lunes, 18 de febrero de 2013

Tema polémico: un nuevo Papa más tolerante y tolerable

En ASOJOD siempre hemos tenido una posición muy crítica contra la religión y sus instituciones, especialmente contra la Iglesia Católica, que es la más fuerte en nuestro país, por sus posiciones contrarias a la libertad y a los derechos individuales.En ocasiones anteriores, hemos atacado la peligrosa intromisión de la Iglesia en las políticas públicas en materia de salud sexual y reproductiva, eutanasia, aborto y unión de personas del mismo sexo. Como siempre hemos dicho, todas esas decisiones corresponden únicamente a los individuos que viven la situación y a la Iglesia ni al Estado influído por esta.

Sin duda, el rostro más visible de la Iglesia es el Papa. Y Benedicto XVI, en su anterior postura como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antigua Inquisión en el medioevo) y en su actual papado, ha sido muy enfático en censurar muchísimas de esas libertades. Su posición, sumamente conservadora, ha influido en los diferentes Estados -y el costarricense no es la excepción- para que el camino hacia una sociedad respetuosa de los derechos indivuales sea más intrincado y complejo, como lo demuestra la renuencia de este Gobierno para discutir temas como la unión civil de parejas del mismo sexo. Por el contrario, inspirada por la idiotez y el fanatismo, la Administración Chinchilla Miranda declaró de interés público una conferencia de un médico que pretende ofrecer la "cura" a la homosexualidad. Retrógrado, medieval, despreciable, estúpido y otros adjetivos son los que merece tal decisión.

Lo cierto es que, con su sorpresiva renuncia (que desearíamos también influyera en la renuncia de nuestra muy católica señora Presidente de la República) se abre un nuevo capítulo político en el Vaticano para la elección de su sucesor. Sea desde la perspectiva espiritual para los creyentes, donde elegirán al designado por Dios para representarlo en la tierra o desde la perspectiva laica, donde un Estado elegirá a su nuevo gobernante, el cónclave que se celebrará en marzo próximo será todo un evento mundial.

Por supuesto, en ASOJOD esperaremos que, aunque parezca difícil y poco probable, el nuevo Papa tenga una posición más acorde con los nuevos tiempos y sea más sensato que su predecesor. La gran cantidad de personas con enfermedades de transmisión sexual, los niños abandonados producto de embarazos no deseados, los discriminados por su orientación sexual, la víctimas de violencia de género así lo exigen. Estos flagelos requieren un abordaje serio, basado en más libertad y más racionalidad, en lugar de más intervención y oscurantismo medieval.

Lo mismo esperamos en nuestro país. Tal vez un Papa y una Iglesia más flexibles y tolerantes puedan influir en los sacerdotes criollos para que, desde sus púlpitos o desde la Conferencia Episcopal, le bajen el tono a su oposición y comiencen a dar señales de respeto a la dignidad humana, poniendo por encima del dogma a los individuos.

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