miércoles, 29 de enero de 2014

Desde la tribuna: defensa de la libertad

Mientras algunos se discuten acerca del resultado de los debates, el voto útil, el porqué de las discrepancias de las encuestas, el “jaqueo” del sitio de un semanario, la suspensión de la publicación de una encuesta, el accionar de los “trolles” y demás particularidades de esta elección 2014, envío un mensaje directo a quienes aman la libertad,  quieren buena economía, racionalizar el Estado y un clima apropiado para el desarrollo.

¡Pongan atención a las papeletas para diputado!  Comparen las cifras y calculen donde asignar con mayor eficacia el voto, a fin de llevar buenos diputados a la Asamblea, comprometidos con el desarrollo, la libertad, la lucha contra la corrupción y las gollerías, el enfrentamiento de las prebendas y privilegios, el fomento de la buena economía y el respeto a la dignidad humana, incluyendo el compromiso con la libertad de expresión.

Hay que aprender a distinguir entre las libertades públicas (poder de autodeterminación acompañadas de responsabilidad) y las mal llamadas “libertades sociales”  (derechos programáticos derivados en pro de aspiraciones particulares), hay que aprender a leer los lenguajes cifrados (más legislación equivale a menos libertad, más impuestos significa cohonestar la corrupción y el despilfarro, más regulaciones son tramitopatía).

¿Quiénes estarán dispuestos a alzar las banderas de libertad sin miedo y con consistencia?  ¿Quiénes han caído víctimas del miedo, el populismo, el clientelismo y la demagogia?

Costa Rica necesita libertad, responsabilidad, racionalidad, orden y seguridad jurídica.  Vista la posibilidad de muchas fracciones, es estratégico lograr una buena cantidad de diputados responsables y comprometidos, conocedores y con experiencia en trabajos profesionales y empresariales, que sepan cómo se produce, cómo se trabaja, cómo se sufre en el sector privado.    No necesitamos repartidores de lo ajeno, interventores de la libertad, estatólatras y vividores, sino todo lo contrario.

Así pues, propongo en lo que queda de campaña indagar acerca de la composición de la futura Asamblea, seleccionar lo mejor para el desarrollo, estudiar y decidir pensando en el futuro de Costa Rica.

Federico Malavassi Calvo

martes, 28 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: déficit gubernamental sigue creciendo

Reconozco los esfuerzos del actual Ministro de Hacienda para reducir el déficit del sector público. Lamentablemente tal reconocimiento no es suficiente para paliar el grave hecho de que este año nuestra economía posiblemente llegue a un déficit del 6% del Producto Interno Bruto (PIB). Los resultados obtenidos no han sido suficientes. El fracaso del esmero del Ministro se evidencia en los últimos datos que el propio Ministerio nos dio recientemente: el gobierno terminó el 2013 con un déficit del 5.4% del PIB, superior al pretendido de un 5% y también mayor que el del año pasado, que fue de un 4.4% del PIB.

Lo más preocupante es que a la mayoría de los candidatos a presidente de la República parece no importarle la situación.  Francamente, con excepción de los candidatos Piza y Guevara, el resto de los punteros enfatizan en sus programas de gobierno un mayor requerimiento de recursos; esto es, más gasto gubernamental, aunque también nos hablan –a veces solapadamente- de que aumentarán los impuestos.  

Esos políticos dispendiosos –Araya, Villalta y Solís- no se han dado cuenta de que el serio problema económico que encara ominosamente nuestro país no es el déficit, sino un gasto gubernamental excesivo.  El llamado déficit gubernamental se presenta cuando los gastos del gobierno exceden sus recaudaciones, básicamente tributarias. El problema no radica en que no hay suficientes ingresos para cubrirlo: es que apenas se reciben esos ingresos, corren a gastarlos, dado lo que nos anuncian en sus planes de gobierno.  Es más, ya Araya anunció, irresponsablemente y, creo que más que él, su candidata a vicepresidenta, la entrega de ₡20.000 por persona, con fondos que presuntamente están disponibles en Asignaciones Familiares. Eso, ni más ni menos, es un aumento en el gasto público adicional, que elevará aún más el desorbitado déficit y que luego, tarde o temprano, tendrá que ser pagado por todos los costarricenses, ya sea con mayor endeudamiento, con más y nuevos impuestos o con tasas de interés más altas. Esos fondos a hoy no han sido gastados; constituyen un ahorro fiscal. Ahora ya sí los van a gastar, sin importarles.  Casi como que si ese dinero más bien les estorbara. Eso sí no se lo dicen a los ciudadanos y menos que lo reconocen: todo sea por gastar fondos públicos para tratar de convencer a votantes potenciales, mediante dádivas que todos los costarricenses las pagaremos con creces.

Cuando los gobernantes nos dicen que hay un déficit casi inmanejable, con razón nos preocupamos.  Incluso nos angustia que posiblemente sea necesario aumentar los impuestos.  Pero eso es engañoso.  El problema no es insuficiencia de impuestos, pues, “la tasa total impositiva (incluyendo impuestos al trabajo a los ingresos y otros gravámenes) asciende al 55.3% de las utilidades de un negocio local promedio, en comparación con el aún elevado 47.3% en América Latina y el 41.3% en la naciones que comprenden la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD)”. 

De acuerdo con un informe reciente de la CEPAL, la carga tributaria de Costa Rica no es del 13.2% del PIB que los gobernantes actuales han señalado, pues si se incorporan otros impuestos que estos no suelen sumar, como cargas sociales, municipales y otros similares que paga el ciudadano, nos lleva a casi el 22% del PIB, que es la sexta más alta de América Latina (únicamente superada por Cuba, Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia).

El problema es la excesiva demanda de recursos por parte del estado costarricense; es decir, el disparatado gasto gubernamental. El déficit es el resultado de un gasto desproporcionado en comparación con lo que recibe el gobierno.

La historia fiscal reciente de nuestro país es clara en cuanto a que, con cierta regularidad, se nos dice que hay un déficit que debe ser llenado mediante más y mayores impuestos, los cuales son aprobados por la Asamblea Legislativa -con excepción de las últimas dos ocasiones- pero luego, casi inmediatamente, de nuevo se dispara el gasto público llevándonos a nuevos déficits. Una vez más se produce el ciclo déficit-aumento de impuestos- incremento en la gastadera gubernamental- nuevo déficit y así sucesivamente a lo largo de los años.

Veamos los últimos datos, para que vean lo grave del manejo de la situación fiscal de nuestro país. Mientras la economía (medida por el Producto Interno Bruto Nominal) ha venido creciendo en el último año a una tasa del 9.2%, los ingresos nominales reportados por el Ministerio de Hacienda durante el 2013 crecieron en un 7.7% anual (debido en mucho al poco crecimiento real de nuestra economía). Pero los gastos, según datos de ese Ministerio, se incrementaron en un 14%. Y, si se excluye el pago de intereses, que en realidad no sé por qué debe hacerse eso, pues también es un gasto, el incremento en el año sería de un 11.5%. En todo caso, en este año creció más el gasto gubernamental que en lo que aumentaron los ingresos.

Es importante señalar que las remuneraciones (básicamente salarios en el gobierno) crecieron en el 2013 en un 10.3%. Eso es muy significativo, pues las remuneraciones constituyen el 37% de los gastos totales del gobierno.

Lo que se requiere queda muy claro: entrarle en serio a frenar el crecimiento del gasto gubernamental, en vez de proponer más impuestos, que, al afectar un ya escuálido crecimiento de la economía, más bien provocará un descenso en la recaudación de impuestos (tal como lo han reflejado las cifras en el 2013), además de una baja en la generación de empleo productivo en la economía y, por tanto, un incremento de la pobreza.  Aumentar el empleo y disminuir la pobreza, nos han dicho todos los candidatos a presidente, es crucial lograrlo en Costa Rica. Pero algunos proponen impuestos que más bien van a aumentar la pobreza y a disminuir el empleo. ¡Chingo de contradicciones!

Jorge Corrales Quesada

lunes, 27 de enero de 2014

Tema Polémico: No todo lo que brilla es oro

Estamos al día de hoy a menos de una semana de las elecciones. En estos momentos, como lo han evidenciado las distintas encuestas, así como probablemente cada uno de nosotros lo ha podido atestiguar, existe una buena parte del electorado que se encuentra indeciso. Ahora bien, pareciera con los últimos acontecimientos que han ocurrido en los días pasados, que el candidato del PAC Luis Guillermo Solís ha tomado un segundo aire para estas elecciones, y se encuentra en un vertiginoso ascenso. Precisamente el Tema Polémico del día de hoy aborda el por qué don Luis Guillermo no es la persona idónea para gobernar nuestro país.

Primero que todo, como se dice popularmente “al César lo que es del César”, no tenemos duda de que el candidato del PAC, es un hombre serio, preparado, honesto, trabajador, y con muy buenas intenciones para gobernar nuestro país. Pero, a pesar de todo esto, el mayor problema que presenta el señor Solís, es que su formación académica y laboral en nada se ajusta a los retos que enfrenta nuestro país. Nos explicamos. En ASOJOD creemos que el problema más grande que hoy en día atraviesa Costa Rica es el tema económico, en sus distintas aristas: empleo, competitividad, eficiencia del gasto público, déficit fiscal, inversión, etc. Desafortunadamente, en este campo el candidato del PAC tiene una experiencia nula. El señor Solís, toda su vía ha sido un asalariado del sector público o un consultor internacional, por lo que no tiene un conocimiento ni teórico ni práctico de qué implica manejar y administrar una empresa. Don Luis Guillermo, no ha vivido en carne propia la tramitomanía de nuestro estado, no sabe lo que cuesta pagar una planilla, desconoce el riesgo de la inversión, ya que por su profesión  no le ha correspondido desempeñar este tipo de actividades, situación que se evidencia con sus propuestas (impuestos, más estatismo, más participación del sector público, no apoya aperturas de mercados, etc). Queremos dejar muy claro que en nada estados desmeritando el trabajo que ha realizado don Luis Guillermo, es simple y llanamente que su experiencia laboral aporta muy poco o nada a las tareas que debe asumir.

Por otro lado, el candidato del Movimiento Libertario ha sido un profesional liberal exitoso, ha participado en el negocio turístico de su familia, y cuenta con una formación académica por parte de la Universidad de Harvard en Administración de Empresas, es decir, posee un perfil más adecuado a los problemas que enfrenta nuestro país, lo que igualmente se ve reflejado en sus propuestas (apertura del mercado eléctrico, apertura de Recope, reducción de trámites, control de gasto público, no más impuestos, etc).

Este próximo domingo, los costarricenses debemos elegir no sólo a una buena persona, sino igual o más importante aún, a una persona idónea para brindar soluciones a los retos que el país tiene por delante. Que cada uno de nosotros piense muy bien su voto…

viernes, 24 de enero de 2014

Viernes de recomendación

Para esta ocasión, queremos compartir con ustedes las principales propuestas del candidato presidencial del Movimiento Libertario, Otto Guevara Gutt así como la nómina de los aspirantes a Diputados por parte de esa agrupación política.

Sin duda, estas son las propuestas que más se acercan a lo que pensamos y defendemos en ASOJOD, razón por la cual las apoyamos e invitamos a todos los costarricenses a darle su respaldo a ambas papeletas el próximo 2 de febrero para lograr una sociedad más libre y más próspera.

miércoles, 22 de enero de 2014

Desde la tribuna: verdadera tragedia

El medio electrónico “CRhoy” informa que se ha confirmado que el endeudamiento público aumenta a razón de ¢3,405 millones, más de ¢141 millones por hora, lo cuál significa casi ¢2 y medio millones por  por segundo.

Eso es una seria tragedia económica que pende sobre todos los costarricense.   La desorganización presupuestaria y fiscal ha estallado y todos nos hundimos en esta nave tan mal manejada.  Hay exceso de gasto, desorden, mala administración, irrespeto a las normas constitucionales, clientelismo, abuso y descuido.

El artículo 176 de la Constitución preceptúa un principio básico, los gastos presupuestos no pueden exceder los ingresos probables.  Lo que pasa es que a pesar de reiterados reclamos, la propia Sala declinó el tema, los diputados (con muy honrosas excepciones) se convirtieron en cómplices de la mala presupuestación y muchos sectores se aprovechan del caos.

Hay algunos beneficiados directos, como los gerentes bancarios.

Solo un par de candidatos a la presidencia se han preocupado por el asunto y han esbozado planes y propuestas al respecto.  Los demás, irresponsablemente claman por más gasto, más Estado, más prebendas y gollerías y que siga jauja.

No es una amenaza, es un daño real.  Algunos no pasan de pensar en un paquete tributario.  No se percatan de que un paquete (por más que lo disfracen de supuesta justicia tributaria, consolidación o lo que sea) es un daño en sí mismo.

¿Quién le pone el cascabel al gato?

Federico Malavassi Calvo

martes, 21 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: el control de precios y la caída de Amberes

Desde hace muchos años me ha interesado, como economista, el tema del control de precios y los efectos que tienen en las economías. Ello porque son numerosos los episodios en la Historia, que demuestran como dichas políticas ocasionan efectos no previstos, usualmente diferentes de los esperados por quienes las impusieron.
Hace poco, traveseando en Internet, me encontré con un librito escrito por Mary G. Lacey, titulado Food Control During Forty-six Centuries: A Contribution to the History of Price Fixing (Chicago, 1933), el cual recoge una conferencia que ella pronunció ante la Sociedad de Historia Agrícola de los Estados Unido, el 16 de marzo de 1922. En dicho libro expone el episodio de control de precios que se dio en Bélgica en los años 1584-1585, según lo narró el historiador John Fiske en su obra The Unseen World and Other Essays (Boston, 1904, p. 20).
Dice Lacey que la caída de la ciudad de Amberes en 1585, se debió a la chapucera legislación de fijación de precios puesta por el Gobierno de la ciudad. Y luego transcribe lo escrito por Fiske:
“El giro crucial de la gran revolución Holandesa, en lo que tiene que ver con las provincias que ahora constituyen Bélgica, lo fue el famoso sitio y captura de la ciudad de Amberes. El sitio duró mucho y la resistencia fue obstinada y la ciudad posiblemente no habría sido capturada si la hambruna no hubiera acudido en ayuda de los sitiadores. Es interesante investigar qué pasos podrían haber tomado las autoridades de la ciudad para prevenir esa calamidad. Habiendo averiguado que los especuladores estaban acumulando y acaparando provisiones en anticipación de un período de precios altos, aquéllas impusieron un precio tope a todo lo que se podía comer y prescribieron fuertes penas para quienes pretendieran cobrar más que la suma decretada por ley. Las consecuencias de esta política fueron dos. Había pasado mucho tiempo para que el Duque de Parma (Alejandro Farnesio, el famoso militar al servicio de la Corona Española, quien luchó contra los protestantes durante la llamada Guerra de los Ochenta Años), quien estaba asediando la ciudad, tuviera éxito en bloquear el Río Escalda (Scheldt) de forma que impidiera que los barcos cargados de comestibles pudieran ir río arriba hacia la ciudad. Miles de toneladas de maíz y de carne en conserva podían haber sido traídos rápidamente a la ciudad rodeada. Pero ningún mercader correría el riesgo de que sus barcos fueran hundidos por las baterías del Duque, simplemente por el hecho de tener un mercado que no era mejor que muchos otros que podían ser accedidos sin riesgo alguno. La tarea de un Gobierno es legislar para los hombres tal como son, no como se supone que lo deberían ser. Si las provisiones hubieran obtenido un precio más alto en Amberes, ellas habrían sido llevadas río arriba.  Por su propia estupidez, la ciudad se bloqueó a sí misma mucho más allá de lo que el Duque de Parma pudo haber logrado.
En segundo lugar, la fijación arbitraria de precios más bajos previno cualquier ahorro general de parte de los ciudadanos. Nadie consideró necesario economizar. De manera que la ciudad vivió de muy buen ánimo hasta que se acabaron las provisiones y el Gobierno tuvo que meterse de nuevo para paliar el desastre que había provocado.
De esta manera, un acto chapucero de legislación ayudó a decidir lo peor para una campaña que involucraba la integridad territorial y el bienestar futuro de lo que podría haber sido una gran nación, que desempeñara una valiosa función en el sistema de comunidades europeas”. (Mary G. Lacey, Food Control During Forty-Six Centuries: A Contribution to the History of Price Fixing, p.p. 12-13). Los paréntesis son míos.
Sorprende que, a estas altura de nuestra civilización, algunos continúen creyendo en que los controles de precios son benévolos, que ayudan a los “sufridos” consumidores y que no tienen el claro resultado de que más bien provocan escasez y hasta hambrunas o caídas de los pueblos, como el ejemplo que nos narraron Fiske y Lacey.  Uno encuentra hoy en día proponentes del control de precios, como Maduro en Venezuela, pero hoy basta con observar en ese país los anaqueles de los negocios vacíos, en donde escasean muchos productos que antes solían abundar.  Nunca he entendido cuál es el afán de tener una economía bajo el control de precios, con el pretexto de que así se abaratan los bienes y se favorece a los consumidores relativamente más pobres, si después no van a encontrar esos bienes artificialmente abaratados.  El control de precios se convierte, más bien y en un contraste inesperado para los políticos, en enemigo de los consumidores. Se supone que ese no era el objetivo que tenía en mente el Gobierno al imponer esos controles. Resulta ser éste un caso claro de lo que se suele denominar como “las consecuencias no previstas”. Los gobernantes que propusieron el control de precios no previeron que el resultado sería la escasez, la hambruna y el empobrecimiento.
Ojalá José María Villalta tomara en cuenta estas lecciones de Historia y de Economía. Tal vez así corregiría su absurdo planteamiento de promover controles de precios. De no tomar en cuenta estas lecciones de la Historia en consideración y tiene la oportunidad de ponerlas en marcha, simplemente terminará causando más daño a quienes dice defender. Entonces, buscará alguna otra excusa para justificar su disparate.

Jorge Corrales Quesada

lunes, 20 de enero de 2014

Tema polémico: el arte de lo posible

Dicen que la política es el arte de lo posible, de lo realizable. De cara a este proceso electoral 2014, esa frase adquiere capital importancia en cuanto a la posición de ASOJOD respecto a lo expresado por el Movimiento Libertario sobre dos temas puntuales. Con anteriorirdad, nos hemos manifestado abiertamente a favor del aborto y el matrimonio de personas del mismo sexo bajo el principio de que cada individuo tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y sobre su vida y de cierta manera, nos ha incomodado el conservadurismo que ese partido ha expresado en esta campaña, a veces sonando igual que agrupaciones como Restauración Nacional o Renovación Costarricense. Nos ha disgustado el tono moralista que, en general, ha tomado esta campaña, donde incluso el Frente Amplio optó por citar encíclicas papales y se vende ahora como otro partido religioso más. 

Muchos han criticado a Otto Guevara por sus manifestaciones acerca de que la vida comienza desde la concepción y por su negativa a ir más allá de las sociedades de convivencia en el caso de parejas del mismo sexo. Y aunque en algunos casos no compartamos esa posición y hasta nos cueste escucharla de un liberal, entendemos lo que está pasando. 

El tema del aborto es bastante complejo. Con el tiempo, hemos comprendido que tanto defenderlo como oponérsele puede ser igualmente liberal. Más que un asunto axiológico e ideológico, es un asunto científico y moral. Científico porque ni siquiera en la comunidad médica existe un consenso acerca del inicio de la vida, por lo que ese punto de partida queda sujeto a las convicciones y creencias de cada uno, lo que nos lleva a la moral. Al final, sobre este tema, cada quien asume la posición que se adecúa a sus valores y la que le permite la tranquilidad de conciencia. Hay grandes liberales que defienden el derecho de cada persona a decidir sobre su cuerpo y, por tanto, decidir si quieren o no continuar un embarazo; pero también hay grandes liberales que defienden que, siguiendo el principio de que cada quien puede hacer lo que desea siempre y cuando no afecte derechos de terceros, el aborto afecta a una vida sobre la cual nadie tiene derecho. Ambas posiciones son éticamente válidas y reflejan precisamente la complejidad del tema. No se puede resolver tan sencillamente como decir que una es buena y la otra mala.

Con el tema de las personas del mismo sexo aplican otras consideraciones. Se trata del reconocimiento del derecho que tiene cada quién de hacer de su vida lo que desee, uniéndose e intercambiando con otros en los términos que así lo prefiera. De ahí la importancia de eliminar las restricciones que plantea el ordenamiento jurídico con respecto a los derechos patrimoniales de estas parejas, pues la convivencia no está limitada por ley. Con base en el principio de autonomía de la voluntad, cada quién puede vivir con la persona que desee y la ley no puede impedirlo. Siendo así, si el verdadero elemento de discriminación es el irrespeto de derechos patrimoniales, con la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia -propuesta por el Movimiento Libertario y defendida por la bancada parlamentaria tanto en este cuatrienio como seguramente se hará en el siguiente- se puede resolver el problema. Lo del matrimonio es discutible: como figura religiosa, difícilmente va a variar su contenido en el corto o mediano plazo, especialmente por el poder que tiene la Iglesia Católica sobre la ciudadanía. Falta mucho camino por recorrer que no pasa precisamente por la política. Primero debe darse una maduración de las personas a fin de que abandonen prejuicios que traen desde su educación familiar y ningún candidato ni gobernante podrá eliminarlos si antes, cada individuo no se decide a utilizar la razón en lugar del dogma. Pero también debemos preguntarnos si realmente debe el Estado meterse en los matrimonios: los homosexuales deberían dejar de preocuparse porque el Estado les permita casarse; es más, los heterosexuales también. Cada quien tiene la libertad de unirse con quien lo desee y la ley no puede impedírselo. Nadie necesita que el Estado o la Iglesia lo certifique o lo regule. Con que se le reconozcan los derechos asociados a la unión debería ser suficiente. Entonces, la concentración debería darse en eso y no en que el Estado realice las uniones.

Como bien se titula este artículo, entendemos que la política es el arte de lo posible. Esto quiere decir que, en este contexto por el que transita nuestro país, comprendemos perfectamente la posición que ha asumido Guevara. Él no puede luchar contra corriente. La gran mayoría de costarricenses, culturalmente, aún no ha llegado al punto de aceptación de estas posturas, por lo que no puede ni debe desgastarse cuando las prioridades están en otro lado. Él debe proponer e impulsar las ideas liberales con mayor viabilidad, lo que sea posible implementar en un plazo de cuatro años. Ese es su rol y se lo agradecemos mucho porque está abriendo un camino para el futuro.

Sonará feo, pues los derechos y libertades no pueden postergarse. Pero como lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, parafraseando a nuestro amigo y colaborador, el economista Jorge Corrales Quesada, la libertad entra y sale por rendijas. En estos momentos, con un déficit fiscal rampante que amenaza con un aumento de impuestos, con un incremento en los costos de transacción y operación para los emprendedores, cuando un ambientalismo desbocado amenaza la propiedad privada y las oportunidades de empleo, cuando casi un 10% de la población económicamente activa se encuentra sin trabajo y casi un 20% de la población nacional vive en condiciones de pobreza, cuando la inseguridad afecta la vida y la propiedad de las personas, cuando la corrupción amenaza la estabilidad política de Costa Rica y las ideas colectivistas, siempre presentes en nuestra vida, amenazan con radicalizarse producto del descontento de enormes sectores ciudadanos y generar el caldo de cultivo para un sistema totalitario a futuro, creemos que los esfuerzos liberales deben concentrarse en el corto plazo, en los frentes que bien ha liderado Otto Guevara.: empleo, eliminación de trámites, oposición a más impuestos, reformas legales para fomentar el emprendedurismo, reducción de obstáculos para generar riqueza, etc.

Por eso le apoyamos. A pesar de las discrepancias que podamos tener el el abordaje de algunos temas, en el enfoque de algunas propuestas de política pública, él y el Movimiento Libertario son los más cercanos a nuestras ideas. Son los exponentes políticos de lo que pensamos y sabemos que, en un sistema político multipartidario, no todo se puede lograr de la forma y a la velocidad que deseamos. Hay que negociar, hay que dar concesiones, hay que ir avanzando poco a poco, en lo que se pueda. La libertad entra por rendijas, así que cualquiera que se logre abrir, es una ganancia para los liberales.  A aquellos que no participamos activamente en política o al menos no ocupamos cargos de elección popular nos corresponde dar la pelea en los otros frentes, en los de largo plazo, en las aulas, en las casas, en las comunidades, tratando de cambiar los horizontes culturales de los costarricenses. 

Se trata de un trabajo en dos frentes: uno político, otro académico-intelectual. No pueden ir separados pero no se les pueden exigir los mismos resultados. Cada quién da la lucha desde la trinchera que puede. Así que en lugar de estar peleando entre nosotros mismos para ver quién es más liberal que el otro, respetuosamente sugerimos trabajar en la expansión de nuestras ideas, desde el frente que mejor prefieran, pero siempre con el mismo objetivo: lograr una sociedad libre, abierta, con pleno respeto a los derechos indivuduales.

viernes, 17 de enero de 2014

Viernes de Recomendación

El día de hoy les presentamos la magistral charla de Mauricio Rojas sobre la tentación totalitaria que sienten algunos gobernantes. Esta creencia típica en Latinoamérica de que por medio de la vía totalitaria se puede lograr un bienestar común es la que ha llevado al fracaso a muchas sociedades.


miércoles, 15 de enero de 2014

Desde la tribuna: delirios electorales

La recta final de la campaña política acrecienta los deseos de ganar, anotar, puntuar y tener atractivo electoral.  Entonces comienza la competencia de promesas, ofrecimientos, repartidera, cambios y demás entregas, en tal grado superlativo, que es rayano en la mentira.

Campo fértil de la demagogia, el clientelismo político se fragua en las complicaciones, dificultades y pobreza que la misma gestión política ha creado.

¿Leyes?  ¡Las que quieran! ¿Obras?  ¡Por montones!  ¿Puentes?  ¡Aunque no haya ríos o con todo y río!  ¿Empleos?  ¡Todos y más!

Son muy pocos los que no caen en la tentación. 

Y la mala costumbre va minando voluntades, malcriando a todos y socavando el Estado de Derecho. 

El Estado no puede violentar las libertades públicas, vaciar de contenido los derechos fundamentales, expoliar la propiedad ni conculcar las garantías.  Pero todos se van haciendo de la vista gorda por diversos motivos.  Algunos por la pasión electoral, otros porque es el momento de aprovechar, unos más porque hay que ganar a cualquier precio y … finalmente, la campaña parece maleducar y deformar en vez de ser un momento de lucidez ciudadana.

¡Claro que luego la decepción es mayúscula!  Es que el “quién da más” ha imperado y son muy pocos los que se salvan. 

Paralelamente, se forjan figuras y productos que no corresponden a la realidad de los candidatos.  Los “campeones de la justicia” se quedan cortos ante la construcción publicitaria de los candidatos.  Más elásticos que el “Hombre Elástico”, más trepadores que el “Hombre Araña”, más fuertes que “Supermán”, más hábiles que “Batman” y así sucesivamente.  Las maquinarias publicitario-electorales inventan personas que no existen y promesas irrealizables (tanto por su imposibilidad jurídica como por su imposibilidad factual), pero el electorado queda envenenado y frustrado cuando, como si fuera una resaca, luego de los pitazos y banderas vuelve la realidad, aparece de nuevo el día de trabajo y la economía no soporta más embates políticos, el presupuesto está deficitario por tanta irresponsabilidad, el aparato jurídico parece una telaraña de tanta ley y reglamento y las empresas ya no pueden trabajar por el peso estatal y la tramitopatía.

Al final, como malos bomberos e ilusionistas abusadores, la obra es decepcionante.  Se han majado las mangueras y son capaces de lidiar con la maraña jurídica, con el déficit fiscal y con la burocracia llena de privilegios que han contribuido a formar. 

¿Es tan difícil hacer un discurso serio?  ¿Es tan complicado para algunos señalar los verdaderos problemas del país?  ¿Son incapaces de esbozar un programa que atienda a la verdad?  ¿Es posible que lleguen a plantear un plan de acción racional y que esté dentro de las posibilidades de un presupuesto bien manejado?

Para pensar …

Federico Malavassi Calvo

martes, 14 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: el empleo y participación laboral en la economía

Varios amigos me han preguntado acerca del significado de los últimos datos que se publicaron en los Estados Unidos, acerca de la disminución de la tasa de desocupación, pero que, al mismo tiempo, la noticia no resultaba ser tan “buena”, porque había bajado lo que se llama la tasa de participación laboral.
Bueno, la cosa no es tan “buena” porque ambas, la tasa de desocupación y la tasa de participación de la fuerza de trabajo, deberán ser analizadas en conjunto.

Hace varios meses -el 11 de setiembre del 2012- escribí un artículo titulado “Desempleo en los Estados Unidos” y el cual puede encontrarse en www.latforum.org en mi sección “Políticamente Irresponsable”, en el cual intenté explicar la diferencia y relación importante que tienen esos dos conceptos, cuya utilización por separado podría inducir a serias confusiones e interpretaciones erradas de las cosas.

Veamos lo más recientemente sucedido en cuanto a información acerca del mercado laboral en los Estados Unidos. Se informó hace un par de días que la tasa de desocupación o de desempleo -que mide el porcentaje de trabajadores de la fuerza de trabajo que en la actualidad no tienen empleo, pero que están activamente buscando uno- a diciembre del año pasado fue de un 6.7%. Ese porcentaje es mejor que el 7% de noviembre del año pasado.  Esto aparentó indicar algo satisfactorio, pero luego veremos que tiene sus bemoles.  Dicho porcentaje es muy importante en el marco estadounidense, en especial porque el Banco de la Reserva Federal (Banco Central de ese país) ha dicho que, cuando la tasa de desocupación descendiera a un 6.5%, aplicaría reducciones significativas a la política monetaria expansionista que ha seguido.  Tal política expansionista preocupa en cuanto a las posibilidades de que ya exista una inflación latente en la economía -una enorme oferta monetaria que se encuentra por allí, en los balances de las empresas y entidades financieras- y también porque su restricción podría hacer que estallara una burbuja en el mercado de valores de ese país.

Dije arriba que aquella cifra sobre la tasa de desocupación tenía sus bemoles, porque simultáneamente era necesario tomar en cuenta el comportamiento de otro indicador importante, cual es la tasa de tasa de participación laboral. Esto es, el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64) -la fuerza de trabajo civil del país- que está empleada o está activamente buscando un empleo. Históricamente en los Estados Unidos esta importante tasa ha oscilado entre 67 y 68% y en setiembre del año pasado registró un 63.2%, el porcentaje más bajo desde 1981. En octubre la tasa fue de un 62.8%, mejoró ligera pero importantemente en noviembre hasta llegar a un 63%, pero, de nuevo, en diciembre regresó a aquel nefasto 62.8%. 

En resumen, las cifras de diciembre muestran algo positivo, como fue el descenso en la tasa de desocupación a un 6.7%, pero también algo negativo, como es tener una tasa de participación laboral históricamente baja de un 62.8%. Bueno, me preguntará alguien, ¿y por qué ese es un problema? Porque lo que indica es que la tasa de ocupación aumenta, pero se debe principalmente a que la fuerza de trabajo laboral de los Estados Unidos ha descendido aún mucho más; o sea, que esa economía no está generando los suficientes empleos. Más bien, la gente, al no encontrar trabajo, se va retirando del mercado laboral; esto es, se reduce la fuerza laboral activa de ese país: así de lamentable es la situación.

Para entender esos indicadores de desocupación y empleo, voy a intentar presentar un ejemplo sencillo, por supuesto que hipotético, que tal vez los aclare. Suponga que la fuerza laboral del país está conformada por tres personas: Usted, Perico de los Palotes y yo. Suponga que en ese momento los tres estamos empleados.  Según eso, en dicho momento la tasa de desocupación de esa economía es de 0%; esto es, la tasa de ocupación es del 100%.  Pero también la tasa de participación es de un 100%; es decir, el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64) -la fuerza de trabajo civil-, que está empleada o está en busca activa de empleo. 

¡Empecemos con esta belleza!, pero suponga que al mes siguiente, la situación cambia: Perico de los Palotes quedó desocupado. Los que ahora tenemos empleos somos Usted y yo. Según estas cifras, en la economía, en este momento, la tasa de desempleo es de un 33.3% (2 de 3 tenemos brete) o, lo que es lo mismo, la tasa de ocupación es de un 66.7%. Pero, en ese mes, Perico de los Palotes aún está activamente buscando chamba. Por lo tanto, la tasa de participación laboral sigue siendo de un 100%, igual que en el primer mes. Recuerde que, para medir la tasa de participación, era el resultado de sumar a los que están trabajando (Usted y yo) más los que están activamente buscando empleo (Perico de los Palotes), lo que suma 3 y la fuerza de trabajo sigue siendo de 3 trabajadores. Por ello, ese porcentaje de la fuerza de trabajo es aún del 100%.

Supongamos que en la encuesta laboral siguiente aparece que Perico de los Palotes desistió de buscar empleo.  Se rindió. Prefirió -con el perdón de alguno- dedicarse a la filosofía.  ¿Qué dirán nuestros indicadores de empleo en esta nueva situación? En primer lugar, la tasa de desocupación sigue siendo igual que la del 33.3% del mes anterior: Usted y yo tenemos empleo y Perico está desempleado. Pero la tasa de participación se reduce de un 100% a un 66.7%, debido a que ya Perico no forma parte de la fuerza laboral activa.  Como habíamos dicho, la tasa de participación estaba conformada por el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64; esto es, en el ejemplo, nosotros tres), la cual está empleada o está activamente buscando por un empleo. Sólo dos –Usted y yo- tenemos empleo o estamos buscándolo activamente,  pues ya Perico desistió de buscar trabajo. Este ya no forma parte de la fuerza de trabajo activa de la economía. Ni trabaja, ni busca empleo. Dejó de buscarlo.

Espero que con este ejemplo se haga evidente lo crucial que resulta, en un el análisis del mercado de trabajo de un país, el indicador llamado tasa de desocupación, pero que tal vez lo sea aún más el llamado tasa de participación, en especial con el paso del tiempo.  Lo que sucede en los Estados Unidos es que ha disminuido la cantidad de gente que tiene empleo o busca activamente uno de ellos. Es decir, se han desesperanzado (agüebado, si lo prefieren en nuestro idioma); ya no forman parte de la población activa del país, lo cual es muy grave.

No he podido conseguir información similar para el caso de Costa Rica. Para ello, le pedí auxilio estadístico al apreciado amigo y colega Ronulfo Jiménez, quien tal vez posee datos al respecto.  Pero me temo que aquí nos podría estar sucediendo algo similar, aunque no exactamente igual, pues en apariencia ha ido disminuyendo gradualmente la fuerza de trabajo de origen nicaragüense en el país. Estos no han encontrado trabajo tan fácilmente como antes, por lo que han desistido de buscarlo y posiblemente han regresado lentamente a su país de origen. Podría, entonces, suceder no sólo que la tasa de desocupación haya ido disminuyendo, hasta estancarse en cierto nivel, como aparece en los últimos datos, sino que también podría ser porque la fuerza de trabajo activa, de gente que está empleada o que busca acuciosamente un empleo, podría haber estado disminuyendo; esto es, podría haberse ido reduciendo la tasa de participación laboral.  

Esto está aún por verse, pero en todo caso enfatiza la importancia de promover el crecimiento del sector productivo privado del país, como elemento primordial para que nuestra economía genere el empleo que tanta falta nos hace. Serán las políticas económicas del próximo gobierno las que definan un mayor o menor empleo en la economía nacional. Por ello es importante meditar quién podrá facilitar la generación del mayor crecimiento económico y, por tanto, del empleo. 

Jorge Corrales Quesada

lunes, 13 de enero de 2014

Tema Polémico: ¿Que ofrece Villalta?

El tema del que más se habla hoy en día es el proceso electoral así que es de esperarse que muy probablemente nuestros temas polémicos por lo menos de las próximas tres o cuatro semanas tengan que ver con temas electorales. El día de hoy hablaremos sobre el ascenso de José María Villalta en las encuestas de los últimos dos meses.
José María Villalta se presenta como un político relativamente nuevo y diferente ante un electorado cansado de los políticos tradicionales y desesperanzados consecuencia de los numerosos actos de corrupción que se han evidenciado en los últimos años. Los ciudadanos están tan desesperados de ver caras nuevas que muchos estarían dispuestos a darle su voto cualquiera con tal de que demuestre que no ha tenido ningún tipo de injerencia con los gobiernos del pasado. 
En ASOJOD por supuesto que comprendemos y compartimos la desilusión de los ciudadanos ante tanto abuso del poder, sin embargo, nos gustaría que la gente comprenda que si bien es cierto el hecho de que el gobernante no sea corrupto es un requerimiento fundamental no es ni debe ser nunca el único punto a considerar a la hora de tomar una decisión ante las urnas. Tan importante como la honestidad son, por ejemplo, las ideas que este candidato propone.
¿Y qué propone José María Villalta? Pues un Estado cada vez más grande y más entrometido en las vidas de todos. Es obvio para los que nos leen con cierta regularidad que nadie de los que escriben en este blog comparte ese modo de pensar. En muchos años de escribir todas las semanas hemos evidenciado reiteradamente como esas ideas populistas, intervencionistas, socialistas de Villalta lo único que causan es más pobreza, más corrupción y más inseguridad.
Por ejemplo, hablemos de corrupción pues todo el discurso de este personaje está centrado en este tema.  Es absurdo hablar de manos corrupción y al mismo tiempo pretender tener un Estado cada vez más grande y regulador. La práctica siempre ha dejado en evidencia que entre más regulación, intromisión y permisos del Estado hay mayor corrupción, favores y clientelismo. Es imposible controlar a todos los que controlan y ¿luego quién controla a los que controlan? Como lo henos explicado en muchas ocasiones, si queremos que haya menos corrupción es fundamental que hay cada vez menos Estado. 
Otro tema, el empleo. El desempleo es probablemente uno de los principales males que aquejan a los costarricenses. Sin empleo será imposible reducir los niveles de pobreza e incrementar los salarios en el corto, mediano y largo plazo ¿Y qué propone Villalta? Nada serio. Todo lo contrario, sus propuestas de aumentar los años de cesantía, aumentar el salario mínimo, regular precios, poner barreras al comercio, garantizar seguridad alimentaria y otras son como la receta perfecta para crear cada vez más desempleo. 
Por esto y mucho más consideramos que el rumbo para el país que propone Villalta está totalmente equivocado. Villalta no ofrece casi nada bueno.

miércoles, 8 de enero de 2014

Desde la tribuna: el gobierno nos empobrece

Hay decisiones públicas que de modo directo nos empobrecen a todos.  No hay cómo discutir ni justificar, sencillamente el poder escoge por todos, decide por todos y al final todos nos empobrecemos.

Así es el caso de la información generada por el diario digital CRHOY, que enlista los temas de la trocha mocha, la refinería china y la innegable estulticia con que se decidió romper el contrato para construcción de la carretera a San Ramón.

La suma de todas estas decisiones nos pone a pagar a todos aproximadamente 200 millones de dólares a cambio de nada.  Una trocha deshecha, unos estudios mal hecho por Recope y un rompimiento contractual desesperado y presionado.

Cuando hablamos de los bienes públicos como bienes de difuntos, nos referimos a casos como los descritos.

Muchos funcionarios públicos no entienden la gravedad de sus funciones y responsabilidades.  Festinan los bienes públicos, desperdician el tiempo de las instituciones, hacen con lo público lo que no harían con lo propio.  En el Derecho privado existe una expresión certera, que describe el empeño que debe ponerse en la administración de los bienes ajenos (por ejemplo, cargos de administración en sociedades o empresas, sucesiones, poderes, encargos, bienes de menores y demás casos).  Tal expresión se recita como la diligencia o el cuidado de un buen padre de familia.  

Pues bien, en el sector público, en la función pública, con los conceptos de Derecho público (principio de legalidad, probidad, transparencia y demás conceptos) se entiende que la diligencia y esmero deben superar en mucho el celo de un buen padre de familia.  No se trata de bienes privados sino de bienes públicos, logrados a base de impuestos (tributos pagados por los ciudadanos) y demás esfuerzos colectivos.  Arrebatados a los ciudadanos y habitantes de un país bajo el pretexto de bien común.  Entendidos como ingresos necesarios para lograr los cometidos públicos.  Sometidos a las reglas inequívocas de la técnica jurídica, la administración, la ciencia y razón para su mejor asignación.

Pero ello, de verdad, no sucede así casi nunca.  Impera el capricho, la desidia, la corrupción, la burocratización, gollerías, privilegios y demás desvíos (incluyendo la institucionalización de los medios privilegiándose sobre los fines).

Lo triste es que los recursos se pierden, se administran mal, se desvían, se contratan irregularmente.  Los casos descritos son ejemplo indubitable pero … no son sino una parte.  La descubierta, la indiscutible, la formada por partida mayúsculas.

Pero no están largo de ello la chabacanería, la corrupción, la burocratización, el amiguismo y el clientelismo.  

La desviación del poder y la desviación de recursos.  Cuando la policía ejerce brutalidad, cuando la policía usa el tiempo y el vehículo público para ir al salón de belleza, cuando se dan recomendaciones indebidas, cuando no se respeta el tiempo ni los derechos de los administrados.  Cuando hay miedo de tomar decisiones para aprobar permisos.  Cuando ni siquiera se reconoce el silencio positivo.  Cuando no se paga en tiempo una indemnización debida (como por ejemplo, la aprobada por los tribunales de justicia a la entidad supervisora que fue injustamente removida de las obras de la carretera a Caldera, porque no cohonestaba lo que malo que se hacía).

La autoridad Supervisora de Pensiones ha objetado los gastos de la CCSS en relación con los fondos del seguro de Invalidez, Vejez y Muerte.  ¿Qué habría pasado si no existiera la indicada supervisión?

Hace unos meses una auditoría reveló serias irregularidades (desvíos o uso indebido de los fondos) en relación con los dineros de ahorro y préstamo que se manejan en el INVU.  ¿Acaso ello no es dilapidar, festinar y maladministrar bienes ajenos?

La lista es interminable.  Así como se dice que “el tiempo perdido hasta los santos lo lloran” la verdad es que la abulia, la desidia y la falta de diligencia en el uso de los insuficientes fondos públicos es algo más serio y grave.  Es un verdadero pecado.  Hasta Jesús fustigó, en la parábola de los talentos, la administración ineficiente del dinero administrado.  Por ello es imperdonable que hace un tiempo se detectaran irregularidades e inacción inaceptables en aproximadamente dos mil quinientos millones de colones en manos de Juntas de Educación.

Podemos seguir con otro tipo de situaciones como,  por ejemplo, los manejos portuarios en el Atlántico y la incidencia de sindicatos y convenciones mal acordadas, las gollerías de Recope (sus efectos en el tema de energía y cómo afecta a todos los consumidores), los manejos del ICE ( telefonía y electricidad más cara) y seguir con la interminable lista.

Estos comentarios surgen a raíz del rito cuatrienal de promesas y ofrecimientos irracionales de la mayor parte de los candidatos a la presidencia.  Es triste observar cómo se rajan y compiten por ofrecer más y más de los demás y menos y menos de cada uno.  Casi ninguno habla de poner al Estado en cintura, garantizar oportunidades y posibilidades de asumir vida y destino, determinar un estado jurídico que garantice el trabajo y los recursos de cada cual y la posibilidad de construirse la vida.  No, desdichadamente se compite por poner impuestos, ofrecer lo de los demás, inventar fantasmas para derribarlos con más tributación, coacción y obligaciones devenidas de más legislación y convencer a muchos de que la pobreza y la ruina se quitarán quitándole a los otros.  

A final de cuentas, pondrán más burocracia, más legislación, nos arruinan más y recibiremos menos obra y acción de una burocracia empoderada.  La misma trampa de la demagogia y el clientelismo político.  La verdad es que quienes caen en ello son cómplices de la corrupción, el endeudamiento y la pobreza.

Federico Malavassi Calvo

martes, 7 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: un viaje en la máquina del tiempo

Si fuera posible, tal como lo describió H. G. Wells en su libro “La Máquina del Tiempo”, romper la imposibilidad de viajar hacia atrás en el tiempo, tal vez el presidente Maduro podría hacer maletas hacia el Chile de Allende, de principios de los años setentas. 

Entonces se daría cuenta -aprender- los efectos que ocasiona en un país una política de control de precios, como la que ahora pretende imponer en su país. La mejor descripción de lo sucedido en Chile hacia 1972 la brindó el economista Joseph R. Ramos, en un artículo titulado “Inflación Persistente, Inflación Reprimida e Hiperstanflación. Lecciones de Inflación y Estabilización en Chile”, publicado en la revista Cuadernos de Economía de diciembre de 1977.  De él destaco el párrafo siguiente:

“El resultado fue que floreció el mercado negro y los precios no controlados se dispararon. La esencia de un negocio rentable en esta inflación reprimida era el arbitraje y no la producción; o sea, comprar más bienes (o monedas duras) a precios oficiales que los que se vendían a precios oficiales. El desabastecimiento apareció por todas partes, en la medida que la gente prefería cualquier bien a una moneda crecientemente devaluada (ya que el dinero estaba perdiendo su valor como medio de cambio). Por ésta, entre otras razones, la disciplina de los trabajadores declinó dado que los incentivos monetarios, aunque más importantes, eran cada vez menos útiles. El pago en especies floreció. Se instituyó el racionamiento tanto formal como informal. Bastaba ver que un producto se estaba vendiendo en cantidades restringidas para que cada persona, lo necesitara o no, lo comprara antes de que desapareciera. El racionamiento llevó a escaseces, y las escaseces a más racionamiento”. (Op. Cit., p. p. 78-79).

En el viaje imaginario de Maduro a aquellos años de Allende observaría cómo surgieron mercados negros; esto es, la venta ilegal de bienes violando la prohibición gubernamental de venderlos a precios diferentes de los que fijó. Asimismo, se daría cuenta de cómo en el Chile de esa época los precios de los bienes más bien aumentaron, en vez de detener su crecimiento, como era el propósito del control gubernamental. (Al asumir Allende la presidencia de Chile en 1970 la inflación llegó a ser de un 36%; al terminar su gobierno en 1973 se acercó a un 700% anual).   Maduro también se daría cuenta de cómo los ciudadanos acapararon todos los bienes que pudieron, pues no estaban seguros de tenerlos al día siguiente.  Al poder acaparar esos bienes adquiridos a los precios oficiales más bajos, las personas podían luego venderlos a precios más elevados, generándose así un negocio fácil y ampliamente extendido. El estado trató de contrarrestar esto último, imponiendo mayores controles y aumentando la vigilancia policial, pero lo que más bien provocó fue un aumento del riesgo de la operación y, por tanto, que el consumidor tuviera que pagar un costo mayor. Este vio así, en carne propia, un enorme deterioro de sus condiciones de vida.

Hasta aquí no llegó la situación. Al valer el dinero cada vez menos, la gente corría a deshacerse de él, mediante la compra de cuanto bien se apareciera en el mercado. Como usualmente se presentaron enormes filas para adquirirlos, hizo que surgiera un nuevo negocio: la venta de lugares en las filas o el pago por el servicio de hacer fila para las compras. (Esto hizo que los viejitos antes desocupados se convirtieran en personas “útiles” guardando campos en las filas). Por otra parte, las empresas cuyos productos tenían precios fijados por el estado, decidieron pagarles a sus trabajadores en especie con esos bienes, a fin de que pudieran venderlos en el mercado negro y con ello lograr un aumento en sus ingresos.

La calidad de los productos controlados se deterioró e incluso, una vez que el estado fijaba el precio a alguno de ellos, rápidamente luego salía otro similar al mercado, pero “mejorado” con algún nuevo ingrediente, a fin de que se pudiera vender al precio libre rentable.  Igualmente, si el estado fijaba el precio de alguna versión de un producto, digamos de 500 gramos, pronto aparecía una nueva versión de un kilo, con un precio diferente -mayor- al que proporcionalmente le correspondería.  Así podría venderse esta nueva versión al precio libre, aunque fuera por un rato en tanto el gobierno decretaba el control del precio para esa nueva versión.  Lo que estos controles provocaron fue el surgimiento de productos “nuevos”, ligeramente diferentes o “mejorados” o en cantidades diferentes, pero siempre a precios mayores en un mercado que permitiera que al productor obtuviera la rentabilidad necesaria de su esfuerzo y riesgo.

Lo que Maduro podrá llegar a saber es que los negocios en época de Allende operaban a altas horas de la noche, cuando los custodios de la ley no se fueran a aparecer (obviamente, si se hacían presentes, se tendría que adicionar el costo del soborno).  Por ello fue frecuente observar cómo en las madrugadas los clientes acudían a hacer sus compras. Así, la economía no sólo fue negra, sino que funcionó en la oscuridad de la noche… mientras dormían los cancerberos.

Todas esas -entre muchas otras- fueron consecuencias no previstas por los gobernantes, al ocurrírseles la sonsera de controlar los precios, tal como ha pensado hacerlo en Venezuela nuestro viajero invitado, el presidente Maduro. Ahora bien, una vez que Maduro puede haber visto lo que sucedió en Chile con el control de precios, si aún no se ha convencido de lo nefasto que fue para la economía de esa nación y para la vida y el bienestar de sus ciudadanos, podría usar de nuevo la máquina del tiempo de Orwell y regresar hasta por ahí de, digamos, el año 2800 antes de Cristo, a Egipto durante el gobierno del faraón Henku, quien es, documentadamente, el primero en controlar los precios y en fracasar en su empeño.  De ahí en adelante, Maduro podrá hacer paradas en la Babilonia de Hammurabi, por ahí del año 2025 antes de Cristo y también detenerse en la Roma de Diocleciano, cerca del año 301 después de Cristo, y ver y aprender qué fue lo que pasó cuando decidió controlar los precios. Si Maduro quiere acercarse más al presente, pero en la Edad Media, puede darse una paradita en la Inglaterra de por ahí del año 1381, en donde también conocería de los efectos del control de precios sobre esa nación. En todos estos casos, el fracaso del control de precios para contener la inflación fue la regla observada, así como los graves daños que ocasionó. La Historia está muy documentada acerca de todos estos episodios.  

Pero si aún con estas paradas en tiempos tan antiguos, Maduro no se ha convencido del fracaso de los gobernantes que deciden fijar precios, y quiere observar directamente algo más actual, podría pedirle a la máquina de Wells que le bajara en Amberes, Bélgica, en época de Alejandro Farnesio, Duque de Parma, quien pudo romper el sitio que le tenía a esa ciudad, gracias a que sus habitantes instauraron el control de precios, lo cual provocó la escasez de alimentos que hizo que tuvieran que rendirse ante Farnesio. Posteriormente Maduro podría aprovechar su periplo histórico deteniéndose en Francia, poco después de la Revolución Gloriosa, cuando los soberbios gobernantes instauraron el control de precios y con ello lograron escaseces, hambrunas, violencias en un “gobierno del terror”, manifestaciones y matanzas. Esto es, todo lo opuesto de lo que esos gobernantes habían buscado lograr con el control de precios. Maduro podrá constatarlo personalmente, gracias a la máquina del tiempo de H. G. Wells.

Los nazis también impusieron, en cierto momento, el control de los precios. Sorprendentemente este es un caso en el cual parece que los sátrapas nacional-socialistas tuvieron éxito en sus propósitos, pero obviamente parece que fue un costo muy elevado el que se tuvo que pagar para resolver los problemas inflacionarios: tener que vivir en una dictadura socialista terrorífica. En todo caso, son muchos, pero muchos, los experimentos que ha habido con controles de precios por parte de los gobernantes, los cuales han terminado tan mal como el de Chile, tal como lo describí brevemente con  anterioridad.

Yo aprovecharía para obsequiarle a Maduro, en ocasión del viaje Orwelliano, el libro de los economistas Robert L. Schuettinger y Eamonn F Butler, titulado Forty Centuries of Wage and Price Controls, que traduzco como “Cuarenta Siglos de Controles de Precios y Salarios”, editado por The Heritage Foundation de Washington D. C., en el año 1979. Humildemente también le obsequiaría una copia de mi libro Inflación y Control de Precios, editado por la editorial Stvdivm, en 1984.  Ambos le servirían para nutrirse sobre el tema del control de precios y la inflación. Espero que, con su lectura y el viaje en la máquina del tiempo, decida no ocasionar los graves daños a los habitantes de su pueblo que surgirían debido a la imposición de controles de precios. A cambio de todo esto, le pediría a Maduro un favor, para antes de que concluya su viaje a través de la historia en la máquina de Wells: que se apeé en la Costa Rica de hoy y que le hable a su amigo ideológico, José María Villalta, y le cuente el disparate que ha sido el control de precios a lo largo de la historia. De cómo eso no ha servido más que para provocar la angustia de las personas y el retraso de sus economías.  De hacerlo Maduro y de soplarle al oído de Villalta convincentemente de lo que pudo ver, yo quedaría muy agradecido con Maduro.

Jorge Corrales Quesada