martes, 5 de febrero de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: Cesantiadas

Cada vez más uno se va dando cuenta de los abusos que con la cesantía se cometen en ciertos sectores de la economía; particularmente en grupos del sector público. Ahora le toca la hora a un par de ellos. Empiezo con la Municipalidad de San José. ¿Cómo es posible que, de acuerdo con convenciones colectivas arrancadas a los recursos limitados de los presupuestos del municipio josefino, sus empleados se pensionen con 30 años de cesantía? El resto de trabajadores del país –y que son muchos- lo hacen con tan sólo 8 años. 

La seccional municipal de Albino se lanzó a la huelga porque, ante gestiones afortunadas de la Contraloría orientadas a reducir aquel descomunal abuso, hubo otros grupo sindicales que, como gran cosa, aceptaron una propuesta para reducir la cesantía a 25 años y a 20 a los trabajadores nuevos que entren a trabajar allí (me imagino que, ante esta gollería, muchos querrán entrar a trabajar en la Municipalidad). Mientras el trabajador común corriente logra 8 meses, los pupilos de Albino quieren conservar el privilegio de 30 años y acusan de traidores a otros grupos laborales de la Municipalidad porque aceptaron 25 y 20 años, que en sí constituyen otro enorme privilegio que se paga con los impuestos saldados en dicho municipio.

Que no me vengan con cuentos los políticos de turno. ¿Quiénes son los manganchas alcaldes de la ciudad de San José que, a lo largo de los años, han permitido ese relajo? Que den la cara y asuman su irresponsabilidad ante los ciudadanos de San José.

El otro día, en el Canal 7, hubo una lucha de artes marciales mixtas–esto es, boxeo, karate, lucha libre, de todo- entre el líder del sindicato de los médicos y el líder de otros sindicatos, Albino, mediando la inmoderación de Pilar. ¡Qué no se dijeron! En lo que interesa referirme ahora, la cesantía, el gremio médico la obtiene no tomando como base el salario, sino que se adicionan el pago de guardias, horas extras y disponibilidad, lo cual explica esas cesantías jugosas de cientos de millones de colones, que algunos galenos han logrado en los últimos tiempos. Eso me parece que no está bien. Albino, oportunista, se opuso en el programa de Pilar a que se otorgara  ese privilegio a los médicos, pues le estorbaba para lograr un ajuste salarial para cierto gremio de la ANEP, que a él le interesa impulsar. No vaya usted a creer, en algún momento, que el impulso que ha movido a Albino era el de evitar un desperdicio de recursos públicos. Para terminar el programa, la sugerencia de Pilar fue que, en privado, los dos gremios se reunieran para resolver entre ellos sus diferencias. Lo que Pilar no se dio cuenta, siendo ella tan lista, es que ambos sindicatos se pondrían de acuerdo en que sus diferencias sean pagadas por quien cubre los impuestos: la ciudadanía.

Como ahora los políticos nos dicen que sí van en serio, ¿por qué no aprueban un proyecto de ley en la Asamblea Legislativa, que establezca que, para efecto de la cesantía, todos los trabajadores del sector público del país tendrán un límite de 8 años y no más? Así también se pondría un orden impostergable en otros gremios, que reciben pagos de cesantía que hoy el ciudadano cubre por medio de impuestos. Esos gremios ahora están muy calladitos, pero son muchos y muy influyentes. Listos para el caso de que alguien pretenda tocarles sus intereses.


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