jueves, 6 de marzo de 2014

Jumanji empresarial: Ecuador, pro-empresa vs pro-mercado

Se suele asumir que si uno está a favor del libre mercado uno está a favor de las empresas. Pero hay muchas maneras de promover las empresas que están totalmente reñidas con la promoción de un mercado abierto en el que la entrada y la salida de los actores es fluida. Los empresarios son muy dados a utilizar la retórica de libre mercado aunque muchos de ellos, una vez que están dentro de una industria, también suelen caer fácilmente en la tentación de defender y luchar por privilegios concedidos por el Estado.

Por ejemplo, es comprensible que a los productores locales que no dependen en gran medida de insumos importados, les resulte más fácil contentar a los políticos que tienen el poder de restringir las importaciones, que tener que luchar día a día por la preferencia de los consumidores, frente a la libre disponibilidad de productos extranjeros. Si usted es un empresario con capital para empezar o expandir un negocio, le convendría obtener la lista de productos afectados por la restricción de importaciones y producirlos localmente, pues tendrá asegurado muchos clientes cautivos. Es un negocio redondo por el cual el empresario tendrá que estar muy agradecido con la Revolución Ciudadana.

Poco le importa al empresario que goza de estos privilegios o a los políticos que los conceden que el consumidor de ingresos más bajos no tenga como protegerse de precios artificialmente más altos y de una reducción en su libertad para elegir entre distintas opciones. La reducción de opciones ya se empieza a sentir en los supermercados, dado que en enero de este año cayeron las importaciones un 58% en relación a enero de 2013. Para que tenga una idea, ingresaron al país el primer mes de este año 76% menos desodorantes corporales, 77% menos fórmulas de leche para bebés, 86% menos sombras y rímel, 81% menos pintalabios, 98% menos jabones de tocador.1 Pareciera que el Ecuador de la Revolución Ciudadana será maloliente, desnutrido y desagradable. Pero no se asuste, en el capitalismo de compadres, algunos podrán seguir importando gracias a los “acuerdos”.

Por supuesto que esto no favorece a todas las empresas. De lo contrario, no merecería el nombre “capitalismo de compadres”. Siempre serán las grandes empresas las más beneficiadas, siendo estas capaces de invertir más para adaptarse a las nuevas regulaciones o para obtener privilegios de políticos. No me refiero a sobornos, sino otro tipo de gasto como aquel derivado de acuerdos que comprenden garantizar X cantidad de producción local a cambio de obtener un permiso de importar X porcentaje de lo que determinada empresa importó el año anterior.2 Ya están ocupados muchos empresarios tratando de ser los primeros en obtener estos acuerdos, y el primero que los obtenga en su industria verá su poder de mercado fortalecido. Claro que esperaremos sentados a que la Superintendencia de Control de Poder de Mercado haga algo al respecto, cuando hay verdaderas e injustas barreras a la competencia.

Todas estas medidas ignoran la destrucción de riqueza (y de empleo) que resulta de sustituir importaciones para reemplazarlas con producción local más cara y de menor calidad. La simple verdad es que si la producción local fuese más eficiente y de mejor calidad, ya la hubiesen preferido los consumidores sin ser obligados.

Gabriela Calderón Burgos
Publicado en Instituto Cato

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