lunes 30 de enero de 2012

Tema polémico: praxis y pensamiento liberal


El liberalismo como movimiento político con opciones de acceder a puestos de poder está muerto, por el momento, o al menos agonizando en nuestro país.

La principal trinchera partidaria, donde las ideas liberales eran “defendidas” sufrió meses atrás el toque de gracia, debido al supuesto mal uso de fondos públicos por parte del Movimiento Libertario. Luego surgió otra propuesta de organización política (Partido por la Libertad) del que poco se sabe y cuyo ámbito de acción se limita al Internet.

No es que el liberalismo esté huérfano en el país. Existen organizaciones que aún enarbolan las ideas de la libertad, como la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE), pero entre un think tank y un partido político hay mucha diferencia. El primero es un reservorio de ideas, discusión y debate intelectual, el segundo es praxis y acción política. El primero sin el segundo se queda en el ámbito de las ideas, con impacto nulo o casi nulo en el mundo de lo concreto, de lo cotidiano. El partido político sin el respaldo de la formación de ideas es un hervidero de populismo sin cabeza.

Debemos ser sinceros. El liberalismo como acción política en Costa Rica vive en el letargo, como esperando a que algo suceda, que alguien responda. Duerme el sueño de los justos mientras en otras trincheras se arman hasta los dientes, esperando arrasar con todos los espacios de poder político.

Pareciera, triste es decirlo desde este espacio, que somos incapaces de conjugar la praxis política y la reflexión ideológica sincera, ajustada a un ideario de pensamiento consistente con los principios liberales, como si una cosa y otra fueran incompatibles. Lo cierto es que hemos sido muy buenos generando ideas, pero pésimos en materializarlas.

Por eso es tan importante que los liberales decidan. O se permanece como una reflexión o se pasa a la acción. Existe suficiente capacidad intelectual, pero es necesario que exista a voluntad de ensuciarse las manos y no todos los liberales costarricenses están dispuestos a hacerlo.

Es importante que se conjuguen las voluntades y capacidades para formular una propuesta coherente y agradable al costarricense.

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