miércoles, 21 de diciembre de 2011

Desde la tribuna: ¿se puede cristiano y liberal? Ideas para un debate


Los valores cristianos:

No hay duda alguna de que existe una cultura cristiana occidental. Tal cultura tiene profundos basamentos que logran conjugar la antigüedad grecorromana con los principios cristianos.

Estos principios fueron permeando poco a poco el mundo occidental y han logrado una valiosa síntesis.

Para muchos autores, tal síntesis puede apreciarse en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Cuando uno se pregunta por la esencia de los valores cristianos, no debería haber duda en contestar con “Amar a Dios sobre todas las cosas … y al prójimo como a ti mismo” (Mateo 22-36-40). Síntesis expresada por el mismo Jesucristo pero que no borra todo el cúmulo de enseñanzas y responsabilidad que también pregonó intensamente Jesús.

Algunos grandes pensadores y maestros han desarrollado toda la filosofía cristiana a partir del Evangelio y el Antiguo Testamento: La Patrística, San Agustín, La Escolástica, Santo Tomás de Aquino y un rico tejido de Encíclicas. La lista es inagotable.

La responsabilidad del cristiano es evidencia misma de que tiene libertad. Son caras de una misma moneda.

En el pasaje del Evangelio relativo a “… dad al César lo que es del César …” (Mateo 22:21, Marcos 12-17, Lucas 20:24 y la idea de Pablo en relación con los impuestos en Romanos 13:7) sobran quienes dejan campo libre al Estado (es del César). Como una especie de separación total entre el cristianismo y la forma de administrar la sociedad.

Por ello vale la pena señalar que la separación entre Iglesia y Estado no puede significar que un cristiano debe abstraerse del modo en que actúa el Estado.

El cristiano no puede limitarse a orar para que las autoridades lo hagan bien, esperar que el la actuación del Estado sea buena y abstenerse de participar en la política.

El tema es cómo ha de hacerlo y cuáles programas e ideas debe impulsar (asimismo, cuáles debe combatir).

Incluso, debe preguntarse si el ser cristiano implica una ideología política (¿humanista, socialista, marxista, liberal, demócrata algo, social algo, republicano, peronista, priísta, etc?).

De lo que no tengo duda alguna es de que un cristiano sí debe participar y debe hacerlo de un modo que se acorde con sus creencias (respeto a la verdad, a los valores fundamentales del cristianismo y a los derechos humanos).

El amor, la caridad, la fraternidad … ¿implican socialismo político y económico? No veo de dónde. Sería fariseísmo. El amor, la caridad y la fraternidad implican un modo de actuar personal, obligaciones personales, no imposiciones sociales ni mucho menos obligaciones sociales. Ello no quiere decir que hay que impulsar un sistema indiferente o que no tenga previsiones sociales, sino que no puedo transplantar valores y obligaciones personales a la estructura social sin más. Incluso, en la valoración del amor al prójimo, hay toda una gama de interpretaciones importantes que no pueden hacerse de lado. Nadie puede ser candil de la calle y oscuridad de la casa. No se puede imponer el amor social y no practicar el personal. Sería una contradicción. No se puede amar al prójimo lejano (contradictio in terminis, oxímoron o absurdo) y olvidar al cercano. Un padre de familia tiene obligaciones ciertas con sus familiares (esposa e hijos) y más tenues con el resto de integrantes de la sociedad. Por tal razón, al exagerar o transplantar algunos valores o principios (caridad y fraternidad, por ejemplo, al campo político o social por norma jurídica, lo que sucede es una situación ilógica, más bien demagógica).

En cambio, los principios elementales del Estado de Derecho (el pueblo como elemento esencial del Estado y sus implicaciones, el Derecho como instrumento de acción y sus consecuencias) parecen conjugarse perfectamente con el cristianismo (no idolatrar a un Estado como a un becerro de oro, ni a una sociedad con abstracción de sus integrantes).

De allí que el constitucionalismo resulta ser armonioso con el cristianismo. En la consecuencia de ello van ir apareciendo los modos y derechos del Estado de Derecho: republicanismo o su equivalente en las monarquías constitucionales, el ser humano como fin y no medio, el respeto a los derechos fundamentales (incluyendo la vida, la libertad y la propiedad).

El liberalismo:

El liberalismo ha tenido como centro el reconocimiento de la libertad del ser humano y sus implicaciones en diversos ámbitos. Así pues, hay consecuencias políticas, económicas, filosóficas y jurídicas.

En algunas de sus manifestaciones históricas y sus actuaciones ha habido enfrentamiento innegable y hasta físico y grosero con la Iglesia Católica y con algunas otras denominaciones o cultos.

Ello, por supuesto, ha pasado en grado mayor con el marxismo y sus derivaciones. No obstante, algunos socialistas han querido apropiarse del cristianismo y desautorizar la posibilidad de que cualquier otro tipo de concepción política pueda ser compatible con él.

El liberalismo tiene un concepto de ser humano, con libertad y responsabilidad. En ello es similar al cristianismo.

El liberalismo promueve la tolerancia y la libertad ajenas, en ello es igual al cristianismo (aunque algunas concepciones cristianas no crean en la libertad y menos en la libertad de culto).

El liberalismo promueve la economía de mercado y el trabajo. El cristianismo promueve el trabajo y no es incompatible con la economía de mercado.

El liberalismo promueve la libertad jurídica y política y ahora estamos claros que tales valores son perfectamente compatibles con el cristianismo.

Los liberales son anticlericales. El clericalismo es opone a los pasajes del Evangelio que se citan respecto de “dad al César …”. Podría concluirse entonces que el clericalismo no es cristiano.

Los liberales no se oponen a la caridad, a la fraternidad ni al amor. Lo que combaten es el transplante irracional de dichos temas al mundo político y jurídico, creando distorsiones sociales y económicas.

El liberalismo se opone a un Estado irracional, abusivo, dictatorial e irrespetuoso de los derechos y libertades públicas. El cristianismo debería estar en la misma línea.

Algunos cristianos quieren llevar la moral cristiana a moral pública y legislar en relación con tal concepción incluso en el ámbito penal. El liberalismo está en contra de ello. No se pueden salvar las almas por ley. Hay evidentes errores del pasado que dan la razón al liberalismo. Reitero que se trata únicamente de algunos cristianos.

El liberalismo defiende el derecho de propiedad y lo considera importante para activar y crear mercados. El cristianismo ha estudiado y señalado que el derecho de propiedad es conforme al Evangelio y doctrina cristiana.

Hay algunos liberales que no son cristianos. Hay demasiados socialistas y marxistas que son enemigos del cristianismo.

Interés de la pregunta:

En el siglo XIX hubo muchos enfrentamientos entre el liberalismo y el cristianismo. No fueron tantos como los que tuvo el cristianismo con el marxismo y sus derivaciones ni con el fascismo y sus similares.

Ello ha llevado a muchos a pensar que no se puede ser cristiano y liberal. También han sido muchos los que lo han pregonado y no han tenido empacho en señalar como incompatibles con el cristianismo la economía de mercado, la riqueza, la globalización (aunque sea enano de otro cuento), la caída del marxismo, la libertad empresarial, el derecho de propiedad, la libertad política, el conocimiento, el avance científico, la tecnología, la libertad de pensamiento y la libertad en varios aspectos (incluyendo política, prensa y filosofía).

Por supuesto que además, con la crítica desde el púlpito a algunas situaciones sociales, políticas y jurídicas, algunos no han sabido entender las causas y han hecho análisis que con sus prejuicios han desorientado a algunos cristianos.

Ejemplo de ello es culpar a los ricos de la existencia de pobres. Igual, señalar en la libre empresa o progreso la mala suerte o vida de otros. Asimismo, señalar que la libertad es la causa de los vicios. O que la libertad de prensa y espectáculo es la culpable directa de la perversión de costumbres. Detrás de algún púlpito hay más estatolatría que amor al prójimo, más marxismo que amor a Dios, más totalitarismo que difusión del Evangelio, más doctrina propia que cristianismo.

Por ello es menester plantearse si se puede ser cristiano y liberal, si un cristiano puede defender la libertad, si un cristiano puede apoyar la economía de mercado, si un cristiano debe defender la propiedad y la empresa, si un cristiano puede defender la riqueza, si un cristiano debe promover la difusión de los derechos e, incluso, si un cristiano debe entender los riesgos del clericalismo.

No basta poner los ejemplos de Lord Acton y el Padre Sirico, solo para mencionar a un par de conspicuos pensadores y difusores de la armonía necesaria entre cristianismo y liberalismo. Aunque l a historia está llena de pensadores y políticos cristianos y liberales es importante señalar que se trata de vivencia y pensamiento absolutamente armonioso.

Para algunos, como mi buen amigo Luis Lépiz, incluso se trata de un tema de necesidad. Para Luis es un deber cristiano impulsar la economía de mercado con el propósito de poner las condiciones para que los pobres puedan progresar y la riqueza aumente y se distribuya. Su intenso estudio de estos temas le lleva a la conclusión de que no hay otro camino.

Conclusión:

Aunque abunda bibliografía al respecto, lo cierto es que parece ser necesario estar repasando estas esenciales cuestiones.

No tengo duda de la perfecta compatibilidad entre el cristianismo y el liberalismo. Incluso, al igual que mi amigo Luis Lépiz, estimo que se trata de una conclusión necesaria. Creo que el buen cristiano no puede evitar ser liberal.

No obstante, como buen liberal dejo el asunto a la discusión abierta y sin prejuicios. Sin ánimo de agotar la discusión, planteo este tema para Navidades y Fin de Año. Al final apunto alguna bibliografía interesante.

Feliz Navidad, cristiana y liberal.

PS: Abunda literatura respecto de tema tan importante. Propongo algunas lecturas de diverso motivo, enfoque y profundidad, únicamente para estimular el pensamiento y estudio alrededor del tema.

http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/5_5_Montes.pdf
http://alteran1985.blogspot.com/2009/01/liberalismo-cristiano.html
http://institutointerglobal.org/historia/2136-ique-es-liberalismo-cristiano
http://www.liberalismo.org/articulo/16/55/liberalismo/catolicismo/eaco/g0lan/
http://almela.blogspot.com/2009/05/liberalismo-y-cristianismo.html

Federico Malavassi Calvo

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tema polémico: cómo el grinch se quiere robar la navidad


Es víspera de noche buena; los aldeanos se preparan para celebrar las fiestas de navidad. Miles de familias corren para comprar los regalos, preparar las cenas y compartir con sus seres queridos tanta felicidad.

En los hogares, todo es paz y tranquilidad. Nadie quiere perderse la algarabía y por eso, aunque apurados y ataviados, todos guardan la amabilidad.

Ni el frío, ni las presas, ni la ligera garúa merman el espíritu festivo. Todos disfrutan sin notar que alguien trama contra ellos su plan coercitivio.

En una fría cueva ubicada en Zapote, con la ayuda de sus compinches de Cuesta de Moras, el grinch criollo prepara furtivo su garrote. Maquina con sus gendarmes, dos torpes duendes malvados, un terrible plan sacado de libros empolvados. Dicen que su propuesta nos ayudará a salir de problemas, pomposas palabras para disfrazar sus estratagemas.

La verdad es que el grinch quiere robarse la navidad, aumentando los impuestos sin que exista representatividad. No hay discusión y quienes osen a oponerse serán atacados, gracias a la oportuna ayuda de sus comunicadores comprados.

Por eso, en el cónclave, ha nombrado general de sus huestes a un gato, con tan mala suerte que los errores y desaguisados, lo han metido en un zapato. No es el gato con botas, sino un gato con brumas, cuyas malas justificaciones lo han convertido en el centro de las bromas.

Con la ayuda de los mojigatos, el grinch ha logrado orquestar un PACto que le permita dar el garrotazo pufrefacto. El plan ha avanzado presto y veloz, casi sin contratiempos, excepto los que la propia torpeza del que daña enmaraña.

En sus propios mecates se ha enredado el grinch criollo, forzando la marcha de un plan que condena al subdesarrollo. Por eso manda a su ejército que, antes de Navidad, resuelva el embrollo.

¿Por qué antes de Navidad? Porque el grinch quiere aprovechar la emotividad para dar su zarpazo, evitando que los aldeanos sientan el cachiporrazo. Todos extasiados con carnes, frutas y regalos, pólvora y globos, son víctimas fáciles de abominables robos.

El grinch quiere aprovechar el descuido para meter su mano en los bolsillos, esperando encontrar monedas, billetes y chequecillos. Mientras todos están dormidos, quiere irrumpir para sustraer las posesiones de los aldeanos desguarnecidos.

De momento, un grupo de valientes que han denunciado el asalto a mano armada, tiene la propuesta varada. Miles de frenos han presentado, aunque todas sus ideas el grinch ha rechazado, gracias a la mayoría de representantes que quiere ver el robo consumado.

No obstante, el plan de momento ha fallado. Contar con gendarmes que no piensan y solo asienten es riesgoso, pues su torpeza los lleva a un accionar desastroso.

Pese a todos los yerros y desaguisados, los aldeanos deberían estar más atentos y pellizcados. Un grinch y sus duendes les quieren robar lo que tanto esfuerzo y trabajo les ha costado ganar.

Esta Navidad no podrá ser tranquila y pacífica, cuando un grupo de bandoleros merodea con una intención terrorífica. Rogarle al Mesías de El General que salve a los aldeanos no tiene sentido, porque la deidad está con el saqueo comprometido.

Por eso, un poco más de atención y reflexión, no caerían mal entre los aldeanos. Quizá todos juntos puedan conformar un frente espanta villanos.

Si a esos malhechores y sus ideas retorcidas, todos los aldeanos deshechan de por vida, el futuro de la villa podrá ser prometedor. Aunque de momento, es suficiente que después de las fiestas, el panorama deje de ser tan comprometedor.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Viernes de Recomendación


En el siguiente artículo titulado De las Preferencias Privadas a una Filosofía del Sector Público, James Buchanan nos introduce en la Teoría Económica de la Política, esbozando sus principales planteamientos y desarrollos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Desde la tribuna: ¿efectos solidarios del "tax and spend"?


La propuesta y la tramitación del paquetón tributario muestran la degradación a la que ha conducido la ignorancia económica y política, resumida en la fórmula hacendaria de “tax and spend”. Esta fórmula importada, tan reverenciada por algunos economistas y políticos, consiste en recetar impuestos y generar gasto público. No necesariamente en ese orden, sino a la inversa: crear gasto público desordenado y desgobernado y después alegar falta de impuestos para financiarlo. Ese ha sido el camino seguido para proponer el último paquetón. Los nuevos impuesto se pretenden justificar con los gastos incurridos, sin ninguna prudencia ni orden. Efectivamente, de 2006 a 2012, el gasto público ha crecido al doble de velocidad que la producción nacional medida como PIB.

Para engañar a la población, se utiliza el nombre del proyecto de ley. Así, a esta descabellada propuesta se le llama “solidaria”, para esconder impuestos a la educación, a la salud, la justicia; al fresco de guanábana y a la empanda; al chifrijo y a la ropa usada. Tanto, que ahora hay una bancada que promueve el impuesto solidario a la empanada y otra, muy aliada, a la ropa usada. Sin duda, para los proponentes del proyecto, esos lujos de la clase media y los pobres, deben encarecerse con impuestos para financiar los viajes de los jerarcas alrededor del mundo y, también, para dispensar asistencialismo clientelar y financiar la propaganda electoral, a fin de llamar elecciones, a procesos trucados, con gasto público dirigido a la compra de votos.

Pero el daño económico y político no acaba allí. Se estruja al productor nacional exonerando el producto final y gravando todos los insumos. Así, en el texto al que se le aprobó trámite rápido, se exoneró el pan pero no la harina, ni el trigo, ni el transporte de ninguno de ellos. Al final, lo único que se exoneró fue la irresponsabilidad, la ignorancia y la tergiversación de la realidad practicada por quienes propusieron exonerar, de esa forma, una canasta básica amputada. Los proponentes gozan de buena salud burocrática y cobran, rigurosamente, su salario y otros beneficios.

Pero también amputaron la Asamblea Legislativa. Allí, el trámite no es más que un remedo. Se va haciendo una práctica muy viciosa, pero al mismo tiempo, muy reveladora, eso de tramitar los impuestos por vía rápida. Ello significa que un texto inicial, solo puede recibir modificaciones acordadas en Casa Presidencial, nunca en el debate legislativo, que es eliminado. El plazo de tramitación se decide a voluntad de los jerarcas de Casa Presidencial y sus asesores, expertos en defraudar la buena fe de los votantes. Con todo ello, se rebaja la calidad de la democracia y de la representación a sus más hundidos niveles La prevalencia de esta distorsionada política, empeñada en desaparecer cualquier disidencia, para imponer la ignorancia económica y sostener un gasto público desorientado y acompañado de abusos, no puede llevar al país más que en un rumbo de colisión.

Como si ello fuera poco, el acceso a un abogado, necesario para los procesos judiciales, pagará el impuesto IVA pleno. Eso significa que los ciudadanos que busquen justicia deberán pagar impuestos para acceder a ella. La verdad es que prácticamente un 70% del paquetón son impuestos indirectos (IVA), promovidos por quienes alegan estar en contra de los impuestos indirectos. La bajeza del engaño ha quedado confirmada, al recibirse de España fondos para financiar la propaganda en favor del paquetón. España está al borde de la quiebra y llena de desempleo y desorden fiscal. Desde hace tiempo unos expertos fiscalistas locales, al servicio del desgobierno, se inspiran, al punto de copiar, los impuestos españoles y su régimen fiscal. Harían bien en ver los resultados y en tener solidaridad con los desempleados y las desesperadas familias españolas, no aceptando fondos provenientes de un irresponsable e insensible gobierno socialista español. Mucho menos para engañar, con falsificada solidaridad.

Mario Quirós Lara

lunes, 12 de diciembre de 2011

Tema polémico: costarricenses ilusos


La semana pasada, el principal tema de conversación de los costarricenses fue la famosa entrevista que le realizó Ignacio Santo al ex Presidente de la República, José María Figueres Olsen. Por supuesto que fue una entrevista importante, pues finalmente Canal 7 logró sentarse con el ex mandatario luego de que fuera cuestionado por recibir $900.000 de la empresa Alcatel hace ya varios años. Hasta ahora, don José María decide salir de su "escondite" y se refiere al polémico tema, admitiendo haber recibido el dinero de esta compañía a pesar de que no realizó ningún trabajo para la misma; más bien el dinero fue en agradecimiento por hablar bien de las telecomunicaciones y las ventajas de la tecnología GSM en sus variadas charlas y foros. Cínico, ¿no?. ¿$900.000 por no hacer prácticamente nada? Pues dice don José María que los ticos no entendemos que, aunque para nosotros lo simples mortales, eso es una cantidad inmensa de dinero, para él es un simple “menudo”. Al poco tiempo Alcatel ganó dos contratos multimillonarios con el ICE. ¿Coincidencia?

En ASOJOD somos respetuosos del principio de inocencia y no estamos acusando a don José María de corrupto, sin embargo, admitimos que luego de estas declaraciones nos ha quedado un gran sinsabor y una gran sospecha, pues nos cuesta mucho creer que una compañía a la que se le ha demostrado haber pagado en varias ocasiones por favores políticos no solo aquí sino también en otros países de Centroamérica, le haya regalado $900.000 a don José María Figueres únicamente por hablar lindo de las telecomunicaciones de vez en cuando. Hay que ser muy iluso para quedar satisfecho luego de tales declaraciones.

La gran sorpresa es que, luego de la entrevista, una gran parte de los costarricenses se ha congraciado con don José María, esperan su venida con ansias y dicen con mucho ánimo que votarían por él si buscara la Presidencia de la República nuevamente para el 2014 ¿Será que vieron otra entrevista o es que así de ilusas son tantas personas? Lastimosamente la segunda conjetura es la más probable. Y es que muchos ticos consideran que don José María es un líder y eso es lo que el país necesita en este momento para salir del subdesarrollo, sin importar sus acciones y su pasado. Al país, dicen, le hace falta un “caudillo” para poner las cosas en orden y llevarnos a buen puerto, cosa que su ex Ministra de Seguridad, ahora convertida en Presidente, ha sido evidentemente incapaz (y no se preocupen: nunca un político será capaz de llevar a buen puerto a un país si sus actuaciones se basan en la planificación, en la intervención estatal y en el paternalismo).

En ASOJOD no es la primera vez que escuchamos tal barbaridad. Así fue como ganó don Oscar Arias su segundo período, con su campaña de “el barco necesita capitán” ¿Y cuál fue el resultado? Después de Oscar Arias Costa Rica quedó mucho peor que antes por razones que en ASOJOD hemos expresado en muchísimas ocasiones ya. Pero la gran mayoría de los ticos prefieren ignorar estas evidentes verdades y siguen depositando su fe en ex Presidentes cada vez más cuestionados de un partido cada vez más cuestionado. Todavía muchísimos ticos de las generaciones más viejas dicen con tranquilidad y hasta cierto cinismo gracioso que no les importa que don Pepe Figueres haya cometido actos de corrupción, como los famosos “confites”. Tampoco tendrán empacho en apoyar al hijito, a pesar de estar envuelto en un suceso que parece haber cambiado los confites por líneas telefónicas.

Lastimosamente uno de los más grandes problemas que tenemos en este país es esa doble moral que tienen muchos costarricenses ¿Cómo es posible que tanta gente sea tan ilusa? Tal como lo dejó claro la campaña de República de Costa Risa, nuestro país es un verdadero circo, donde todo es un vacilón.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Viernes de Recomendación

Para el día de hoy queremos compartir con ustedes este documental llamado "The Great Global Warming Swindle". Este documental presentado por el canal 4 de Inglaterra desmiente la creencia popular de que el calentamiento global está ligado con la emisión de CO2 provocada por los humanos y la industrialización. Excelente para todas aquellas personas que aun creen en esa falacia presentada constantemente por los ambientalistas de que el desarrollo de los países y la globalización son la causa de nuestros males.




jueves, 8 de diciembre de 2011

Jumanji empresarial: empleo negativo


Cuando el gobierno nos cobra impuestos, el dinero que recauda lo puede utilizar para generar empleo negativo, empleo neutro o empleo positivo.

Veamos si puedo aclarar tamaño enredo: el empleo negativo es aquel que no solo no aporta a lo que yo llamo el ciclo de generación de riqueza y bienestar, sino que impide que otros se incorporen o contribuyan al giro de dicho ciclo y goza a la hora de contemplar cómo el ciclo gira en dirección opuesta (¡que no se sientan aludidos, por favor, los integrantes de ningún sindicato gubernamental!).

El empleo neutro es el que simplemente ni contribuye al ciclo ni estorba gran cosa a los demás en su afán por crear riqueza; en dos platos, es un lastre que consume ingresos oficiales pero un lastre no suficientemente gravoso como para frenar el momentum natural del ciclo, aunque si vuelve vulnerable todo el sistema.

No es el caso, por cierto, del empleo positivo: este no solo se incorpora al curso económico de modo normal sino que se convierte en una fuerza continua que jamás descansa, motivada por el afán de innovación y el deseo de servir a la sociedad y mejorar su nivel de bienestar.

Sin duda, cualquier impuesto es un generador de pobreza si los dineros recaudados únicamente sirven para generar empleo negativo y, en caso de que estos sean destinados a calentar asientos de burócratas, solo cuando tales burócratas consuman algo devolverán una miseria a la economía, sin que ello beneficie en lo más mínimo el sistema de bienestar ciudadana con desarrollo económico.

Por otro lado, la protección arancelaria, las condiciones monopolísticas o los subsidios directos otorgados por el gobierno, invariablemente tendrán el potencial de convertirse en un punto de fricción dentro del engranaje económico y generadores de empleo negativo. Si un privilegio de semejante tipo tan solo impide a otro agente económico proyectarse con libertad en su quehacer empresarial o profesional, estaría contribuyendo al empobrecimiento de la población en su conjunto, más aún, si tales vicios hacen que los bienes de consumo se encarezcan para los consumidores de un modo artificial.

Cualquier agente económico que disfrute de algún privilegio y no devuelva de manera proporcional esta riqueza transferida a sus arcas, alterando negativamente el ciclo de generación de bienes de donde extrajo su pitanza, podría considerarse un miembro selecto del “club de empleo negativo”. Cabe recalcar que el empleo negativo se encuentra en abundancia en el sector privado no protegido también, pero la libertad de elección del consumidor convierte a este en empleo neutro automáticamente.

Creo que no vale la pena mencionar a los actuales miembros de tan distinguido club, dado que usted y yo y todos los costarricenses sabemos de quiénes se trata, cuáles son sus prácticas y cuánto se repiten ante los ojos asombrados del prójimo.

Andrés I. Pozuelo Arce

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Desde la tribuna: causa y modo de corrupción


Ya lo había dicho John Emerich Edward Dalberg-Acton, conocido como Lord Acton: “el poder corrompe … y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Generalmente, la gente común debe limitar sus aspiraciones a lo que alcancen sus posibilidades. ¡No queda otra!

Debido a ello es que nace la afirmación que dice que la economía existe porque los recursos son escasos. Esta escasez de recursos establece un límite a las posibilidades. Y, por supuesto, tal situación lleva a la necesidad de tomar decisiones, al imperioso requerimiento de elegir.

¿Qué hacer ante una determinada cantidad de recursos y con una lista más grande de deseos, aspiraciones, obligaciones o expectativas? Debe escogerse lo que se va a hacer de acuerdo con las posibilidades reales. ¡Casi nunca se puede hacer todo! ¿Por qué? Porque los recursos no alcanzan para todo. Algunas veces es el dinero, otras veces puede ser el tiempo, en algún caso será la capacidad de ejecución y así sucesivamente.

En lo personal, cada uno irá viendo, conociendo y entendiendo sus límites. En ciertos casos sucederá que la plata no alcanza y no se puede adquirir todo lo que se quiere. Otras veces, sencillamente no se puede hacer algo porque no alcanza el tiempo o porque la persona no tiene como duplicarse o multiplicarse para enfrentar múltiples tareas o estar en varias partes a la vez.

Se espera que la vida nos vaya madurando y superemos con conocimiento e inteligencia ese primer estado de chiquillos que quieren todo (una carta del Niño Dios con peticiones interminables, el capricho de los párvulos que lo piden todo y lloran y hacen berrinche por sus deseos) para transformarnos en adultos capaces de escoger adecuadamente qué es lo mejor que podemos hacer con nuestros limitados recursos.

Se presume que con estudios y formación todo el mundo sabrá cuánto tiene, cuánto puede, cómo debe administrar y programarse, cómo ha de ordenar sus necesidades y deseos en relación con sus posibilidades o recursos.

Un buen padre de familia, por ejemplo, comprenderá la importancia de la educación y la salud de sus hijos. Por tal razón, si tuviera necesidad de recortar sus gastos, ordenará sus finanzas alrededor de las necesidades de los menores: alimentación, educación y salud. Es de esperar que, en caso de no alcanzarle los recursos para todo lo que quiere, entonces postergue otras cosas como diversión, cambio de muebles, vacaciones y hasta la adquisición de ropa nueva.

Si una sociedad ha invertido mucho en educación, enseñanza de las matemáticas, estudio de la administración, cívica y comprensión de las responsabilidades personales (obligaciones legales y morales) hay una gran probabilidad de que la gente tenga claras sus prioridades y adopte buenas decisiones. Incluso, en tal estado de conocimientos, más bien es de esperar que la gente tome magníficas resoluciones: programe y planifique sus gastos, aproveche bien y rinda apropiadamente sus recursos, administre sus recursos de una manera óptima y asuma con toda responsabilidad sus obligaciones. Con buena información, además, la gente no debería ser sorprendida “asando elotes”, o sea, en situaciones embarazosas sino que habría de ser factible que sus elecciones tuviesen un alto grado de previsión (ahorros y seguros, por ejemplo).

Algunas religiones y filosofías, asimismo, llegan también a proponer actitudes especiales en la vida: no dejarse llevar por determinados deseos, comprender las posibilidades reales de cada uno, usar adecuadamente los talentos (una de las parábolas más intensas del Evangelio, la cual comprende toda una lección de vida), aprovechar el tiempo y, en algunos casos, simplemente entender la felicidad como un estado en el cual la persona ha superado todos los deseos, ¡no desea nada! Se trata del desarrollo de virtudes y actitudes.

Incluso, es un principio del Derecho privado –el cual rige las relaciones entre particulares, entre las persona de carne y hueso- que a la par de la autonomía de la voluntad o libertad (la cual le permite a cada cual hacer todo aquello que no esté prohibido) aparezca la ineludible igualdad jurídica. En virtud de ella, nadie tiene una potencia jurídica superior en la relación entre particulares y, por tal motivo, ninguno puede imponer su voluntad a los demás (hay libertad, pero la tenemos todo y todos somos iguales).

Por tal motivo (recursos limitados), la vía natural para obtener bienes y servicios es el contrato o acuerdo de voluntades. Se trata de una esencial limitación de nuestras posibilidades o recursos en la vida social.

El problema surge cuando el poder permite a algunos romper las reglas de la economía y la convivencia. Entonces todas las enseñanzas se van por la borda. Así sucede, por ejemplo, cuando el niño más grande le quita la merienda al condiscípulo pequeñito. También cuando el ladrón, el estafador, el defraudador y el abusivo se apropian de los bienes ajenos usando vías inapropiadas.
En estos casos, se trata de un poder ilegítimo que abusa del otro (le roba, le arrebata, lo viola, lo coacciona). Estos abusivos toman lo que quieren y no reconocen sus límites, afectando profundamente la convivencia. Entre más fuertes y listos sean los abusivos, más poderosos son.

El poder corrompe. ¿Cuántas veces el poderoso abusa del débil, del indefenso, del desvalido, del vulnerable, del pequeño? ¿Cuántas veces el poderoso le quita al prójimo sus bienes y su tranquilidad? ¿Cuántas veces el poderoso “matonea” al más débil?

En la organización de la vida social se ha confiado en que el Estado y sus órganos e instituciones realicen algunas funciones públicas. Se espera y así se ha previsto en las normas, que el Estado realice sus tareas con probidad y corrección, con arreglo a buenas prácticas de todo tipo y, por supuesto, financieras y administrativas.

Aunque se discuta intensamente cuánto debe planificar el Estado la vida social (porque la evidencia ha mostrado que ello es inapropiado y empobrecedor) en cambio nadie polemiza acerca de que sí se planifiquen y programen adecuadamente las actividades públicas, o sea, el desempeño propio del Estado y sus instituciones.

En el área del quehacer público, en el ámbito del servicio público, en el espacio de los cometidos y recursos públicos ya ni siquiera se habla del desempeño o prudencia de “un buen padre de familia” (expresión jurídica que sintetiza lo que se espera de un administrador privado). Aquí, en el ámbito público, en donde impera la custodia de los recursos públicos (no solo el dinero sino un conjunto más complejo de bienes, instrumentos y competencias), los principios del servicio público y del Estado de Derecho, deben aparecer las más depuradas técnicas de administración, las óptimas prácticas, la probidad, el respeto a las normas jurídicas, técnicas científicas, la lógica, las reglas del arte, la transparencia y el respeto.

Sin embargo, muchas veces sucede exactamente lo contrario. ¿Por qué sucede así? Simplemente porque se ha podido transgredir todo lo que se ha querido.

“Se ha podido …”, o sea, un poder.

Un ejemplo lo encontramos en las disposiciones constitucionales relativas al presupuesto nacional. El artículo 176 de la Constitución Política preceptúa que las gastos presupuestos no pueden exceder los ingresos probables. Es una regla que debe acatarse en la tramitación de la aprobación del presupuesto nacional. No obstante, esta simple regla ha sido irrespetada frecuentemente. Ello lleva al déficit presupuestario. No un déficit sobreviniente sino progamado.

En tal simple hecho se retrata un Estado (políticos, Administración Pública, funcionarios públicos) que no actúa como debe sino quiere y puede (un poder), aprovechándose de diversas coyunturas (indiferencia de la Sala Constitucional, complicidad de mayorías legislativas y diputados oficiales, inutilidad y complicidad de otras instancias de control).

Se torna entonces en el ejercicio de un poder sin control, que aunque es efecto también es causa y desemboca en varias formas de corrupción, mala administración, mala programación y planificación públicas, falta de probidad, mala técnica e irrespeto a normas de diversa naturaleza.

Este poder desmedido y abusivo pasa entonces a otras formas de corrupción tales como clientelismo político, empleomanía, duplicación de funciones, relajación de las formas e instrumentos de control de la función pública, ineptocracia, estatolatría y burocratización.

Como hemos oído, entonces también se llega a otros males, en parte corrupción y en parte convocados por el abuso de poder: la cleptocracia mira el aparato público como un botín y lo toma como presa (si no hay control, ni servicio público, ni análisis de resultados entonces hay campo libre) y aparece un Estado pseudopandillero (afincado en monopolios, tramitología enfermiza y cuellos de botella).

Finalmente, el poder y la corrupción rebasan los límites pasándole la factura de todos los desmanes y desafueros a la sociedad. Así aparecen los paquetes tributarios, la inflación, el deterioro de los servicios y bienes públicos y la indiferencia ante las necesidades sociales.

Todo porque el aparato público (políticos y funcionarios) se brincaron la cerca y usaron el poder para hacer lo que no debían. Ello, per se, implica corrupción (aunque en algún estadio pudiese ir acompañada de supuesta “buena intención”, la cual sabemos que termina empedrando el camino al infierno) y así debe entenderse.

Abusaron con monopolios, con exceso de funciones, con presupuestos deficitarios, con mal manejo monetario. ¡Ese poder es sinónimo de corrupción! La corrupción llama a más corrupción: más clientelismo, más ineptocracia, trámites excepcionales para aprobar impuestos.

Si se les da más recursos y funciones, tendrán más poder y entonces tenderán a abusar más. Es una espiral sin fin.

Federico Malavassi Calvo

Desde la tribuna


En ASOJOD nos complace informar que, a partir de este miércoles y en adelante, contaremos con una nueva sección en nuestro blog. Se trata de "Desde la tribuna", un espacio donde los ex Diputados Federico Malavassi Calvo y Mario Quirós Lara, nos deleitarán con sus agudos, atinados y excelente análisis de temas políticos, jurídicos, económicos y sociales de interés tanto nacional como internacional.

¡Esperemos que les guste!

martes, 6 de diciembre de 2011

La columna de Carlos Federico Smith: tácticas del miedo


Con motivo de la aprobación legislativa del nuevo paquete de impuestos, que sin duda ha generado bastante malestar entre los ciudadanos, el gobierno ha promovido el temor entre las personas, particularmente potenciales contribuyentes, de que si aquél no se aprueba, casi que nos lloverán lenguas de fuego desde los cielos.

Primeramente algunos funcionarios de gobierno aseveraron que, de no aprobarse, surgiría una grave crisis social por falta de gasto público, mostrando con ello sus buenos antecedentes intelectuales de índole Keynesiana, y que dicha ausencia originaría problemas para que nuestra economía pueda crecer, aún cuando el propio Ministro de Hacienda, al preguntársele acerca de ese efecto esperado de los nuevos tributos, dijo que el propósito del paquete era una propuesta para aumentar la recaudación de los gravámenes y no para que creciera la economía. Habló con la verdad de las cosas, el señor Ministro, porque lo que en esencia está detrás de la propuesta gubernamental es tan sólo recoger todo el dinero posible, para entonces proceder a gastarlo, a como hay lugar.

La mejor prueba de la actitud de este gobierno, en cuanto a que la reducción supuesta de su déficit, la logrará tan sólo por la vía de más y mayores impuestos y no mediante la reducción del gasto, fue demostrar con su decisión, y con la ayuda del encubrimiento legislativo del PAC, que aceptaba tan sólo una disminución de su presupuesto del 2012, ya de por sí ilegal, de un 0.004%; es decir, de algo menos de la mitad de un uno por ciento de dicho presupuesto. Tan misérrima reducción lo que hace es desnudar al gobierno en cuanto a sus intenciones encubiertas acerca de cómo “reducir el déficit”. Si hubiera optado por la firmeza y la honestidad, debió haber agregado, para nuestra ilustración cívica, que eso “de reducir el déficit era sólo si se aumentaban los impuestos, pero nunca rebajando el gasto público”.

El menor crecimiento económico esperado de este año que ya lo tenemos encima, al fin ya fue aceptado hace pocos días por el Banco Central. Es un menor crecimiento que en mucho será producto del aumento esperado de impuestos que disminuirá el rendimiento de cualquier inversión que pretendan realizar las personas del sector privado. Estas anticipan una reducción del consumo de las familias y, por ende, de sus ventas reales, lo cual les motivará para no crecer tanto, no aumentar más los inventarios y generar menos empleo. Todo esto se traducirá en ingresos y ahorros a la baja.

Ese aumento de impuestos sí va a afectar la economía, al generar mayor inseguridad e incertidumbre, las que afectan negativamente los prospectos de buenos rendimientos de sus riesgosas inversiones. ¿Quién va a querer invertir más, si, al final del camino, el Estado está esperándolo para atuzarlo con mayores gravámenes, a la vez que con sus acciones el gobierno lo que hace es aumentar el riesgo, cuando se incurre en nuevas inversiones?

Quien sí se verá afectado en el jolgorio que espera tener con los nuevos impuestos, es el Gobierno, pues en caso de que no se apruebe el paquete de tributos que nos pretende imponer, se verá casi obligado a reducir los gastos, pero esta vez en serio y no sólo de habladas, como ha sido siempre que ha jurado que con el paquete del momento al fin se acabará con el déficit. La ilusión es que sin esos mayores tributos se verá obligado a bajar la gastadera: si no se le da más plata, entonces, sí se vería obligado a rebajar el gasto. Pero ya sabemos que, aún así, tratará, de zafarse de la camisa de fuerza, que significa no tener esos mayores ingresos tributarios que anhela lograr con su paquetazo. Ya nos amenazó con que, si no le damos esos tributos de más, podría emplear otras medidas con tal de no rebajar el gasto gubernamental. Esta amenaza no es broma, y ya algunos funcionarios gubernamentales la han mencionado públicamente. De nuevo, no es una amenaza a nuestras vidas que surge por una maldad nuestra, al no querer aprobarle al fisco mayores impuestos o tan sólo porque queramos llevar salarios reales mayores a nuestros hogares, que nos hemos ganado honradamente.

Para amedrentarnos a que aprobemos las mayores alcabalas, nos han conminado hacerlo con la amenaza de que, si no logran aquello, entonces aumentarán los intereses, pues para financiar sus pretensiones de gasto público acudirán a los mercados de crédito para pedir prestado; esto es, con sus actos, el gobierno aumentará el endeudamiento de todos los ciudadanos. Como en Costa Rica el ahorro es muy bajo relativamente (un 17% del PIB) y con el paquetazo más bien este gobierno lo que va a lograr es que aún se ahorre menos, posiblemente sí tendrá lugar dicho aumento en las tasas.

Pero, si el mercado de fondos prestables no le da al gobierno lo que quiere (al precio que quiere), nos lanzó la otra más fuerte amenaza contra todos los ciudadanos, sobre todo a los reticentes a que le den carta blanca como pretende con el paquetazo: acudir a la emisión monetaria del Banco Central (me imagino que con sus Letras del Tesoro, para guardar las apariencias formales), a fin de obtener los fondos necesarios y con ellos financiar el gasto público. El proceso inflacionario que tendrá lugar y que afectará más a los más pobres, será posible si el Banco Central se despoja de su independencia y se rehúsa a emitir ese exceso de dinero. Tal vez la última esperanza de que eso no se dé radica en el credo antiinflacionario que hasta hoy ha esgrimido don Rodrigo Bolaños, pero sólo el tiempo podrá mostrarnos la realidad de las cosas. Y todo con tal de no reducir el gasto público...

La segunda gran táctica empleada por los políticos del gobierno es la tragicomedia griega: ahora resulta que, según este gobierno, si no le aprobamos los impuestos el país quedará indefenso ante el efecto de la caída de la economía europea, contagiada por la declinación griega tan conocida. Algunos funcionarios estatales nos han dicho que, así como el país pudo salir bien librado de la crisis anterior (llamémosla la de Estados Unidos) (¿bien librado nuestro país con un aumento del desempleo de menos de un 6% hasta un 7.7%; con una caída del crecimiento del PIB de casi un 6% anual a prácticamente 1% en el 2010?), se hace necesario blindar nuestra economía ante una posible caída de Europa.

Lo cierto es que tal debacle es tan sólo una posibilidad, pero en verdad parece tener poco que ver con el arreglo de nuestro desorden fiscal y más bien con que el Banco Central pueda tener acceso a líneas de crédito en caso de que haya un congelamiento de los préstamos internacionales entre bancos. Eso sucedió en la crisis reciente de los Estados Unidos y los mismos banqueros han alabado la eficiencia con que reaccionaron los principales órganos de crédito en el mundo (el FMI, la FED, el Fondo Latinoamericano de Reservas, el BID entre muchos otros), que permitieron que nuestro país no se viera envuelto en ese estrangulamiento del crédito, que en sus inicios caracterizó a la crisis estadounidenses.
Es decir, la no aprobación del paquete tributario no impide que el Banco Central, tal como lo hizo en ocasión de lo más duro de la crisis del 2009-1010, logre acuerdos de soporte de liquidez internacional, en caso de que una caída de la economía europea la provoque.

Lo que se podría aprender de la crisis griega es que los déficit gubernamentales pueden echar por la borda cualquier esfuerzo de crecimiento económico sostenido y que no es posible que todo mundo, al mismo tiempo y por medio del Estado, pueda seguir viviendo a costas de todos los demás. Los griegos lo primero que ahora tienen que hacer, y los países más serios de Europa se encargarán de que así sea, es reducir su gasto estatal en todo lo posible, generar recursos con la venta de una serie de empresas estatales que bien podría estar en manos privadas y, en lo posible, recoger mejor sus tributos por medio de un control de la evasión impositiva. Sólo así podrán fluir hacia Grecia los aportes de recursos que le permitan salir del casi abismo en que se encuentra.

Esa lección si la podrían aprender las autoridades gubernamentales, en vez de pretender asustarnos en cuanto a que, si no les aprobamos su paquetazo, la tragedia griega se convertiría en una tragedia criolla. Lo que hace falta aquí, así como en Grecia, es orden, certeza y seriedad en la conducción de la cosa pública.

Jorge Corrales Quesada

domingo, 4 de diciembre de 2011

Tema polémico: Exoneraciones a compras por Internet


Durante pasado Viernes Negro los consumidores costarricenses disfrutaron de adquirir todo tipo de bienes para el disfrute personal y el de sus familiares o amigos, y en ASOJOD no podemos estar menos que felices por todos los ciudadanos que lograron consumir y contribuir con la economía de otros ciudadanos. Nada mejor que el intercambio cuando la economía domestica atraviesa momentos difíciles.

Sin embargo, el pasado Viernes Negro también tuvo un punto negro, marcado por la decisión del Ministerio de Hacienda, de no permitir continuar con la práctica de exoneraciones para aquellos productos adquiridos por Internet, cuyo valor no supera los $500.

Según el reciente criterio de Hacienda, las empresas de casilleros habían venido abusando de la figura de la exoneración contemplada en la legislación aduanera, de manera tal que hace unos días sólo los artículos con un valor similar al antes señalado, que un familiar o amistad envían desde otro país hacia Costa Rica, pueden gozar del beneficio de exoneración. Esto a pesar de que existe la interpretación de que el Código Aduanero Uniforme Centroamericano avala las prácticas de exoneración que se venían realizando.

En ASOJOD lamentamos las disposiciones del Ministerio de Hacienda, -aunque no nos extrañan-, pero lo que nos resulta verdaderamente indignante ha sido que precisamente el anuncio de “rectificación” haya sido realizado justo en el momento en que muchos costarricenses se disponían a realizar, o ya habían realizado, sus compara en la víspera del Viernes Negro y el CiberMonday.

A todas luces se nota la voracidad y la mala fe de Hacienda, y fue clara su intención de sorprender, por no decir de “agarrar”, a todos lo que querían disfrutar de productos que no se encuentran en el mercado nacional, o que resultan más baratos si se adquieren a través de una compra exonerable en Internet.

Pero con la decisión de Hacienda también se pone en entredicho el futuro de las empresas de casilleros, que pierden parte del gran atractivo de su negocio pues, ahora el consumidor no sólo asume el riesgo propio de realizar una compra por la Web, sino que además, debe cancelar los impuestos de sus productos, sin importar el valor del mismo.

Ante esta desafortunada decisión, sólo podemos esperar que las empresas de casilleros logren aclarar el derecho de exención ante las autoridades correspondientes, en beneficio de las empresas mismas, los ciudadanos que trabajan en estas empresas, pero sobre todo, en beneficio de aquellos que queremos disfrutar de productos libres de impuestos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Viernes de recomendación


Para este Viernes de recomendación, en ASOJOD queremos compartir con ustedes un libro que que, a nuestro criterio, se erige como una verdadera obra de arte. Se trata del mejor libro escrito por el ser humano: La Rebelión de Atlas, de Ayn Rand.

Es una extensa novela que refleja los más altos valores que seguimos en ASOJOD: el individualismo, el mérito de la riqueza, la defensa de la propiedad privada, la racionalidad, el papel del empresario como motor del progreso y la honorabilidad y moralidad de quien produce riqueza y se niega a seguir siendo saqueado por los parásitos que pretenden vivir a costa suya.

Una lectura que, sin duda, aplica maravillosamente al momento histórico que vive Costa Rica, con unos parásitos pretendiendo aumentarnos los impuestos para seguir alimentando su vulgar voracidad y premiar inmerecidamente a los mediocres, holgazanes, vividores y vulgares con el fruto del trabajo del individuo decente, productor, pensante, creativo e innovador.

Compartimos también con ustedes la Primera parte de la película que se realizó inspirada en esta magnífica novela, estrenada hace apenas unos pocos meses. ¡Que disfruten ambas!

jueves, 1 de diciembre de 2011

Jumanji empresarial: los impuestos son costos, no beneficios


Hablemos claro: los costos de todo, cuanto más bajos sean, mejor. Esto opera en lo personal, cuando lo que compramos para nuestro consumo tiene precios bajos. De dos artículos iguales, es mejor el que tiene precio más reducido; y lo mismo funciona para cualquier empresa: de dos proveedores de maquinaria, es mejor el que ofrece el menor precio, cuando las condiciones del trato son similares.

De allí es posible deducir algo muy racional. Cuanto más bajos sean los impuestos mejor, pues los impuestos son un costo también: el costo de tener policía, tribunales, legisladores, embajadas y otros servicios, cuyo proveedor es el gobierno, además del costo de todos los sistemas de redistribución de riqueza implantados por los políticos de turno.

La cuestión es muy relevante en estos momentos, en que se quiere aumentar el costo de impuestos para llevar más dinero al gobierno, aunque este costo no siempre refleje un precio justo por los servicios brindados, debido a que el Estado no provee bienes comerciables que estén sujetos a la libre valoración del mercado y al filtro de la libre elección de los consumidores

Los impuestos no son voluntarios. Uno compra, si quiere, una lata de cerveza y, si no la quiere, no la compra y ya. Pero no se puede evitar el pago de impuestos, y si a uno se le ocurre no pagar estará violando la ley. Todo esto produce una situación de fuerte impacto, pues el cobrador de impuestos no va a tener un incentivo de peso para reducirlos. Los que producen cerveza sí tienen ese incentivo para vender más, pero no el gobierno que “vende” sus servicios por la fuerza.

Por simple sentido común, es lógico que los impuestos sean más elevados de lo que pudieran ser, ya que no existe competencia de servicios para el gobierno. Sin competencia y sin incentivos de eficiencia para trabajar, los gobiernos no tienen las preocupaciones normales del empresario que compite en el mundo real con sus pares y que no puede vender usando la coerción. Es decir, los que pagamos impuestos somos en realidad esclavos del gobierno, que nos fuerza a trabajar para él durante varios meses al año. Si la tasa de impuesto es de 30 por ciento, esto significa que trabajamos para la autoridad 75 días de los 250 días laborales del año.

Sin embargo, el costo de los impuestos no se limita únicamente a la tasa que se paga, sino que a ello se debe añadir el tiempo dedicado a pagarlos, o sea, el número de horas dedicado a calcular, entender, llenar formas y abonar, más aclaraciones y otros detalles. Vale decir que el tiempo destinado a pagar los impuestos tiene que ver con la simplicidad de las leyes fiscales y, ya que ellas han sido reconocidas como complejas, debemos suponer que tal costo es sustancial.

Es de conocimiento público que la reforma fiscal, de la que ahora se habla, persigue elevar el monto recaudado de impuestos, pues la autoridad hacendaria carece de fondos suficientes para mantener el nivel de gasto improductivo del Estado. Claro, si esto nos pasara a nosotros, simples personas, no podríamos salir a la calle y obligar a ningún prójimo a darnos dinero a fuerza de pistola, pero la autoridad lo puede hacer.

Si al gobierno no le alcanzan los recursos que tiene, existe otro camino adicional al de cobrar más impuestos: gastar menos; es decir, ser más eficiente. Puede cancelar programas que no producen resultados, despedir gente innecesaria, cerrar instituciones inútiles, vender activos y empresas estatales, suprimir lo que no es prioritario, evitar las duplicidades y trámites, etc. Puede hacer muchas cosas que las empresas hacen para elevar su eficiencia y bajar los gastos. Pero pedirle eso a la autoridad no es algo que no hayan hecho otros antes, sin éxito por supuesto.

Y que no salgan con aquella tontería de que el estándar internacional de cobro fiscal es un porcentaje del PIB, porque eso nada significa, ya que el mejor impuesto que se tiene es el más bajo. La comparación debería establecerse con los países de bajos impuestos, pero ¿para qué hacerlo, si es más sencillo mandar, ordenar, imponer?

Andrés I. Pozuelo Arce