miércoles, 8 de mayo de 2013

Desde la tribuna: a propósito de una noticia sin aparente importancia

Yahoo noticias España dedica una interesante nota al “Adiós a las aceiteras rellenables”:

El texto escrito es el siguiente “Quédense con la imagen de las aceiteras tradicionales en bares y cafeterías porque tienen los días contados. Desde el 1 de enero de 2014 las aceiteras rellenables se despiden para no volver. Entre los clientes hay muchos que están encantados con la medida, aunque a otros no les parece necesaria. Les guste o no la Unión Europea ha decidido prohibir su uso en lugares públicos para así poder controlar la calidad del aceite que se sirve al consumidor. Muchos hosteleros manifiestan su descontento porque el cambio de los envases repercutirá en el precio final del producto. Lo cierto es que en pocos meses los nuevos envases serán monodosis o recipientes no rellenables. Para que se esfumen las dudas de si el aceite es bueno o no”.

Al principio surgen sentimientos encontrados, unos apuntando a la importancia de tener garantía de que el aceite es de calidad, origen, nuevo y demás ventajas y, los otros, a la nostalgia de que las cosas ya no serán como antes, ¡adiós a las aceiteras tradicionales” y cuestiones así.

En la nota aparecen también, algunos argumentos relativos al precio y costos.  Pero detrás hay más cosas.  

En el fondo se trata de una intromisión pública, normativa y coactiva en el ámbito de las relaciones privadas.  Entre el hostel, el restaurante, el café o el bar y el cliente ha intervenido el Derecho, la norma, el legislador, la vindicta pública, los oficiales de salud y la pendejera de todos aquellos que de chivatos y acusetas pierden su voluntad para entregarla al Estado.

La intervención de una relación no es gratuita, tiene graves costos.  El más serio, aunque quizás no se note, es la pérdida de libertad y entendimiento en el plano de igualdad y acuerdo de voluntades.

No se me olvida que en un taller dedicado al cambio de aceites, en la ciudad de Grecia, mi amigo “Oso” Bolaños nos daba la opción de usar tarros (cuartos de galón) nuevos o tomar de un estañón en que había comprado a un mejor precio de mayorista.  Con una simpleza directa y gran afabilidad, expresaba: “Es cuestión de confianza, si no me la tenés, vamos a los tarros.  Si me la tenés, ganás en el precio”.  La solución europea es que no le tenga confianza, que vaya a los tarros y que pague más (sin opción y con un ejército de supervisores para que las cosas se hagan de una sola manera).

Perdemos entonces la inmediatez, la capacidad de desarrollar nuestras relaciones en plano de igualdad jurídica y confianza y ponemos nuestras vidas en las manos del Estado.

¿Es posible que algún mercachifle rellene mal las aceiteras?  ¡Por supuesto!  No lo dudo.  Pero la generalización de la desconfianza o del trato receloso lleva a la sociedad a pagar más por lo mismo.  Exceso de empaques, “monodosis” o empaques que no dan la medida del uso (o sea, estándares o modelos o medidas que no van con todos, al estilo del lecho de Procusto, tan de gusto de los estatólatras) y los consiguientes desperdicios, insatisfacciones y demás situaciones.  Por supuesto, también habrá inspectores del empaque, de la nueva acepcia, de la calidad empacada e, incluso, del adecuado deshecho.  Con el tiempo también habrá inspectores de la calidad, del plástico, dela impresión, de la etiqueta, de las normas de origen y muchas cosas más.  Con un poco de imaginación se pueden crear cientos de trabajos e inspecciones inútiles e ir dejando baldada a la Humanidad para poderse relacionar consigo misma.

Por supuesto que se beneficia a la franquicia, a la cadena de alimentos y se perjudica a la “pyme”.  La gestión artesanal es desestimada por muchos y maltratada constantemente por el Estado y sus secuaces. ¡Claro que habrá que hacer más trámites! Con un poco de esfuerzo podría hasta inventarse la licencia para ofrecer al cliente aceite en empaque de monodosis. Sería adicional a la de comidas, distinta de la rótulos, diferente a la uso de suelo y podría tener gran potencial en cuanto la creación de más subterfugios:  pimienta en monodosis, vinagre balsámico en monodosis, queso parmesano en monodosis, sal en monodosis, no sal en monodosis, pan en monodosis. También podría explorarse que todos esos productos requirieran primero la aprobación por parte del Ministerio de Salud y que éste exigiera “tropicalización” de empaques, pruebas de tinta y aprovechara los empaques monodosis para hacer campaña contra el tabaco, la obesidad y las peligrosas ansias de libertad.

Es menester recordar las lecciones de Enrique Ghersi en el sentido de que la información y el Derecho no son gratis y tienen un alto costo.  Para algunos resulta fácil, divertido, hasta meritorio y registrable, andar emitiendo leyes y regulando la vida humana.  La verdad es que todo ello tiene consecuencias graves en la vida económica, terribles en las posibilidades de los más pobres y desastrosas en la habilidad para construir la propia vida con responsabilidad y habilidad.

Quizás sea hora de realizar en Costa Rica un estudio acerca del impacto normativo, la tramitomanía, su influencia en la gestión económica y la barrera que significa para las pymes.

En poco tiempo he podido percatarme de cómo el CONESUP ejerce el capricho para evitar la autorización y el funcionamiento de nuevas Universidades, carreras, sedes y modalidades.  ¡Increíble!

Cerca de mi vivienda, en Sabanilla, un operario que se dedica a arreglar llantas en un garaje alquilado (neumáticos y parches) fue obligado, en la renovación de sus permisos, a construir un servicio sanitario para minusválidos (Ley Nº  7600, acceso con silla de ruedas).  ¿Cuántas llantas tendrá que arreglar para costear la construcción que, además, fue en propiedad ajena?  Y … su tiempo, los permisos extra (construcción y demás), cómo le impactan.

Por allí mismo (Salitrillos, si no me equivoco), una señora quiere abrir un bazarcito en su casa, por necesidad de emprender una actividad que le genere ingresos.  Está dispuesta  a usar la sala de la casa para la actividad.   Nuevamente la Ley Nº  7600:  tendrá que sacrificar también el baño de la casa para que haya un servicio sanitario con acceso para silla de ruedas.  Ella quiere obtener ingresos para salir adelante, pero ahora deberá obtener algún préstamo para abrir una puerta a 90 cm, hacer un par de rampas y otras cosas, apenas para ver si abre el negocito.  

Convoco a los amigos y colegas a ver si podemos coleccionar estas tristes y graves experiencias, a fin de preparar al menos un documento con casos.

Espero que mis hijos no empiecen a pedir monodosis de salsa, azúcar, café, arroz, carne, verduras, fruta y demás provisiones similares en la casa.  Igual, espero que cuando convide a un amigo a una tacita de café, un vinito o una reunión con música y bocadillos no me salga con el cuento de las monodosis empacadas.  ¡Con qué facilidad entregamos nuestras vidas a estos demiurgos que creen saberlo todo!
Federico Malavassi Calvo   

No hay comentarios.: