martes, 8 de julio de 2014

La columna de Carlos Federico Smith: cuatro consejos que tal vez alguien agradecerá

Acerca de los comentarios usuales que hago en torno a decisiones que ha ido tomando el gobierno de don Luis Guillermo Solís, puedo decir, con enorme satisfacción, que han sido efectuados con las mejores intenciones, antes de que alguien se apresure a considerar que los hago de mala fe. Realmente no tengo en lo personal nada en contra de don Luis Guillermo y siempre trato de que, si de algo sirven mis opiniones, sea para que, en mi criterio, él logre hacer el mejor gobierno posible que nos permita un mayor bienestar para la ciudadanía. Menor simpatía tengo por el partido de gobierno, pero tal vez ello se origina más en conductas pasadas, que por hechos de la actualidad.

Soy consciente de que es muy pretencioso decir que, lo que mueve mi actuación como crítico del gobierno, es lo que Tucídides transcribió de la Oración Fúnebre del gobernante Pericles, pronunciada en el año 431 antes de Cristo, en el Cementerio del Cerámico, Atenas, en ocasión de las exequias de las víctimas atenienses durante el primer año de la guerra en contra de Esparta. Pero si alguien considera que mi justificación es inmodesta, pues no me queda más que aceptar dicha crítica.

Pericles, en una parte de su Oración Fúnebre, dijo lo siguiente:
“Los individuos pueden ellos mismos ocuparse simultáneamente de sus asuntos privados y de los públicos; no por el hecho de que cada uno esté entregado a lo suyo, su conocimiento de las materias políticas es insuficiente. Somos los únicos que tenemos más por inútil que por tranquila a la persona que no participa en las tareas de la comunidad. Somos nosotros mismos los que deliberamos y decidimos conforme a derecho sobre la cosa pública, pues no creemos que lo que perjudica a la acción sea el debate, sino precisamente el no dejarse instruir por la discusión antes de llevar a cabo lo que hay que hacer.”

Creo que nuestras recientes elecciones se definieron con base en base dos elementos. Uno de ellos radicalmente más importante que el otro. El primero es el malestar de los ciudadanos ante lo que percibe como actos corruptos del gobierno y, el otro, el temor a que un grupo político, a lo que luego me referiré, incline a nuestro país hacia medidas inconvenientes, como las llevadas a cabo en Venezuela bajo los gobernantes Chávez y Maduro. Obviamente muchos otros factores pueden haber jugado en la definición de dichas elecciones, pero considero a aquellos como los más significativos.

El PAC, del cual don Luis Guillermo fue su candidato, nunca durante la campaña fue objeto de cuestionamientos por razones morales. Ni siquiera ante el claro escándalo moral derivado de las elecciones previas a esta última, debido al exceso de gastos indebidos, presentados a cobro ante el Tribunal Supremo de Elecciones. Por el contrario, en lo referente a otros partidos –al menos en cuanto a los más significativos- la ciudadanía pudo observar cómo se les señalaron problemas morales en cuanto a su actuar político.

En lo que tiene que ver con el PUSC, a pesar de que su candidato era y es un persona íntegra –don Rodolfo Piza- el lastre de las acusaciones, que aún se debaten en los tribunales de justicia de varios de sus más importantes dirigentes, fue una clara molestia para muchos votantes, a tal grado que hubo una diáspora de anteriores seguidores del PUSC hacia otros partidos.

En lo que respecta al PLN, creo que es innecesario que me refiera al evidente desprecio del electorado, ante una serie de actos considerados por la ciudadanía como incompatibles con la corrección que exige el manejo del poder, en lo que trata de los fondos públicos. El resultado electoral me parece que es más que prueba suficiente del desprecio ciudadano por ese tipo de conductas.

El FA es un caso distinto. Como tampoco había pasado por ser gobierno, eso podría explicarnos por qué la ciudadanía, por lo general, no los consideró como relacionados con actos de corrupción en la gestión pública, aunque sí le pareció que sus pronunciamientos e inclinaciones hacia movimientos socialistas extremos, como los de Venezuela, no ofrecían al país la posibilidad de que los ciudadanos pudieran seguir progresando en paz y en libertad. Por ello, incluso muchos de quienes apoyaron inicialmente al FA, migraron razonadamente hacia otros partidos, principalmente hacia el PAC.

Siendo que, en mi opinión, el factor moral fue importantísimo en la elección anterior, creo que mi primer consejo para el gobierno actual es el siguiente:

1.- Las autoridades gubernamentales no pueden dejar margen para que el ciudadano perciba que actos del nuevo gobierno no están acordes con lo que esperaba en el campo de la moralidad en la gestión pública. Ejemplos: el cuestionado nombramiento del Director de Tránsito; el del director de la DIS (por las razones que sean, pero es lo que el pueblo percibe como indeseable); los nombramientos de ministros y otros altos funcionarios con sueldos de la Universidad de Costa Rica; ministros que devengan cuantiosas pensiones de privilegio, entre otros. Pero, en mucho, lo que se percibe es falta de energía en la lucha en contra de la corrupción que se dio en la administración anterior. Es cierto que esto último podría estar en proceso, pero creo que el gobierno no ha explicado lo suficiente a la ciudadanía, en cuanto a las acciones que está llevando a cabo.

Las elecciones anteriores fueron tomadas por muchos ciudadanos como la posibilidad de tener un gobierno que fuera eficiente para resolver una serie de problemas existentes en el país, en donde sus acciones estarían claramente definidas por experimentados ciudadanos, quienes encabezarían los principales puestos públicos. En cuanto a esto último, me parece que la ciudadanía vio con buenos ojos los nombramientos de funcionarios muy preparados, principalmente provenientes de los claustros universitarios. Pero la crítica que uno observa desde ya, y que puede volverse tenazmente desquiciadora de un buen gobierno, es que la nueva administración no sabe lo que está haciendo. Aquí viene mi segundo consejo:

2.- Si este gobierno no muestra un conocimiento aceptable de la buena y procedimental administración pública, la ciudadanía va a perder su confianza en que el gobierno de don Luis Guillermo tiene una idea clara de cómo hacer bien las cosas. Ejemplos: el zigzagueo gubernamental en el tema energético y particularmente en cuanto a una reducción prometida en los precios de la electricidad y de los combustibles; las contradicciones evidentes entre altos funcionarios del gobierno, como fue el caso de la posibilidad del gobierno de volver a poder negociar con importantes deudores tributarios; la promesa incumplida a la fecha de que, antes de proceder a aumentar nuevos impuestos o tarifas para recaudar fondos estatales dado un significativo déficit, el gobierno acudiría a reducir radicalmente el gasto público innecesario; las denuncias de pagos indebidos en los salarios del magisterio y sobre lo cual desde hace rato no se ha dicho nada más, entre otros. El gobierno parece que no actúa unitariamente, sino en compartimentos, y sin un rumbo unitario definido ante los graves problemas nacionales.

Hay temas que son trascendentales para orientar adecuadamente nuestra economía hacia la generación de un mayor empleo productivo. Aunque considero que en los meses por venir probablemente el ciudadano expresará como su preocupación principal el alto crecimiento de los precios (la inflación), me parece que el que, en realidad, impulsa su inquietud acerca del rumbo de nuestra economía, es su capacidad generadora de empleos productivos. El desempleo es, actualmente y creo que permanecerá siéndolo en un futuro cercano, el principal desasosiego económico de los costarricenses. Creo que el gobierno entrante ha hecho cosas muy apropiadas en este sentido, como ha sido, por ejemplo, la restauración de la confianza hacia el país de parte de la inversión extranjera aquí ubicada y, por ello, considero muy adecuado el viaje que hizo don Luis Guillermo a los Estados Unidos, para exponerle a inversionistas potenciales que el país es un atractivo para ellos, a pesar de la reciente salida de importantes empresas extranjeras que operaban en el país, que se dio a inicios de su administración. De esto último, el nuevo gobierno es poco lo que puede responsabilizársele. Aquí viene mi tercer consejo:
   
3.- Don Luis Guillermo debe seguir enfatizando -y, sobre todo, actuando consistentemente- que su gobierno no es un enemigo de la empresa privada, tanto nacional como extranjera. Por ello su política ante el problema fiscal es crucial: que no pondrá nuevos impuestos que graven al consumidor y al sector productivo nacional, antes de entrarle con bisturí al excesivo gasto público. Eso sólo genera una incertidumbre innecesaria para quienes desean arriesgar con sus inversiones. Después de todo, aquella fue una clara promesa hecha en su campaña electoral. Asimismo, el nuevo gobierno debe exponer concretamente un plan para reducir las trabas que hay hoy en la administración pública para poder hacer negocios y que en mucho afecta a los empresarios de menores recursos relativos. Es indispensable actuar pronto en ese sentido, tal como lo hizo eliminando las trabas totalmente innecesarias que había en el Ministerio de Salud para la aprobación de nuevos productos. No debe esperarse a que surjan crisis similares a ésta, para efectivamente incentivar el esfuerzo productivo en nuestro país.

Finalmente, quisiera tocar un tema que, me parece, está bullendo debajo de la superficie, y es el de nuestras relaciones internacionales, particularmente con los llamados países del ALBA. Me atrevo a pensar que nuestra ciudadanía desea permanecer lo más lejos posible de una cercanía con países que tienen esquemas comerciales y productivos muy disímiles al nuestro, en especial en cuanto a la apertura comercial en que nos hemos visto involucrados desde mediados de la década de los ochentas. Por ello, es crucial más bien acelerar nuestro acercamiento hacia los llamados países de la Cuenca del Pacífico y no con los llamados del Alba y sus asociados. Especialmente porque, por ejemplo, un acercamiento a Petrocaribe posiblemente lo será a costas de una aproximación política significativa hacia un país, Venezuela, cuyo gobierno se caracteriza por haber generado un empobrecimiento general entre sus ciudadanos, al imponerles esquemas de producción totalmente diferentes al nuestro, así como indeseables. Por ello, mi cuarta recomendación es:

4.- Profundice el acercamiento de nuestro país a los conglomerados de naciones que básicamente tienen una orientación similar en cuanto al comercio internacional. Robustecer un estatismo trasnochado e ineficiente acercándonos a otros agrupamientos, como el Alba, por ejemplo, no sólo hará que nuestra inversión y la generación de empleo decaigan sustancialmente, a la vez que introducirá una gran inquietud entre ciudadanos, como nosotros, amantes de la libertad y de un comercio abierto.

Espero que estos cuatro consejos sean de utilidad para los gobernantes entrantes, porque conforme pasa el tiempo la ciudadanía será más crítica de lo que ya lo es hoy, al irse dando cuenta de que sus expectativas e ilusiones no están siendo satisfechas y porque, en especial, que lo que se le prometió no se le cumple. El capital político se erosiona rápidamente y el problema está en que el tejido social de nuestro país podría verse afectado indebidamente por ello. Está en manos del gobierno actual llevarnos por mejores rumbos y el deber de los ciudadanos, cualesquiera sean sus inclinaciones políticas, es el de opinar libremente en espera de que lo que sugiere sea tomado en cuenta por sus gobernantes, a fin de que podamos efectivamente vivir mejor, todos nosotros.

Jorge Corrales Quesada

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