martes, 24 de septiembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: nuevos impuestos y desempleo

De acuerdo con la última encuesta de empleo que lleva a cabo el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la tasa de desempleo abierto para el segundo trimestre del 2013 fue de 10.4%. La tasa de desempleo abierto mide el porcentaje de población ocupada, con respecto a la fuerza de trabajo.  De acuerdo con el INEC, dicho indicador para el segundo trimestre del 2012 fue similar al del segundo trimestre de este año. Es factible comparar con el dato de mediados del año 2009, pues podríamos pensar que ya refleja en el país el efecto de la recesión mundial. El dato correspondiente fue de 7.8%.   En los años 2007 y 2008 las cifras equivalentes fueron de un 4.6% y un 4.9%, respectivamente. Es decir, no parece haber mejorado mucho la situación del empleo en la economía nacional, al menos de acuerdo con este indicador. Además, se presentó el mismo porcentaje de tasa de desocupación para el primer trimestre de este año, lo que podría indicar un estancamiento en la generación de empleo. Sin embargo, esto último está sujeto al comportamiento que se observe en los próximos trimestres. 

Al respecto, vale la pena tener presente que, según una noticia difundida a mediados de diciembre del 2010: ¨El plan presentado por la Presidenta Laura Chinchilla y la Ministra de Planificación Laura Alfaro, se propone 11 grandes objetivos, entre los cuales destaca la reducción del desempleo, pasando del 7,8% del año 2009, a una tasa del 6% en el 2014.¨ 

Hoy día podemos ver cómo, lamentablemente, al momento nos estamos quedando bastante lejos del ansiado 6% de desempleo, que se pretendió lograr a inicios de la actual administración.

Otro indicador importante del comportamiento laboral de la economía es la llamada tasa de ocupación.  Esta se define como el porcentaje de la población que está empleada, con respecto a la población del país mayor de 12 años. Para el segundo trimestre de este año, de acuerdo con el informe del INEC arriba citado, dicho índice es de un 56.1%, el cual es muy similar al del año previo.  En lo más profundo de la recesión reciente de nuestro país, en el 2009, la tasa de ocupación llegó a ser de un 55.4%. Esto es, el país ha tenido una ligera mejoría desde ese entonces. Sin embargo, aún no alcanza el porcentaje cercano al 60% que tuvo en cierto momento previo a la crisis. En los Estados Unidos, por contraste, el cociente empleo- población se ha mantenido en alrededor de un 58.5%, en tanto que llegó, al menos en los años 2003-2004, a un 62-63%. Obviamente esta comparación es algo burda por múltiples razones, pero puede servir como parámetro de una meta posible de lograr a largo plazo.

También está el indicador conocido como tasa neta de participación, que es el resultado del cociente de la fuerza de trabajo del país, como porcentaje de la población mayor de 15 años. La fuerza de trabajo se define como el número de trabajadores empleados más el número de trabajadores desempleados. Las últimas cifras para Costa Rica, de acuerdo con el informe del INEC antes citado, señalan un 62.7% para el segundo trimestre de este año, cifra igual a la del segundo trimestre del año previo. Este porcentaje es importante para entender el crecimiento económico a largo plazo, así como de la productividad de la mano de obra. Históricamente en los últimos años en Costa Rica la tasa ha sido de un 62-63%.

La tasa de subempleo es el porcentaje de la población ocupada, que trabaja habitualmente menos de un total de 47 horas por semana en su ocupación principal y otras ocupaciones (si las tiene), que desea trabajar más horas y está disponible para hacerlo, pero no lo hace porque no consigue más trabajo asalariado o independiente, convertido al equivalente de desempleos abiertos, con respecto a la fuerza de trabajo. En el caso de Costa Rica, el reciente informe del INEC arriba mencionado, indica que en el segundo trimestre del 2013 la tasa de subempleo fue de un 13%. Este indicador parece mostrar la evidencia de un problema creciente, dado que en el período 2005-2009 osciló entre un 6.8% y un 9%. En el 2011 llegó a ser de un 9% y en el 2012 de un12.4%. 

En síntesis, el panorama del empleo en nuestra economía no parece ser el  deseable, principalmente por el aumento paulatino del subempleo, así como por una tasa de desempleo abierto que está aún muy por encima de las tasas previas a la crisis económica mundial.

Dado lo expuesto, resulta paradójico que el gobierno anuncie que a fines de este año propondrá un nuevo paquete fiscal, bajo el prurito de resolver un déficit –esto es, un exceso de gasto sobre la recaudación- que se estima podría llegar a un 5.5% del PIB.

Digo ¨paradójicamente¨ porque aumentar los impuestos, con toda la incertidumbre que trae asociada, incidirá en las capacidades de recuperación del empleo que podría llevar a cabo el sector privado nacional.  

A algunos se les podría ocurrir que la solución está en que el gobierno aumente el empleo, tal como se hizo durante la última administración Arias Sánchez.  Esa medida fue tomada, supuestamente, como un paliativo para disminuir el desempleo que empezaba a crecer en la economía privada, por efectos de la recesión mundial de fines de la primera década de este siglo. Uno de los errores de esa política fue que los nombramientos de los nuevos empleados públicos se hicieron de forma  permanente y no temporal.  Las recesiones no son un fenómeno permanente, sino que se espera que sólo duren durante algún tiempo. Si lo que se deseaba mediante esa política de gobierno era suplir la caída de demanda laboral de parte del sector privado, lo lógico sería hacerlo en tanto existiera dicho efecto recesivo, que no sería algo permanente. Esa medida que se tomó en algo explica el elevado déficit del 5.5% del PIB antes mencionado, pues los gastos en el empleo público se hicieron permanentes, en vez de ser temporales.  Debe tenerse presente que el gasto público es lo que interesa, para efectos de medir el impacto del gobierno en la demanda de recursos de una economía.

La introducción pretendida de nuevos y mayores impuestos afectará al empleo productivo, la asunción de riesgos en que los empresarios participan, además de disminuir la formación de capital, esencial para la inversión y un mayor crecimiento económico. Parece de sentido común que, si se desea que disminuya el desempleo y el subempleo, más bien se debe estimular –es decir, no afectar, no impedir, no alterar- las decisiones de las personas en los mercados, particularmente de quienes generan el empleo productivo de la nación; esto es, el sector privado de la economía. Es decir, toda la economía excluyendo el estado.

Me parece lógica la respuesta que surge ante la pregunta: ¿Cree usted que algún empresario se atreverá a invertir y a generar empleo, si se le anuncia que pronto el gobierno aumentará o pondrá nuevos impuestos los cuales afectan el rendimiento esperado de su inversión? Sin duda que lo pensará mucho. La incertidumbre acerca de los resultados de una inversión no es precisamente un factor positivo para que el empresario la lleve y así generar empleo. Más bien podemos esperar lo contrario incluso en momentos en que el crecimiento de la economía nacional es ¨tibio¨ como máximo.

Finalmente, tal vez nos sea útil tener presente el mensaje del economista William W. Beach, en su ensayo ¨Why Taxes Affect Economic Growth¨:
…los puntos de vista de los economistas gradualmente se unen alrededor de factores claves que deben estar presentes si es que un país desea experimentar tasas de crecimiento económico superiores a las tasas de crecimiento de su población.  En todos estos factores, uno encuentra que la política tributaria juega un papel prominente y a menudo decisivo.

•    Acumular capital. Incrementar el stock de capital físico disponible para cada trabajador en la economía es una de las mejores maneras de incrementar el ingreso per cápita.

•    Mantener un gobierno pequeño. El gasto del gobierno consume recursos escasos que podrían ser usados en inversiones productivas y distorsiona los incentivos que enfrentan los individuos y las empresas. La propiedad estatal del stock de capital significa que la producción de esos recursos productivos será menor que si estuvieran en manos privadas.

•    Abrir la economía al comercio y la inversión extranjera. Economistas destacados de este nuevo consenso han descubierto muchas ganancias provenientes del comercio y de la inversión extranjera que previamente se desconocían, incluyendo una difusión más rápida y profunda de la tecnología proveniente del exterior, un incremento en la competencia que mejora la eficiencia y una acumulación de capital más rápida.

•    Respetar los derechos de propiedad y la regla de la ley. Sin una adecuada protección de los derechos de propiedad y un ambiente político seguro, los individuos y las empresas enfrentarán severos desincentivos para invertir e involucrarse en actividades productivas.

•    No recargar al sector productivo con regulaciones y controles gubernamentales innecesarios. Las regulaciones, los mandatos y los controles de precios y salarios son un freno para el crecimiento económico. Elevan el costo de producir bienes y servicios y hacen que la innovación y la invención sean más costosas. Los controles gubernamentales también incrementan las oportunidades para obtener ganancias mediante la corrupción y por tanto desvían al empresariado de sus actividades productivas hacia actividades no productivas de ¨búsqueda de rentas¨.

•    Invertir en ¨capital humano¨. La educación, que aumenta la productividad del trabajador, es muy importante para el crecimiento, de acuerdo con muchos de los economistas más destacados en esta área.  En este contexto, es importante que los sistemas educativos operen primariamente para educar a los estudiantes, en vez de servir a los fines de ¨justicia social¨ o a grupos políticos poderosos.¨

En síntesis y simplificando, debemos facilitar la inversión a fin de que pueda crecer la producción nacional y, por tanto, que haya una mayor generación de empleo. La propuesta gubernamental de aumentar o poner nuevos impuestos, crea incertidumbre que afecta negativamente la inversión de las personas y empresas. Con ello la producción crecería menos y, por tanto, se generaría un nivel de empleo menor.

Jorge Corrales Quesada

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