miércoles, 18 de diciembre de 2013

Desde la tribuna: ¿quienes proponen libertad y razón?

En cierto modo, todos somos cómplices del clientelismo electoral.  Ello por cuanto no acentuamos suficientemente lo importante en la campaña electoral y dejamos que decurra el juego de las promesas, ofrecimientos y demagogia.

¿Cómo empezó?  Ha sido una larga historia.  Ofreciendo cosas, prometiendo casas, endulzando el oído con supuestas reivindicaciones hasta que, a final, todo se ha enredado y nos desenvolvemos en un ambiente diferente.

Porque todos se van poniendo superlativos.  Uno pone el bono de la vivienda, el otro ofrece que sea gratuito, aquel ofrece bono más algo y finalmente repartimos y repartimos y la sociedad va como el cangrejo, “p’atrás”.

¿Será tan difícil proponer cosas honestas y útiles, productivas y llenas de responsabilidad?  ¿Por ejemplo, contratación administrativa apropiada, transparente y racional?

¿Será que ya no se puede hablar de promover el trabajo, la creación de fuentes de empleo sostenibles, un ambiente propicio para la generación de empresas y que el trabajo y el salario rindan?

¿Será que ya no se puede hablar de racionalizar la tramitomanía que azota a nuestra sociedad y de desintoxicar al Estado de tanta permisopatía y burocracia?

¿Será que ya no es atractivo hablar de libertad, del derecho de cada cual a construir su vida con su esfuerzo y trabajo, de la responsabilidad de asumir la labor de sacar adelante las familias con la dirección de los padres de familia?

¿Será que ya es imposible hablar de una educación de calidad, exigente y liberadora?

¿Será que se ha vuelto complicado hablar de un sistema jurídico racional, razonable, respetuoso de la libertad y de la iniciativa personal?

¿Tanto nos hemos complicado y pervertido?

¡Qué triste!  Todos repartiendo los bienes de los demás como si no hubiera derechos, ofreciendo lo que el inútil Estado es incapaz de dar, prometiendo normas y leyes como si allí estuviera la posibilidad.

Quisiera saber cuánta gente está dispuesta a revertir tan fatal tendencia y apuntarse a una sociedad inteligente, en el cual rinda el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad, en la cual impere la razón y el respeto, en la cual se pueda trabajar y no se sufra la constante amenaza de un estatismo irresponsable y de una burocracia llena de gollerías y privilegios.

Quisiera saber cuántos estamos dispuestos a luchar contra los monopolios y burocracia que nos encarece la vida, que nos impone falsas verdades, que impide el desarrollo y solo piensa en paquetes tributarios.

Estoy seguro de que muchos de quienes engrosan las filas del abstencionismo están ahí porque perciben la grosería de las promesas y la demagogia, de la corrupción y el estatismo, de los privilegios y la complicación.

Federico Malavassi Calvo

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