lunes, 28 de octubre de 2013

Tema polémico: doble moral

Llevamos ya varios años de escuchar que las finanzas públicas están en serios problemas, que el déficit fiscal nos lleva a niveles preocupantes y que se necesita una reforma fiscal. Sin embargo, los últimos gobiernos se han preocupado hasta la saciedad por aumentarnos los impuestos -tasando prácticamente todo lo que se mueva- pero no han hecho ni un pequeño esfuerzo por cerrar la llave del gasto. Una muestra más de la doble moral tan extendida en nuestros gobernantes.

Pagamos una altísima proporción de nuestros recursos en impuestos, contrario al cuento de nunca acabar de nuestros políticos, que dicen que nuestra carga tributaria apenas es del 13% del PIB. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la verdadera carga tributaria de Costa Rica es 22% cuando a los ingresos tributarios del Gobierno Central -la suma con la que llegan a ese 13%- se le suman cargas sociales, impuestos municipales y otros cobros, lo que nos deja en el 5° lugar de América Latina, superados solo por Cuba, Brasil, Argentina y Uruguay. Como bien señaló Juan Carlos Hidalgo en su blog, el informe "Doing Business in Costa Rica", deja claro que los costarricenses pagamos, en promedio, 55% de nuestras ganancias en impuestos,  proporción mucho mayor que en el resto de países latinoamericanos y de la OCDE. 

Y a pesar de lo mucho que pagamos, el dinero no alcanza según Casa Presidencial. No alcanza para pagar los casi $12 millones que ha costado arreglar el puente de La Platina (cuando por menos dinero en cualquier país decente construyen hasta una carretera); no alcanza para pagar los más de $50 millones de la fiesta que tiene el Gobierno de la República con La Trocha (fiesta que ha dado hasta para pagar por trabajos fantasma); no alcanza para pagar la compra por más de $2 millones del Cine Variedades o los ¢3 millones por charla que pretende gastar Hacienda para su "diálogo fiscal" que no terminará en más que un espacio para que los distintos grupos y sectores hagan su berreo sin que la propuesta planteada por esa cartera se modifique en un ápice. Tampoco alcanza para pagar la ineficiencia de nuestra burocracia, que se ahoga a sí misma y ahoga a toda la ciudadanía en una avalancha de trámites, en un mar de incapacidades y vacaciones pagadas, de pluses salariales amarrados a cada aumento que disparan el gasto público, remuneraciones muy por encima de lo que se gana en el sector privado y en muchas ocasiones por marcar tarjeta de asistencia, sin generar ningún beneficio para los ciudadanos. Mucho menos alcanza para sostener un modelo de política social basado en transferencias para ayudar a unos pobres que nunca salen de su pobreza -si es que realmente lo son- y en el que nadie, ni siquiera la propia Contraloría General de la República y mucho menos los Ministerios de Hacienda y Planificación tienen la menor idea de cómo se usa el dinero, quiénes son los beneficiarios y cuál es el impacto de regalar esos recursos. Y todo esto en el Gobierno Central. Ni qué decir del sector descentralizado, las instituciones autónomas y las municipalidades, donde el gasto se dispara sin ton ni son, con megaproyectos sumamente costosos e innecesarios cuyos costos son asumidos por la ciudadanía vía tarifas o vía transferencias. Mientras el gobierno nos pide socarnos la faja y "sacrificarnos" pagando más impuestos hasta por respirar, ellos gastan a manos llenas, sin preocupación, totalmente opuestos a cualquier mecanismo de control y responsabilidad. 

Definitivamente, en este nuevo proceso electoral, esto es algo que hay que tomar muy en cuenta a la hora de ir a votar. No podemos seguir tolerando esta doble moral de pedir más impuestos y más recursos para paliar el déficit fiscal por un lado, cuando por el otro están despilfarrando todo lo que entra. Costa Rica no aguanta más impuestos: la actividad económica tiene algunas muestras muy leves e irregulares de mejora, el costo de la vida ya es suficientemente alto y el desempleo y la falta de oportunidades nos preocupan sobremanera a todos, pero especialmente a los jóvenes que ya no ven un panorama alentador en el horizonte.
 

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