martes, 28 de enero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: déficit gubernamental sigue creciendo

Reconozco los esfuerzos del actual Ministro de Hacienda para reducir el déficit del sector público. Lamentablemente tal reconocimiento no es suficiente para paliar el grave hecho de que este año nuestra economía posiblemente llegue a un déficit del 6% del Producto Interno Bruto (PIB). Los resultados obtenidos no han sido suficientes. El fracaso del esmero del Ministro se evidencia en los últimos datos que el propio Ministerio nos dio recientemente: el gobierno terminó el 2013 con un déficit del 5.4% del PIB, superior al pretendido de un 5% y también mayor que el del año pasado, que fue de un 4.4% del PIB.

Lo más preocupante es que a la mayoría de los candidatos a presidente de la República parece no importarle la situación.  Francamente, con excepción de los candidatos Piza y Guevara, el resto de los punteros enfatizan en sus programas de gobierno un mayor requerimiento de recursos; esto es, más gasto gubernamental, aunque también nos hablan –a veces solapadamente- de que aumentarán los impuestos.  

Esos políticos dispendiosos –Araya, Villalta y Solís- no se han dado cuenta de que el serio problema económico que encara ominosamente nuestro país no es el déficit, sino un gasto gubernamental excesivo.  El llamado déficit gubernamental se presenta cuando los gastos del gobierno exceden sus recaudaciones, básicamente tributarias. El problema no radica en que no hay suficientes ingresos para cubrirlo: es que apenas se reciben esos ingresos, corren a gastarlos, dado lo que nos anuncian en sus planes de gobierno.  Es más, ya Araya anunció, irresponsablemente y, creo que más que él, su candidata a vicepresidenta, la entrega de ₡20.000 por persona, con fondos que presuntamente están disponibles en Asignaciones Familiares. Eso, ni más ni menos, es un aumento en el gasto público adicional, que elevará aún más el desorbitado déficit y que luego, tarde o temprano, tendrá que ser pagado por todos los costarricenses, ya sea con mayor endeudamiento, con más y nuevos impuestos o con tasas de interés más altas. Esos fondos a hoy no han sido gastados; constituyen un ahorro fiscal. Ahora ya sí los van a gastar, sin importarles.  Casi como que si ese dinero más bien les estorbara. Eso sí no se lo dicen a los ciudadanos y menos que lo reconocen: todo sea por gastar fondos públicos para tratar de convencer a votantes potenciales, mediante dádivas que todos los costarricenses las pagaremos con creces.

Cuando los gobernantes nos dicen que hay un déficit casi inmanejable, con razón nos preocupamos.  Incluso nos angustia que posiblemente sea necesario aumentar los impuestos.  Pero eso es engañoso.  El problema no es insuficiencia de impuestos, pues, “la tasa total impositiva (incluyendo impuestos al trabajo a los ingresos y otros gravámenes) asciende al 55.3% de las utilidades de un negocio local promedio, en comparación con el aún elevado 47.3% en América Latina y el 41.3% en la naciones que comprenden la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD)”. 

De acuerdo con un informe reciente de la CEPAL, la carga tributaria de Costa Rica no es del 13.2% del PIB que los gobernantes actuales han señalado, pues si se incorporan otros impuestos que estos no suelen sumar, como cargas sociales, municipales y otros similares que paga el ciudadano, nos lleva a casi el 22% del PIB, que es la sexta más alta de América Latina (únicamente superada por Cuba, Argentina, Brasil, Uruguay y Bolivia).

El problema es la excesiva demanda de recursos por parte del estado costarricense; es decir, el disparatado gasto gubernamental. El déficit es el resultado de un gasto desproporcionado en comparación con lo que recibe el gobierno.

La historia fiscal reciente de nuestro país es clara en cuanto a que, con cierta regularidad, se nos dice que hay un déficit que debe ser llenado mediante más y mayores impuestos, los cuales son aprobados por la Asamblea Legislativa -con excepción de las últimas dos ocasiones- pero luego, casi inmediatamente, de nuevo se dispara el gasto público llevándonos a nuevos déficits. Una vez más se produce el ciclo déficit-aumento de impuestos- incremento en la gastadera gubernamental- nuevo déficit y así sucesivamente a lo largo de los años.

Veamos los últimos datos, para que vean lo grave del manejo de la situación fiscal de nuestro país. Mientras la economía (medida por el Producto Interno Bruto Nominal) ha venido creciendo en el último año a una tasa del 9.2%, los ingresos nominales reportados por el Ministerio de Hacienda durante el 2013 crecieron en un 7.7% anual (debido en mucho al poco crecimiento real de nuestra economía). Pero los gastos, según datos de ese Ministerio, se incrementaron en un 14%. Y, si se excluye el pago de intereses, que en realidad no sé por qué debe hacerse eso, pues también es un gasto, el incremento en el año sería de un 11.5%. En todo caso, en este año creció más el gasto gubernamental que en lo que aumentaron los ingresos.

Es importante señalar que las remuneraciones (básicamente salarios en el gobierno) crecieron en el 2013 en un 10.3%. Eso es muy significativo, pues las remuneraciones constituyen el 37% de los gastos totales del gobierno.

Lo que se requiere queda muy claro: entrarle en serio a frenar el crecimiento del gasto gubernamental, en vez de proponer más impuestos, que, al afectar un ya escuálido crecimiento de la economía, más bien provocará un descenso en la recaudación de impuestos (tal como lo han reflejado las cifras en el 2013), además de una baja en la generación de empleo productivo en la economía y, por tanto, un incremento de la pobreza.  Aumentar el empleo y disminuir la pobreza, nos han dicho todos los candidatos a presidente, es crucial lograrlo en Costa Rica. Pero algunos proponen impuestos que más bien van a aumentar la pobreza y a disminuir el empleo. ¡Chingo de contradicciones!

Jorge Corrales Quesada

No hay comentarios.: