martes, 22 de octubre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: la importancia de Malala

Recientemente se otorgó el honroso Premio Sakharov a Malala Yousafsai.  Este galardón se lo otorgó la Unión Europea por fortalecer la defensa de los derechos humanos. Debe recordarse que Malala estuvo a punto de ser ultimada por las balas asesinas de los talibanes en su natal Pakistán, simplemente por insistir, al contrario de las órdenes de los bárbaros, en educarse en su escuela primaria.  El gran pecado de Malala fue creer que las niñitas podían educarse en las escuelas. Eso iba en contra de prejuicios religiosos de los primitivos. Pero esa actitud de defensa de un principio básico hizo que Malala se convirtiera en un adalid de los derechos de los niños y niñas de todo el mundo para poder educarse. ¡Dios sabe por qué pidió ese enorme sacrificio a Malala! Tal vez para recordarnos la enorme obligación moral que tenemos los adultos de educar a nuestros descendientes.

La responsabilidad de la educación de los niños y niñas radica esencialmente en los padres o los jefes de hogar en donde moran esos infantes.  Por lo general, en todas las sociedades modernas el estado desempeña un papel muy importante en ese proceso educativo, especialmente en la llamada educación pública. Pero la esencia de la formación de los niños se acuna en los hogares.  Los padres responsables deberán no solo inculcarles valores, principios y tradiciones largamente establecidos y apreciados, sino también lograr que tengan acceso a una educación libre y formal que se imparte en las escuelas, ya sean públicas o privadas.

Me acuerdo, cuando era niño y acudía a la escuela y al colegio, de los enormes esfuerzos de mis padres para que fuera aseado, bien presentado, con las tareas hechas, con el sanguchito, si era posible, pero sobre todo por su permanente énfasis en la importancia vital de adquirir la mejor educación posible.  Hoy me incomoda mucho que, si no es que se les da plata del estado para educar a sus hijos, ciertos padres no parecen mostrar interés en que se eduquen asistiendo a las escuelas y colegios. Parecen depreciar la responsabilidad que adquirieron cuando decidieron traer hijos al mundo.

El esfuerzo de Malala no es sólo para lograr que las mujercitas se eduquen, si bien es cierto que su lucha por ello provocó la intentona de su muerte. Más bien es un símbolo de lo crucial  que es para toda sociedad el que sus hijos e hijas adquieran una educación. Es una preparación básica para que puedan progresar y vivir mejor

Podrán ser muy buenos los maestros –de muchos de ellos guardo el mejor recuerdo y admiración- nunca sustituirán la función educadora de los padres. Simplemente debido a su cercanía biológica. Jamás un burócrata de un ministerio podrá guiar a los niños y niñas mejor que como pueden y deben hacerlo los padres de familia.

Por eso es fundamental que inculquemos en nuestros niños y niñas de cierta edad, lo que significa que tengan hijos sin que haya de por medio un padre responsable. No tengo ni idea de cuántos niños y niñas nacen cada año en Costa Rica sin la presencia de ambos padres. Parece ser una información semi-oculta. Sólo cuentan con la infaltable madrecita.  El progreso económico de esos hogares, bajo la responsabilidad única de una madre soltera, es mucho pero mucho más difícil de lograr, comparado con familias en donde ambos padres se responsabilizan de la educación de los niños y las niñas. 

Lo expuesto parece ser una realidad, aunque sea algo incómoda para algunos.  Los padres de hoy (y de siempre) tienen la obligación básica de educar a sus hijos y de enseñarles, a cierta edad, algo que es esencial: cómo es que la vida se les dificulta enormemente, si traen hijos al mundo sin estar a la par ambos padres responsables.

Jorge Corrales Quesada

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