
Cuando el gobierno nos cobra impuestos, el dinero que recauda lo puede utilizar para generar empleo negativo, empleo neutro o empleo positivo.
Veamos si puedo aclarar tamaño enredo: el empleo negativo es aquel que no solo no aporta a lo que yo llamo el ciclo de generación de riqueza y bienestar, sino que impide que otros se incorporen o contribuyan al giro de dicho ciclo y goza a la hora de contemplar cómo el ciclo gira en dirección opuesta (¡que no se sientan aludidos, por favor, los integrantes de ningún sindicato gubernamental!).
El empleo neutro es el que simplemente ni contribuye al ciclo ni estorba gran cosa a los demás en su afán por crear riqueza; en dos platos, es un lastre que consume ingresos oficiales pero un lastre no suficientemente gravoso como para frenar el momentum natural del ciclo, aunque si vuelve vulnerable todo el sistema.
No es el caso, por cierto, del empleo positivo: este no solo se incorpora al curso económico de modo normal sino que se convierte en una fuerza continua que jamás descansa, motivada por el afán de innovación y el deseo de servir a la sociedad y mejorar su nivel de bienestar.
Sin duda, cualquier impuesto es un generador de pobreza si los dineros recaudados únicamente sirven para generar empleo negativo y, en caso de que estos sean destinados a calentar asientos de burócratas, solo cuando tales burócratas consuman algo devolverán una miseria a la economía, sin que ello beneficie en lo más mínimo el sistema de bienestar ciudadana con desarrollo económico.
Por otro lado, la protección arancelaria, las condiciones monopolísticas o los subsidios directos otorgados por el gobierno, invariablemente tendrán el potencial de convertirse en un punto de fricción dentro del engranaje económico y generadores de empleo negativo. Si un privilegio de semejante tipo tan solo impide a otro agente económico proyectarse con libertad en su quehacer empresarial o profesional, estaría contribuyendo al empobrecimiento de la población en su conjunto, más aún, si tales vicios hacen que los bienes de consumo se encarezcan para los consumidores de un modo artificial.
Cualquier agente económico que disfrute de algún privilegio y no devuelva de manera proporcional esta riqueza transferida a sus arcas, alterando negativamente el ciclo de generación de bienes de donde extrajo su pitanza, podría considerarse un miembro selecto del “club de empleo negativo”. Cabe recalcar que el empleo negativo se encuentra en abundancia en el sector privado no protegido también, pero la libertad de elección del consumidor convierte a este en empleo neutro automáticamente.
Creo que no vale la pena mencionar a los actuales miembros de tan distinguido club, dado que usted y yo y todos los costarricenses sabemos de quiénes se trata, cuáles son sus prácticas y cuánto se repiten ante los ojos asombrados del prójimo.
Veamos si puedo aclarar tamaño enredo: el empleo negativo es aquel que no solo no aporta a lo que yo llamo el ciclo de generación de riqueza y bienestar, sino que impide que otros se incorporen o contribuyan al giro de dicho ciclo y goza a la hora de contemplar cómo el ciclo gira en dirección opuesta (¡que no se sientan aludidos, por favor, los integrantes de ningún sindicato gubernamental!).
El empleo neutro es el que simplemente ni contribuye al ciclo ni estorba gran cosa a los demás en su afán por crear riqueza; en dos platos, es un lastre que consume ingresos oficiales pero un lastre no suficientemente gravoso como para frenar el momentum natural del ciclo, aunque si vuelve vulnerable todo el sistema.
No es el caso, por cierto, del empleo positivo: este no solo se incorpora al curso económico de modo normal sino que se convierte en una fuerza continua que jamás descansa, motivada por el afán de innovación y el deseo de servir a la sociedad y mejorar su nivel de bienestar.
Sin duda, cualquier impuesto es un generador de pobreza si los dineros recaudados únicamente sirven para generar empleo negativo y, en caso de que estos sean destinados a calentar asientos de burócratas, solo cuando tales burócratas consuman algo devolverán una miseria a la economía, sin que ello beneficie en lo más mínimo el sistema de bienestar ciudadana con desarrollo económico.
Por otro lado, la protección arancelaria, las condiciones monopolísticas o los subsidios directos otorgados por el gobierno, invariablemente tendrán el potencial de convertirse en un punto de fricción dentro del engranaje económico y generadores de empleo negativo. Si un privilegio de semejante tipo tan solo impide a otro agente económico proyectarse con libertad en su quehacer empresarial o profesional, estaría contribuyendo al empobrecimiento de la población en su conjunto, más aún, si tales vicios hacen que los bienes de consumo se encarezcan para los consumidores de un modo artificial.
Cualquier agente económico que disfrute de algún privilegio y no devuelva de manera proporcional esta riqueza transferida a sus arcas, alterando negativamente el ciclo de generación de bienes de donde extrajo su pitanza, podría considerarse un miembro selecto del “club de empleo negativo”. Cabe recalcar que el empleo negativo se encuentra en abundancia en el sector privado no protegido también, pero la libertad de elección del consumidor convierte a este en empleo neutro automáticamente.
Creo que no vale la pena mencionar a los actuales miembros de tan distinguido club, dado que usted y yo y todos los costarricenses sabemos de quiénes se trata, cuáles son sus prácticas y cuánto se repiten ante los ojos asombrados del prójimo.
Andrés I. Pozuelo Arce
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