lunes, 31 de marzo de 2014

Tema polémico: ¿La promesa democrática?

El próximo domingo los costarricenses participaremos en una elección más de nuestra medianamente estable vida democrática. En estas épocas, en donde cada vez se percibe una mayor apatía respecto al sistema democrático nos interesa hacer una breve, pero importante reflexión.

Partimos de la hipótesis de que la mayoría de los costarricenses no comprende el propósito y finalidad que tiene la democracia dentro de un sistema político. Así, muchos piensan y creen que la democracia es la panacea a nuestros males, y le resienten cuando a pesar de tener elecciones cada cuatro años, los problemas siguen siendo los mismos: desempleo, competitividad, infraestructura, pobreza, seguridad, etc. Precisamente, esta premisa equivocada es la génesis del descontento por el sistema democrático. En este sentido, debemos entender que la democracia es simple y llanamente un sistema de elección de nuestros representantes, que asegura la transición pacífica entre cada gobierno. La democracia es sólo eso, pero eso, ya es mucho para una sociedad.

El resto de demandas ciudadanas, poco o nada tienen que ver con la democracia. A este respecto, se puede tener la democracia más consolidada del universo, pero si las políticas públicas que desarrollan las autoridades electas, no son las idóneas, los problemas continuarán.


Por ello, el reto del desarrollo es mayúsculo, ya que pasa por un verdadero análisis reflexivo e integral de los problemas que enfrenta el país, análisis que debe de empezar por los propios ciudadanos, ya que si ellos no saben cuál es el camino correcto, jamás podrán elegir a un gobernante que lo sepa. Bajo este panorama, no debemos hacernos falsas ilusiones y expectativas, como decimos popularmente no se le pueden pedir peras al olmo, lo que no significa que debamos deshacernos del olmo, sino mas bien lo que debemos es abonar al olmo, pero empezar a sembrar igualmente el árbol de peras.

2 comentarios:

José Joaquín Fernández dijo...

Me gusta cuando afirman que el único mérito de la democracia es la transición pacífica de quienes ostentan el poder y que esto es inútil si las políticas públicas del gobernante son antisociales.

Ahora bien, si así definen la democracia, ¿por qué afirman que tenemos una "medianamente estable vida democrática"? ¿Acaso tenemos problemas en la transición pacífica del poder?

Por último, la solución que plantean es que cada ciudadano haga un "análisis reflexivo e integral de los problemas que enfrenta el país" sobre las políticas públicas que convienen al país. Sin embargo, ¿eso de que sirve si al gobernante le "vale un bledo" la conciencia del pueblo? En este sentido, creo que la solución planteada no es la solución.

La ASOJOD dijo...

José Joaquín. Es evidente que tenemos problemas para la transición del poder. Independientemente de que corra sangre o no tenemos un sistema electoral excluyente, altamente parcializado, con reglas definidas para favorecer a unos (adelanto de deuda política, inscripciones, separación de procesos nacionales y locales), incapacidad del TSE para garantizar la aplicación de las reglas (vgr. violación de la veda de parte de Johnny Araya), etc.

Además de lo anterior, nuestra democracia es medianamente estable porque democracia es algo más que elecciones periódicas (recomiendo leer el libro de Roberth Dahl titulado "La Poliarquía"). Tenemos serios problemas antidemocráticos en el ejercicio del poder por causa de la concentración de poderes, la falta de "lubricación" de los frenos y contrapesos y su parcialización, la aplicación de mayorías automáticas en el proceso decisional legislativo (particularmente a través de vías rápidas como el 208 bis que se convierten en un Reglamento Legislativo ad hoc), un problema de deslegitimación en ejercicio (recomiendo leer a Constantino Urcuyo sobre ese tema), una parcialización de la justicia en la persecución a actores políticos, etc. Eso nos hace medianamente estables.

Con respecto a la reflexión ciudadana, ese es el primer paso del ejercicio democrático. No se le puede exigir nada a un gobernante si no se entienden los problemas y si las soluciones que la ciudadanía legitima no son las indicadas. ¿Cómo puede usted, como ciudadano, exigir mayor transparencia en el uso de fondos públicos o un sistema tributario sencillo que facilite el emprendimiento, el ahorro y la inversión si no entiende el valor de eso, si no ha interiorizado para qué pueden servir esas políticas públicas?.

Si al gobernante le vale un bledo es porque no hay una ciudadanía que exija. Cuando el gobernante le teme a su ciudadanía, tarde o temprano tiene que controlarse, actuar según lo que esta legitima o, de lo contrario, corre la suerte de todo tirano, de todo "dios del olimpo": es bajado a la fuerza o, en nuestro caso, por los votos. De ahí que lo importante sea que la ciudadanía primero sea reflexiva y entienda lo que pasa y lo que hay que hacer para resolver los problemas. Cuando esto ocurra, podrá exigir al gobernante y si este no cumple, ejercer su derecho fundamental, que brillantemente han explicado Locke y Thoreau: el derecho a la desobediencia civil, el derecho a desconocer a un gobernante ilegítimo y actuar para quitarle el poder (actuación que puede ser mediante una revolución o mediante las urnas en siguientes comicios).

Alejandro