martes, 30 de abril de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: efecto en Costa Rica de la política monetaria reciente en los Estados Unidos

Como parte de la política económica proseguida por la administración Obama, a fin de recuperar su economía de la recesión iniciada en el 2008, el gobierno siguió una política fiscal caracterizada por un excesivo gasto público, superior a las recaudaciones impositivas. Esto ha dado lugar a los reconocidos elevados déficits, que, en opinión de un economista keynesiano, es la política económica deseable en presencia de una recesión.  Sin embargo, los resultados obtenidos en la tasa de crecimiento de la economía de esa nación no parecen haber sido muy fructíferos y, más bien, notable es el incremento enorme de la deuda pública estadounidense, en mucho ocasionado por esos déficits mencionados.

La otra parte de la política económica de Obama en estos años, ha sido una muy importante expansión monetaria, que también forma parte del credo de algunos economistas, a fin de restaurar el crecimiento de la economía en recesión.  Esto ha llevado a que el Banco Central de los Estados Unidos (la FED) prosiga una reducción de las tasas de interés, para acomodar esa política monetaria expansiva, que incluso por mucho tiempo se han aproximado a tasas de cero. Es decir, que el costo del dinero de la FED es casi inexistente. Se considera que así las entidades que acuden a pedir prestado dinero a la FED, básicamente los bancos, podrían prestar a empresas a tasas de interés sumamente bajas, de forma que con ello se impulsa la inversión y, por ende, el crecimiento y el empleo.

El problema con esto último es que los bancos y las empresas en un alto grado han mantenido esos saldos monetarios sin prestarlos o bien los han colocado en bolsas de valores. Esto se ha reflejado en balances sumamente líquidos de esas entidades, pero con un menor grado de colocación de créditos al sector privado productivo que el posiblemente requerido y así lograr el crecimiento económico que se busca. Mucha del alza del indicador Dow Jones de la Bolsa de Valores de Nueva York se podría explicar por este fenómeno.

Ese exceso de liquidez en la economía estadounidense no era posible contenerlo en un recipiente llamado “economía estadounidense”, sino que se ha dirigido más allá de sus fronteras.  Esto posiblemente formaba parte del cálculo de las autoridades bancarias estadounidenses, pues una mayor oferta de dólares en el mercado internacional con respecto al crecimiento más moderado de otras monedas locales de naciones con las cuales Estados Unidos realiza su comercio internacional, provocaría que el dólar se devaluara vis a vis esas otras monedas. O, lo que es lo mismo, que esas otras monedas se revaluaran en comparación con el dólar estadounidense.

Estas redefiniciones de los valores internacionales de las monedas tendría como impacto importante un aumento en las exportaciones de los Estados Unidos y una disminución de sus importaciones, todo lo demás constante. Claro que era parte de lo que la administración Obama buscaba obtener, a fin de relanzar un crecimiento insípido de su economía doméstica.  Se supone que una mayor demanda de la producción estadounidense, incluida de la parte internacional, según se señaló, se traduciría en un incentivo para aumentar la inversión y recuperar su capacidad ociosa domésticas. Así se lograría salir de la recesión.

Mucho de esto está por verse, pues cinco años después de que la administración Obama se matriculó con ese expansionismo Keynesiano, la economía estadounidense crece relativamente muy poco.
En Costa Rica sí hemos tenido un impacto preocupante de esa expansión monetaria de los Estados Unidos, que, aunada a factores propios nuestros, ha impulsado una revaluación del colón de casi un 25%, en estos 5 años de la administración Obama.

Era de esperar que la abundancia de fondos baratos en Estados Unidos fluyera a diversas naciones, en las cuales los rendimientos pagados fueran superiores (tomando en cuenta los riesgos propios de cada país) a los que se lograrían en aquel país. Costa Rica, al igual que muchas otras naciones, reunía esos requisitos y los llamados “capitales golondrina” se dirigieron aquí a hacer su nido. Además, una creciente inversión extranjera directa en nuestro país se hizo beneficiaria de la disponibilidad de fondos de inversión baratos en su país de origen, los Estados Unidos. Todo esto contribuyó a que en estos cinco años el país haya tenido una entrada fuerte de dólares, a pesar de la situación recesiva del mundo como un todo.

Pero el problema no sólo le llegó a Costa Rica, sino que también se lo buscó. Y posiblemente al principio de la situación, cuando en el mundo cundía el pánico financiero, Costa Rica vio con muy buenos ojos la posibilidad de sortear mejor las aguas procelosas de la recesión, incluso mejor a como lo podían hacer los Estados Unidos. La caída inicial en la inversión extranjera directa fue compensada por su propia recuperación y por la inversión de fondos de corto plazo en nuestro sistema bancario. Esto llegó a un grado tal que el Banco Central se dio cuenta de que no podía seguir comprando cuanto dólar entraba al país, sin que se generaran problemas de conducción monetaria. Concretamente, a fin de mantener el tipo de cambio del colón con respecto al dólar, que ya se situaba en el límite inferior de su banda cambiaria, el Banco Central emitía colones en exceso, a fin de poder comprar los muchos dólares que estaban entrando al país. Esta expansión monetaria era una inflación a la segura.

Para retirar ese exceso de colones que así estaba echando el Banco Central a la calle, fue necesario ver cómo lograba disminuir esa presión. Para disminuir la oferta de colones, el Banco Central tuvo que vender documentos (sus bonos, por ejemplo), claro que pagando más y más por ello.  Esto es, teniendo que pagar mayores intereses.

Todo esto el Banco Central lo hizo para que el tipo de cambio del colón con respecto al dólar no se revaluara. Esa medida decidió no tomarla y para ello mantuvo el piso de su banda cambiaria. Sin embargo, los mayores intereses del mercado costarricense y la garantía de que el valor del dólar en colones no iba a variar, estimuló un los últimos años una fuerte entrada de dólares al país.

El Banco Central ha venido impulsando una reducción conveniente de las altas tasas reales de interés previas e incluso envió un proyecto a la Asamblea Legislativa para limitar los rendimientos de los capitales golondrina (que tal vez posiblemente no logre nada o muy poco, dada la eficiencia con que se mueven esos fondos). Pero siempre tendremos la presión de esa abundancia de dólares en los mercados internacionales, que de alguna manera acudirán a nuestro país, incluso como inversión extranjera directa. Este es el resultado de una abundancia de oferta del dólar en el mundo, que incluso ha perdido mucho de su prestigio para ser usado como moneda universal de cambio, debido a la pérdida eventual de su valor mediante la inflación, cuando estalle esta burbuja creada por el Banco Central estadounidense. Pero también existirá presión por la idea de que el tipo de cambio del colón con respecto al dólar es intocable, según sostiene hoy nuestro Banco Central.

En todo caso, demos una respetuosa bienvenida al país al Presidente Obama, como debemos hacerlo con cualquier otro invitado a nuestra nación.

Jorge Corrales Quesada

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