martes, 3 de septiembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: ¡levántate y anda! Parte I

Espero que pronto aparezca en mi sitio de Internet -latforum.org- un libro que escribí en 1984, titulado Inflación y Control de Precios. Así el lector podrá tener acceso directo al tema de “La Curva de Phillips”.  Lo traigo a colación porque, en criterio de algunos, el Banco Central debe tener ahora no sólo la función de controlar la inflación, sino también la de promover la generación de empleo y, por ende, el crecimiento real de la economía.

Como ejemplo de aquel criterio, en el periódico La República del 19 de agosto del 2013, hay un artículo que lleva por título “Mejor Meta: Inflación o Crecimiento Económico” y como subtítulo algo que expresa mejor la intención del comentario: “La crisis cambió los bancos centrales, ya que se preocupan más por el crecimiento, dejando de lado la inflación”.

Expone el artículo de La República:
 
“La meta de los últimos años para el Banco Central es tener controlada la inflación, dejando como secundarias el crecimiento económico y el empleo”…
Hay quienes han pensado seguir un modelo más moderno, como el de Estados Unidos, Japón o Reino Unido, donde tienen en su legislación ambas metas (inflación y crecimiento económico}, aunque sean objetivos contradictorios. Así, el Central podría cuidar tanto la estabilidad del colón como impulsar medidas para ver crecer la economía nacional y bajar los niveles de desempleo…”

“…’La crisis cambió eso, los bancos centrales se preocuparon —y siguen preocupándose— por el crecimiento, dejando de lado la inquietud de la inflación. Cuando la producción se viene en picada y el desempleo crece, los precios ocupan una prioridad secundaria. Las condiciones de una economía en crisis de producción, en todo caso, no son inflacionarias”, explica Fernando Rodríguez, economista.”

El tema reviste importancia, pues resucita la vieja conocida de los economistas, la llamada Curva de Phillips, desarrollada por el economista neozelandés y keynesiano William Phillips.  Lo que, en resumen, proponía la curva de Phillips era la posibilidad de que los encargados de las políticas económicas pudieran optar entre los objetivos de inflación y desempleo.  Así, desde el punto de vista de los objetivos o metas de un Banco Central, con base en la curva de Phillips se consideró que era posible sacrificar el logro del objetivo de una baja inflación, a fin de dar lugar a mayores niveles de empleo. O, a la inversa, que se podía lograr un descenso en la desocupación pero a cambio de una mayor inflación.

De esta manera, el dilema de políticas que generalmente encaraba un Banco Central (como el nuestro), era que debía escoger entre dos males: o una alta inflación para lograr un mayor nivel de ocupación y, por lo tanto, de crecimiento real de la economía, o bien lograr una baja inflación, pero a cambio de provocar un aumento en la tasa de desempleo y, por lo tanto, un menor crecimiento real de la economía.

Ejemplo de esta visión -de que había una relación inversa entre inflación y desempleo- fue expuesta en 1960 en un artículo muy importante de dos destacados economistas keynesianos, Paul Samuelson y Robert Solow, quienes lo presentaron ante la Asociación Norteamericana de Economistas y fue luego reproducido en el libro editado por Arthur M. Okun, The Battle Against Unemployment: An introduction to a current issue of public policy, bajo el título  “Our Menu of Policy Choices”.  Sobre el tema en concreto se ha escrito que
 
“El remedio sugerido, desde Samuelson y Solow en particular, era proseguir políticas keynesianas que mantuvieran el pleno empleo a una tasa específica de inflación, por medio de la manipulación del presupuesto y la expansión o contracción de la oferta de dinero, en función de si la economía estaba creciendo o decreciendo.” (Daniel Stedman Jones, Masters of the Universe, Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 2014, p. 188).

Si, según el análisis de Phillips y las sugerencias, entre muchos otros economistas, de Samuelson y Solow, era posible proseguir una política de pleno empleo (o baja tasa de desocupación), logrado a cambio del sacrificio de una mayor inflación, ¿cómo fue que en la administración del Presidente Carter durante el período 1977-1981, con base en aquella vieja receta keynesiana simultáneamente se tuvo tasas elevadas de inflación (un promedio de casi el 15%) y altas tasas de desocupación (de alrededor de un 7.5%)?

Un hecho similar sucedió en la Inglaterra de esos años, cuando, en un discurso en setiembre de 1976 ante una Conferencia del Partido Laborista, un intelectualmente muy honesto Primer Ministro laborista, James Callaghan, ante la evidencia exclamó que,

“Solíamos pensar que se podía pagar la salida de una depresión e incrementar el empleo, reduciendo los impuestos y aumentando el gasto público. Les digo con todo el candor que esa opción ya no existe y que si existió alguna vez, sólo trabajó inyectando una dosis mayor de inflación en la economía, seguida por un nivel más alto de desempleo. Esa es la historia de los últimos veinte años”. (Citado en mi libro De la Pobreza a la Abundancia en Costa Rica, 1981, p. 35).

Y aquí en casa, ¿tenemos algún ejemplo del fracaso del planteamiento keynesiano de la Curva de Phillips, de que se podía reducir el desempleo a cambio de una mayor inflación?  Lo sucedido en la administración Carazo es  clara evidencia de las premisas falsas de la Curva de Phillips. Cito a mi libro Inflación y Control de Precios, para narrarles que

“…cuando se señala que el gobierno del Presidente Carazo fue puesto a (y cito) ‘escoger ante la ausencia de acción legislativa, entre la inflación y el desempleo, se escogió entre ambos males al menor, la inflación, y la paz social se ha mantenido, esto indica que la decisión fue acertada’, se omite la evidencia que los datos muestran: esto es, la simultaneidad de una enorme inflación y un elevado desempleo. No se optó entre dos males: se eligieron los dos conjuntamente.” (Op. Cit., p. 57.  Las afirmaciones del gobierno del señor Carazo aquí citadas provienen de la página 70 del informe presidencial que diera oficialmente ante la Asamblea Legislativa, el primero de mayo de 1982).

El próximo martes continuará en este sitio la segunda parte de este comentario. 

Jorge Corrales Quesada

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