martes, 17 de septiembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: levántate y anda. Parte III

En los dos comentarios previos se analizó la llamada curva de Phillips, que suponía había una relación inversa entre la inflación y el desempleo, así como las críticas que se hicieron a dicha curva. Con base en ella se había llegado a la conclusión de que existía una relación inversa entre inflación y desocupación y que, por tanto, era posible, mediante la inflación, generar un aumento de la producción. Sin embargo la crítica mostró que no era posible que un alza en los precios provocara tal aumento a largo plazo de la producción real y que, más bien, una política monetaria expansiva a lo que daría lugar es a niveles superiores de crecimiento de los precios pero no a una tasa de crecimiento de la economía.  A largo plazo se regresaría al nivel previo de crecimiento real de la economía.

En este último comentario me referiré a los factores que inciden en aumentar el crecimiento económico y, entre ellos, destaco una política monetaria de bajo crecimiento pero estable, como factor que incide en un mayor crecimiento económico.  No así la simple expansión monetaria (inflacionaria) que de por sí daba lugar a un crecimiento, como se suponía con el análisis basado en la Curva de Phillips. En conclusión, la política monetaria es crucial, pero que no dé lugar a expansiones ni oscilaciones que introduzcan incertidumbre en los mercados. Por ello, la política monetaria deberá concentrarse en el control de la inflación y no en el crecimiento de la producción real que, a largo plazo, no puede lograr.

Según el artículo de La República bajo comentario, algunos economistas aseveran (muy simplificadamente), que la política actual del Banco Central de los Estados Unidos, bajo la administración del señor Ben Bernanke, ha optado entre inflación y desempleo, al interesarse en la recuperación de la economía (disminuir la tasa de desempleo) en vez de la inflación. Así resucitan, con un ¡Lázaro: Levántate y Anda!, el lenguaje de la política económica keynesiana inflacionaria basada en la curva de Phillips.

En el caso de Costa Rica, de acuerdo con lo que se cita en el artículo de La República, el Banco Central tenía claramente como objetivo principal el control de la inflación y secundariamente el logro de una tasa deseable de ocupación (y, por ende, que permitiera un mayor crecimiento económico). Ahora, se señala en aquel comentario, parece haber cambiado sus prioridades (cosa que, de hecho, no se demuestra en el comentario de referencia) hacia una preferencia por la producción (empleo), en vez de la estabilidad de los precios. El economista, señor Fernando Rodríguez, menciona en dicho artículo que
“cuando la producción se viene en picada y el desempleo crece, los precios ocupan una prioridad secundaria. Las condiciones de una economía en crisis de producción, en todo caso, no son inflacionarias.”

Me parece que la conducta claramente expresada por el Banco Central en documentos recientes sobre política económica, es la de centrarse en el control de la inflación y no la de privilegiar el crecimiento económico. No parece que el Banco haya decidido expandir las magnitudes monetarias para lograr un descenso en la tasa de desocupación y, por tanto, un incremento de la tasa de crecimiento de la producción. Por el contrario, en la revisión de junio del 2013 de su programa original de enero del 2013, el Banco continúa insistiendo en conservar su meta de inflación anunciada a principios de año, de alrededor de un 5%, más o menos un punto porcentual. (Ver Banco Central de Costa Rica, Programa Macroeconómico 2013-2014, p. 25 y Banco Central de Costa Rica, Revisión Programa Macroeconómico 2013-2014, p. 26).

En ambos programas económicos sí se hace mención de la existencia de objetivos diversos establecidos en el artículo 2 de la Ley Orgánica del Banco Central, en cuanto a los

“… principales objetivos: i) continuar con la inflación dentro del rango meta establecido para este lapso (entre 4% y 6% interanual); ii) estimular la actividad económica que se ha desacelerado y; iii) velar por la estabilidad del sistema financiero, especialmente por los riesgos asociados a un creciente uso del financiamiento externo para atender la demanda de crédito en dólares. Lo anterior en cumplimiento de los objetivos prioritarios y subsidiarios asignados a la Institución en el artículo 2 de su Ley Orgánica.” (Banco Central de Costa Rica, Revisión Programa Macroeconómico 2013-2014, p. i).

En el programa monetario original del Banco para este año en ningún lado se lee que ampliará su política monetaria durante el 2013, a fin de recuperar el crecimiento económico, a pesar de que señala que,
“…se estima que el PIB crecería un 4,0% en el 2013 y el 2014, tasa inferior al promedio de los últimos tres años (4,8%).” (Banco Central de Costa Rica, Programa Macroeconómico 2013-2014, p. 19).

En resumen, no veo al Banco Central, al menos en lo que va de este año, haciendo un uso expansivo de la cantidad de dinero en circulación, con el propósito de reactivar el crecimiento de la economía nacional, aunque lo diga en su planteamiento de cumplir con el objetivo (en mi opinión contradictorio con el de lograr una inflación baja a la luz de lo expuesto en la crítica a la curva de Phillips) “…de estimular la actividad económica que se ha desacelerado,” que cité en la página anterior de ese comentario. Por el contrario, sí señala claramente el propósito de conducir la política monetaria acorde con el cumplimiento de la meta inflacionaria preestablecida, de un 5% más o menos un punto porcentual. Si se quiere ver de otra manera, lo que el Banco Central hace en sus programas macroeconómicos es mencionar la obligación que le impone el artículo 2 de su Ley Orgánica, pero sin señalar una política –tal como lo indicaría bajo la curva de Phillips keynesiana- de crecimiento monetario con el propósito de incrementar la producción. Pero sí es claro en cuanto al cumplimiento de su objetivo de contención de la inflación. 

Para terminar mi comentario, me referiré brevemente a la importancia que tiene otro tipo de políticas que faciliten un incremento de la producción real.

Friedman es muy claro en sus comentarios acerca de la limitación de la política monetaria para lograr en el largo plazo un aumento en la tasa de crecimiento real de la economía.  Señala que tan sólo transitoriamente es posible lograrlo, pues inicialmente el efecto del mayor impulso monetario se refleja en las cantidades producidas. Pero, luego lo es en los precios. Una vez que los participantes en el mercado laboral incorporan sus expectativas en torno a la inflación, los salarios reales vuelven a su posición original y, por lo tanto, se regresa a la tasa inicial de desempleo y de crecimiento real.  Señala que

“Lo que sucede con la cantidad producida (output) depende de factores reales: la empresa, la ingenuidad y los negocios de las personas, la extensión del ahorro, la estructura de los negocios y el gobierno, las relaciones entre las naciones, etcétera.” (Milton Friedman, The Counter-Revolution in Monetary Theory, Londres: Institute of Economic Affairs, 1970, p. 23, reimpreso en Lanny Ebenstein, ed., The Indispensable Milton Friedman, Washington D. C.: Regnery Publishing Inc., 2012, p. 184).

Abusando del “etcétera” del comentario de Friedman previo, me permito indicar, de acuerdo con el libro de James D. Gwartney y Richard L. Stroup, un análisis claro y sencillo de siete factores principales que inciden en el crecimiento de las economías. 

“1. La propiedad privada: Cuando la propiedad es privada la gente trabajará más duro y usará más sabiamente los recursos.
2. Libertad para intercambiar: Las políticas que reducen el volumen de intercambios retardan el progreso económico.
3. Los mercados competitivos: La competencia promueve el uso eficiente de recursos y brinda un estímulo continuo para mejoras innovadoras.
4. Un mercado de capitales eficiente: Para que una nación pueda llevar a cabo su potencial, debe tener un mecanismo que sea capaz de asignar el capital hacia proyectos creadores de riqueza.
5. La estabilidad monetaria: Las políticas monetarias inflacionarias distorsionan las señales que brindan los precios y subvierten una economía de mercado.
6. Tasas impositivas bajas: La gente producirá más cuando se les permite conservar más de lo que han ganado.
7. Libre comercio: Una nación puede ganar vendiendo bienes que puede producir a un costo relativamente bajo y utilizar esos ingresos para comprar cosas que puede producir tan sólo a un costo elevado.” (James D. Gwartney y Richard L. Stroup, What Everyone Should Know About Economics and Prosperity, Vancouver, Canadá: The Fraser Institute, 1993, p. 32).

No haré un desarrollo de estos temas, pues los autores citados lo hacen en su libro arriba mencionado y hacerlo aquí haría de este un comentario muy extenso.

Como se ha visto, una política monetaria expansiva no logra un aumento de la producción real en el largo plazo y si acaso transitoriamente. Pero surge la pregunta de, entonces, ¿qué puede hacer una política monetaria? Friedman tiene una opinión clara acerca de cómo la política monetaria tiene importantes efectos en las variables reales. 

Específicamente, Friedman señala como 

“…la primera y más importante lección que enseña la historia acerca de lo que la política monetaria puede hacer (y es una lección de la más profunda importancia) es que la política monetaria puede evitar que en sí el dinero sea una fuente importante de disturbios económicos.” (Milton Friedman, “The Role of Monetary Policy”, The American Economic Review, Vol. LVIII, No. 1, marzo de 1968, p. 12).

El ejemplo más claro de cómo una política monetaria inapropiada puede causar disturbios en la economía real, fue lo que sucedió durante la Gran Depresión de los años treinta, cuando el Banco Central de los Estados Unidos (Federal Reserve Board-FED) provocó una declinación de una tercera parte de la oferta monetaria, en medio de la más seria recesión en la historia estadounidense. Según Friedman, eso provocó que lo que podría haber sido una recesión, se convirtiera en una depresión. Esa mala política la documenta Friedman en su obra conjunta con Anna Schwartz. (Milton Friedman y Anna J. Schwartz, A  Monetary History of the United States, 1867-1960, New Jersey: Princeton University Press, 1963).

Friedman agrega que otra cosa que la política monetaria puede hacer es

“…proporcionar un trasfondo estable para la economía… Nuestro sistema económico trabajará lo mejor posible cuando los productores y consumidores, patrones y empleados, pueda asumir, con total confianza, que el nivel de precios promedio se comportará de una manera conocida en el futuro y, preferentemente, que será altamente estable.” (Milton Friedman, “The Role of Monetary Policy”, The American Economic Review, Vol. LVIII, No. 1, marzo de 1968, p. 13).

Para Friedman, la segunda función de la política monetaria consiste en brindar la cantidad necesaria de moneda para que la actividad productiva pueda llevarse a cabo adecuadamente. Pero enfatiza que deberá ser efectuado de forma tal que permita lograr la estabilidad de los precios. Eso es posible si se asegura un crecimiento automático de la cantidad de dinero. Señala que, para el caso de los Estados Unidos, su tasa de crecimiento debería de ser de un 4-5% anual, pero que la tasa deseable varía de país a país, en función de las tendencias de crecimiento de su producción y de las características de la demanda de dinero. Lo que Friedman tiene en mente es que el Banco Central no prosiga políticas monetarias discrecionales, que introduzcan incertidumbre en la economía. No sólo hace esta propuesta porque no hay una relación causal rígida, precisa, que va del dinero hacia el ingreso, sino también porque sería necesario conocer cómo es esa relación y que, además, el banco central compartiera ese conocimiento. Sería necesario conocer todos esos elementos, para que la política monetaria pueda servir como compensación de otras fuerzas que provocan inestabilidad en la economía. Como no existe una relación precisa –carencia de una correspondencia mecánica de uno a uno entre cambios en la cantidad de dinero y el ingreso, dice Friedman- lo mejor es que el Banco Central se sujete a reglas y no a la discrecionalidad, que daría lugar a incertidumbre e inestabilidad en la economía.

La tercera cosa que la política monetaria puede hacer, según Friedman, es
 
“…contribuir a compensar los principales disturbios en el sistema económico, procedentes de otras fuentes. Si hay una euforia secular independiente… la política monetaria puede ayudar, en principio, a mantenerla bajo control mediante un ritmo de crecimiento monetario más lento de lo que, de otro modo, sería deseable. Si, como ahora, un presupuesto federal explosivo amenaza con déficit sin precedentes, la política monetaria puede mantener bajo control cualquier peligro inflacionario, mediante un ritmo de crecimiento monetario más lento de lo que, de otra forma, sería deseable.” (Ibídem, p. 14.)

Sin embargo, Friedman sugiere una enorme cautela en el cumplimiento práctico de este último rol de la política monetaria, debido a que 

“…La experiencia no es muy alentadora en el sentido de que lo puede lograr, sin ir demasiado lejos… creo que el potencial de la política monetaria para compensar otras fuerzas que redunden en una estabilidad, es mucho más limitado de lo que comúnmente se cree.” (Ibídem, p. 14.)

Friedman enfatiza las fuertes limitaciones que hay para proseguir una política monetaria de afinamiento (fine-tunning), no sólo por las dificultades que hay para reconocer el grado o tamaño de los disturbios que se pretenden compensar, así como para establecer cuál es la política compensatoria que, sin cambios rudos o débiles, logre dicha compensación. Por ello sugiere que esta política se lleve a cabo tan sólo cuando haya disturbios  que constituyan “un peligro claro actual”. De otra manera, las oscilaciones de la política monetaria podrían más bien provocar disturbios o inestabilidad mayores e indeseables.

La conclusión general de Friedman es que

“Una tasa constante de crecimiento monetario a un nivel moderado puede proveer un marco de referencia bajo el cual un país puede tener inflación baja y mucho crecimiento. No producirá una estabilidad perfecta; no producirá el cielo aquí en la tierra; pero puede hacer una contribución importante para tener un sociedad económica estable.” (Milton Friedman, The Counter-Revolution in Monetary Theory, Londres: Institute of Economic Affairs, 1970, p. 28).

Uno puede divergir de Friedman en cuanto a una serie de detalles de su esquema monetarista.  Es más, con el paso del tiempo han ido surgiendo modelos mejor adaptados a la realidad que permiten, supuestamente, diseñar mejores políticas monetarias.  Pero creo que hay dos principios esenciales expuestos por Friedman que hoy son bastante aceptados.  El primero, que un aumento de la oferta de dinero, excepto en el corto plazo, es capaz de lograr un aumento de la producción.  Cuando ese incremento de la masa monetaria se refleja en un crecimiento de los precios, lo que se logrará es que, a esa mayor tasa de inflación, se llegue a la misma tasa de crecimiento real de la producción.

El segundo es que el dinero es muy importante.  La política monetaria es muy importante.  Un comportamiento mesurado y estable en la creación de medios de pagos por parte del Banco Central, es lo mejor posible ante oscilaciones reales que se suelen presentar en la economía. No estimular que esas oscilaciones sean mayores por una mala política monetaria, es un objetivo que debe proseguir un Banco Central y eso sí contribuiría, al disminuir la incertidumbre debido a un comportamiento discrecional del Banco Central. Esta certeza sí es un factor significativo para estimular el crecimiento real en la economía.

Jorge Corrales Quesada

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