martes, 16 de abril de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: gastos innecesarios del Gobierno

Uno espera que, en momentos de crisis, el gobierno lleve a cabo, con un énfasis mayor, medidas que contribuyan a eliminarla.  Se ha dicho hasta la saciedad que hay una crisis en las finanzas gubernamentales, pues el Estado gasta más de lo que recibe por impuestos.  Al llegar dicho déficit a un 5% de la producción nacional, se encienden las luces rojas, pues el país podría entrar en problemas muy serios, que incluso habrían de requerir la intervención odiosa del Fondo Monetario Internacional.

Es en momentos en que el país se acerca a ese punto de referencia, cuando mayor esfuerzo debería hacer el gobierno en cuanto a limitar y, mejor aún, reducir su gastadera.  Hoy debo referirme a algunos de esos gastos, que pasan encubiertos en la maraña cotidiana de presupuestos estatales, pero que, por el contrario, deberían ser objetivo definido de limitación. A riesgo de dejar de lado importantes gastos, hoy prefiero mencionar tan sólo unos “pequeños”, que palidecen en comparación con lo que ha sido el gasto para mantener el puente de la platina en una condición de transitable o el gasto en la trocha, en las condiciones que todos conocemos, o tal vez la reparación de la calle al costado sur de la antigua Fábrica Nacional de Licores, que con bombos y platillos fue construida hace relativamente poco tiempo y que ya requiere de una casi total restauración.

Un ejemplo de gastos “pequeños” es aquel anuncio del Instituto Costarricense de Aguas y Alcantarillados (ICAA), en que nos hace saber que, entre más agua gastemos en nuestros hogares, más nos va a costar.  Esos brujos nos creen tontos, que no sabíamos tal cosa, en especial después del desmesurado aumento de más del 60% que recientemente se nos impuso. A cada rato sale dicho anuncio en la televisión y en los periódicos, plata que bien podría haberse ahorrado y así no cobrarnos tanto por el servicio de agua.  De paso, me imagino que el ICAA ya no está desperdiciando el agua en el lago del parque de la Sabana y que supuestamente la está cobrando a la entidad que corresponde, que, si no me equivoco, es el Instituto del Deporte o el Ministerio de Cultura, responsables del buen estado de la Sabana. Asimismo, me imagino que el ICAA ya tiene a marcha forzada un programa destinado a arreglar todas las fugas de agua que pululan en el país, a fin de detener el desperdicio que todos pagamos.   

Otro ejemplo: me imagino que los lectores se habrán dado cuenta de la enorme cantidad de viajes que, pagados por todos nosotros, ha realizado la presidenta Chinchilla.  Es cierto que ella en una ocasión dijo que los viajes en avión le ayudaban a relajarse del stress de su oficio. Ese alivio es así comprensible. Pero tal vez haya medios más baratos que permitan que su salud mejore.  Sería bueno que algún medio de comunicación estudiara cuál es el costo total que han significado los viajes de la Presidenta, desde que inició su mandato a la fecha y que todos que hemos tenido que pagar. Pido esto, no por molestarla, sino porque es sorprendente verla cómo viaja de un país a otro y luego, casi de seguido, a otro más, sin que nadie cuestione el porqué de tanto desembolso. Es indispensable, en época de crisis, que se controle la gastadera.

Similarmente, hoy me pregunté ¿qué se hizo el famoso bus súper-acondicionado que se le asignó al Sistema del 911, para que los costarricenses tuviéramos un mejor servicio de esa entidad?  En un principio estaba estacionado en un  patio de esa entidad y se dijo que sería algo temporal, pues había definidas importantes actividades que luego tendría que llevar a cabo. Es un costo elevado el que, en apariencia, no se usa para nada útil.

Se acuerdan del Caribou, avión del Estado que hace un tiempo requirió de un gasto público enorme, tan sólo para mantenerlo operativo.  Parece que ya no se usa y que ese arreglo no pudo impedir la obsolescencia del paso del tiempo.  Pero que la plata se gastó, se gastó.  De manera similar, hace buen rato que no aparece en nuestro cielo el nuevo helicóptero, a cuya adquisición se opuso tan vehementemente don Fernando Berrocal, por ser muy caro y poco útil para los servicios que el país requería.  Pregunto, ¿qué se ha hecho ese helicóptero y si está en plena capacidad funcional? De nuevo, es dinero de los costarricenses que se gastó y que hoy merece una explicación de su uso.

Me acuerdo cuando el gobierno construyó una serie de estaciones de peaje en las carreteras más importantes del país, a fin de controlar el peso excesivo de los camiones de carga, el cual dañaba la carretera.  Nunca las pusieron en operación.  Incluso una de ellas, luego se comentó, sirvió de guarida a personas indeseables.  Ya nos han vuelto a anunciar que es necesario acometer el problema de los trailers sobrecargados que transitan por nuestras carreteras, para lo cual se requiere destinar fondos en otra cuantiosa inversión.

Si tan sólo los ciudadanos hiciéramos un mayor esfuerzo por desnudar estos gastos innecesarios del gobierno, tal vez podríamos ponerle un freno al desperdicio e incluso encontrar a los responsables del desmadre. A hoy no parece haber límites ni explicaciones acerca del desperdicio y menos de quiénes son los responsables de ello.

Jorge Corrales Quesada

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