miércoles, 25 de junio de 2014

Desde la tribuna: rebajo del gasto público

Ha llegado el anuncio que tanto se esperaba.  El Ejecutivo informa que rebajará el gasto público en un 20%. Igual que en la vieja película de Richard Fleischer, con  Charlton Heston como protagonista  (Soylent Green, 1973) hemos llegado a entender qué significa su nombre en español:  “Cuando el destino nos alcance”.  ¡No hay más allá!

Obligatoriamente hay que racionalizar el gasto público, los presupuestos públicos y el desempeño público. No es fácil y es una operación muy complicada. Antaño se  ha ponderado y felicitado la subejecución presupuestaria.  Sin embargo, el tema no es tan fácil ni es, en términos absolutos, motivo de encomio.

El Estado tiene tareas encomendadas y de las que no puede ser eximido con un simple giro.  Ha sido constituido para hacer factible la sociedad (es en muchas concepciones sinónimo del Derecho).  Tiene un costo que debe justificar:  tribunales, seguridad, infraestructura pública administración básica de bienes y servicios públicos.  Asimismo, tiene asignadas algunas tareas importantes, tales como salud pública, educación pública y otras tareas centrales.   No ejecutarlas, diferir  sus acciones en el tiempo o desviarse de ellas es algo grave.  Sobre todo cuando tiene el dinero para hacerlo. 

Recaudar impuestos y no gastarlos bien es jurídicamente grave, políticamente inaceptable y una grave falta política.  Por ello, la subejecución  per se no puede ser meritoria.  Por ejemplo, cuando en la Administración Pacheco aparece superávit, no puede decirse que fue un caso de mérito sino de incapacidad, incompetencia e inutilidad.  Se retrasaron obras importantes, se abandonó la gestión necesaria, se desperdició el recurso recaudado y la aparente buena situación no fue más que un espejismo.  No se avanzó en campos importantes, teniendo el recurso para hacerlo. 

Diferente es cuando la Administración focaliza su acción, escoge las opciones más racionales, gasta con tino e inteligencia y satisface adecuadamente sus deberes, logrando además un resultado positivo en las finanzas públicas.

Hay otras Administraciones Públicas que han hecho, igualmente, ahorros inútiles y han pospuesto gastos necesarios e importantes, causando serios daños a la población y encareciendo la gestión pública.

Se ha dicho reiteradamente que “presupuestar es gobernar”.  Sin embargo, una y otra vez la Asamblea declina su función de control y fiscalización del gasto público, desviándose a veces en la militancia y activismo legislativo y otras, peor aún, en aumentar el gasto público y distribuir irresponsablemente dineros que corresponden a actividades básicas o que, simplemente, el Estado ni siquiera tiene.

Ahora el destino nos alcanzó, tenemos una Administración de signo estatista que tiene que vérselas para disminuir el gasto público en un 20%.  ¿Lo hará con el gasto superfluo o con el necesario?  ¿Reconocerá que la planilla pública es insostenible o simplemente se dedicará al pago de salarios y obligaciones de la deuda sin que se asigne algún gasto a los servicios e infraestructura?  ¿Seguirá el gasto público dedicado a la empleomanía y la perpetuación de las gollerías y privilegios o se centrará en lo útil y lo constitucionalmente adecuado?

Federico Malavassi Calvo

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