lunes, 17 de junio de 2013

Tema Polémico: El costo de los salvatajes estatales

La semana pasada el gobierno por medio del Instituto Mixto de Ayuda Social anunció un programa de ayuda económica por dos mil millones de colones dirigido a los caficultores perjudicados por el problema de la roya del café. Todo el país parece estar de acuerdo con esto pues a simple vista se percibe como un acto de solidaridad justificado y algunos opinan que es una obligación del gobierno ayudar estas familias en las zonas rurales. El problema es que la mayoría de las personas no se dan cuenta de que este dinero es únicamente administrado del gobierno pero su origen está en el bolsillo de todos los costarricenses que pagamos impuestos. 

Ya en muchas ocasiones hemos mencionado la inconveniencia de que los ciudadanos deleguemos en un tercero, como el Estado, el valor de la solidaridad. Si deseamos ser solidarios con otra persona o un sector en particular, estamos en todo el derecho de hacerlo pero; ¿Por qué permitir que el Estado nos quite nuestro dinero por medio de impuestos y luego lo gaste en lo que ellos consideran más importante aunque ese criterio discrepe del mío? Además, es importante tomar en consideración que el permitir que la solidaridad sea administrada por un tercero implica que haya gastos administrativos, por lo tanto, el dinero que finalmente llega a los necesitados no es sino una pequeña parte del recaudado originalmente. Que mejor muestra que nuestro propio gobierno cuyos rubros presupuestarios más significativos son salarios y pensiones. Delegar el valor de la solidaridad no solo es perverso sino también ineficiente.

Otro aspecto que es importante tomar en consideración al ver la otra cara de la moneda en este tipo de salvatajes es la peligrosa intromisión que estas decisiones provocan sobre el adecuado funcionamiento del mercado. A principios del siglo pasado dos grandes intelectuales pusieron en evidencia la importancia de la existencia del riesgo en todas las decisiones de los agentes económicos; estos fueron Joseph Schumpeter por medio del concepto de la “Destrucción Creativa” y Frank H. Knight por medio de la “Teoría del Empresario-Riesgo”. Ambas teorías coinciden en que, para que exista un beneficio generalizado en la sociedad,  es fundamental que haya ganadores y perdedores en el mercado y que todos los agentes debían tomar en consideración cierta cuota de riesgo a la hora de tomas sus decisiones de negocios. Esto permite que se vayan formando especializaciones y que se dé un mejoramiento continuo por medio de las enseñanzas logradas por los errores. 

¿Pero qué pasa si el Estado interfiere en la dinámica del riesgo del mercado? Primero que todo, manda un mensaje claro de que finalmente el Estado vendrá a salvar al empresario si, como resultado de sus decisiones, no se dieron los frutos esperados o, como en el caso del café, no se tomó en consideración los riesgos de incursionar en la actividad agrícola. Esto es una invitación a que la sociedad siga incursionando en actividades poco rentables y no permite  el mejoramiento continuo o la innovación.

En segundo lugar, es evidente que el Estado no puede salvar a todos pues no cuenta con los recursos necesarios para hacerlo ¿En qué se diferencian los cafetaleros que han tenido pérdidas por la roya de otros agricultores que pierden por las inundaciones o la pérdida de clientes en mercados de exportación? Entendemos que es lamentable la situación por la que pasan actualmente los cafetaleros y sus familias pero ¿Adónde se marca la diferencia entre ellos y otros agentes económicos? Para que el Estado pueda tener recursos, otros sectores tienen que tener ganancias y estos otros actores también tuvieron que asumir riesgos. Esta política claramente está basada en una socialización de las pérdidas y ese tipo de políticas no son sostenibles en el tiempo.

Se puede concluir que los salvatajes del Estado, si bien es cierto están basados en buenas intenciones, claramente tienen un costo grande para la sociedad y no necesariamente son la mejor solución en el largo plazo.

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