martes, 12 de febrero de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: ocurrencia municipal

Tal vez ustedes tuvieron la oportunidad de ver, hace un par de meses en televisión a, creo, un ingeniero de la Municipalidad de San José o, tal vez, de la empresa contratada para realizar los arreglos de las vías de tránsito a lo largo del llamado Barrio Chino.  Ante la molestia que muchos ciudadanos expresaron por la construcción de unas pelotas en varias intersecciones del antiguo Paseo de Estudiantes con las avenidas que lo cruzan, aquel funcionario expresó, más o menos, que dichos obstáculos eran frecuentes en las vías chinas (y ahora estábamos en un Barrio Chino) y que, de ninguna manera, constituían entrabamientos serios a los vehículos que por allí pasaban, ni tampoco a los ciudadanos quienes transitaban por esos cruces.

Pues bien, para verdades el tiempo.  Resulta que esas pelototas han tenido que ser demolidas y, no tengo claro, si han sido eliminadas del todo o, al menos, reducidas en su altura. Eso se ha hecho sin la bulla que caracterizó la anterior construcción de todo lo relacionado con dicho “barrio”. Pero el resultado es evidente: hay una pérdida monetaria significativa por la construcción y demolición de las pelotas que ahora tendrán que asumir todos los ciudadanos que pagan impuestos a la Municipalidad de San José. Lo que el ciudadano se preguntará es si ahora ese desmadre, causado por algunos, quedará impune o si la Municipalidad buscará resarcirse por ese bodoque.

Hay muchas personas que consideran que este tipo de proyectos deben ser realizados por los gobiernos municipales, pero con suma frecuencia uno llega a conocer que las cosas han sido mal hechas, que se han tenido que hacer de nuevo y que terminan costando más de lo debido. Tal vez si las municipalidades se dedicaran a hacer bien las cosas que les son propias, lograrían más adeptos a la idea de que un gobierno mejor es siempre el que está más cerca de los ciudadanos.  Pero esa misma idea también significa que así las personas estarán más atentas a que sean bien hechas, a que no se conviertan en un chorizo que no se llega a notar sino hasta mucho tiempo después de iniciados los trabajos (como la trocha, por ejemplo). También que los posibles afectados por dichas obras no terminen protestando por ellas, una vez que han sido construidas y cuando es menos fácil lo que pueden hacer para restituir la situación original (cono el caso de la ciclovía de Cartago). O simplemente que no lleguen al extremo de tener que resignarse con las presas al rehacerse un trabajo mal hecho (el arreglo de las losas en el costado sur de la antigua Fábrica de Licores). Todo esto también nos cuesta más dinero por haber sido mal hechas desde un principio. 

Esa vigilancia esperable puede también tener un efecto no esperado. Como de los gobiernos municipales saltan muchas veces las autoridades legislativas y ejecutivas, los resultados de sus acciones pueden servir para evitar que esa trasposición se dé.  Así evitaríamos que el espectáculo municipal ascienda a show nacional.

Jorge Corrales Quesada

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