martes, 14 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: el empleo y participación laboral en la economía

Varios amigos me han preguntado acerca del significado de los últimos datos que se publicaron en los Estados Unidos, acerca de la disminución de la tasa de desocupación, pero que, al mismo tiempo, la noticia no resultaba ser tan “buena”, porque había bajado lo que se llama la tasa de participación laboral.
Bueno, la cosa no es tan “buena” porque ambas, la tasa de desocupación y la tasa de participación de la fuerza de trabajo, deberán ser analizadas en conjunto.

Hace varios meses -el 11 de setiembre del 2012- escribí un artículo titulado “Desempleo en los Estados Unidos” y el cual puede encontrarse en www.latforum.org en mi sección “Políticamente Irresponsable”, en el cual intenté explicar la diferencia y relación importante que tienen esos dos conceptos, cuya utilización por separado podría inducir a serias confusiones e interpretaciones erradas de las cosas.

Veamos lo más recientemente sucedido en cuanto a información acerca del mercado laboral en los Estados Unidos. Se informó hace un par de días que la tasa de desocupación o de desempleo -que mide el porcentaje de trabajadores de la fuerza de trabajo que en la actualidad no tienen empleo, pero que están activamente buscando uno- a diciembre del año pasado fue de un 6.7%. Ese porcentaje es mejor que el 7% de noviembre del año pasado.  Esto aparentó indicar algo satisfactorio, pero luego veremos que tiene sus bemoles.  Dicho porcentaje es muy importante en el marco estadounidense, en especial porque el Banco de la Reserva Federal (Banco Central de ese país) ha dicho que, cuando la tasa de desocupación descendiera a un 6.5%, aplicaría reducciones significativas a la política monetaria expansionista que ha seguido.  Tal política expansionista preocupa en cuanto a las posibilidades de que ya exista una inflación latente en la economía -una enorme oferta monetaria que se encuentra por allí, en los balances de las empresas y entidades financieras- y también porque su restricción podría hacer que estallara una burbuja en el mercado de valores de ese país.

Dije arriba que aquella cifra sobre la tasa de desocupación tenía sus bemoles, porque simultáneamente era necesario tomar en cuenta el comportamiento de otro indicador importante, cual es la tasa de tasa de participación laboral. Esto es, el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64) -la fuerza de trabajo civil del país- que está empleada o está activamente buscando un empleo. Históricamente en los Estados Unidos esta importante tasa ha oscilado entre 67 y 68% y en setiembre del año pasado registró un 63.2%, el porcentaje más bajo desde 1981. En octubre la tasa fue de un 62.8%, mejoró ligera pero importantemente en noviembre hasta llegar a un 63%, pero, de nuevo, en diciembre regresó a aquel nefasto 62.8%. 

En resumen, las cifras de diciembre muestran algo positivo, como fue el descenso en la tasa de desocupación a un 6.7%, pero también algo negativo, como es tener una tasa de participación laboral históricamente baja de un 62.8%. Bueno, me preguntará alguien, ¿y por qué ese es un problema? Porque lo que indica es que la tasa de ocupación aumenta, pero se debe principalmente a que la fuerza de trabajo laboral de los Estados Unidos ha descendido aún mucho más; o sea, que esa economía no está generando los suficientes empleos. Más bien, la gente, al no encontrar trabajo, se va retirando del mercado laboral; esto es, se reduce la fuerza laboral activa de ese país: así de lamentable es la situación.

Para entender esos indicadores de desocupación y empleo, voy a intentar presentar un ejemplo sencillo, por supuesto que hipotético, que tal vez los aclare. Suponga que la fuerza laboral del país está conformada por tres personas: Usted, Perico de los Palotes y yo. Suponga que en ese momento los tres estamos empleados.  Según eso, en dicho momento la tasa de desocupación de esa economía es de 0%; esto es, la tasa de ocupación es del 100%.  Pero también la tasa de participación es de un 100%; es decir, el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64) -la fuerza de trabajo civil-, que está empleada o está en busca activa de empleo. 

¡Empecemos con esta belleza!, pero suponga que al mes siguiente, la situación cambia: Perico de los Palotes quedó desocupado. Los que ahora tenemos empleos somos Usted y yo. Según estas cifras, en la economía, en este momento, la tasa de desempleo es de un 33.3% (2 de 3 tenemos brete) o, lo que es lo mismo, la tasa de ocupación es de un 66.7%. Pero, en ese mes, Perico de los Palotes aún está activamente buscando chamba. Por lo tanto, la tasa de participación laboral sigue siendo de un 100%, igual que en el primer mes. Recuerde que, para medir la tasa de participación, era el resultado de sumar a los que están trabajando (Usted y yo) más los que están activamente buscando empleo (Perico de los Palotes), lo que suma 3 y la fuerza de trabajo sigue siendo de 3 trabajadores. Por ello, ese porcentaje de la fuerza de trabajo es aún del 100%.

Supongamos que en la encuesta laboral siguiente aparece que Perico de los Palotes desistió de buscar empleo.  Se rindió. Prefirió -con el perdón de alguno- dedicarse a la filosofía.  ¿Qué dirán nuestros indicadores de empleo en esta nueva situación? En primer lugar, la tasa de desocupación sigue siendo igual que la del 33.3% del mes anterior: Usted y yo tenemos empleo y Perico está desempleado. Pero la tasa de participación se reduce de un 100% a un 66.7%, debido a que ya Perico no forma parte de la fuerza laboral activa.  Como habíamos dicho, la tasa de participación estaba conformada por el porcentaje de personas en edad de laborar (personas de edad entre 16 y 64; esto es, en el ejemplo, nosotros tres), la cual está empleada o está activamente buscando por un empleo. Sólo dos –Usted y yo- tenemos empleo o estamos buscándolo activamente,  pues ya Perico desistió de buscar trabajo. Este ya no forma parte de la fuerza de trabajo activa de la economía. Ni trabaja, ni busca empleo. Dejó de buscarlo.

Espero que con este ejemplo se haga evidente lo crucial que resulta, en un el análisis del mercado de trabajo de un país, el indicador llamado tasa de desocupación, pero que tal vez lo sea aún más el llamado tasa de participación, en especial con el paso del tiempo.  Lo que sucede en los Estados Unidos es que ha disminuido la cantidad de gente que tiene empleo o busca activamente uno de ellos. Es decir, se han desesperanzado (agüebado, si lo prefieren en nuestro idioma); ya no forman parte de la población activa del país, lo cual es muy grave.

No he podido conseguir información similar para el caso de Costa Rica. Para ello, le pedí auxilio estadístico al apreciado amigo y colega Ronulfo Jiménez, quien tal vez posee datos al respecto.  Pero me temo que aquí nos podría estar sucediendo algo similar, aunque no exactamente igual, pues en apariencia ha ido disminuyendo gradualmente la fuerza de trabajo de origen nicaragüense en el país. Estos no han encontrado trabajo tan fácilmente como antes, por lo que han desistido de buscarlo y posiblemente han regresado lentamente a su país de origen. Podría, entonces, suceder no sólo que la tasa de desocupación haya ido disminuyendo, hasta estancarse en cierto nivel, como aparece en los últimos datos, sino que también podría ser porque la fuerza de trabajo activa, de gente que está empleada o que busca acuciosamente un empleo, podría haber estado disminuyendo; esto es, podría haberse ido reduciendo la tasa de participación laboral.  

Esto está aún por verse, pero en todo caso enfatiza la importancia de promover el crecimiento del sector productivo privado del país, como elemento primordial para que nuestra economía genere el empleo que tanta falta nos hace. Serán las políticas económicas del próximo gobierno las que definan un mayor o menor empleo en la economía nacional. Por ello es importante meditar quién podrá facilitar la generación del mayor crecimiento económico y, por tanto, del empleo. 

Jorge Corrales Quesada

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