martes, 25 de febrero de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: execrable silencio de organismos y políticos farsantes

La tragedia que hoy vive el pueblo venezolano no ha sido capaz de suscitar la reacción de organismos internacionales de la región, ni tampoco la de connotados políticos, tanto nacionales como extranjeros.  Tal vez no debía preocuparme porque, ante el dolor ciudadano del venezolano, más que seres vivientes se comporten como fríos autómatas, si no fuera debido a que, esos mismos organismos y políticos, nos han dicho innumerables veces estar a favor de los derechos fundamentales de sus pueblos y que la libertad y la democracia son los modelos que norman su quehacer y su razón de ser. 

La hipocresía en asuntos internacionales es abundante, pero ello no debería ser óbice para que ahora no la desnudemos, en su cruel evidencia de la actualidad.  La Organización de Estados Americanos se apuró a criticar al anterior gobierno de Honduras, ante el golpe de estado que experimentó el entonces gobernante Zelaya.  A pesar de las evidentes manipulaciones de éste, para asegurar la entrega de su país al imperioso gobierno chavista, rápidamente la OEA se reunió para condenar la presunta ruptura del orden constitucional en Honduras. La razón de esa agilidad institucional no hay duda que se encontró en el interés de los llamados países del Alba, para apoyar a su compañero en desgracia. Ahora, Venezuela no es importante: es más, atañe a quien ahora se perfila como el nuevo dueño de la OEA. 

Algo parecido sucedió en el caso de la destitución constitucional del anterior presidente paraguayo Fernando Lugo y su sustitución por Federico Franco.  De nuevo, con suma prontitud, la OEA se reunió para tratar el tema del golpe de estado.  En una sesión de ella, en donde habló el Presidente Franco, se ausentaron 13 de los 34 países miembros. Pueden imaginarse cuáles fueron esos 13. Varios países de inmediato dijeron que no mantendrían relaciones con un gobierno (el de Franco) que no había sido electo por el pueblo, a pesar de que la constitución del Paraguay facultaba la destitución de Lugo.

Otras entidades multinacionales de la región, el Mercosur y la Unasur (Unión de Países Suramericanos) y de la cual el Paraguay es miembro fundador, velozmente le condenaron, ambos organismos expulsando a esa nación por aquel presunto golpe de estado.

También ha permanecido en silencio una organización en la cual Costa Rica ya está metida. Se trata del CELAC, que quiere decir Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que claramente ha sido impulsada por el gobierno chavista. Ahora le toca a Costa Rica presidirla (después de la “democrática y libre” Cuba) y, se ha dicho, esa fue la razón por la cual la Presidenta Chinchilla acudió recientemente a la Habana. De paso, se reunió con el tiranuelo de Cuba, pero no tuvo tiempo de reunirse con las opositoras Damas de Blanco ni con otros grupos libres, ni tampoco con las autoridades de la Iglesia Católica de aquel país: “París bien vale una misa”. 

El CELAC no se ha reunido para ver el álgido tema de los derechos humanos en Venezuela, hoy reprimidos por el totalitario gobierno de Maduro.  Probablemente no lo vaya a hacer, pues, después de todo, el mantenimiento del CELAC en mucho viene de los ingresos petroleros del pueblo venezolano y que hoy su gobierno utiliza para mantener a muchos gobiernos de la región, que le son afines o amigos de sus proyectos en expansión.

¿Y los políticos de la región? Hacen el mutis en lo que toca a la situación actual del pueblo venezolano.  No todos, pues supuesto.  Entre las excepciones honrosas están nuestro ex Presidente, Oscar Arias, así como el uruguayo Luis Alberto Lacalle y el escritor Mario Vargas Llosa.  Tal vez hay otros que también hayan dicho algo en torno a la situación venezolana, pero probablemente sus pronunciamientos han sido “suavecitos”, como para que hayan pasado sin ser noticia, tal vez buscando que así fuera, para no tener que definirse en estos momentos álgidos

Pero, veamos a nuestro país. No soy liberacionista, pero debo reconocer en el candidato presidencial de ese partido, Johnny Araya, su clara definición en torno a la necesidad de que el gobierno de Maduro respete los derechos humanos y las libertades básicas de los venezolanos. Por supuesto que casi que yo ya sabía que el candidato presidencial del Frente Amplio, José María Villalta, no iba  a pronunciarse en favor de la hoy sufrida ciudadanía venezolana –ni siquiera entre dientes, con un murmullo que con suerte podría pasar inadvertido- así como tampoco lo iba a hacer en contra del gobierno de Maduro, el actual diputado del PAC, Claudio Monge.  Lo cierto es que esos dos políticos, junto con el eterno líder sindical, el alborotero Albino Vargas, se reunieron el viernes 29 de marzo del 2013 en la sede de la Conferencia Episcopal, en un homenaje póstumo a Hugo Chávez Frías.

En un país como el nuestro, en donde la mayor parte de los ciudadanos aprecian plenamente el valor de la libertad y la democracia, tiene que sorprendernos que un importante líder político, don Luis Guillermo Solís, actual aspirante a la presidencia y con amplias posibilidades de acceder a ella, haya hecho declaraciones en donde manifiesta que Costa Rica debe ser prudente ante lo de Venezuela, porque, insinuando el trillado dicho de esperar a que se aclaren los nublados del día, dice que “hay razón del gobierno (de Laura Chinchilla) de ser mesurado y pedir que las cosas se aclaren un poco más, porque la situación en Venezuela hoy (17 de febrero) es tan complicada como lo es en cualquier escenario de conflictividad interna de los que conocemos en América Latina”.  ¿Acaso no ha sucedido lo suficiente en Venezuela para clamar por la defensa de los derechos humanos de sus ciudadanos? ¿De no dejarlos solos ahora, cuando nos necesitan ante el poder despótico de sus gobernantes? ¿No podría pensarse en responder en favor de un pueblo que, en su momento, nos apoyó en Costa Rica, cuando Somoza nos amenazó con invadirnos? Simple gratitud…

Del gobierno de la señora Chinchilla no diré nada más que, desconocer ahora lo que nos ha dicho que han sido sus amores -la democracia, la libertad y los derechos humanos- cuando es necesario apoyar al acogotado pueblo venezolano, no es más que un desprecio a aquellos valores que tanto apreciamos todos o la mayoría de los costarricenses.  Dejar de lado, en el olvido, aquellos valores, a cambio de una circunstancial presidencia, por un año, de algo relativamente tan irrelevante para nuestro pueblo, como es la CELAC, constituye una grosería hacia todos nosotros. Es lo menos duro que puedo decir.

Jorge Corrales Quesada

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