser así, eso me entristece, porque es muestra de a lo que conduce el ideal socialista paternalista de Lord Beveridge, por el cual el ciudadano debería ser protegido por el Estado “desde la cuna hasta la tumba”. Así, la educación ha pasado a ser vista como una responsabilidad estatal y no del padre, de la familia y de los hijos.

Esta visión paternalista erosiona la importancia que la educación tiene para el progreso del individuo. Lo “libera” de la responsabilidad de que cuesta educarse, a lo cual debe dedicarse buen tiempo y atención, si es que se quiere progresar. La responsabilidad propia de estudiar lentamente se va sustituyendo por la creencia de que el Estado nos debe dar todo. Así, todo debe ser facilito para que aprender no implique un sacrificio de índole alguna. Ojalá el título o la carrera se otorguen simplemente por decreto. Cuando en un hogar la regla no es la necesidad de sacrificarse para que el hijo o la hija puedan ir a la escuela, sólo se debilitará el futuro de nuestros ciudadanos, porque desde jóvenes queda plantada en ellos la semilla de que en la vida se trata sólo de derechos y no de deberes. Que el sacrificio que hace un hogar para educarlos es sólo una pérdida de tiempo, pues sólo se trata de saber pedir: aprendida la lección de que hay un pater ajeno al hogar que debe encarar la responsabilidad por la educación de los hijos, abre las puertas a la miseria humana, pues de lo que se trata no es del mérito, del logro, sino de la existencia y la garantía de la manutención vital para que se siga la ley del mínimo esfuerzo.

Pero hay luces en este panorama tan oscuro: en días recientes he visto reportajes en Telenoticias del Canal 7 de cómo en Costa Rica hay escuelas en donde los alumnos asisten todo el día, en donde se ven obligados y estimulados a estudiar, en donde los maestros y padres son concientes de que es mediante la educación como sus alumnos pueden progresar. Es cierto que son pocos establecimientos educativos, pero tal vez basten para que el contraste con el resto surja evidente y nos impulse a que, de nuevo, veamos a la educación como el camino que nos puede conducir por la senda del progreso y individual. Lo lamentable es que esos jóvenes que hoy han escogido progresar verán luego cargar sobre sus hombros a las sanguijuelas hoy protegidas con impuestos y redistribución estatal, que han dejado en manos del estado su responsabilidad o la de sus familias para educarse, prefiriendo vivir de los demás.

Quienes hoy aprovechan cualquier oportunidad para decir que “si no les dan plata no mandan a sus hijos a la escuela“, deben saber que es hora de que asuman sus responsabilidades como padres. En gran parte el culpable es el mismo estado que les ha hecho saber que hay dinero a cambio de que manden a sus chiquitos a las aulas. Era, por tanto, de esperarse que ahora los vivillos pidan primero la plata para mandar a los hijos. Debemos estimular a los padres para que piensen en sus responsabilidades y que se liberen del yugo a que los conduce el paternalismo estatal. Para aquellos padres pobres que del todo no tienen dinero y que no pueden en verdad mandar a sus hijos a clases, si el estado fuera consecuente, lo que haría es dar un préstamo que se invertiría en la educación de los muchachos, no un regalo que estimula a vividores que no los necesitan, cosa a que lamentablemente conduce el sistema actual.

Tal vez lo mejor es ni mencionar este tipo de cosas, pues el tabú intelectual tratará de aniquilar a quienes nos atrevemos a pensar en el deterioro a que conducirá este paternalismo.

lunes, 21 de marzo de 2011

Tema polémico: revolución árabe y algunas reflexiones para Latinoamérica


Con los últimos eventos acontecidos tanto en Egipto como en el resto del mundo árabe, especialmente en Libia, surge la obligación de preguntarse por las causas de los mismos: ¿será que las personas en estas latitudes están cansados de regímenes eternos al mejor estilo de los Castros, o más bien, es el mejoramiento de sus condiciones materiales lo que los motiva para realizar las revueltas?. Este tema polémico no pretende responder esta pregunta, ya que no somos expertos en los temas de esas latitudes, pero si queremos aprovecharnos de esa coyuntura para hacer una serie de reflexiones para Latinoamérica.

Como hemos escrito en otras oportunidades, en los últimos Latinobarometros se ha visto que en Costa Rica se ha desgastado la confianza en el sistema democrático y, de nuevo, vale preguntarse el por qué de esta situación. Nuestra hipótesis es que la población no tiene claro para qué diablos funciona esto que llamamos "democracia". Pues muy sencillo, la democracia es simplemente un instrumento que permite la alternancia en el poder a través de un mecanismo pacífico que se desarrolla bajo una serie de reglas establecidas. Así, la democracia es sólo eso, pero eso es mucho, cosa que no suele ser apreciada todo lo que se debiera. En este sentido, la democracia no es justicia, no es desarrollo, no es crecimiento económico, no es seguridad en las calles, etc. Pero, parece que muchos no se han percatado de esta distinción, así que juzgan la democracia por resultados que la misma no puede generar. La democracia es una institución política, no económica.

Esta es una distinción fundamental, ya que si le pedimos peras al olmo y nos molestamos porque el olmo no nos da peras, podríamos terminar vaciando al bebe con el agua de la tina. ¿Qué significa esto? Que para el buen desarrollo de las instituciones debemos saber exactamente para que funcionan y sirven las mismas. Si queremos alternancia en el poder eso nos lo puede brindar la democracia, pero si lo que deseamos en crecimiento económico, este no es un problema para que la democracia resuelva. Mientras no tengamos claras estas sutiles diferencias consecuencias conceptuales no iremos para ningún lado.

Hay que tener claro que los sistemas políticos sólo ofrecen un marco para el desarrollo de las conductas políticas de los ciudadanos y que, si bien pueden ser útiles para algunas cosas, no son ellos los que provocan determinadas consecuencias. Para conseguir elementos como desarrollo humano, crecimiento económico, progreso, etc. se requieren otras instituciones que, si bien es cierto, pueden acoplarse mejor en un sistema democrático, son diferentes: se trata del libre funcionamiento del mercado, de la transparencia, de la aplicación igualitaria de las reglas del juego, del papel del dinero, del respeto por los derechos individuales.

Esperamos que para el bien del futuro de los árabes estos sepan muy bien por lo que están luchando y cual es la institución propicia para alcanzarlo. De lo contrario, tememos que esta sea una revolución similar a la que describía Orwell en su célebre novela "Rebelión en la granja": aquella que crea un escenario peor que el que se dejó atrás.

viernes, 18 de marzo de 2011

Viernes de recomendación


Para este día les ofrecemos el ensayo "Laberintos de la razón práctica dos lecciones sobre ética y lenguaje en wittgenstein y su relevancia para las ciencias normativas." , de Minor Salas donde se examina la vida y obra de uno de los filósofos más influyentes del siglo XX: Ludwig Wittgenstein.

jueves, 17 de marzo de 2011

Paquete de impuestos no, reforma del Estado si!!!


La semana pasada fue el evento organizado por ANFE y la Academia de Centroamérica respecto a la reforma fiscal. Parece que entre la gran variedad de criterios y matices que fueron expuestos, al menos dos conclusiones claras pueden extraerse:

a) Definitivamente es el gasto desmedido el que nos tiene metidos en este hoyo.

b) El presupuesto costarricense es un presupuesto rígido que no permite de forma discrecional hacer los verdaderos recortes estructurales de gasto que se refieren.


Precisamente el día de hoy queríamos enfocarnos en el segundo punto. Tenemos un tremendo problema en nuestras manos, un déficit que crece sin posibilidad de hacer verdaderos recortes en el gasto. Entre los problemas que se señalaron a este respecto durante el evento es que los incentivos en el sector estatal solo crecen y crecen independientemente del rendimiento de las instituciones o del estado de la economía nacional. Las anualidades son un excelente ejemplo de esta situación. Por otro lado, tenemos el famoso estatuto de servicio civil que vuelve imposible la sola idea de despedir a un funcionario público. Y por último, tampoco podemos olvidarnos de los continuos y odiosos privilegios de las convenciones colectivas, que nunca suelen estar sometidas al más mínimo criterio de racionalidad o sensatez.


Así, los síntomas no dejan duda alguna para el diagnóstico: tenemos que empezar a hablar seriamente de una reforma del estado. Ya no podemos seguir con estas “soluciones” cosméticas y coyunturales. Para empezar, los temas que tienen que estar en la palestra son: a) una verdadera ley de empleo público que ponga orden dentro de la administración y que de beneficios reales y plausibles a los trabajadores, esto es, ajustados a los rendimientos de las instituciones y a la productividad de cada uno de ellos y no al mero estar calentando la silla. b) Un debate profundo acerca de que funciones que debe realizar el Estado. c) En relación al punto anterior establecer que instituciones del Estado deben cerrarse y que activos pueden venderse. d) Una reactivación económica que permita obtener más recursos a la luz del crecimiento real de la economía. Para dicha reactivación se deben tomar en cuenta aspectos como la tramitología que asfixia al empresario, mejoramiento de infraestructura (con concesiones que si funcionen), y la solución definitiva a los problemas inflacionarios de este país que tanto dañen a los pobres. d) Por último, una reforma fiscal que contenga tres elementos que son claves: 1) la eliminación de todas las exoneraciones (zonas francas incluidas), como buenos liberales creemos en la igualdad ante la ley y no en los privilegios y no hay razón porque unos paguen más o menos impuestos que otros. 2) Unificar las tasas impositivas para eliminar las distorsiones que provocan. 3) Reducir las tasas impositivas, dado que la base se está ampliando no hay razón por la cual las tasas tengan que seguir al mismo nivel. Estos puntos son meramente ilustrativos, no taxativos. Pero, definitivamente son un punto necesario para empezar a trabajar una solución.


Aun estamos a tiempo para corregir este problema y darle una solución real y de largo plazo. Esperamos que no tenga que ocurrir un verdadero shock económico que nos despierte y nos obligue a plantearnos estos temas. Desgraciadamente, conociendo la cultura política de este país no se pueden esperar muy buenos augurios en este respecto.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuestionar a los parásitos


La degradación moral de una sociedad tiene muchos síntomas. Pero misteriosamente algunos prefieren apuntar su artillería buscando culpables en retorcidos ámbitos, cuando en realidad las explicaciones están a la vuelta de la esquina, mucho más cerca de lo que creemos.

Y es que hemos naturalizado el concepto de que muchos, demasiados deben esforzarse, trabajar y producir, generando riqueza, para que otros, sin hacerlo puedan gozar de los beneficios del mérito ajeno. Estamos rodeados de parásitos, y lo más grave del caso es que nos estamos acostumbrando a ello. Convivimos a diario con gente que ha elegido la más fácil, la de no hacer, la de dejar que otros lo sostengan, la de victimizarse responsabilizando a cuanto monstruo real o imaginario tenga a su alcance.

Que los beneficiarios directos de ese magnífico negocio de vivir del esmero ajeno, aprueben esta actitud generalizada no debe sorprender. Después de todo, maximizan su propia ecuación. Mínimo sacrificio, largamente compensado por cuantiosas ventajas recibidas sin más merecimiento que el de autodefinirse como postergados, minusválidos y mártires del sistema.

Lo paradigmático, es que los esquilmados, los que se esfuerzan, los que han elegido el camino más complejo y agotador, pero más honroso por cierto, se hayan acoplado tan mansamente y acepten con tanta condescendencia esta nueva moralidad impuesta, convirtiéndose en verdaderos esclavos.

Los creadores, los que están dispuestos al riesgo, los que trabajan de sol a sol, poniendo en ello no solo su esfuerzo físico, sino fundamentalmente su cerebro, su ingenio y talento, su preocupación y compromiso, se vienen resignando a esa nueva posición, la de los expoliados, esos que trabajan para que otros disfruten de su empeño.

Hasta que punto hemos perdido el norte en esto, que quienes crean riqueza y producen, no solo son exprimidos, sino que además son fuertemente criticados, convirtiéndose en el blanco preferido de las ideologías dominantes.

Los parásitos han ganado la más importante de las batallas: la moral. Nos vienen convenciendo que son merecedores de este presente, que este es el camino adecuado, y que los esquilmados deben, además, aplaudir esta modalidad. Están ganando la contienda intelectual, al punto que ningún partido, movimiento político, ni sectores de la intelectualidad, se anima a cuestionar en voz alta, en público, esta atrocidad sistémica y estructural que ni siquiera propone retirarse progresivamente y ya ni precisa justificar su transitoriedad como en otros tiempos.

Cuando alguien intenta objetar esta realidad, lo hace con culpa, pisando como en terreno minado, eligiendo las palabras justas para no decir lo políticamente incorrecto. Definitivamente nos vienen torciendo el brazo, al punto de acallarnos. Nos están convenciendo de que lo moralmente adecuado es que algunos trabajen duro, para que otros disfruten de los frutos del esfuerzo ajeno.

Con esa lógica, no solo han conseguido la aceptación popular de que los que más tienen los deben sostener económicamente, sino que además deben hacerlo sin chistar. La represalia es automática y la amenaza constante es ser considerados indecentes, insensibles, avaros y ambiciosos. Es que los aprovechadores no admiten cuestionamiento alguno a su forma de vida.

Y a no equivocarse, cuando hablamos de parásitos no solo nos referimos a los que reciben la dádiva estatal del eufemístico concepto de las políticas sociales, también hablamos de los pseudoempresarios que viven de la prebenda y crecen a la sombra de los favores públicos, a los que han elegido como medio de vida a la política para financiarse con puestos públicos, porque son incapaces de triunfar en sus profesiones u oficios y a los buscadores de privilegios que pululan por doquier.

Alguna vez Ayn Rand dijo “El hombre que produce mientras los demás disponen de su producto es un esclavo“, y un poco más profundamente valdrá recordar otra de sus reflexiones “Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario."

El escenario es difícil no porque ellos vengan ganando la disputa, sino porque los que financian esta fiesta con su esfuerzo han decidido callarse, entregarse dócilmente, casi como esclavos, asumiendo que deben trajinar incansablemente no solo para sí mismos, sino también para mantener este perverso sistema que se profundiza cotidianamente sin indicios de modificar su rumbo un solo centímetro.

Habrá que juntar coraje para dar la batalla donde corresponde, en el campo de las ideas, perdiéndole el miedo a los fantasmas, a las corporaciones y al intimidante poder del discurso hegemónico.

Será importante tomar fuerzas, y para ello es relevante asumir quienes están haciendo lo correcto, y quienes no. Porque los parásitos podrán seguir esquilmando a la sociedad por algún tiempo, le podrán quitar sus recursos, sus esfuerzos, vivir de sus talentos e inteligencia, y al mismo tiempo criticarlos con vehemencia. Lo que no podrán obtener nunca de ese modo es dignidad, respeto y autoestima. Eso solo se consigue cuando se tiene integridad moral.

Por algún lado debemos empezar. Tal vez sea buena idea, al menos dejar de aplaudir a los parásitos. Ellos también se alimentan de la aprobación de todos. Señalarlos con un dedo puede ser el camino. Identificarlos todos los días en vez de adularlos puede ser un primer paso. Tal vez sea hora de cuestionar a los parásitos.

Alberto Medina Méndez

martes, 15 de marzo de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: breves comentarios sobre el transporte interno


1.- Los últimos arreglos en el puente de la General Cañas.
Después de meses de tortura, los costarricenses esperábamos ansiosamente que las últimas reparaciones a la platina del puente en la autopista General Cañas concluirían exitosamente. A veces creo que debe haber algún tipo de maldición gitana que ha impedido su arreglo definitivo, pero otro lado más racional me hace pensar que todo se ha debido a la incapacidad gubernamental. La última restauración se creyó la definitiva, pero los acontecimientos señalan que seguiremos soportando la incapacidad del Estado para resolver lo que, presumiblemente, es algo relativamente fácil de solucionar. No soy profesional de ingeniería y menos de puentes, pero honestamente creo que los profesionales de esas áreas le han quedado debiendo a la opinión pública.

La última reparación costó más de 800 millones de colones y a los diez día de haberse terminado, presenta defectos que exigen su reparación… otra vez. Ciertas autoridades han dicho, como una justificación, que el concreto que se instaló no preveía un volumen tan elevado de vehículos transitando, pero tal excusa es totalmente inaceptable, pues lo que muestra es la incapacidad de los funcionarios para estimar algo para lo cual, se supone, están capacitados. La empresa portuguesa encargada de las obras aceptó su responsabilidad y no cobrará por ellas (¿diay?, ¡por supuesto!), pero tendremos que esperar aún más para poder movilizarnos sin problemas. Hay sí un progreso: hemos evolucionado de un simple puente de la platina a un moderno puente del salpullido (o sarpullido, como decimos por aquí).

2. El puente Bailey en Cambronero.
Todos conocemos el relajo sucedido con el tránsito en la cuesta de Cambronero por la falta de un puente Bailey: una presa que dura horas, principalmente al regreso dominical de quienes viajan al Pacífico o a Guanacaste. Si fuera que de pronto, de la nada, inesperadamente, hubiera surgido el problema, se podría excusar la presa sucedida, pero lo cierto es que ella era perfectamente predecible. De haberse tenido funcionarios más eficientes en la toma de decisiones, tal relajo se habría evitado.

Desde hace mucho tiempo se sabía que la carretera llamada Autopista del Sol se tenía que cerrar para reparar toda un área dañada. No me voy a referir a esta otra tragedia de la Autopista del Sol: ya me venció el cansancio. Pero sí a que a finales de febrero se cerraría el paso para hacer las reparaciones, en un camino provisionalmente abierto gracias a un puente Bailey.

Era obvio que, al cerrase la Autopista del Sol, su flujo de vehículos en gran parte se trasladaría a la vieja ruta a Puntarenas (la alternativa por el Monte del Aguacate sabemos que es muy estrecha y no permite el paso de grandes camiones). El problema es que en la cuesta de Cambronero existía otro puente Bailey -¡qué haríamos sin la invención del señor Bailey, quien debe estar en la Gloria!- y que por ello el paso era en una sola vía. Por supuesto que, con el mayor flujo de tránsito, la ruta iba a colapsar, de manera que era necesario solucionar ese problema antes de que se cerrara a autopista del Sol para repararla. En lugar de hacerlo así, pudiendo haberse puesto otro puente Bailey paralelo, simplemente cerraron la Autopista del Sol y a ver qué pasaba. Sucedió lo esperado y miles de ciudadanos tuvieron que sufrir en carne propia el resultado de la incapacidad de las autoridades Ante el tortón, ahora corren, eso sí apurados, a hacer lo que deberían haber hecho antes.. En resumen: este es otro ejemplo que demuestra la incapacidad de las autoridades encargadas de nuestro sistema vial.

3.- La concesión portuaria en Moín.
Miro con buenos ojos, ante la intransigencia de los sindicalistas de JAPDEVA, la decisión de otorgar en concesión al sector privado el nuevo puerto de Moín. Ojalá, y nada más de paso, que las autoridades gubernamentales ya hayan aprendido a hacer bien las cosas después del relajo con la concesión de la Autopista del Sol. Así deseo que las cosas salgan bien y considero mi deber plantear un par de preguntas, para evitar críticas futuras -que no tardarán- de los opositores de siempre a cualquier cosa que signifique competencia y mejores posibilidades de hacer las cosas.

Dado que para otorgar la concesión tan sólo se presentó un oferente y que una de las virtudes de los esquemas de concesión de obra pública es que se puede contar con diversos oferentes, entre los cuales es posible escoger la mejor, más económica y de forma transparente, ¿no hay ya posibilidad de buscar oferentes en un mayor número que uno sólo para otorgar esta concesión? Se suele decir que “no sólo hay que serlo, sino también parecerlo”, por lo cual me temo, y podría estar equivocado, que pronto los enemigos tradicionales de los esquemas de concesión se lanzarán contra ella por esta ausencia de oferentes competidores. Es más, dado que el costo anunciado por los servicios que se cobraría con la concesión es mayor que lo que actualmente JAPDEVA cobra, creo que pronto alguien argüirá que la concesión no es económicamente conveniente y que lo mejor podría ser tener otras opciones. Aquí dejo el tema, pero me siento satisfecho de opinar sobre lo que podría surgir, que espero no dé al traste con una apertura en competencia, impostergable y necesaria, de nuestro puerto en el Atlántico.

4.- Comparecencias ante la Asamblea Legislativa.
El pasado 1 de marzo, la ex Ministra de Obras Públicas y Transportes, Karla González, acudió a la Asamblea para referirse a lo sucedido con la Autopista del Sol. Allí dijo lo siguiente, a manera de pregunta: “¿Es mejor esta carretera con muchas fallas que corregir, que no tener carretera del todo…? Definitivamente sí”. Me parece que la pregunta y la respuesta que brinda la ex Ministra no sólo dejan mucho que desear, sino que más bien suenan a una autojustificación por la forma en que actuó en cuanto a su responsabilidad por vigilar todo lo sucedido con la Autopista del Sol, la cual no ha llegado a un buen final. Ante ello, me permito, replantear la pregunta en mención, esperando mostrar así la forma equivocada en que lo hizo con el propósito de desviar la atención al meollo del asunto: ¿Qué tal si nos dijera lo siguiente?: “¿Es mejor este trillo mal hecho con muchas fallas que no tener un camino del todo?.” ¿Definitivamente sí? Me imagino que jamás pasó por la mente de los ciudadanos que esa autopista, a construir después de tantos años de indecisión y problemas, se hiciera con tantas fallas “por corregir“, como para aceptar la premisa de que con ella se estaba mejor que sin nada, como antes. El punto esencial es que los ciudadanos esperábamos, ni más ni menos, una carretera aceptable sin “defectos por corregir”, sino bien hecha. Lo que debemos pagar debe corresponder con la calidad del producto que hemos recibido. Y éste parece estar muy fallido, gracias en mucho a la irresponsabilidad de quienes tuvieron a cargo el proyecto. Este es el meollo del asunto y de la responsabilidad.

5.- La responsabilidad que debe asumirse.
Francamente el desfile de excusas por la ineficiente actuación de diversos funcionarios involucrados en la desafortunada concesión de la Autopista del Sol me ha mostrado, después de los descargos, las excusas, los remilgos y las quitadas de tiro, de toda índole, de los irresponsables, que hay alguien que puede ser responsabilizado por del desaguisado. Como nadie de los que se han presentado ante la Asamblea la ha aceptado, mencionaré a quien, en mi opinión, debería de responsabilizarse por la plata botada y cobrada a los ciudadanos con la Autopista Circo del Sol: FUE TETÉ.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 14 de marzo de 2011

Tema polémico: el riesgo


Cualquier decisión que se toma lleva consigo un riesgo: se pueden obtener resultados positivos y, por supuesto, resultados negativos. El fracaso es aquella frustración que se obtiene cuando un objetivo o un proyecto no concluye en la forma esperada. Contemplar la idea del fracaso no es placentero, sin embargo, éste puede ser uno de los factores más importantes de un eventual éxito. Tanto en la vida cotidiana como en los negocios, el aprendizaje que se obtiene como resultado de una frustración, puede conllevar una oportunidad para sacar un resultado exitoso, tal vez aún mejor que el que se esperaba obtener originalmente. Por ejemplo, la famosa pastilla para tratar la disfunción eréctil Viagra originalmente fue desarrollada para tratar la hipertensión arterial. No dio los resultados esperados, pero terminó siendo utilizada, con éxito, para tratar otro padecimiento y, hoy, genera millones de dólares en ganancias. Por eso, cualquiera que sea el resultado, tomar riesgos es parte fundamental de una economía de mercado.

En 1921, en economista Frank H. Knight expuso que parte esencial del empresario es asumir el riesgo de la actividad económica. El beneficio económico es la recompensa de haber asumido el riesgo. Sin embargo, el Estado, en su erróneo propósito de regular el mercado y distribuir la riqueza, puede desincentivar o eliminar este factor tan importante, generando perversas distorsiones.

Uno de los casos más típicos es el de los impuestos. El impuesto, como lo hemos discutido en otros artículos, no es sino un arrebato de la riqueza de los individuos resultado de su esfuerzo personal. Como habíamos mencionado antes, parte fundamental de tomar riesgos es el incentivo de la recompensa, pero si de antemano sabemos que el Estado nos arrebatará esta recompensa por medio de impuestos es probable que no queramos tomar el riesgo. En otras palabras, por medio de los impuestos, el Estado desincentiva la generación de riqueza.

Peor aún, el Estado utiliza muchos de esos recursos para subsidiar aquellas personas y aquellos negocios que no han obtenido resultados positivos luego de sus decisiones. Al hacer esto, basado en la política del "pobrecito", elimina la cuota de responsabilidad a la hora de tomar riesgos y esto es muy negativo, ya que como mencionamos antes, parte de las malas decisiones es aprender de las mismas. Si el Estado está dispuesto a hacerse cargo de las posibles pérdidas es como una invitación a seguir tomando malas decisiones. El Estado en su política de distribuir la riqueza les arrebata el premio a las personas que han asumido riesgos y han sido exitosos para dárselo a personas que han asumido riesgos y no han obtenido resultados beneficiosos.

Para que una economía de mercado funcione adecuadamente, es normal que haya ganadores y perdedores. Ese impulso de seguir tomando riesgos para obtener mayor grado de riqueza produce que un beneficio generalizado. Por ejemplo, a inicios del año pasado, la compañía Apple sacó al mercado su revolucionario producto llamada iPad, una combinación entre computador portátil y smarthphone . Un riesgo claramente, pues se trataba de un producto nada parecido a cualquier otro en el mercado. El resultado fue un éxito e incentivó a que otras compañías quisieran acapara ese nuevo mercado, como por ejemplo Motorola con su Xoom o Samsung con su Galaxy. Esta dinámica de competencia luego genera que las compañías perfeccionen sus productos y bajen el costo, todo lo cual se traduce finalmente en beneficios para los consumidores.

Sin lugar a dudas, en ASOJOD consideramos que, como lo muestra la historia de la humanidad, el progreso depende de una sucesión de éxitos y, sobre todo, fracasos. La tecnología, el conocimiento, el bienestar, la riqueza y todo lo bueno que hoy conocemos es resultado de intentos, a veces fructíferos y a veces no, de personas que tuvieron el valor para innovar, crear, producir y pensar. Por eso, como bien enseña Ayn Rand, el mundo es del ser productivo, del empresario.

En un mundo donde no sea posible asumir riesgos y, fundamentalmente, donde el éxito o fracaso no sea asumido exclusivamente por el sujeto que actúa, es imposible que se avance. Por ello, cada vez que el Estado pretende definir ganadores y perdedores sin que el resultado sea una derivación lógica de la acción, está generando distorsiones que terminarán perjudicándonos a todos por igual.

En razón de lo anterior, en ASOJOD invitamos a nuestros lectores a que tomen riesgos y que demanden cuando estos riesgos se puedan ver limitados por ese grupo de burócratas que se dicen llamar Gobierno. Hay que interiorizar ese valor de justicia, donde cada quién obtiene lo que cosecha, en lugar de ese antivalor popularmente conocido como "justicia social", donde algunos obtienen lo que no merecen.

viernes, 11 de marzo de 2011

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, queremos ofrecerles un interesante artículo de Bruce Caldwell, donde conmemora los cincuenta años de "Los fundamentos de la libertad", una de las obras más exitosas de Friedrich Hayek y que ha servido para explicar, de forma amena y acertada, la importancia de los valores liberales en la vida política de la humanidad.