martes, 1 de abril de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: Venezuela se enrumba hacia el fascismo

Deseo empezar brindándole al lector una definición operacional de fascismo, como la que formula Jonah Goldberg, en su excelente y documentado libro Liberal Fascism (Doubleday: New York, 2007, p. 23):
“Fascismo es una religión del estado. Asume la unidad orgánica del cuerpo político y anhela por un líder nacional que en armonía con la voluntad popular. Es totalitario en tanto que mira a todo como si fuera algo político y mantiene que cualquier acción del estado se justifica si con ello se logra el bien común. Toma la responsabilidad de todos los aspectos de la vida, incluyendo nuestra salud y nuestro bienestar, y busca imponer la uniformidad del pensamiento y de la acción, ya sea por la fuerza o por la regulación y la presión social.  Todo, incluyendo la economía y la religión, debe estar alineado con sus objetivos.  Cualquier identidad rival es parte del ‘problema’ y, por tanto, se la define como el enemigo.”

No me cabe duda, por ello, que el estado venezolano tiene más, pero mucho más, de fascista, a cómo lo tienen aquellos que los gobernantes de Venezuela han considerado como sus enemigos.  Cuando el gobierno venezolano llama fascistas a quienes se le oponen, no es más que una muestra contundente del ejercicio de la Neolengua (Newspeak) Orwelliana. En palabras del autor de la famosa utopía negativa, 1984, George Orwell nos explica, en un apéndice de su libro, el significado de la Neolengua:

“Neolengua era la lengua oficial de Oceanía y fue creada para solucionar las necesidades ideológicas del Ingsoc o Socialismo Inglés…La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresión a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos del Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y la vieja lengua olvidada, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba construido de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventando nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado heterodoxo, y a ser posible de cualquier significado secundario. Por ejemplo: la palabra libre aún existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar en afirmaciones como ‘este perro está libre de piojos’, o ‘este prado está libre de malas hierbas’. No se podía usar en su viejo sentido de ‘políticamente libre’ o 'intelectualmente libre”, ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la supresión de palabras definitivamente heréticas, la reducción del vocabulario por sí sola se consideraba como un objetivo deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que se pudiera prescindir. La finalidad de la neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable.” (George Orwell, 1984, Signet Classics: New York, 29a. edición, 1963, p. p. 246-247. Una versión en español del libro se puede obtener en http://antroposmoderno.com/word/George_Orwell-1984.pdf).

No sólo en cuanto al uso del idioma (fascismo=opositores del gobierno) los autoritarios gobernantes venezolanos se van acercando al fascismo, sino también porque su enfoque totalitario, por el cual el estado incursiona en todas las actividades privadas de sus ciudadanos, se emplea más cada día que pasa. Después de todo, no debemos olvidar que aquella frase que mejor sintetiza la naturaleza totalitaria del ideario fascista fue esgrimida por su padre ideológico, el Duce (que significa, el líder) Benito Mussolini, quien dijo: “todo dentro del estado, nada contra el estado, nada fuera del estado” (Discurso en la Cámara de Diputados, 9 de diciembre de 1928). Nótese la similitud de estas palabras con aquellas pronunciadas por Fidel Castro en el Salón de Actos de la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961, ante un grupo de intelectuales, al informarles que “…dentro de la Revolución todo; contra la Revolución, nada…” ¡Qué gran confluencia totalitaria entre Mussolini y Fidel!

El control es esencial en los gobiernos totalitarios. Veamos un nuevo y reciente ejemplo de ello.  Resulta que, en Venezuela, el Banco Central de ese país publica mensualmente un indicador llamado índice de desabastecimiento, el cual compara la disponibilidad en los comercios de bienes, básicamente de comestibles, con respecto a las demandas de los consumidores.  Por eso, con cierto grado de incorrección económica, también allá se le ha llamado el “índice de escasez”. Evidentemente, en un país en donde la inflación ya se va acercando a un 60% anual, en el cual pululan las políticas estatales de regulación y control de la actividad privada, obstaculizando así la provisión de los mercados, y en donde el ciudadano cada día más vive pendiente de si habrá disponibilidad de obtener los productos que permitan satisfacer las necesidades de consumo en sus hogares, dicho índice se convierte en un importante indicador de errores de la economía que puede estar cometiendo el gobierno y, por tanto, se traduce en fuente de una mayor intranquilidad entre la ciudadanía, conforme se va dando cuenta de cómo los productos básicos escasean cada vez más.

Ante esto, ¿cuál fue la solución totalitaria del gobierno venezolano? Ya la anunció Nelson Merentes, presidente del Banco Central de ese país –entidad que se encarga de la confección del índice en mención. Simplemente dijo que ese índice ya no iba a ser más una información que está disponible para el público, sino estrictamente será sólo para uso del gobierno. Con ello, se señaló, se despolitizará su empleo por parte de los opositores al gobierno de Maduro (claro, si a enero del 2014 la ciudadanía llegó a saber que el índice de desabastecimiento mostró un incremento que lo llevó al 56%, casi que era de esperar, como veía las cosas, que la situación seguiría de mal en peor).

Por supuesto que, aunque se suprimiera el acceso a la información de parte de los ciudadanos -derecho básico en las sociedades democráticas- la gente podrá simplemente comprobar, acudiendo a los mercados de abastos, como irá en aumento la escasez de los productos alimenticios.  Es muy difícil que, con esa medida, el gobierno pueda encubrir -tal como lo hace el gato con su cochinada- su incapacidad para orientar apropiadamente a la economía. Y, tras cuernos, palos, pues, en opinión de algunos, en Venezuela está en ciernes la introducción de las infaustas tarjetas de racionamiento, para la adquisición de bienes de consumo, que esperamos no sea otra aplicación más de las virtuosas enseñanzas que sobre política económica le han brindado los pagados asesores cubanos.

Volviendo a George Orwell y su libro 1984, con el uso de la Neolengua (o Newspeak) lo que el gobierno venezolano está poniendo en práctica es el lema totalitario de que “La Ignorancia es Conocimiento.” Lo cual muestra, además, que el gobierno venezolano copia lo malo que le viene de Cuba y que el camino hacia el fascismo se va delineando claramente.
 
Jorge Corrales Quesada

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