miércoles, 16 de octubre de 2013

Desde la tribuna: el gobierno nos arruina

El gobierno nos arruina y nos roba el futuro. El acelerado crecimiento del gasto público nos está destruyendo.

La calidad del gasto es absolutamente discutible, objetable e impugnable. Un gobierno tan descuidado nos arruina porque se convierte en un peso insoportable para la sociedad, le extrae sus recursos, los utiliza mal y no cumple las metas impuestas.

Por otro lado, el exceso de gasto público nos está llevando a un alto endeudamiento.  Ello significa otro serio lastre, ahora puesto sobre las posibilidades, sobre el futuro.

Los males no vienen solos, pues en lugar de un propósito de enmienda, en vez de una solución apropiada, lo único que aparece es el ánimo angurriento en forma de nuevo paquete tributario.

Ello implicará muchas horas de trabajo en el pulso legislativo y los órganos correspondientes no se dedicarán a mejorar el sistema jurídico, a perfeccionar la legislación, a ejercer un adecuado control político sino a discutir la voracidad fiscal.

Una de las cuestiones principales es que no se trata de un gasto de gran calidad. ¡Qué va!  La infraestructura pública, literalmente, hace aguas.  La gestión intangible todavía está peor.  Si el gobierno y la administración pública al menos tuvieran un gasto de calidad, al menos existiría el consuelo de buenos sistemas, de buena educación, de buenas vías, de buenos muelles, de buena gestión general.  Pero, desdichamente, ese no es el cuento.  

Buena parte del electorado es culpable de este desastre.  No ejerce con responsabilidad el voto y se apunta al clientelismo electoral.  Busca promesas vacías y no termina de entender cuán malo es no exigir cuentas, cuán dañino es tolerar el apartamiento de las normas constitucionales y cuán pernicioso y pervertido es entregar el control de determinadas actividades al sector público.

Es que si los perjudicados fueran únicamente los que toman las malas decisiones, entonces otro gallo cantaría.  El problema es que algunas veces dejan a todos sin salida, embarcados y endeudados.

Federico Malavassi Calvo

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