miércoles, 9 de octubre de 2013

Desde la tribuna: confusión y verdadera libertad

Comentábamos la semana pasada acerca de la esencia de la libertad (autodeterminación con responsabilidad) y cuán lejos está ello de la lucha por los llamados derechos programáticos.

En ello juega un rol principal el concepto que se tiene de la vida en sociedad y del instrumento denominado Estado.  Este instrumento de la vida en sociedad ha sido idolatrado por muchos.  Quien idolatra al Estado incurre en fascismo y sin remedio. Hay un instrumento primero que es el Derecho, el Estado está supeditado al Derecho.  Ambos sirven a la vida social y al ser humano, no al revés. Sin embargo, algunos y en determinados momentos invierten las prioridades.  A ello conlleva el clientelismo político, el abuso del poder y la corrupción.  

Asimismo, en algunos momentos además, se suma a tal confusión la falsa libertad, la idea de gestionar como derechos de libertad situaciones que más bien corresponden a derechos programáticos (prestaciones públicas).

Por supuesto que tal esquema engorda al Estado y convierte la vida en una existencia muy regulada A ello se suma la enfermedad del miedo a la libertad (a veces coincidente con la “agorafobia” o al menos comparable).

Si no se tienen claros los campos del Derecho y de las libertades públicas esenciales (poder de autodeterminación) y la importancia constitucional de la declaración de derechos básicos y fundamentales (campo que no puede ser invadido por el Estado ni por la coacción sino únicamente por la responsabilidad), entonces se dará campo al fascismo, a la corrupción y al abuso del poder, mezclados con el clientelismo y demás problemas. 

Federico Malavassi Calvo

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