miércoles, 31 de julio de 2013

Desde la tribuna: entre la platina y la trocha mocha

El Ministerio de Obras Públicas y Transportes acaba de aprobar una nueva contratación para arreglar el puente de la platina o la platina del puente, ¡da igual!  (se trata de un daño sufrido por el puente sobre el río Virilla, en la Autopista General Cañas –San José –Alajuela).

Este daño y la inutilidad del MOPT al respecto evidencia la falta de competencia del Estado costarricense para enfrentar cierta clase de tareas y, sobre todo, para hacerlas bien.  La “platina” sintetiza el estado de cosas y la postración estatal.
 
Una nueva contratación ahora de más de cuatro mil millones de colones.  Ya se habían dado dos gastos igualmente contabilizados en miles de millones de colones y el resultado había sido desastroso. 
El MOPT fue medio descompuesto en Consejos especializados en los cuales los funcionarios ganan más pero la eficiencia no parece avanzar.  El resultado claro es que el Estado ha perdido competencia, eficiencia y capacidad.  Digo medio descompuesto por varias razones, una de ellas es que siguen vivas las viejas dependencias.  En algunos casos los funcionarios pasan a los nuevos consejos pero, con la filosofía del mono (“no soltar una rama en tanto no se agarre la otra”) salen con permiso a ganar mejor a otro órgano, pero manteniendo su viejo puesto.  Además, en algunos casos no son más que los mismos haciendo lo mismo, pero ahora en un órgano de nombre diferente.
 
Por otro lado, las noticias de la investigación judicial acerca de los gastos (perdidos, botados, desperdiciados) en la llamada “trocha mocha” (carretera o trocha fronteriza) evidencian que hubo baile, ron, fiesta y vacilón con los dineros públicos.  ¡Qué relajo!
 
Miles de millones desperdiciados … ese es el resultado de la gestión estatal.  Súmele los gastos de Recope en la “recochina”  (refinería de Recope y la China) y se verá que se trata de más de veinticinco millones de dólares (quizás hasta cincuenta) en estudios que la Contraloría ha rechazado.    El jerarca del sector, en lugar de renunciar y botar a todos los responsables, concomitantemente con una gestión de cobro y devolución de estos gastos hechos a través de una sociedad caribeña, más bien pide un “plan B”. 
 
Todo esto sucede porque ponemos demasiadas cosas en manos públicas (monopolios, gestión de infraestructura, gastos de emergencias) confiando en el Estado y sus funcionarios. 
 
Al Estado hay que reducirlo, racionalizarlo, controlarlo, quitarle funciones, declararlo incompetente e inútil ineficiente, entender que campea la corrupción y desmitificar las creencias que le erigen como único para determinadas tareas.
 
Las pruebas son evidentes e incontrastables.

Federico Malavassi Calvo

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