martes, 8 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: mi vivencia en Facebook...hasta el momento

Seré franco y les cuento que yo no creía en aquellas bondades de Facebook que me contaban mis amigos y mis hijos. En aquel entonces creía que se prestaba para el intercambio ligero, superficial, de ideas, además de que muchas veces el lenguaje empleado no era el deseable (al menos de acuerdo con mis relativamente flexibles reglas), pero también porque creía que uno se “mataba” escribiendo, con la esperanza de que se pudiera avanzar en el conocimiento personal y, a la hora de las cosas, pasaban desapercibidas o bien saboteadas por algún patán o un ignorante de turno.

De pronto, cuando por avatares de la vida dejé de escribir la columna semanal de ANFE en el periódico La Extra, me pregunté por qué no me metía en Facebook. Eso hice y ahora les narraré algo de mi visión personal que en este momento tengo acerca de Facebook. Creo que aún hay algo de cierto en las razones que con anterioridad me habían movido a no entrar en Facebook, pero también he podido encontrar muchas cosas buenas, que creo que me permitirán a mi (y espero que a muchos de ustedes) mejorar en calidad de vida, al lograr enormes satisfacciones y beneficios con el intercambio, mayoritariamente positivo, de ideas que se da en Facebook.

Trataré de explicarme. En primer lugar, me ha permitido hacer una enorme cantidad de nuevos amigos. Claro que parece ser natural que sean aquellos que están de acuerdo con muchas de las cosas que uno puede pensar que son buenas o deseables, pero también porque, al diferir algunos en los conceptos que expreso, me exigen pensar más y más acerca de cosas que uno podría considerar, al menos en su mente, que estaban muy bien definidas. Esto es, exige una constante meditación de uno acerca de las cosas que afirma. Reconozco, eso sí, que a veces, al estar frente a un teclado, se dicen (escriben) cosas sin un análisis profundo y detallado, pero al menos sirve para que uno exprese una opinión, que siempre deberá estar sujeta al cuestionamiento Popperiano. Muchas “verdades” son sólo transitorias y su fortaleza reside en que no se pueda probar lo contrario de lo que plantea como “cierto”. Por supuesto, siempre deberemos buscar pruebas en contrario para formular con ello mejores explicaciones o creencias.

En segundo lugar, al entrar a Facebook me he sentido favorecido con el restablecimiento de contactos con amigos de quienes no había vuelto a saber de ellos, que no había vuelto a ver, que no había vuelto a contactar. Con Facebook sé de ellos, incluso más que lo que pude conocer en el pasado. Eso es muy enriquecedor, puesto que volver a encontrarse con viejos amigos es una gracia que a menudo no es posible lograr en la vida usual previo al ingreso a Facebook.

En tercer lugar, en ocasiones lo que uno considera como una opinión “ligera o superficial”, en realidad puede tener mayor profundidad de lo que en un inicio mi mente limitada puede haber percibido.  Por ello, normalmente trato de leer el mayor número de opiniones posibles y, si algo que considero relevante debo ponerlo en Facebook (posiblemente equivocadamente de mi parte), lo hago, siempre con el deseo de que el intercambio de ideas nos haga mejores y más preparadas personas. Claro que en Facebook le sale más de un intemperante, que lo que quiere es jugar con uno o convertirlo en un peón de sus posiblemente malas intenciones, pero la solución parece ser muy sencilla: si no le está aportando nada a uno, pues ignórelo y se acabó. He tenido un par de casos así y vieran que, al momento, esa medicina me ha funcionado muy bien. (Claro que siempre está la posibilidad de fumigarlo de la lista de amigos de uno, pero eso lo dejo para casos extremos, si es que se presentan. Tengan en mente que uno puede aprender mucho de quienes difieren de las opiniones propias que uno puede, en cierto momento, sostener.)

En cuarto lugar, me gusta Facebook porque permite divulgar en mayor grado las opiniones de las personas. Esto es, ofrece una enorme posibilidad para asegurar la vigencia de la libertad de expresión, así como su derivada libertad de prensa o comunicación. Siempre los ambiciosos del poder tratarán de coartar la libertad de expresarse de aquellos quienes opinan diferente. Hoy lo vemos, por ejemplo, en Venezuela o Turquía. Pero también el pasado tiene enorme cantidad de ejemplos de esta pasión por el poder, que aqueja a muchos humanos. De aquí que admiro enormemente la lucha, tanto de quienes desde fuera como desde los adentros de Cuba, para que los ciudadanos de ese país tengan libertad para intercambiar, para expresar, sus ideas sobre lo que les dé la gana, acerca de lo que les plazca, de todo aquello que quieran (por supuesto que respetando los derechos de las demás personas).

Pero, además de aquellas desventajas o inconveniencias que antes de ingresar a Facebook me habían frenado a hacerlo –intercambio superficial de ideas, ligereza en cuanto a opiniones, uso de lenguaje impropio, frustración en comunicar opiniones y estar sujeto a molestias de personas que no buscan un intercambio racional de ideas, sino sólo “joder”, como decimos los ticos- al menos hay una cosa de Facebook que me ha molestado. Me refiero a las invitaciones que uno puede hacer de nuevos amigos. Uno espera que personas que va conociendo (incluso debido a la existencia de Facebook) pueda invitarlas a participar. Uno lo hace, pero resulta que, tal vez, muchas de esas personas leen o participan muy poco de Facebook y posiblemente lo abran muy poco. O sea, no leen la invitación que uno hizo y dicha invitación queda allí dando vueltas. También puede ser que personas que uno puede considerar como valiosas para que engrosen la lista de amigos, no tienen deseos de serlo, por lo cual dejan de lado la invitación que uno les formuló. 

El problema con Facebook es que, después de que uno ha hecho un cierto número de invitaciones sin haber recibido su confirmación de aceptación –creo que unas diez en cierto momento dado- el administrador de Facebook congela el número de invitaciones que uno puede hacer y de ello Facebook no le informa de la situación sino cuando ya ha aplicado la regla draconiana, por la cual le prohíbe, creo que hasta por dos semanas, invitar a un nuevo amigo potencial. Lo increíble es que, con toda la capacidad moderna de informar que tiene Facebook, no le puedan avisar a tiempo para que uno elimine las invitaciones que ahora hacen fila. ¡Que Facebook no le pueda advertir de la situación, con la capacidad que tiene para informar del problema, me parece que es una tremenda insania, puesto que esa conducta impide el mismo crecimiento de Facebook!

Tal vez la solución a este problema está en mis manos: después de cinco días sin que la persona que he invitado me la haya aceptado, le retiro la invitación y podré proceder a invitar otros amigos potenciales que ya tengo en una lista mía. Pero ojalá que la administración de Facebook se modernice, según lo que indiqué anteriormente, pues el que un mayor número de personas participe en redes, va en beneficio del mismo negocio de Facebook y, a la vez, de todos nosotros, los aficionados que ya formamos parte de Facebook.

Jorge Corrales Quesada

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