martes, 5 de noviembre de 2013

La columna de Carlos Federico Smith: en Venezuela, el Halloween se celebró anticipadamente

Primero se apareció el ¨pajarito”, por medio del cual el ya fallecido expresidente Chávez le habló a su heredero, Nicolás Maduro, el pasado 2 de abril, poco antes de las últimas elecciones en Venezuela.  Dicen que fueron los trinos del pajarito de Chávez los que hicieron que su pueblo le diera a Maduro el gane electoral, aunque apenas por un dudoso 1.5% más que la oposición democrática. No hay duda, por ser algo propio de la Deidad, de que esa oportuna salida chavista desde lo profundo de la muerte, hizo que algo tan pedestre como una simple elección presidencial, quedara automáticamente bendecida: ¡Quién osaría ir en contra del mensaje divino de un pajarito de ultratumba! ¡Si era un espíritu resucitado de entre los muertos el que daba mensajes para apoyar al acólito Maduro!

Por suerte, ahora sucede otro milagro.  Esta vez, a unos trabajadores que excavaban un túnel del metro de Caracas, dicen que en una pared se les apareció una imagen del fallecido Chávez. Le tomaron una fotografía, pero el icono luego desapareció…desafortunadamente para la humanidad.
Cuando a Maduro le mostraron la foto, entendiendo bien el mensaje divino, al verla exclamó, asustado, mesmerizado, que “se me paran los pelos nada más de contarlo… Así como apareció, desapareció, para que ustedes vean que lo que ustedes (los trabajadores del túnel) dijeron es verdad. Chávez está en todas partes. Chávez somos todos”. 

A diferencia de Charles Krauthammer, mi admirado comentarista y autor del hoy famoso libro Things That Matter, no soy psiquiatra, pero me parece que -en serio- hay algo que no está bien en la cabeza de la cabeza del gobierno venezolano.  Puedo estar equivocado, pues podría ser que Maduro sea un gobernante genial, en proceso de revivir una vieja tradición totalitaria.  La de adosar a la dictadura política una divinización del poder que se ejerce.  Eso, tan propio de los gobernantes en la Edad Media o del gobierno emanado del terror posterior a la Revolución Francesa, es lo que podría pretender hoy ese genio político llamado Maduro. La deificación de los gobernantes la exterioriza su poder divino de comunicarse con los dioses.  Simplemente, tal como lo hacían los gobernantes egipcios, los mayas o los aztecas, entre muchos otros. Ahora el gobernante del momento en Venezuela tiene el poder de comunicarse con el más allá, a través de twitts con un pajarito o interpretando en fotos el rostro de su benefactor, quien hoy viaja por el Oriente Eterno. ¡Qué suerte tiene Venezuela, de disponer de un gobernante capaz de comunicarse con el más allá! No hay duda que Maduro posee alguna clase de poder divino.

Muy posiblemente mis interpretaciones están equivocadas.  Lo que en verdad ha sucedido recientemente en Venezuela, es que se adelantó la celebración de Halloween del último día del mes de octubre.  Esas cosas misteriosas, de ultratumba, que han “aparecido”, pueden ser parte de la celebración anticipada de Halloween en Venezuela: con ellas los ciudadanos suplen sus carencias de la vida cotidiana, como el papel higiénico. Se trata una moderna versión de pan y circo.  Sólo que ahora sin pan, pero con circo deífico.

Si no basta con aquellas apariciones, los lectores podrían conformarse con ver TV Azteca, si es que ya decidieron poner en español aquella vieja serie de terror de los noventas llamada Tales from the Crypt. O vayan a los cines y consuélense viendo Carrie, Memorias de un Zombi Adolescente o tal vez El Conjuro.  Aunque no creo que vayan a superar el horror y la estupidez de la Madura telenovela venezolana.

Jorge Corrales Quesada

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